jueves, 17 de diciembre de 2015

# 4

CAPITULO # 4.-
Tom estrechó el esbelto cuerpo de Raven entre sus brazos. Inclinó su
cuerpo para protegerla. Estaba profundamente dormida, relajada, pero su
rostro estaba muy pálido. Tenía profundas ojeras. Le susurró suavemente.
- Lo siento muchísimo, pequeña, siento haberte metido en esto. Y como
animal que soy, sé que lo haría de nuevo. No morirás; no puedo permitirlo.
Se abrió una herida alargada sobre la vena de la muñeca y llenó una copa
con el espeso líquido rojo.
- Escúchame, Raven. Necesitas beber esto. Obedéceme sin demora -
Presionó la copa contra los labios descoloridos y vertió un poco de sangre en
su boca. Su sangre era extremadamente curativa y le daría vida.
Raven se atragantó, intentó impedir que el líquido bajara por su garganta y
apartó la cabeza como había hecho la vez anterior.
- Obedéceme de una vez. Te lo beberás todo -La orden fue mucho más
fuerte esta vez. Ella odiaba el sabor de la sangre y su cuerpo se afanaba por
rechazarla, pero prevalecería su voluntad, como siempre.
- ¡Tom! -Escuchó el desamparado grito en su cabeza.
- Debes beber, Raven. Sigue confiando en mí.
Ella se relajó y volvió a hundirse en un sueño profundo, obedeciéndole de
mala gana.
Tom había captado parte de sus confusos pensamientos, el torbellino de
las emociones junto con el miedo. Raven creía estar en mitad de una
pesadilla. El color volvió a su rostro. Satisfecho, se tumbó junto a ella.
Recordaría el intercambio de sangre tan solo como parte de la pesadilla.
Apoyó un codo en la cama, incorporándose para poder estudiar
tranquilamente su rostro, sus espesas y largas pestañas, su impecable piel y
sus delicados pómulos. No sólo era su belleza, lo sabía; era su interior, la
compasión y la luz que había dentro de ella las que le permitían aceptar su
naturaleza salvaje e indomable.
Jamás se le había pasado por la imaginación que pudiera ocurrir este
milagro. En el mismo momento que había decidido entregarse al sol al
amanecer, le había sido enviado un ángel. Una lenta sonrisa curvó sus labios.
Su ángel se negaba a cualquier cosa que él le pedía. Respondía mucho mejor
cuando él se tomaba tiempo o para pedírselo, sin órdenes. Había estado
acostumbrado a la obediencia de aquellos que estaban bajo su protección
durante mucho tiempo. Tenía que recordar que ella era mortal, educada en
una época muy diferente y con principios y valores muy distintos a los suyos.
Los hombres de los Cárpatos ya llevaban impreso en sus pensamientos,
mucho antes de que nacieran, el deber de proteger a las mujeres y a los
niños. Con tan pocas mujeres de su especie y sin niñas que hubieran nacido
en los últimos tiempos, era sumamente importante salvaguardar todas y
cada una de las mujeres que tenían.
Raven era mortal, no era de los suyos. No pertenecía a su mundo. Cuando se
marchara, se llevaría las emociones y los colores que él era capaz de sentir y
ver junto a ella. Se llevaría hasta el aire que él respiraba. Cerró los ojos
ante la idea. ¿Dónde podría encontrar la fuerza suficiente para dejarla
marchar? Tenía muchas cosas que hacer antes del amanecer. Quería
quedarse con ella, abrazarla, convencerla de que no lo dejara, decirle lo que
sentía en su corazón, contarle lo que significaba para él, que no podía
abandonarlo, que él no podría vivir sin ella. No viviría.
Suspiró profundamente y se levantó de nuevo. Él mismo necesita reponerse,
alimentarse y volver al trabajo. Volvió a esparcir las hierbas sanadoras y la
envió a un sueño mucho más profundo. Fue muy meticuloso con los hechizos
de protección alrededor de sus aposentos, incluso envió una orden a las
criaturas del bosque. Si alguien se acercaba a su guarida, si ella era
amenazada de cualquier forma, lo sabría de inmediato.
A la llamada de Tom acudieron Jacques y Byron, encontrándose con él
sobre los árboles cercanos a la casa de Noelle y Rand. Una vez descubrieron
el cadáver, había sido apropiadamente incinerado, como era su costumbre.
- ¿Tocasteis algo? - preguntó Tom.
- Sólo el cuerpo. Todas sus ropas y objetos personales se quedaron tal y
como los encontramos - le contestó Byron - Rand no volvió a entrar en la
casa. Sabes que ellos habrán dejado algún tipo de trampa para cazarte. El
cuerpo era un cebo.
- Estoy totalmente seguro. Usarán toda la tecnología moderna que puedan
traer consigo, cámaras, vídeos, cualquier cosa - Tom meditaba
tristemente, sus facciones oscurecidas - Creen en todas las leyendas.
Estacas, ajo, cortar la cabeza. Son tan primitivos y tan predecibles - Su voz
reflejó el odio que sentía por los asesinos - Se toman mucho tiempo en
estudiarnos antes de condenarnos a muerte.
Byron y Jacques intercambiaron una incómoda mirada. En este estado,
Tom era letal. Los miró con los ojos entrecerrados, ardiendo de furia.
- Quedaos quietos y observar. Si me meto en problemas, os vais. No os
dejéis ver - Dudó por un momento - Si algo va mal, os pido un favor.
Tom empleaba el tono formal del viejo mundo. Byron y Jacques darían su
vida por él. Era un raro privilegio que su príncipe les pidiera un favor.
- Mi mujer duerme profundamente. En mi casa. Las protecciones son muchas
y muy peligrosas. Debéis ser muy meticulosos y cuidadosos para poder
desentrañarlas. Ella debe ser sanada, y hay que enseñarle cómo debe
protegerse, y si lo elige, quedarse bajo vuestra protección. A través de
nuestra familia, Jacques, heredarás el liderazgo. Creo que en este momento
debería ser Gregori el que lo tomara, para darte tiempo a acostumbrarte y
a aprender a mandar. Si Gregori rechaza el ofrecimiento, y es seguro que lo
hará, el liderazgo debe pasar a ti, Jacques. Supongo que no te gustara
mucho, como ya veo. Haréis todo esto por mí. Byron, ayudarás a Jacques y a
Gregori como me has ayudado a mí. Ambos debéis jurarle lealtad a Gregori
si acepta.
Los dos contestaron formalmente, pronunciando el juramento. Byron se
aclaró la garganta.
- ¿Has…? O sea, ¿ella es una de las nuestras? - Hizo la pregunta con sumo
cuidado. Todos ellos eran conscientes de que los vampiros habían intentado
convertir a mujeres humanas. Incluso habían discutido el poder intentarlo
ellos mismos, a causa de la desesperada situación en la que se encontraban.
Pero los riesgos sobrepasaban en mucho a las ventajas. Las mujeres que
habían sido convertidas por los vampiros se volvían locas, habían matado a
bebés y había sido imposible devolverles la cordura. La raza de los Cárpatos
nacía con sus habilidades y era sometida a una gran disciplina para
controlarlas. Los pocos que se saltaban sus leyes eran quitados de en medio
de forma brutal e instantánea. Su raza respetaba todas las formas de vida.
