CAPITULO # 6.-
Tom apareció a su lado
como una oscura sombra, con uno de aquellos
brebajes en la mano.
- ¿Y qué pasaría si yo
fuera uno de esos míticos vampiros y te mantuviera
cautiva en mi guarida,
pequeña?
Raven sonrió mirando su
rostro, ahora serio, sus ojos mostraban dolor.
- Te entregaría mi vida,
Tom, aunque lo fueras. Y te confiaría hasta la
vida de mis hijos. Eres
arrogante y a veces hasta despótico, pero jamás
podrías ser malvado. Si
eres un vampiro, entonces las criaturas de las
leyendas no son reales,
porque tú no eres así.
Tom se alejó de ella
para que no notara lo mucho que significaban sus
palabras para él. Lo
aceptaba total e incondicionalmente. No le importaba
que ella no supiera
realmente de lo que estaba hablando. Veía la sinceridad
en sus palabras.
- La mayoría de las
personas tiene un lado oscuro, Raven, yo más que ningún
otro. Soy capaz de ser
extremadamente violento, cruel incluso, pero no soy
un vampiro. Soy, por
encima de todo, un depredador, pero no soy un vampiro
-Empleó un tono brusco y
casi ahogado.
Raven se movió para
acortar la distancia que los separaba, para tocar la
comisura de sus labios y
alisar una profunda arruga de preocupación.
- Jamás pensé que lo
fueras. Parece que crees que esos seres terribles
existan. Tom, si eso
fuese cierto, yo sabría que tú no puedes ser uno de
ellos. Siempre te juzgas
con dureza. Pero yo siento la bondad en tu interior.
- ¿Puedes hacerlo?
-pregunto rígidamente- Bébete esto.
- Sería mejor que no me
mandaras a dormir. Voy a volver esta noche a la
pensión, a mi propia
cama -le dijo muy segura mientras tomaba el vaso de
sus manos. El tono de
voz era juguetón, pero sus ojos reflejaban
nerviosismo- Por
supuesto que siento la bondad que hay en ti, Tom. La veo
en todo lo que haces.
Para ti, cualquiera es más importante que tú.
Cerró los ojos, con un
profundo dolor.
- ¿Eso es lo que
piensas, Raven?
Ella observó el
contenido del vaso, preguntándose por qué sus palabras lo
herían.
- Lo sé. Yo ya he hecho
lo que ahora te exigen a ti, pero no tuve que ir más
allá y llevar a los
asesinos a la justicia. Esa idea debe corroerte todo el
tiempo.
- Das demasiado crédito
a mis acciones, pequeña, pero te agradezco la fe
que depositas en mí -Su
mano se curvó sobre la nuca de Raven- No estás
bebiendo. Aliviará tu
dolor de cabeza -Le masajeó las sienes con la relajante
magia de sus dedos-
¿Cómo puedes regresar a la pensión cuando ambos
sabemos que los asesinos
están allí? Es la anciana la que los guía hasta los
nuestros. Ahora también
siente curiosidad por ti.
- Es imposible que piense
que yo soy un vampiro, Tom. ¿Por qué iba yo a
estar en peligro? Podría
serte útil allí -una traviesa sonrisa curvó su suave
boca- Oigo mucho mejor
desde hace unos días- Hizo un brindis hacia él con
el vaso, y se bebió todo
el contenido.
- No hay discusión
posible cuando tu seguridad está en juego. No te quiero
en mitad de esta batalla
-Su oscura mirada expresaba una clara
preocupación.
- Estábamos de acuerdo
en que íbamos a aceptarnos el uno al otro. Tu mundo
y el mío. Tengo que ser
yo misma, Tom, y tomar mis propias decisiones.
Sé que jamás me dejarías
sola mientras persigo a un asesino, por eso quiero
ayudarte, estar contigo.
Ese es el significado de la vida de pareja.
- Estar alejado de ti en
circunstancias normales, ya sería un tormento para
mí. ¿Cómo podría
aguantar que estuvieras bajo el mismo techo que los
asesinos de mi hermana?
Intentó bromear con él
para ver si así desaparecía la oscuridad de sus ojos.
- Haz uno de tus trucos
y envíate a dormir a ti mismo, o enséñame a hacerlo.
Me encantaría poder
dejarte fuera de juego.
Deslizó la mano por su garganta
probando.
- Apuesto a que sí.
¿Cómo te sientes, pequeña? ¿Mejora el dolor de cabeza?
- Mucho mejor, gracias.
Entonces, dime todo lo que sabes -Raven lo observó
mientras caminaba
nervioso de un lado a otro, con toda aquella desbordante
energía- Ya lo he hecho
antes, Tom. No soy una principiante y no soy
estúpida. La Sra.
Summers puede parecer una dulce ancianita, pero su
mente está muy enferma.
Si está señalando a otras personas como posibles
vampiros, muchos más
sufrirán. Y los otros deben creer a la Sra. Summers.
Mataron a la mujer…
- A Noelle -le dijo en
voz baja- Se llamaba Noelle.
Acarició el rostro de
Tom con los ojos, enviándole con la mente una
corriente de calidez y
bienestar.
- Noelle -contestó
amablemente- fue asesinada como los libros de textos
enseñan que hay que
matar a un vampiro. Una estaca, la cabeza cortada y el
ajo. Es un grupo de
maniacos. Al menos, sabemos por donde empezar. Creo
que resultará más seguro
si asumimos que la Sra. Summers está implicada.
Por tanto, tenemos dos.
- Esa chica tonta, Shelly,
está ciega. La usan para sacar información con sus
estúpidas preguntas. No
está directamente implicada porque no se fían que
mantenga la boca
cerrada. Su hermano la convenció para que estudiara las
tradiciones y el
folclore de la zona, y se supone que éste es un viaje de
investigación. La lleva
fácilmente por donde él quiere -Se pasó una mano por
la espesa mata de pelo.