Debía ser así a causa de los tremendos poderes que poseían.
Tom negó con la cabeza.
- Sé que ella es mi verdadera compañera. El ritual fue tremendamente duro
para ella. No tuve más opción que darle mi sangre - Sus palabras fueron
bruscas, malhumoradas, advirtiéndoles que se arriesgaban demasiado al
preguntar sobre el tema - No la uní a mí. Ella es mortal y no sería correcto.
- Haremos lo que tú quieras - reiteró Byron mirando incómodamente a
Jacques, que parecía más divertido que preocupado.
Tom se disolvió sin esfuerzo, deslizándose a través de las espesas ramas
de los abetos. Una vez en el suelo, se transformó en lobo. La niebla no podía
seguir el rastro de un olor, y él necesitaba las útiles habilidades de rastreo
de estos hermanos peludos. Encontraría el rastro y lo seguiría. Después de
todo, sobre todo lo demás, él era un depredador. Su inteligencia sólo le
servía para aumentar y mejorar sus habilidades como cazador.
El lobo rodeó el claro con mucha cautela, con la nariz pegada al suelo,
examinando cada árbol cercano a la casa. Olía a muerte. Llenaba sus fosas
nasales con su olor amargo y acre. Empezó a rastrear el suelo cubriendo
toda la superficie, reconociendo el olor de Rand, Eric y Jacques. Encontró el
lugar desde donde los asesinos se habían aproximado a la casa. Cuatro
hombres. Se detuvo sobre cada uno de los olores hasta que quedaron
profundamente grabados en su mente. Se tomó su tiempo para desentrañar
la macabra y horrible historia. Los hombres se habían acercado
sigilosamente, casi arrastrándose de árbol en árbol a veces. El lobo siguió su
camino, desviándose de cuando en cuando para buscar posibles trampas. Se
detuvo en la puerta, se giró cautelosamente y dio la vuelta. De repente sus
patas traseras se hundieron en el suelo para tomar impulso y atravesar una
de las ventanas, rompiendo el cristal y aterrizando en el interior de la
habitación. En el interior del cuerpo del lobo la risa de Tom resonó
oscura y sin rastro de humor. Los cuatro asesinos habían vuelto a la escena
de su espeluznante crimen para colocar cámaras que grabaran a los suyos. Si
hubieran tenido agallas, habrían esperado a que descubrieran el cuerpo. Sin
embargo habían llevado a cabo su brutal objetivo y habían salido huyendo
demostrando su cobardía.
La bilis subió por su garganta. El lobo agitó la cabeza y gruñó. Tres de los
olores eran desconocidos para él, el cuarto le resultaba familiar. Un traidor.
¿Cuánto le habían pagado para que traicionara a Noelle? El lobo saltó de
nuevo, rompiendo una segunda ventana. La cámara grabaría un lobo enorme,
un amasijo de cristales rotos y niebla y el lobo de nuevo. Sólo Tom, y
otros pocos cazadores, Jacques, Gregory, Aidan y Julian eran capaces de
transformarse tan rápidamente.
Comenzó a rastrear a los asesinos. Un olor se separaba del resto y se
internaba en el bosque, llegando hasta la linde cercana a la cabaña de Edgar
Hummer y la oficina del doctor Westhemer. El lobo se detuvo entre los
árboles, mirando fijamente la casita que había detrás de la oficina. Los ojos
brillaban con reflejos rojos, crueles y sin parpadear. Bruscamente, el lobo
se dio la vuelta y volvió hasta el lugar donde los rastros se habían separado,
recogiendo el rastro de los otros tres hombres. Llevaba directamente hasta
la pensión donde Raven se alojaba.
Tom se reunió con Byron y Jacques en la copa del árbol.
- Tres de ellos se alojan en la pensión. Los reconoceré allí cuando los tenga
cerca. Mañana acompañaré a mi mujer para que recoja sus cosas. Mientras
esté allí reconoceré sus olores. No tenemos forma de saber si hay más
personas involucradas. Hasta que lo descubramos, tendremos que ser muy
cuidadosos. Han dejado una cámara de video en la casa; el interruptor está
conectado a la puerta. Nadie debe entrar - Tom guardó silencio durante
momento.- ¿Celeste fue a ver al doctor Westhemer? - preguntó con suavidad.
- Creo que es la mujer de Hans Romanov la que lleva su embarazo. Trabaja
con el doctor y trae al mundo a casi todos los bebés - contestó Jacques.
- ¿Y Eleanor? - preguntó Tom.
Jacques se movió incómodo.
- Creo que también.
- ¿Esta mujer asistió el parto de Noelle?
Byron se aclaró la garganta.
- Noelle dio a luz en casa al cuidado de Heidi Romanov. Rand estaba allí; yo
acudí a su llamada. Después de que la partera se marchara, Noelle tuvo una
hemorragia. Rand tuvo que darle sangre. Me quedé con Noelle mientras Rand
salía a cazar. Y no, la Sra. Romanov no vio nada de todo esto. No había nadie
más en los alrededores, de ser así, lo habría sabido.
- Fue Hans Romanov quien condujo a los otros hasta Noelle. No sé si su
esposa está implicada, pero alguien informó a los asesinos de que nuestra
especie se estaba reproduciendo - Tom les informó en tono monótono,
pero sus ojos ardían y su cuerpo temblaba de furia; abría y cerraba los
puños, pero mantuvo la voz perfectamente controlada - Es necesario saber
si la mujer está implicada.
- Debe estarlo - contestó bruscamente Byron - ¿A qué estamos esperando?
- No somos los animales salvajes y bárbaros que estos demonios creen.
Tenemos que saber con certeza si la partera nos traicionó. Y tu deber no es
hacer justicia, Byron. No es fácil vivir con ese deber, tener que quitar la
vida a otros - Tom había sentido el peso de cada una de esas muertes a lo
largo de los siglos, pero mientras su poder y sus responsabilidades
aumentaban, así lo hacía la facilidad con la que mataba. Al disminuir y
desaparecer sus emociones sólo su férrea voluntad y su sentido del bien y
del mal le habían ayudado a mantener su alma alejada de los malditos
susurros de la oscuridad, que siempre luchaba para obtener la supremacía.
- ¿Qué quieres que hagamos? - preguntó Jacques.
- Eleanor y Celeste no están seguras en sus casas. No deben volver a ver a la
partera. Llevad a Celeste a mi casa del lago. Eric podrá dedicarse a estudiar
las Artes Antiguas, que ha tenido bastantes descuidadas hasta ahora. Es un
lugar fácil de defender. Eleanor no puede viajar tan lejos.
- Pueden quedarse en mi casa - ofreció Byron - Estarán cerca en caso de que
necesiten ayuda - Eleanor era su hermana, y sentía un enorme cariño hacia
ella. A pesar de que hacía mucho que había perdido su capacidad de sentir,
aún recordaba lo que era ese cariño.
- Es arriesgado. Si se conoce vuestro parentesco y sospechan de ella, o si te
vieron ayudando a Rand… - Tom movió la cabeza, desechando la idea -
Quizás deberían quedarse en mi casa.
- ¡No! - protestaron ambos al unísono con enfado.
- No Tom, no podemos arriesgarnos a perderte - La voz de Jacques
expresaba su profundo temor.
- Nuestras mujeres están antes que cualquiera de nosotros, Jacques - le
recordó Tom amablemente - Sin ellas, nuestra especie morirá. Podemos
mantener relaciones sexuales con humanas, pero no podemos procrear con
ellas. Nuestras mujeres son nuestro más preciado tesoro. Cada uno de
vosotros encontraréis finalmente vuestra pareja y tendréis niños. Pero
aseguraos que la mujer que elijáis es vuestra verdadera compañera. Todos
conocéis los signos que lo demuestran: los colores, las emociones y el deseo
ardiente que despertará en vosotros. La unión es tan intensa que si uno de
los dos muere, el otro también elegirá la muerte, en la mayoría de los casos.
Es la muerte o la conversión. Todos lo sabemos.
- Según eso, Rand… - siguió Byron.
- Rand se impacientó con la espera. Noelle estaba obsesionada con él, pero
no eran verdaderos compañeros. Creo que al final acabaron odiándose,
atrapados en una relación malsana. Él sobrevivirá a su muerte.
Tom intentaba disimular el asco que sentía. Los verdaderos compañeros, las
verdaderas parejas, no eran capaces de sobrevivir mucho tiempo el uno sin
el otro. Ese hecho, junto con la alta tasa de mortalidad de sus niños, había
causado un enorme número de bajas en una especie que menguaba. Tom
no estaba seguro de que su raza llegara a sobrevivir hasta el próximo siglo.
No importaban sus esfuerzos, no era capaz de encontrar una razón para
evitar que sus congéneres de sexo masculino se convirtieran en vampiros.
- Tom - dijo Jacques buscando las palabras adecuadas - sólo tú y Gregori
conocéis los secretos de nuestra especie. Sabes que Gregori elegirá
mantenerse alejado, en soledad. Sólo tú puedes enseñarnos a los demás,
guiarnos y ayudarnos a crecer. Si sobrevivimos y nos hacemos fuertes de
nuevo, no podremos hacer nada sin ti. Tu sangre es la vida de los nuestros.
- ¿Por qué me dices eso? - dijo Tom bruscamente incapaz de afrontar la
verdad.
Jacques y Byron intercambiaron una mirada intranquila.
- Hemos estado preocupados desde hace un tiempo por tu constante retiro,
te alejas de nosotros voluntariamente.
- Mi alejamiento era inevitable y no os concierne en absoluto.
- Has elegido permanecer totalmente solo, alejado incluso de aquellos que
pertenecemos a tu propia familia - continuó Jacques.
- ¿Qué intentas decirme? - preguntó Tom con brusca impaciencia. Había
estado demasiado tiempo alejado de Raven. Necesitaba verla, abrazarla,
tocar su mente.
- No soportaremos tu pérdida. Y si no deseas continuar con tu vida, sé que
empezaras a arriesgarte cada vez más, a descuidarte - dijo Jacques
arrastrando las palabras.
Los oscuros ojos de Tom mostraron de repente una repentina calidez, y
una pequeña sonrisa curvó las comisuras de sus labios, suavizando los
cincelados rasgos de su rostro.
- Sois unos diablillos. ¿Cómo os habéis atrevido a vigilarme sin mi
consentimiento?
- La pareja alfa de la manada de lobos también está preocupada por ti -
admitió Jacques - Y como yo soy de tu familia y me encuentro bajo tu
protección, aceptaron hablar conmigo. Te vigilan cuando paseas solo y
cuando corres con la manada. Dicen que no hay alegría en ti.
Tom soltó una suave carcajada.
- Necesito una buena madriguera de lobo para pasar el invierno.
Cualesquiera que sean mis sentimientos, Noelle era nuestra hermana, una de
los nuestros. No descansaré hasta que sus asesinos sean ajusticiados.
Jacques se aclaró la garganta, y una sonrisilla típicamente masculina suavizó
sus implacables rasgos.
- Supongo que esta mujer que escondes no tiene nada que ver con el hecho
de tu repentino deseo de levantarte al anochecer.
Tom estuvo a punto de tirar a Jacques, de una patada, de la rama donde
estaba apoyado, en venganza por su atrevimiento.
Byron se agarró con más fuerza a la rama.
- Eleanor y Vlad pueden quedarse conmigo. Será una doble protección para
ella y para el niño que está a punto de nacer.
Tom asintió con la cabeza. Aunque no acababa de gustarle la decisión, se
daba cuenta de que seguirían protestando si él insistía en arriesgarse
personalmente.
- Sólo por un par de días, hasta que encontremos una opción más segura.
- Ten mucho cuidado, Tom - advirtió Jacques.
- Dormid profundamente mañana – contestó - Saldrán a buscarnos.
Byron se detuvo, repentinamente alarmado.
- ¿Cómo dormirás bajo tierra si la humana está contigo?
- No la dejaré - La voz de Tom era implacable.
- A mayor profundidad nos será mucho más difícil ayudarte si estás en
problemas - le recordó Jacques en voz baja.
Tom suspiró.
- Sois igual de miedosos que un par de tías solteronas. Soy perfectamente
capaz de proteger mi guarida - Su cuerpo emitió un ligero destello, se dobló
y se transformó en el de un búho. Extendió las gigantescas alas y surcó el
cielo para regresar junto a Raven.
Aspiró profundamente, llenando su cuerpo con el aroma limpio y puro de
Raven, borrando de su mente los desagradables descubrimientos nocturnos.
Su olor se percibía en la biblioteca, mezclado con el suyo propio. Los inhaló
hasta llenar sus pulmones y se agachó para recoger la ropa esparcida por el
suelo. Quería penetrar en su interior, tocarla, saborear su boca, hacer que
su sangre fuera la de él, pronunciar las palabras rituales y unirla a él para
toda la eternidad, como estaban destinados a hacer. La idea de Raven
ofreciéndole ese regalo, aceptando su proposición, fue tan estimulante, que
tuvo que permanecer totalmente quieto hasta que las urgentes demandas de
su cuerpo se calmaron un poco.
Se dio una larga ducha, quitándose los restos que el cuerpo de lobo le había
dejado, el polvo y la suciedad, y sobre todo, el olor del traidor. Todos los de
su raza tenían mucho cuidado en imitar todos y cada uno de los hábitos de
los humanos. Comida en las alacenas y ropas en los armarios. Lámparas por
toda la casa. Ducharse aunque no fuera realmente necesario, aunque bien
mirado, a casi todos ellos les gustaba. Se soltó la melena oscura y fue a ver
a Raven. Por primera vez en su existencia, se enorgullecía de su cuerpo, de
la forma en la que se tensaba, casi agresivo, cuando la tenía a la vista.
Estaba dormida, su cabello se derramaba como un velo de seda negra sobre
la almohada. Las sábanas se habían deslizado, dejando su pecho cubierto tan
solo con algunos mechones de su larga melena. Era una imagen tan erótica.
Allí tumbada, esperándole dormida. Suavemente, murmuró la orden para
liberarla del trance y que se despertara del profundo sueño.
Su cuerpo brillaba a la luz de la luna, su piel suave tenía el color del
melocotón maduro. Tom deslizó la mano por el contorno de su pierna.
Sentirla así hizo que su cuerpo se estremeciera. Rozó sus caderas, y
acarició su pequeña y estrecha cintura. Raven se movió inquieta. Tom se
tumbó a su lado, refugiándola en su abrazo mientras dejaba descansar la
barbilla sobre su cabeza.