Tenía que alimentarse pronto. La furia crecía en su
interior, oscura y fría,
arrastrándose por su cuerpo peligrosa y mortal.
Jacob no tenía
escrúpulos, ni siquiera con su propia hermana, parecía. Y
había mirado a Raven con
lujuria.
Raven lo miró y se dio
cuenta de que tenía los ojos fijos en ella, sin
parpadear. Oscuros,
insondables, los ojos de un cazador. Un escalofrío le
recorrió la espalda, le
temblaba la mano mientras se alisaba la falda.
- ¿Qué ocurre?
A veces, Tom parecía un
completo extraño, no era el hombre cálido que
se reía y la miraba con
ternura y deseo; ahora era un hombre frío y
calculador, alguien
mucho más mortal y astuto que cualquier persona
conocida. De forma
automática, su mente voló hacia la de Tom.
Raven parpadeó
intentando que las lágrimas no la delataran. Su rechazo fue
muy doloroso, supuso un
infierno para Raven.
- ¿Por qué Tom? ¿Por qué
me dejas fuera? Me necesitas. Lo sé. Estás tan
ansioso de ayudar a los
demás, de significar todo para los demás. Se supone
que soy tu compañera,
todo para ti. Deja que te ayude -Se acercó
cautelosamente, muy
despacio.
- No sabes lo que podría
ocurrir, Raven -Dio un paso atrás, alejándose de la
tentación y de su dolor.
Raven sonrió.
- Tú siempre me ayudas,
Tom. Me cuidas. Te estoy pidiendo que confíes
en mí lo suficiente como
para ser todo lo que tú necesitas -Permitió que su
mente se hiciera
trocitos, para que ella lo viera todo. Raven sintió el dolor
mezclado con la furia
por la muerte sin sentido de Noelle, y miedo por ella
misma. Amor, un amor
fuerte y que cada vez iba a más; apetito, físico y
sexual. Pura necesidad.
Definitivamente, alguien tenía que amar y consolar a
este hombre.
- Necesito que hagas lo
que te pido -dijo con desesperación, luchando para
que su parte animal no
despertara hambrienta.
La carcajada de Raven
fue suave y sensual.
- No. Ya hay demasiada
gente que cree que tu palabra es la ley. Necesitas
que alguien te desafíe
un poquito. Sé que no me harás daño, Tom. Puedo
sentir el miedo que te
tienes a ti mismo. Piensas que hay algo en ti que no me
gustará, que no puedo
amar, algún tipo de monstruo que temes que yo vea.
Te conozco mejor que tú
mismo.
- Eres tan osada, Raven,
tan descuidada ante el peligro -Atenazó con sus
manos el respaldo de una
silla, amenazando con reducir la madera a simple
polvo. Le dejaría las
marcas de sus dedos para toda la vida.
- ¿Qué peligro, Tom?
-inclinó la cabeza y el pelo le cayó sobre el hombro.
Sus manos desabrocharon
el botón superior de la camisa- Jamás serías un
peligro para mí, aunque
estuvieras furioso. Lo único que está ahora en
peligro es mi ropa -Dio
un paso atrás, riéndose de nuevo, dejando que el
sonido se introdujera en
Tom y lo calentara, derritiendo su interior.
El calor se extendió en
espiral por su cuerpo, la necesidad lo golpeó con
fuerza y urgencia. El
hambre lo desgarraba y no distinguía más que una
neblina rojiza.
- Estás jugando con
fuego, pequeña, estoy completamente fuera de control -
Dijo como último intento
para salvarla. ¿Por qué no se daba cuenta de lo
egoísta que realmente
era, de que había tomado el control de su vida y
nunca la liberaría? Era
el monstruo que ella no veía. Quizás con el resto del
mundo, la fría lógica y
la justicia lo regían, pero no con ella. Con Raven era
asaltado por una serie
de emociones a las que era totalmente ajeno hasta
entonces y que no era
capaz de controlar. Hacía cosas de forma
inconsciente. La dejaba
ver la violencia que existía en su mente cuando
rasgaba sus ropas y
tomaba su cuerpo sin ningún control alguno.
Le contestó con la
mente, con la calidez y el amor que su cuerpo, ansioso del
suyo, lo recibía y
aceptaba su lado violento. Raven tenía una fe ciega en los
sentimientos de Tom, en
su compromiso.
Maldijo en voz baja,
tirando a un lado la ropa que apresaba su cuerpo. Saltó
sobre ella como una
pantera.
- Tom, me encanta este
vestido -susurró sobre su garganta, con la risa
aún invadiendo su mente.
Carcajadas. Alegría. No había miedo.
- Pues sal de esa
maldita cosa -dijo bruscamente sin darse cuenta que de
esta forma aumentaba la
confianza de Raven en él.
Ella se tomó su tiempo,
irritándolo mientras buscaba los botones y lo
instaba a desabrochar la
trabilla de la falda.
- No sabes lo que estás
haciendo -protestó de forma confusa, pero sus
manos fueron suaves
sobre el cuerpo de Raven, quitándole la ropa con
cuidado hasta que estuvo
completamente desnuda, toda su piel sedosa a la
vista, cubierta tan solo
con la melena azabache.
Tom cerró los dedos
sobre la nuca de Raven. Se sentía tan pequeña y
frágil, tenía la piel
cálida. Desprendía un aroma femenino obsesivo, como el
de la miel silvestre o
una brisa de aire fresco. La apoyó contra la estantería,
mientras sus manos
dibujaban los contornos de su cuerpo y acariciaban la
redondez de sus pechos,
sus dedos absorbían el tacto de su piel para
guardarlo en su alma.