El la quería a cualquier precio, pero debía ser honesto con ella. Se merecía
toda la honestidad que él pudiera darle. Poco a poco, Raven fue emergiendo
del sueño, buscando consuelo en la fortaleza de su cuerpo tras la horrenda
pesadilla. ¿De qué forma podía una humana comprender las necesidades
sexuales de un hombre de los Cárpatos en mitad del frenesí del ritual de
emparejamiento? A lo largo de los años apenas si le había tenido miedo a
nada, ahora temía ver su imagen reflejada en los inocentes ojos de Raven.
Supo por su respiración, el momento en el que se despertó completamente, y
por la tensión de su cuerpo supo el momento exacto en el que recordó donde
estaba y con quién. Había arrebatado brutalmente su inocencia, casi su
vida. ¿Cómo iba ella a olvidar algo así?
Raven volvió a cerrar los ojos, en un intento desesperado de separar la
realidad de la ficción, los hechos de la fantasía. Le dolía el cuerpo en sitios
que antes no sabía ni que existían. Se sentía distinta, mucho más sensible. El
cuerpo de Tom a su lado parecía mármol frío, inamovible y agresivo,
insoportablemente sensual. Podía escuchar con toda exactitud los crujidos y
los ruidos de la casa, el movimiento de las ramas en el exterior. Empujó el
pecho de Tom, que era como un muro de ladrillos, para intentar poner
distancia entre sus cuerpos.
Tom estrechó su abrazo enterrando el rostro en su pelo.
- Si te introduces en mi mente, Raven, sabrás lo que siento por ti - Su voz
sonó brusca pero denotó lo vulnerable que se sentía.
Su corazón cedió a pesar de sí misma.
- No quiero que me abandones, pequeña. Ten el coraje de quedarte conmigo.
Quizás sea un monstruo, ya no lo sé. Lo único que sé es que necesito que te
quedes conmigo.
- Podrías haberme forzado a olvidar - señaló, más para sí misma que para él,
preguntando más que afirmando. Él había sido brutal, pero no podía decir
que la hubiera maltratado. Al contrario, la había llevado hasta las mismas
estrellas.
- Lo pensé - admitió de mala gana - pero no quiero recurrir a ese tipo de
cosas entre nosotros. Siento mucho no haber sido más delicado tu primera
vez.
Raven percibió el dolor en su voz y sintió en respuesta el dolor ella misma.
- Sabes que te aseguraste de que yo disfrutara - Ella había alcanzado el
éxtasis. Fue un bautismo de fuego, un intercambio de almas. El había sido
brutal, y la había arrastrado a la tormenta. Y lo quería de nuevo, ansiaba que
la tocara, ansiaba sentir la fuerza de su cuerpo. Pero Tom era peligroso,
muy, muy peligroso. Ahora lo sabía. Sabía que era diferente, que algo, más
animal que hombre, habitaba en él.
- Tom - Volvió a empujar sobre su pecho. Necesitaba respirar, pensar sin
sentir el calor de su piel y las urgentes demandas de aquel sólido cuerpo.
- ¡No me hagas esto! - Su voz era una severa orden - No me alejes de ti.
- Estás hablando de un compromiso que va más allá de lo que yo pueda
imaginar… - Raven se mordió el labio - Mi hogar está muy lejos de aquí.
- Sólo hay tristeza allí, Raven - Rechazó la idea - Sabes que no sobrevivirás
sola, y aunque ahora piensas que no volverás a usar tu don, cuando vayan de
nuevo a buscarte para solucionar otro macabro crimen, sabes en el fondo
que serás incapaz de negarte. Tu naturaleza te impide dejar a un asesino
libre cuando podrías salvar a su siguiente víctima - Tomó unos sedosos
mechones de pelo entre sus manos, reflejo de su negativa a que se marchara
- No pueden cuidarte como yo.
- ¿Y qué pasa con nuestras diferencias? Tu actitud hacia las mujeres las
coloca como ciudadanas de segunda clase, como si no fueran demasiado
valiosas ni brillantes. Desafortunadamente, doblegas con tu voluntad a
cualquiera que se oponga a tus designios. Y yo lo haría. Constantemente.
Tengo que ser yo misma, Tom.
Le apartó el pelo de la nuca, sujetándolo con las dos manos, y depositó un
ligero beso en su piel.
- Sabes que mi actitud hacia las mujeres no es más que el reflejo de mi afán
por protegerlas, no considero que sean inferiores. Contradíceme y oponte a
mi voluntad todo lo que quieras, pequeña. Te amo por todo lo que eres.
Acariciaba con su pulgar la delicada curva de sus pechos, haciendo que su
sangre empezara a calentarse, enviando escalofríos que recorrían su
espalda. Raven lo quería salvaje e indomable, como él era, quería que la
necesitara. Estaba controlándose y para ella era un potente afrodisíaco
saber que era capaz de hacer que perdiera totalmente el control.
Tom inclinó la cabeza para rozar con la lengua un erguido pezón. Lo
succionó, humedeciéndolo, hasta que Raven cerró los ojos con un leve
suspiro. Notaba como su cuerpo volvía a la vida, cada nervio exigía que
Tom lo tocara. Se derretía bajo su calor.
Pero ella no quería que esto sucediera. Sentía un nudo ardiente en la
garganta y las lágrimas le abrasaban los ojos. No quería, pero lo necesitaba.
- No me hagas daño, Tom - Le susurró junto a los fuertes músculos de su
pecho. Rogaba por su futuro. Raven sabía que él jamás le haría ningún daño
físico, pero sabía con certeza que su vida junto a él sería extremadamente
tempestuosa.
Él alzó la cabeza y levantó el cuerpo para aprisionarla debajo. Sus ojos
oscuros la miraban de forma posesiva. Le rodeó el rostro con ambas manos
mientras le acariciaba los pómulos y los labios con los dedos.
- No me tengas miedo, Raven. ¿No sientes la fuerza de lo que siento por ti,
el lazo que me une a ti? Daría mi vida a cambio de la tuya - Admitió lo que
era inevitable que supiera, porque quería que entre ellos brillara la verdad -
No será fácil, pero arreglaremos las cosas entre los dos - Su mano bajó
hasta su vientre liso y de allí se deslizó hasta los rizos oscuros como la
noche de su sexo.
Raven le detuvo la mano, agarrándola con la suya.
- ¿Qué me ocurrió?
Estaba confundida. ¿Se había desmayado? Todo estaba tan confuso en su
mente. Sabía con certeza que Tom la había obligado a beber algún tipo de
brebaje medicinal asqueroso. Entonces se había quedado dormida. Más
tarde llegaron las pesadillas. Estaba acostumbrada a las pesadillas, pero
esta había sido espantosa. La habían acercado a la fuerza hasta el pecho de
un hombre desnudo y había pegado su boca a una horrible herida. La sangre
corría como un torrente y bajaba por su garganta. Luchó, casi ahogándose,
pero en aquel mundo de pesadilla no fue capaz de alejarse. Había intentado
llamar a Tom.
 Y cuando levantó la cabeza lo vio allí, mirándola con aquellos
ojos oscuros y misteriosos, empujando su cabeza con la mano para que se
mantuviera junto a la herida que tenía en el pecho. ¿No sería que se sentía
influenciada por estar en la tierra del Conde Drácula y porque Tom le
recordaba a un oscuro y misterioso príncipe?
Raven no pudo evitarlo; recorrió la tersura del pecho de Tom con las
yemas de los dedos. Algo le había ocurrido que la había cambiado para
siempre, y ahora era parte de Tom y él era parte de ella.
Suavemente, Tom le separó las piernas con la rodilla. De nuevo, se
incorporó sobre ella, impidiéndole ver más allá de sus anchos hombros. La
fuerza y el tamaño de Tom la dejaban sin respiración, su fuerza y su
belleza. Muy despacio, con suavidad, se introdujo en ella tal y como debía
haber hecho la primera vez.
Raven jadeó. Nunca podría sobreponerse al modo en que él la llenaba, la
estrechaba, a la forma en que él transformaba su cuerpo en una hoguera. Si
la primera vez había sido salvaje, ahora era tierno y cuidadoso. Cada impulso
de Tom contra su cuerpo despertaba un ansia mayor en su interior, una
desesperación que empujaba a sus manos a recorrer los músculos marcados
en la espalda de Tom mientras besaba su pecho y su cuello una y otra vez.
Tom mantuvo el control gracias a su extraordinaria disciplina. Sus besos
lo estaban volviendo loco, sus caricias en la espalda. Raven era tan estrecha,
suave como el terciopelo se cerraba a su alrededor y encendía cada vez más
el fuego en su interior. El animal en su interior luchaba por liberarse, rugía
de hambre cada vez que empujaba más y más fuerte, enterrándose
profundamente en ella, fundiendo sus cuerpos y sus corazones. Abrió la
boca y buscó la suya. La desesperación de Raven lo arrastraba. Mientras el
placer la recorría en oleadas estremecedoras, le hundió las uñas en la
espalda. Tom cedió antes de que el animal de su interior pudiera
liberarse. Se derramó en ella, mientras sentía su cuerpo caliente y apretado
en torno al suyo. Se permitió un gruñido de plena satisfacción.
Se tumbó sobre su esbelto cuerpo, todavía unido a ella, satisfecho
momentáneamente. Sintió las lágrimas de Raven en el pecho. Inclinó la
cabeza para saborearlas.
- ¿Por qué lloras?
- ¿Dónde encontraré la fuerza necesaria para alejarme de ti? - murmuró
suavemente, dolorida.
Sus ojos se oscurecieron en amenaza. Se apartó de ella, tumbándose a su
lado, mientras notaba lo incómoda que le resultaba a Raven su propia
desnudez. La arropó con la manta. Raven se sentó en la cama, apartándose el
cabello de la cara con aquel gesto tan inocente pero tan sensual que Tom
tanto amaba. Sus ojos azules se mostraban cautos.
- No me dejarás, Raven - Su voz sonó mucho más ruda de lo que él
pretendía. Con gran esfuerzo, se obligó a ser amable. Ella era joven y
vulnerable. Tenía que recordarlo por encima de todo lo demás. Raven no
tenía ni idea de lo que supondría para ella separarse de él, ni de lo que
significaría para él - ¿Cómo puedes compartir lo que acabamos de hacer y
después marcharte sin más?
- Sabes muy bien por qué. No finjas que no. Siento cosas. Esto es demasiado
raro para mí. No conozco las leyes de este país, pero cuando alguien ha sido
asesinado, hay que notificarlo a las autoridades y a la prensa. Y eso es sólo
el principio, Tom; ni siquiera mencionaré las cosas que eres capaz de
hacer, estrangular prácticamente a Jacob, por el amor de Dios. Eres muy
diferente a lo que estoy acostumbrada, y los dos lo sabemos - Se envolvió
aún más en la manta, echándola sobre sus hombros - Te quiero, no puedo
soportar la idea de estar sin ti, pero no estoy segura de lo que está
sucediendo aquí.
Pasó la mano por su pelo en una caricia inquietante, los dedos entrelazaban
los sedosos mechones hasta posarse suavemente en la piel desnuda de su
espalda. Sus caricias la conmovieron hasta lo más profundo. Raven cerró los
ojos y apoyó la cabeza sobre las rodillas. No era una buena pareja para él,
en ningún sentido.
Tom subió la mano, hasta dejarla sobe la nuca de Raven.
- Ya estamos comprometidos el uno con el otro. ¿No lo sientes Raven? - Fue
un áspero susurro, sensual y cálido. Sabía que estaba luchando contra los
instintos de ella, contra su innato sentido de supervivencia. Eligió las
palabras con mucho cuidado.- Sabes quién soy, lo que hay en mi interior. Si la
distancia nos separa, aún necesitarás sentir mis manos sobre tu cuerpo, mi cuerpo
en tu interior, formando parte de ti.
La hacía arder con sus palabras, hacía que aquel agudo dolor en su interior
aumentara. Raven se tapó la cara avergonzada por aquella inmensa necesidad
que sentía de un completo extraño.
- Me voy a casa, Tom. Estoy tan envuelta, tan rodeada de ti, que hago
cosas que jamás creí posibles.
No era solo lo que sentía físicamente, ojalá fuera sólo eso. No quería sentir
su soledad, su grandeza, su increíble voluntad y su capacidad de liderar y
mantener a salvo a los suyos. Pero lo sentía. Podía sentir su corazón, su alma,
su mente. Había hablado con él sin necesidad de pronunciar las palabras,
había compartido su mente. Sabía que él estaba en su interior.
Tom rodeó sus hombros con un brazo y acercó su cuerpo acurrucado a él.
¿Para consolarla o para disuadirla? Raven se tragó las lágrimas que ardían en
su garganta. Oía ruidos en su cabeza, un goteo de crujidos y susurros. Se
tapó las orejas con las manos para no escucharlos.
- ¿Qué me está ocurriendo, Tom? ¿Qué hemos hecho que me ha cambiado
tanto?
- Eres mi vida, mi compañera, la otra mitad de mí mismo que estaba
buscando - Volvió a acariciarle el pelo con infinita ternura - Mi gente se une
a un compañero para toda la vida. Yo pertenezco a la raza de los Cárpatos,
provengo de la tierra. Tenemos dones muy especiales.
Giró la cabeza para mirarlo, clavando los ojos azules en los de Tom.
- Tu habilidad telepática es muy fuerte, mucho más fuerte que la mía. Y tan
desarrollada. Las cosas que eres capaz de hacer me sorprenden.
- El precio que hemos de pagar por poseer estos dones es muy alto, pequeña.
Nuestra maldición es la necesidad de una compañera para compartir un único
espíritu, una sola alma. Una vez que esto ocurre, y el ritual puede ser brutal
para una humana virgen, no podemos vivir separados de nuestros
compañeros. Tenemos muy pocos niños; perdemos muchos de ellos el primer
año de vida, y la mayoría de los recién nacidos son niños. Nuestra longevidad
es a la vez una bendición y una maldición. Para aquellos de nosotros que
encontramos la felicidad, una larga vida es una bendición. Para alguien solo y
atormentado, es una maldición. Es una larga eternidad de oscuridad, una
existencia dura y vacía.
Tom le rodeó la barbilla con la mano, alzándole la cabeza para que no
pudiera escapar a sus oscuros ojos hambrientos. Suspiró profundamente.