Bajó la cabeza para buscar un oscuro pezón y lamerlo.
El demonio que habitaba
en su interior retrocedió ante la suavidad de su piel
y ante la total
conformidad de Raven. No la merecía.
El cuerpo de Raven se
debilitó con el primer roce de los labios ardientes de
Tom sobre su pecho. Se
apoyó sobre la estantería y sintió el tacto de la
madera sobre la piel
desnuda de su trasero. Un sentimiento de anticipación
la recorrió excitándola.
Los ojos de Tom la devoraban con avidez,
posesivo pero
tremendamente tierno. Descubrir todo lo que él sentía por
ella le derritió el
corazón, y la dejó a punto de llorar. Allá donde Tom
posaba su mirada, la
piel de Raven ardía y le dolía ansiando sus caricias.
Alzó los brazos por
detrás de Tom para soltarle el pelo y acariciarlo,
pasando después las
yemas de los dedos por los fuertes músculos de su
espalda. Podía sentirlo
temblar bajo sus manos, sentía su naturaleza salvaje
luchando por liberarse.
Ella también sentía que algo salvaje despertaba en
su interior. Quería
sentirlo entre sus brazos, temblando, con sus
endurecidos músculos
rozando su piel y su cuerpo derramándose en su
interior. Le envió las
eróticas imágenes que bailaban en su cabeza mientras
saboreaba la piel de su
pecho.
Las manos de Tom estaban
en todos lados, como las de ella. La boca de
Tom abrasaba la piel,
como la de ella. Su corazón latía desbocado, como
el de ella. La sangre
rugía dentro de sus cuerpos como lava recién salida de
un volcán. Sus dedos
acariciaron el pasaje húmedo entre las piernas de
Raven, explorándolo. Tom
la llevó hacia el suelo, tumbándola y elevándole
las caderas para tener
un mejor acceso y hundir su miembro en ella. La
sangre rugía en sus
oídos, todas las emociones formaban un violento
torbellino aumentando la
necesidad. El cuerpo de Raven recibía gustoso cada
empujón de Tom, cada vez
más rápidos y profundos. La sentía ardiente y
estrecha a su alrededor,
aceptando la tormenta que los envolvía.
Un hambre atroz despertó
en Tom. Era peligroso. Anhelaba el dulce
sabor de su sangre,
quería sentir de nuevo el éxtasis del intercambio. Pero
si se alimentaba de
ella… gruñó ante la tentación. No sería capaz de
detenerse y tomar lo
justo para que ella no necesitara reponer su sangre.
No podía hacerlo. Ella
debía tomar la decisión de formar parte de su mundo
de forma consciente. Era
un riesgo demasiado grande. Si Raven no
sobrevivía, él la seguiría
hacia el más allá. No quería vivir sin ella. No
existiría Tom sin Raven.
Su cuerpo, sus
necesidades y sus maltrechas emociones estaban tomando de
nuevo el control y lo
empujaban hasta el límite. Nunca había sentido algo tan
profundo, un amor tan envolvente
por otro ser. Ella lo era todo. Su aire. Su
aliento. Su corazón. La
besó en la boca con besos largos y embriagadores,
bajó hacia su garganta,
hacia el pecho, hasta encontrar su marca. Probarla.
Sólo una vez.
Raven se movió entre sus
brazos, ladeando la cabeza para facilitarle el
acceso mientras
entrelazaba sus dedos en el pelo de Tom.
- Será mejor que me case
contigo, Tom. Me necesitas desesperadamente.
Él alzó la mirada para
contemplar lo hermosa que se veía allí, mientras
hacían el amor, aceptando
todas y cada una de sus necesidades. Arropaba su
corazón con su calidez,
suavizaba su mente con la suya, bromeaba con él e
incluso lo igualaba con
su lado salvaje. Le rodeó el rostro con las manos
mientras sus ojos negros
sondeaban las profundidades azules de los ojos de
Raven, hundiéndose en
ellos. Y sonrió.
- Tom -protestó cuando
el sacó su miembro con suavidad.
Tom la puso boca abajo
sobre el suelo, tirando de sus caderas para
penetrarla por detrás.
Al introducirse en ella rodeando su pequeña cintura
con las manos, se sintió
exultante de alegría. ¡Ella estaba a salvo! La alegría
lo recorrió de arriba
abajo y se abandonó al placer del cuerpo de Raven. Se
movían acompasadamente,
el pasaje de Raven era increíblemente estrecho,
húmedo y ardiente, suave
terciopelo envolvente. Una combinación explosiva.
Los lobos habían dicho a
Jacques que no percibían alegría en él, pero Raven
se la había devuelto. Su
cuerpo gozaba y brillaba de alegría. Sintió que
Raven se tensaba y que
un espasmo, dos, la recorrían, pero no se detuvo,
siguió en su interior
formando un solo un cuerpo. La oscura sombra que
envolvía su alma se
desvanecía. Esta pequeña y hermosa mujer lo había
conseguido. Ralentizó el
ritmo de su penetración, maravillándose en la forma
en la que Raven
acompasaba sus movimientos. De nuevo la sintió tensarse
bajo él, envolviendo su
miembro con sus espasmos, la escuchó gritar hasta
que sólo pudo emitir
pequeños sonidos guturales que lo llevaron al borde del
abismo. Se sintió arder
y subir al cielo junto a ella mientras Raven gritaba
de nuevo su nombre. La
ayudó a tumbarse con cuidado. Le acarició el pelo y
se inclinó para besarla
con ternura.
- No tienes idea de lo
que has hecho esta noche por mí. Gracias, Raven.
Ella tenía los ojos
cerrados, las largas pestañas semejaban dos medias lunas
oscuras sobre su blanca
piel. Sonrió.
- Alguien tiene que enseñarte
lo que es amar, Tom. No poseer ni
adueñarse de algo, sino
lo que es el verdadero amor, el amor incondicional -
Alzó la mano y, aún con
los ojos cerrados, sus dedos encontraron las
comisuras de sus labios-
Necesitas recordar cómo se juega, cómo se ríe.
Necesitas aprender a
quererte más a ti mismo.
La boca de Tom se curvó
en una sonrisa, suavizando su expresión.
- Te pareces al Padre
Hummer.
- Espero que confieses
que te has aprovechado de mi -bromeó Raven.
Tom se quedó sin
respiración. Un sentimiento de culpabilidad lo inundó.
Era cierto que se había
aprovechado de ella. Quizás no la primera vez,
cuando la enorme soledad
que había sufrido lo hizo perder el control. Fue
necesario hacer el
intercambio de sangre para salvarle la vida. Pero la
segunda vez fue por puro
egoísmo. Él había buscado el ímpetu sexual y había
completado el ritual. Y
había pronunciado las palabras rituales. Estaban
unidos. Él lo sabía,
sabía que era lo correcto, sentía que su alma sanaba como
sólo lo haría junto a su
verdadera compañera.
- ¿Tom? Estaba bromeando
-Las largas pestañas aletearon al abrir los
ojos para comprobar que,
como sus dedos percibían, él estaba frunciendo el
ceño.
Tom le mordió los dedos
suavemente, acariciándolos con la lengua. Su
boca era cálida y
sensual, sus ojos ardían de deseo por ella de nuevo. El
ardor se extendió por el
cuerpo de Raven, reflejándose en sus ojos como
respuesta. Se rió suavemente.
- Lo tienes todo,
¿verdad? Tienes encanto, eres tan provocativo que
deberías estar encerrado
bajo llave, y tienes una sonrisa por la que los
hombres matarían. O las
mujeres, a cualquiera que miraras.
Se inclinó para besarla,
encerrando un pecho en su mano de forma posesiva.
- Olvidas mencionar que
soy un gran amante. Los hombres necesitan oír esas
cosas, ya sabes.
- ¿De verdad? -arqueó
una ceja mirándolo- No me atrevería a hacerlo. Ya
eres tan arrogante que
no te soporto.
- Estás loca por mí. Lo
sé. ¿Sabes? Yo leo las mentes -De repente, sonrió de
forma juguetona, como un
niño.
- La próxima vez que me
hagas el amor, ¿crees que podríamos ser un poco
más convencionales y
buscar una cama? -se sentó con cautela. Los brazos de
Tom la rodearon para
ayudarla.
- ¿Te he hecho daño?
-Ella se rió dulcemente.
- ¿Estás bromeando?
Aunque, la verdad, no me importaría darme un largo
baño en una bañera
caliente.
Tom frotó la barbilla
sobre la cabeza de Raven.
- Creo que podemos
arreglarlo, pequeña -Debería haber pensado que el suelo
no era precisamente el
lugar más cómodo- Consigues que cualquier
pensamiento coherente
desaparezca de mi cabeza -Era una disculpa. La
cogió en brazos y
atravesó con largas zancadas la casa hasta llegar al cuarto
de baño principal. Los
ojos de Raven se llenaron de calidez, sonrió tan
adorablemente que Tom se
quedó sin aliento.
- Eres tú que sueles
comportarte de forma un tanto… primitiva, Tom.
Soltó un gruñido y bajó
la cabeza despacio para besarla. Había tanta pasión
y ternura que a Raven le
dolía el alma. La dejó cuidadosamente de pie, en el
suelo y le cogió el
rostro entre las manos.
- Jamás conseguiré
saciar el hambre que siento por ti, Raven, jamás. Pero
necesitas un baño y yo
necesito alimentarme.
- Comer -dijo mientras
se agachaba para abrir el grifo del agua caliente- Se
dice comer. No soy la
mejor de las cocineras, pero puedo prepararte algo.
Los dientes blancos
brillaron a la luz de las velas, mientras las encendía.
- No estás aquí para ser
mi esclava, pequeña. Por lo menos, no en el ámbito
doméstico -La miró sin
pestañear mientras Raven se recogía el pelo en un
moño, en la parte
superior de la cabeza. Era desconcertante, pero Raven
sintió su cuerpo
estremecerse bajo el calor de su mirada. Tom alargó la
mano para ayudarla a
meterse en la bañera. En el momento en que sintió los
dedos alrededor de la
muñeca, tuvo la extraña sensación de que había sido
capturada.
Raven se aclaró la
garganta y se sumergió con cuidado en el agua. El vapor se
elevaba formando espirales.
- Entonces, ¿crees en la
fidelidad? -intentó que sonara casual.
Una sombra oscura cruzó
sus marcadas facciones.
- Un hombre de los
Cárpatos, de mi raza, no siente la pálida e infantil
versión del amor humano.
Si estuvieses con otro hombre yo lo sabría, lo
sentiría, sentiría tus
sentimientos y tus emociones -Trazó una línea sobre el
pómulo de Raven- No te
gustaría enfrentarte al demonio que hay dentro de
mí, pequeña. Soy capaz
de la mayor violencia. No te compartiré con nadie.
- Tú nunca me harías daño,
Tom. Sin importar la causa de tu ira -Dijo con
voz suave y absoluta
convicción.
- Siempre estarás segura
conmigo –afirmó- pero no puedo decir lo mismo de
cualquiera que amenazara
con apartarte de mi lado. Todos los míos usamos
la conexión telepática.