- No tuvimos sólo sexo, pequeña; no hicimos el amor. Lo nuestro fue lo más
cercano a nuestro ritual de emparejamiento que puede hacerse, ya que tú no
perteneces a nuestra especie. Si me amas… - Su voz se desvaneció y agitó la
cabeza. Necesitaba atarla a él irrevocablemente. Las palabras rituales
estaban en su cabeza, en su corazón. El animal que era rugía por
pronunciarlas. Ella jamás escaparía, aún así, no podía hacerle eso, no podía
decir esas palabras a una mujer mortal. No tenía ni idea de lo que podía
ocurrirle.
La marca que tenía sobre el pecho izquierdo le dolía, le palpitaba, le
quemaba. Raven la miró, era la señal de Tom, la tocó con la yema de los
dedos. Recordó como sus dientes la empujaron contra el suelo, su fuerza, el
rugido animal que luchaba por salir de su garganta. Había tomado su cuerpo
como si le perteneciera, con un poco de brutalidad, no obstante, algo en ella
había respondido a la feroz voracidad y a la necesidad que él sentía. Al
mismo tiempo había sido tierno, asegurando que ella alcanzara las cimas del
placer antes que él, tan cuidadoso con su frágil cuerpo. La mezcla de
ternura y salvajismo era imposible de resistir. Raven sabía que ningún otro
hombre podría tocarla como él había hecho. Sólo existía Tom para ella.
- ¿Estás diciéndome que perteneces a otra raza, que no eres humano,
Tom? - Intentaba unir toda la información.
- Creemos que somos una especie diferente, somos tan distintos. Lo
escondemos bien, tenemos que hacerlo, pero podemos escuchar cosas que
los humanos no pueden. Hablamos con los animales, compartimos nuestras
mentes y nuestros cuerpos junto con nuestros corazones. Compréndelo, esta
información, en malas manos, podría resultar fatal para nosotros. Mi vida
está literalmente en tus manos. En más de un sentido.
Ella captó el eco de sus pensamientos antes de él pudiera esconderlos.
- ¿Te habrías detenido si el pánico me hubiera atenazado?
Cerró los ojos avergonzado.
- Me gustaría mentirte, pero no lo haré. Te habría tranquilizado, hasta
convencerte que podías aceptarme.
- ¿Me lo habrías ordenado con tus poderes?
- ¡No! - Negó con vehemencia - No habría llegado tan lejos. Estaba seguro
de ello. Creía firmemente que podía haberla persuadido para que lo
aceptara.
- Esos dones - Frotó la barbilla con las rodillas - Físicamente, eres más
fuerte que cualquier humano que yo haya conocido jamás. Y el salto de la
biblioteca, me recordaste a una enorme pantera, ¿forma parte de tu
herencia también?
- Sí - Sus manos volvieron a su pelo para coger unos mechones y enterrar la
cara en ellos, dejando su aliento en ellos. Su olor permanecería en ella. Un
rastro de satisfacción se dejó ver en sus insondables ojos.
- Me mordiste - Se tocó primero el cuello, luego el pecho. Un dolor dulce la
inundó junto con el recuerdo de Tom, totalmente indomable y salvaje
entre sus brazos, frenético por la necesidad, con la mente nublada por un
infinito deseo y su boca bebiendo ávidamente de ella.
¿Qué le ocurría que aún quería más? Había oído hablar de mujeres tan
enganchadas al sexo que eran prácticamente esclavas. ¿Qué le estaba
ocurriendo? Levantó la mano queriendo protegerse de él.
- Tom, esto va demasiado rápido. No puedo enamorarme en un par de días
y decidir qué hacer con mi vida en unos minutos. No te conozco. Incluso me
asustas, me asusta lo que eres, el poder que ostentas.
- Dijiste que confiabas en mí.
- Y confío en ti. Eso es lo que me desquicia. ¿No lo ves? Somos tan
diferentes. Haces locuras y aún así quiero estar contigo, escuchar tu risa,
discutir contigo. Quiero ver tu sonrisa, la forma en que tus ojos se iluminan
y la necesidad y el hambre que crecen en ti cuando me miras. Quiero hacer
desaparecer esa frialdad de tus ojos, esa mirada distante y lejana que hace
que tu boca se endurezca y parezcas cruel y despiadado. Sí, confío en ti,
pero no tengo ninguna razón para hacerlo.
- Estás muy pálida. ¿Cómo te encuentras? - Quería decirle que era
demasiado tarde, que habían llegado demasiado lejos, pero sabía que sólo
conseguiría que ella se resistiera aún más y la preocuparía inútilmente.
- Mareada, tengo el estómago levantado, debería comer algo pero al pensar
en la comida me dan nauseas. Me diste unos de tus brebajes, ¿verdad?
- Bebe agua y zumos durante un par de días, un poco de fruta, quizás. No
comas carne.
- Soy vegetariana - Miró alrededor - ¿Dónde está mi ropa?
Inesperadamente sonrió con esa típica arrogancia masculina.
- Me extralimité y rompí tus vaqueros. Quédate conmigo esta noche y
mañana traeremos ropa nueva.
- Si es casi de día - señaló con pocas ganas de acostarse de nuevo con él. No
podía estar en la cama con él sin que su cuerpo ardiera de deseo.
- Además, quiero ducharme - Antes de que Tom pudiera protestar, salió
de la cama y se envolvió en el antiguo edredón.
Tom se guardó la sonrisa. La dejaría que se sintiera segura; no le costaba
nada. De ninguna forma iba a abandonar su casa, y menos con los asesinos
alojándose en la misma pensión. Para mantener su mente ocupada y no
pensar en la imagen del cuerpo de Raven desnudo bajo el agua, se concentró
en recordar los detalles de las emociones de Raven antes de que él la sacara
a la fuerza del comedor de la pensión.
¿Qué fue lo que la puso tan histérica? Se puso literalmente enferma, a
punto de vomitar, la cabeza le estallaba. Raven creyó que ese estado fue la
reacción a su repentina ira, pero no era así, su ira surgió como consecuencia
del malestar que ella sentía. Él lo percibió antes de que ese patán humano le
pusiera su asquerosa mano encima.
Tom rozó su mente porque tenía que hacerlo. Encontró lo que esperaba,
lágrimas y confusión. Su cuerpo estaba cambiando, había cambiado al correr
la sangre de Tom por sus venas. Según la leyenda, hacían falta tres
intercambios de sangre entre un hombre de los Cárpatos y una humana para
que se convirtiera. La sangre que le había dado en la copa no contaba porque
no la había tomado directamente de su cuerpo. No tenía intenciones de
convertirla, de arriesgarse a que se transformara en una peligrosa
vampiresa. De todas formas, ya había traspasado peligrosamente los límites.
Lo haría una vez más. Y tendría que durar una eternidad.
Raven había escuchado lo que él le dijo. Todo era verdad, pero él sabía que
no tenía ni idea de la realidad. Raven oiría todos los susurros y murmullos de
cada una de las habitaciones de la pensión, sabría que una abeja había
entrado en el comedor de la planta baja. Los ojos le dolerían con la luz del
sol y su piel se quemaría con facilidad. Los animales le contarían sus
secretos. La mayoría de la comida la haría vomitar. Pero lo más importante,
siempre lo necesitaría al lado, necesitaría que el le hablara con la mente,
necesitaría sentir su cuerpo y arder junto a él. De hecho, ya lo sentía, y
luchaba en contra de este sentimiento de la única forma que sabía: luchando
por alejarse de él, luchando por entender qué le estaba sucediendo.