Una emoción tan fuerte como la pasión sexual es
imposible de ocultar.
- ¿Quieres decir que
aquellos de vosotros que os casáis…?
- Toman una compañera -corrigió.
- ¿No son nunca
infieles? -preguntó incrédula.
- Los verdaderos compañeros
no lo son. Ha habido excepciones… -dijo
cerrando los puños con
fuerza. Pobre Noelle, tan dulce, tan obsesionada con
Rand- Los pocos que
traicionan al compañero que han elegido no tienen una
unión verdadera, no
sienten lo que deberían sentir, de otra forma, sería
imposible. Por eso es
tan importante saberlo con la mente, con el corazón,
con el alma y con el
cuerpo. Como yo sé que tú lo eres -Las palabras rituales
no podían unir a dos que
no fueran uno. La unión se realizaba entre las dos
mitades de un mismo ser,
pero no era capaz de encontrar la forma de
explicarlo de modo que
ella lo entendiera completamente.
- Pero Tom, yo no
pertenezco a tu especie -Empezaba a ser consciente
de que entre ellos había
diferencias que iban mucho más allá de las simples
costumbres, y ella
necesitaba tenerlas en cuenta.
Tom trituró unas hierbas
en un cuenco, vertiéndolas después en el agua
de la bañera. Le
ayudarían con las molestias de su cuerpo.
- Tú lo sabrías si yo
tocara a otra mujer.
- Pero la diferencia
está en que tú podrías hacer que yo lo olvidara -se burló
en voz alta frunciendo
los labios. Pero Tom pudo sentir que su corazón se
aceleraba ante la
repentina duda que asaltó su mente.
Se arrodilló junto a la
bañera, tomando el rostro de Raven entre sus manos.
- Soy incapaz de
traicionarte, Raven. Podría obligarte a hacer algo por el
bien de tu seguridad o
tu protección, por tu vida o tu salud, pero no para que
olvidaras una traición.
Raven se humedeció el
labio inferior con la punta de la lengua.
- No me obligues a hacer
nada a menos que me lo pidas antes, como hiciste
cuando me sentía enferma
hace un rato.
Tom ocultó una sonrisa.
Siempre intentaba usar un tono severo, duro, era
su pequeña caja de
dinamita, con más valentía que sentido común.
- Pequeña, sólo vivo
para hacerte feliz. Tengo que salir ahora, solo será un
rato.
- No puedes salir tú
solo en busca de los asesinos. Estoy hablando en serio,
Tom. Es demasiado
peligroso. Si eso es lo que estás pensando…
La besó riéndose de
buena gana.
- Negocios, Raven. Date
un baño bien largo, echa un vistazo por la casa, ojea
mis libros, lo que
quieras -Le sonrió como un niño- Tengo un montón de
trabajo junto al
ordenador, por si quieres echarme una mano con las
ofertas.
- Esa es exactamente la
manera en la que planeaba pasar la noche.
- Otra cosa -Tom se
había marchado sin que ella hubiera podido siquiera
parpadear, y volvió
igual de rápido. Cogió su mano izquierda- Los tuyos
reconocerán esto como
una señal de que estás comprometida.
Ahora fue Raven quien
ocultó una sonrisa. Tom era tan territorial, como
un animal salvaje
cercando su espacio. Se comportaba como los lobos que
corrían libres por el
bosque. Tocó el anillo con un dedo, extasiada. Era muy
antiguo, de oro con un
rubí de color rojo ardiente rodeado de diamantes.
- Tom, es hermoso.
¿Dónde encontraste algo así?
- Ha pertenecido a mi
familia durante generaciones. Si prefieres algo más…
algo más moderno… -era
perfecto para su dedo, donde pertenecía.
- Es perfecto y lo sabes
-dijo mientras lo tocaba- Me encanta. Vamos, vete.
Descubriré todos sus
secretos mientras estás fuera.
Tom estaba hambriento,
necesitaba alimentarse. Se inclinó para acariciar
con la boca la frente de
Raven, la amaba tanto que le dolía el corazón.
- Sólo será hoy,
pequeña, me gustaría tener una conversación normal y feliz
contigo. Cortejarte como
te mereces.
Raven ladeó la cabeza
para mirarlo, con los ojos oscuros por la emoción.
- Ya me cortejas muy
bien. Ve a comer, y déjame conmigo misma.
Tom le acarició el pelo
una vez más antes de marcharse.
Se movió entre la gente
del pueblo, respirando el aire de la noche. Las
estrellas parecían más
brillantes, la luna brillaba como la plata bruñida.
Distinguía los colores
de forma clara e intensa. La brisa estaba cargada de
olores. Los jirones de
niebla flotaban por la calle. Tenía ganas de cantar. La
había encontrado después
de tanto tiempo que hacía que la tierra se
moviera y su sangre
ardiera. Le había devuelto la sonrisa y le había
enseñado lo que era el
amor.
Se estaba haciendo
tarde, las parejas caminaban hacia sus casas. Tom
eligió un trío de
muchachos. Estaba hambriento y necesitaba estar fuerte.
La noche iba a ser muy
larga. Tenía intención de confirmar o eliminar las
sospechas que recaían
sobre la Sra. Romanov. Las mujeres necesitaban una
partera y una aunque
fuese afligida y amargada era mejor que una que
pudiera traicionarles a
la primera oportunidad.
Convocó a los jóvenes
para que se acercaran con una simple orden,
maravillándose como
tantas otras veces de lo fácil que era controlar a sus
presas. Se unió a la
conversación, riéndose con ellos, hablaban sobre las
oportunidades de hacer
“negocios calentitos” que les habían sucedido
recientemente. Con
veinte años no se pensaba en otra cosa que no fuesen
mujeres, el dinero no
importaba. Siempre le sorprendía lo irrespetuosos que
los humanos eran con sus
mujeres. Quizás no comprendían lo que serían sus
vidas sin ellas.