Raven se apoyó contra la mampara de la ducha. Sabía que no podía
esconderse en el baño como una niña, pero él era tan poderoso, tan
seductor. Quería borrar las duras líneas de su boca, quería tomarle el pelo,
discutir con él, escuchar su risa. Se sentía curiosamente débil, un poco
mareada.
- Vamos, pequeña - La voz de Tom la envolvió en una caricia de terciopelo
negro. Cerró el grifo de la ducha, la cogió por la muñeca y la sacó del refugio
de la mampara para envolver su delgada y esbelta figura en una toalla.
Raven se escurrió el pelo mientras un profundo rubor le cubría todo el
cuerpo. Tom estaba tan cómodo desnudo, no le importaba mostrarse así.
La forma natural en que él aceptaba su desnudez le había parecer un animal
salvaje, sin domesticar. Comenzó a secarla con la enorme toalla de baño,
frotando el cuerpo de Raven hasta que su piel estuvo seca y rosada. La
toalla rozó sus sensibles pezones, se demoró demasiado en su redondeado
trasero y se recreó en la curva de su cadera.
A pesar de que ya había tomado una decisión, su cuerpo volvió a la vida bajo
sus caricias. Tom le tomó la cara entre las manos, inclinó la cabeza para
rozarle los labios con su boca, seduciéndola con enorme dulzura.
- Vuelve a la cama - susurró, llevándola hacia allí.
- Tom - protestó sin aliento.
Tiró de ella hasta hacerla perder el equilibrio para que su cuerpo cayera
sobre el suyo. Se fundió contra su cuerpo, sus tiernos pechos contra sus
poderosos músculos, la evidencia de su deseo presionando contra su
estómago. Los muslos de Tom eran fuertes columnas unidas a las suyas.
- Podría amarte toda la noche, Raven - murmuró seductoramente contra su
garganta. Sus manos recorrían todo su cuerpo, dejando líneas ardientes por
donde pasaban - Quiero amarte toda la noche.
- ¿No es gracioso? Está amaneciendo - Sus manos tenían vida propia,
buscaban y encontraban cada poderoso músculo para acariciarlo.
- Entonces me pasaré el día haciéndote el amor - Susurró estas palabras
sobre su boca, mordisqueándole el labio inferior - Te necesito junto a mí.
Haces que las sombras desaparezcan y aligeras la terrible carga que pesa
sobre mis hombros, que me ahoga.
Pasó los dedos por las comisuras de sus labios.
- ¿Me harás el amor o me poseerás?
Inclinó la cabeza para apoyarse en la dureza de su pecho, deslizando la
lengua por la piel sensible donde se percibía el latido del corazón. No había
ninguna cicatriz, ninguna marca, pero su lengua siguió el mismo camino donde
antes estuvo la herida, de donde él la obligó a beber. Estaba totalmente
unida a él, leía su mente, sus fantasías eróticas que él deseaba traer a la
realidad.
Tom sintió un nudo en el estómago, su cuerpo reaccionaba con fiereza.
Raven sonrió al sentir toda su dureza ardiendo sobre su piel. No sentía
ninguna inhibición cuando yacía con él, solo un feroz deseo de abrasarse
junto a él.
- Contéstame Tom, dime la verdad - Sus dedos rozaron la piel suave de su
sexo, se cerraron a su alrededor percibiendo su dureza y su grosor,
haciendo que un ávido deseo rugiera en el cuerpo de Tom. Jugaba con
fuego, pero no tenía fuerzas para detenerla, no quería detenerla.
Agarró con las dos manos el pelo húmedo de Raven.
- Ambas cosas - jadeó.
Cerró los ojos cuando ella empezó a besarlo en el estómago, dejando un
rastro ardiente. Allí donde le tocaba con los dedos, su boca dejaba después
su húmeda marca. Tiró de ella para ponerla encima de él. Su boca era
deliciosa, húmeda y cálida y le estaba volviendo loco. Dejó escapar un
gruñido bajo y amenazador. El animal se agitaba de placer, necesitaba
satisfacerse de la forma más primitiva.
Raven arañó sus muslos suavemente, en una caricia erótica que envió
espirales de placer por el cuerpo de Tom. Se le nubló la mente y se
sumergió aún más profundamente en la de Raven para ver el resplandor de la
pura lujuria y de la necesidad. Ansiaba sus caricias, sus manos, su suave
boca que lo estaba convirtiendo en una lengua de fuego.
Tom la atrajo hacia arriba, sus manos eran dos garras con enorme fuerza
aunque luchaba por no hacerle ningún daño. La besó, era un beso hambriento,
posesivo, profundo que la hizo pegarse aún más a él mientras su cuerpo latía
y se movía sobre el de él totalmente incendiado por la pasión.
- Dime que me quieres - La besó en la garganta, sobre los doloridos pechos.
Cada beso enviaba una oleada de calor sobre la piel de Raven.
- Sabes que te quiero - Se apretó contra él, pasando una pierna por encima
de las de él.
Apenas podía respirar porque el deseo la ahogaba, se aferraba a Tom
intentando estar aún más cerca, arrastrándose para que su cuerpo la
protegiera, su mente la arropara. Necesitaba sentir su cuerpo dentro de
ella, que la poseyera como él quería, con su boca bebiendo de su pecho
arrastrándola hacia su mundo.
- Completamente - dijo con brusquedad mientras sus dedos acariciaban los
húmedos rizos - Únete a mí de nuestra forma.
Se movió frenéticamente contra los dedos de Tom.
- Sí, Tom.
Agonizaba buscando el alivio a lo que sentía, buscando el de él. Estaban
consumidos por la misma confusión, eran incapaces de separar la lujuria del
amor o la necesidad de la agonía. El cuerpo y la mente de Raven hervían de
deseo, doloridos y atormentados sin saber donde empezaban sus salvajes y
desinhibidas emociones y empezaban las de él.
Tom se sentó sobre la cama, poniéndola a horcajadas sobre su cuerpo,
con su enorme fuerza la elevó y la bajó poco a poco sobre su firme vientre
hasta encontrar su ardiente sexo. La humedad de Raven lo atraía, lo
abrasaba. Raven deslizó los brazos alrededor del cuello de Tom, y le
rodeó las caderas con las piernas, abriéndose por completo a él. Muy
despacio, Tom la fue bajando hasta que toda la largura de su miembro
estuvo rodeada por la humedad y el calor del interior de Raven. Tom
sintió un estremecimiento más allá de cualquier placer, la estrechez de
Raven era el paraíso y a la vez el infierno.
Raven le clavó las uñas en los hombros.
- ¡Para! Eres demasiado grande para hacerlo así - Su cara tenía una
expresión de alarma.
- Relájate, pequeña. Nos pertenecemos el uno al otro, mi cuerpo fue hecho
para el tuyo, al igual que el tuyo fue hecho para el mío - La penetró más
hondo y empezó a moverse con un ritmo lento mientras la acariciaba
tranquilizándola con las manos.