Los llevó hacia la
oscuridad de los árboles, allí estaría seguro, y se alimentó,
asegurándose de no tomar
demasiado de ninguno. Los dejó como hacía
siempre, manteniendo
todo bajo control, por algo era el más anciano y
poderoso. Tenía en
cuenta hasta el más mínimo detalle. Caminó con ellos
durante unos minutos,
asegurándose de que se encontraban bien antes de
dejarlos con un saludo y
una corriente de amistad entre ellos.
Tom les dio la espalda y
la sonrisa se borró de su rostro. La noche
llamaba al cazador que
había en él, haciendo que apareciera un terrible
propósito en su mirada
oscura y que la boca, otras veces sensual, se torciera
en un rictus cruel. Sus
músculos se agitaron con su enorme fuerza,
flexionándose y
crispándose. Dobló la esquina y simplemente, desapareció.
Su velocidad era
increíble, nadie podía comparársele.
Su mente voló hacia la
de Raven, anhelando el contacto.
- ¿Qué estás haciendo tan sola
en esa vieja casa encantada?
Su suave carcajada
transformó en calidez la frialdad que sentía.
- Esperando que mi gran lobo
malvado vuelva a casa.
- ¿Estás vestida?
Esta vez, su respuesta
se asemejó al roce de sus dedos sobre su piel,
tocándolo íntimamente,
calentando su cuerpo. Calidez, risas, pureza. No
soportaba estar separado
de ella, odiaba la distancia que los separaba.
- ¡Por supuesto que estoy
vestida! ¿Y si llega alguna visita inesperada? No
puedo recibirlos desnuda ¿o sí?
Ella estaba bromeando,
pero la idea de que alguien se acercara a su casa
estando sola y
desprotegida hizo que el miedo se deslizara con un escalofrío
por su cuerpo. Era una
emoción extraña y apenas pudo identificarla.
- ¿Tom? ¿Te encuentras bien?
¿Me necesitas? Voy contigo.
- Quédate donde estás. Escucha
a los lobos. Si te aúllan, llámame enseguida.
Raven dudó un instante
antes de contestar, dando a entender que le
sorprendió el tono que
Tom había usado.
- No quiero que te preocupes por
mi, Tom. Ya tienes suficientes personas
que te lo exigen.
- Quizás sea así, pequeña, pero
tú eres la única por la que lo daría todo. Y
bebe otro vaso de zumo. Lo
encontrarás en la nevera.
Rompió el contacto y se
dio cuenta que estaba sonriendo con la pequeña
conversación. Raven
habría protestado por haberle ordenado que bebiera, si
él le hubiera dado más
tiempo. Le encantaba irritarla de vez en cuando. Le
gustaba ver los ojos
azules oscureciéndose como zafiros y escuchar el tono
afilado en su voz,
siempre tan controlada.
- ¿Tom? -Su voz
lo dejó perplejo, le hablaba en voz baja y cálida,
femenina y alegre- La
próxima vez intenta hacerme una sugerencia, o
simplemente pídemelo. Vete a
hacer lo que tengas que hacer, yo buscaré en
tu extensa biblioteca un libro
sobre los buenos modales.
Olvidando que estaba
agachado junto a un árbol cercano a la cabaña de los
Romanov, tuvo que
esforzarse mucho en reprimir la carcajada que
amenazaba con brotar de
su garganta.
- No encontrarás ninguno.
- ¿Por qué no me sorprende? Esta
vez fue Raven quien rompió el contacto.
Por un instante se
permitió el lujo de envolverse en su calidez, en su risa y
en su amor. ¿Por qué
Dios había elegido esta hora tan oscura, la más oscura,
para enviársela como un
regalo? No tenía ni idea. Lo que tenía que hacer era
inevitable, la
supervivencia de su raza así lo exigía. La brutalidad de lo que
tenía que hacer lo
llenaba de repulsión. Tendría que regresar al lado de
Raven con las manos
manchadas de sangre, con las muertes de más de un
humano. No podía zafarse
de este trabajo, no podía encargárselo a nadie. Su
animadversión no se
dirigía hacia el hecho de arrancarles la vida a los
asesinos de Noelle, sino
al momento de tener que hacer vivir a Raven con lo
que él iba a hacer. No
sería la primera vez que le quitaba la vida a alguien.
Se transformó y soltó un
suspiro. El pequeño roedor se escabulló fácilmente
entre las hojas caídas
en el suelo y cruzó el claro hacia la cabaña. El batir
de unas alas llegó hasta
sus oídos y el roedor se detuvo en seco. Tom
siseó una advertencia y
la lechuza le lanzó una salvaje mirada por haber
cambiado el rumbo de su
ataque. El roedor alcanzó la seguridad de las
escaleras de madera,
golpeó con la cola y empezó a buscar una grieta o un
agujero en el muro por
donde poder entrar.
Tom había captado dos
olores familiares. Hans tenía invitados. El roedor
se deslizó a través de
una hendidura entre dos tablas podridas y se metió
en la habitación. Corrió
sin hacer ningún ruido cruzando el suelo hasta la
puerta de entrada. Tom
permitió que el cuerpo del roedor procesara los
olores de la casa. Se
movió con mucho cuidado, deteniéndose con frecuencia,
hasta que llegó a una
esquina oscura del cuarto.
Heidi Romanov estaba
sentada en una silla de madera, justo en frente de él,
llorando en silencio con
un rosario apretado en la mano.
Hans hablaba con tres
hombres, miraban un mapa extendido sobre la mesa.
- Estás equivocado,
Hans. Lo de Noelle fue un error -Sollozó la Sra.
Romanov- Te has vuelto
loco y has atraído aquí a estos asesinos. ¡Dios mío!
Has matado a una chica
inocente que había sido madre recientemente. Tu
alma está perdida.
- ¡Cállate vieja! -gritó
Hans con dureza, su rostro expresaba su fanatismo.
Resplandecía a través de
él, era un cruzado luchando en una guerra santa-
Sé lo que vi -Se
santiguó mientras miraba a un lado y a otro de la habitación
al ver una curiosa
sombra alada que pareció sobrevolar la cabaña.
Por un instante, todos se
quedaron paralizados. Tom pudo saborear el
miedo que sentían, y escuchar
el latido frenético de sus corazones. En el
interior de la cabaña,
Hans había colgado ristras de ajo en todas las
ventanas y sobre las
puertas. Se puso de pie muy lentamente,
humedeciéndose los
labios resecos, agarró el crucifijo que llevaba colgado
del cuello y se acercó a
una ventana para asegurarse de que todo estaba en
su sitio.
- ¿Qué fue eso? ¿Esa
sombra de hace un momento? ¿Todavía pensáis todos
que fue un error porque
la encontramos en una cama en lugar de estar
durmiendo en la tierra?
- No había nada, ni
tierra ni ningún tipo de protección -dijo sin ganas un
extranjero de pelo
oscuro. Tom reconoció el rastro del hombre. Uno de
los asesinos. Uno de los
que se quedaban en la pensión. La bestia sacó sus
garras en el interior
del cuerpo del roedor. Habían asesinado a Noelle sin
asegurarse siquiera que
ella era lo que buscaban.
- Yo sé lo que vi,
Eugene -afirmó Hans- Después de que Heidi se marchara,
la mujer empezó a
desangrarse. Había ido hasta allí para acompañar a Heidi
a casa, los bosques son
peligrosos. Iba a decirle al marido que regresaría
con Heidi, estaba muy
agitado y no me vio cuando entré. Lo vi con mis
propios ojos. Ella bebió
mucho, demasiado, él estaba pálido y débil. Salí de
allí y me puso en
contacto con vosotros de inmediato.
Eugene movió la cabeza.
- Hiciste lo correcto.
Vine tan pronto como pude con los demás. Si han
descubierto la manera de
tener cachorros, los demonios nos invadirán.
El hombre más alto de
los que se encontraban en la habitación se agitó
nervioso.
- Nunca he oído nada
acerca de que los vampiros den a luz a sus crías. Ellos
matan a los vivos para
alargar sus vidas. Duermen en la tierra y protegen sus
guaridas. Actuasteis
antes de que pudiéramos estudiar todo esto en
profundidad.
- Kurt -protestó Eugene-
vimos la oportunidad y la aprovechamos. ¿Y cómo
pudo su cuerpo
simplemente desaparecer? Después de hacerlo huimos
corriendo. Desde
entonces, nadie ha visto al marido ni al niño. Sabemos que
la mujer está muerta; la
matamos; pero no hay protestas ni llantos por su
muerte.
- Debemos encontrar al
marido y al bebé -ordenó Hans- Y a todos los otros.
Debemos quitarlos de en
medio a todos -Miraba la noche fijamente a través
de la torcida ventana.
De repente, una expresión de alarma salió de sus
labios- Mira, Eugene, un
lobo. Ese maldito Dubrinsky los protege en sus
tierras. Algún día
entrarán en el pueblo y matarán a los niños- Cogió el viejo
rifle que estaba apoyado
contra la pared.
- ¿Quién es este
Dubrinsky, el que protege a los lobos? -preguntó Kurt.
- ¡El pertenece a la
Iglesia! -siseó Heidi, perpleja por el intento de
implicarlo- Es un hombre
bueno, va a misa todos los domingos. El padre
Hummer es uno de sus
íntimos amigos. Cenan juntos a menudo y juegan al
ajedrez. Lo he visto con
mis propios ojos.
Hans despachó el
testimonio de Heidi con un movimiento de mano.
- Dubrinsky es el
mismísimo demonio. Mirad ahí fuera, ¿veis al lobo
escabulléndose entre los
arbustos, vigilando la casa?
- Os digo que eso no es
natural -Dijo Eugene bajando la voz- Es uno de ellos.
- Es imposible que sepan
que fuimos nosotros -dijo Hans, pero el miedo lo
delató, le temblaban las
manos. Se llevó el rifle hasta el hombro.
- Tendrás que
conseguirlo con el primer disparo, Hans -Advirtió Eugene.
El roedor atravesó el
suelo en una carrera frenética hasta la habitación y
salió al exterior por la
grieta. Tom salió del cuerpo del pequeño roedor en
una explosión de fuerza
y se transformó en un enorme lobo negro con los
ojos rojos, deseando
venganza.
Corrió la distancia que
los separaba y saltó para cubrir el cuerpo del lobo
más pequeño. En ese
momento, sintió el fuego atravesar su carne. El otro
lobo se internó en lo
profundo del bosque. Aunque la sangre manaba de sus
cuartos traseros, el
enorme lobo no emitió un quejido, no huyó; muy al
contrario, se dio la
vuelta y se quedó mirando la casa con dos brasas
ardientes en lugar de
ojos que encerraban una promesa. Venganza. Una
oscura promesa de que la
muerte los encontraría a todos.
- ¡Tom! -El
agudo chillido de Raven resonó en su cabeza.
El lobo negro mantuvo
fija la mirada un poco más, controlando a Hans
Romanov. Después se
volvió y simplemente desapareció en la noche. Ninguno
de los hombres se
atrevió a seguirlo. El lobo negro había surgido de la nada,
saltando para proteger
al más pequeño. No era un lobo normal, y ninguno de
los hombres quiso
perseguirlo por la linde del bosque.
Tom corrió hasta
sentirse seguro en el corazón del bosque, antes de que
el dolor y la pérdida de
sangre lo obligaran a tomar su forma humana.
Tropezó, se agarró a una
gruesa rama y se dejó caer al suelo.
- ¡Tom! ¡Por favor! Sé que
estás herido. ¿Dónde estás? Puedo sentir tu
dolor. Déjame ir contigo.
Déjame ayudarte.
Los arbustos se movieron
detrás de Tom. No se molestó en volver la
cabeza, sabía que era
Byron el que estaba allí, profundamente avergonzado
y lleno de
remordimientos.
- Tom. ¡Dios!, lo
siento. ¿Es grave?
- Bastante -Tom cerró la
mano sobre la herida para detener la
hemorragia- ¿Qué estabas
haciendo allí, Byron? Fue una locura, una
tontería.
- Tom- -El
miedo y las lágrimas de Raven anegaban su mente.
- Cálmate, pequeña. No es más
que un rasguño.
- Déjame ir contigo -Estaba
rogándole y eso le rompió el corazón.
Byron cortó una tira de
su camisa y vendó el muslo de Tom.
- Lo siento. Debería
haberte escuchado, debería haber sabido que tú
estarías tras ellos.
Pensé que… -su voz se desvaneció, parecía incómodo.
- ¿Qué pensaste? -le
cortó Tom con cansancio. El dolor era enorme. Se
sentía mareado y tenía
náuseas, pero de alguna forma tenía que reconfortar
a Raven. Ella luchaba
por reconfortarlo a él, por conocer el sitio donde
estaba. Estaba
intentando ver a través de sus ojos.
- Déjalo, Raven. Haz lo que te
digo. No estoy solo. Uno de los míos está
conmigo. Pronto estaré junto a
ti.
- Pensé que estarías tan
complicado con esa mujer que no tendrías tiempo
para la caza -Byron
agachó la cabeza- Me siento como un idiota, Tom.
Estaba tan preocupado
por Eleanor.
- Jamás he dejado a un
lado mis obligaciones. La protección de los míos ha
sido siempre lo primero
-Tom no podía intentar curar la herida con Raven
en su mente.
- Lo sé, lo sé -Byron se
mesó el cabello castaño- Después de lo que le
sucedió a Noelle, no
podía soportar la idea de que a Eleanor le sucediera lo
mismo. Y esta era la
primera vez que nos advertías que estabas con una
mujer.
Tom intentó esbozar una
sonrisa irónica.
- También es nueva para
mí la experiencia. Hasta que todo deje de ser tan
novedoso y fuerte, es
mejor que la mantenga tan cerca de mí como sea
posible. En este mismo
momento está discutiendo conmigo.
Byron estaba perplejo.
- ¿Discutiendo contigo?
¿Ella?
- Tiene sus propias
ideas -Permitió que Byron le ayudara a levantarse.
- Estás excesivamente
débil para transformarte. Y necesitarás sangre y
dormir bajo tierra
-Byron envió una llamada a Jacques.
- No puedo dormir bajo
tierra. No la dejaré sin protección. Ella lleva mi
anillo y mi marca. Un
movimiento en falso y la matarán.
- Te necesitamos con
todas tu fuerza, Tom.
La llegada de Jacques
fue precedida por varios remolinos de hojas,
pequeños tornados sobre
el bosque. Jacques maldijo en voz baja y se
arrodilló junto a Tom.
- Necesitas sangre, Tom
-dijo suavemente y al instante se desabrochó la
camisa.
Tom lo detuvo con un
simple gesto. Sus ojos, infinitamente cansados y
llenos de dolor,
estudiaron los alrededores. Byron y Jacques se quedaron
totalmente inmóviles,
con sus sentidos en alerta, comprobando las
inmediaciones del
bosque.
- No hay nadie -susurró
Jacques.
- Hay alguien -corrigió
Tom.
Un pequeño gruñido de
protesta escapó de la garganta de Jacques que, de
forma instintiva, se
colocó delante de su príncipe. Byron fruncía el ceño,
estaba totalmente
confundido.
- No puedo detectar a
nadie, Tom.
- Ni yo, pero nos
vigilan -Era una rotunda afirmación, tan cierta que ninguno
de los suyos podría
discutirla. Tom jamás se equivocaba.
- Llama a Eric, dile que
traiga un coche -ordenó Tom y dejó caer la
cabeza para descansar.
Jacques estaba totalmente alerta y Tom
confiaba en sus
habilidades. Cerró los ojos, mortalmente cansado,
preguntándose dónde
habría ido Raven. No estaba conectada con él. Para
mantener el contacto,
tendría que utilizar las escasas fuerzas que le
quedaban y en este
momento, no podía desaprovecharlas. Pero su silencio,
tan impropio de ella, le
preocupaba.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL CAPITULO ... NO SE SI SERA EL ULTIMO CAPITULO DEL AÑO PERO SI SE LLENA AGREGO MAÑANA... EL TREINTAYUNO NO PORQUE ANDARE OCUPADA YA SERIA HASTA EL PRIMERO ... BUENO SIN MAS QUE DECIR ME DESPIDO .. GRACIAS POR LEER ... HASTA PRONTO Y FELIZ AÑO NUEVO SI ES QUE NO AGREGO MAÑANA xD
Cada vez mas interesante!!
ResponderEliminarSiguelaa ;)
Raven fue a por el seguro jajajaja
ResponderEliminarSigueeeee
Raven fue a buscarlo fijoo jajajajaja
ResponderEliminarSigueeeee