Se echó hacia atrás para poder observar el rostro de Raven mientras su
cuerpo la reclamaba con envites profundos, certeros y posesivos.
Inconscientemente, las palabras brotaron de su alma. “Yo te reclamo como
mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi
protección, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Para
compartirlo todo. Tu vida, tu felicidad y tu bienestar serán lo primero
para mí. Eres mi compañera, unida a mi para toda la eternidad y
siempre bajo mi cuidado”. Con estas palabras un hombre de los Cárpatos
unía a su compañera a él para toda la eternidad. Una vez pronunciadas,
Raven no podría alejarse de él. Tom no tenía intención de hacerlo, pero
todos sus instintos, todo lo que había en su interior, lo obligaron a
pronunciarlas para unir sus corazones como estaba escrito que así fuera.
Sus almas por fin, se unieron, sus mentes se fundieron para ser una misma.
Raven se permitió que sus palabras y la fuerza ardiente de su posesión la
calmaran. Su cuerpo parecía derretirse alrededor del de Tom. Él siguió
elevándolos, lamiendo sus pezones, agarrando su pequeño trasero con ambas
manos en un gesto claramente posesivo. Ella echó la cabeza hacia atrás,
dejando que su pelo los rodeara y acariciara la piel desnuda haciéndolos
arder. Ella pertenecía a aquel lugar, aquel era su sitio. Se sentía salvaje y
libre. Se sentía parte de Tom, su otra mitad. No podría haber otro
hombre para ella, sólo este, tan ávido de ella. Este que la necesitaba tan
desesperadamente, que compartía su solitaria existencia.
Tom se movió con más fuerza, más profundamente mientras se inclinaba
sobre ella y se giraba dejando a Raven con el torso fuera de la cama, bajo
él. Con cada embestida de su cuerpo se acercaban más a la cima. Sintió el
cuerpo de Raven contraerse, cerrarse sobre él una vez, dos. Ella gritó de
placer mientras sentía que su cuerpo se fundía con el de Tom. Pero el
placer no acababa, oleada tras oleada, hasta que Raven pensó que sería
incapaz de soportar más.
Tom inclinó la cabeza sobre ella muy despacio, dándole la oportunidad de
detenerlo. Su miembro seguía enterrándose profundamente en ella, sus ojos
oscuros mantenían cautivos los ojos de Raven. La hipnotizaba, le rogaba de
necesidad. Raven arqueó el cuerpo hacia él, dejando los senos a su alcance,
ofreciéndoselos para calmar su hambre.
El rugido de satisfacción que brotó de la garganta de Tom hizo que la
sangre de Raven corriera aún más rápido por sus venas. Su cuerpo se movía
ahora de forma más agresiva, elevándole las caderas para penetrarla con
mayor facilidad. Raven sintió la caricia de sus labios sobre su pecho, sobre
el corazón. Le lamió la marca que había dejado antes de forma erótica y
suave. Se hundió en ella con un poderoso envite, llenándola, estrechándola
entre sus brazos, en el mismo instante que clavaba los dientes en su suave
carne.
Raven gritó al sentir un calor candente sobre su pecho. Acunó la cabeza de
Tom, acercándola aún más a su pecho, sintiendo el torbellino de
emociones que crecía en el interior de él mientras el fuego los abrasaba de
tal forma que Raven pensaba que morirían allí. Tom movía la boca sobre
ella devorándola mientras la poseía, consumiéndolos a los dos en agonía.
Raven jamás había experimentado una sensación tan poderosa, ardiente y
sensual.
Se oyó gritar el nombre de Tom con un salvaje abandono, clavando las
uñas en los músculos de la espalda. En su interior, un deseo primitivo la
instaba a buscar con la boca el músculo donde latía el corazón de Tom.
Sintieron que estallaban a la vez, que se desintegraban y volaban hacia el
sol. Tom levantó la cabeza y dejó escapar un fiero gruñido de
satisfacción para después volver de nuevo a saborear su sangre.
Esta vez fue muy cuidadoso, solo bebió lo justo para hacer el intercambio.
Su cuerpo aún estaba enterrado en el de ella. Le lamió la herida por última
vez para cerrarla y curarla por completo. Tom estudió su rostro. Estaba
pálida. Somnolienta. Murmuró la orden, su cuerpo se endureció de nuevo al
pensar en lo que iba a suceder.
El cuerpo de Raven aún se estremecía lleno de vida, aceptaba gustoso sus
posesivos envites. Tom se abrió la herida en el pecho y acercó la suave
boca de Raven hacia su piel. Fue el éxtasis, su cuerpo se convulsionó casi
dolorosamente. El animal que vivía en él echó la cabeza hacia atrás rugiendo
de placer y alegría. De momento se sentía totalmente saciado.
Raven parpadeó y lo miró frunciendo el ceño.
- Lo hiciste de nuevo - Apoyó la cabeza en el edredón - Cada vez que lo
hacemos siento que me voy a desmayar - Sentía un extraño sabor acre en la
boca.
Antes de que fuera capaz de identificarlo, Tom la besó rozándole los
dientes con la lengua, explorando el interior de su boca, entrelazándola con
la suya. Salió de su cuerpo muy lentamente mientras la acariciaba.
- No puedo moverme - admitió Raven con una sonrisa.
- Dormiremos una siesta y nos enfrentaremos al mundo más tarde - sugirió
con la magia negra de su voz. La acunó entre sus brazos muy suavemente, la
acostó cómodamente y la arropó con la sábana. No podía separar la mirada
de sus fascinantes ojos. Le rozaba la garganta con las yemas de los dedos,
descendiendo hasta el valle entre sus pechos. Todavía se sentía sensible,
podía sentirla temblar bajo sus caricias y eso lo llenó de calidez.
- Si realmente hubiera querido que me amaras, te hubiera presentado más
de un desafío - Se acurrucó en la almohada - Tengo el pelo hecho un
desastre.
Tom se sentó en el borde de la cama, y empezó a trenzarle los gruesos
mechones.
- Si me presentaras más de un desafío, pequeña, mi corazón no sería capaz
de soportarlo - Dijo divertido.
Le rozó el muslo con las yemas de los dedos sin abrir los ojos. Tom se
quedó sentado en el borde de la cama durante un buen rato, mientras
contemplaba como Raven se hundía en un profundo sueño. Era tan pequeña,
eran tan solo una humana, pero había logrado cambiar su vida de la noche a
la mañana. Y él había tomado la suya. Se había apoderado de su vida. No
había pretendido decir las palabras rituales, se había sentido aún más
hipnotizado que sus propias presas cuando exponían gustosas sus gargantas
para que él se alimentara.
Ella podía pensar que eran extraños, pero habían compartido sus mentes,
sus cuerpos y se habían ofrecido mutuamente sus vidas. El intercambio de
sangre era el último paso para confirmar su compromiso. Literalmente cada
uno de ellos había ofrecido su vida al otro. Era un ritual erótico y hermoso.
Se convertían en una mente, un corazón, un alma, un cuerpo…con la misma
sangre.
Los congéneres de Tom protegían sus guaridas de los demás. Eran
demasiado vulnerables cuando estaban dormidos o en pleno frenesí sexual.
La decisión de tomar una compañera no era un acto consciente, era
instintivo, un ansia y una necesidad. Ellos lo sabían. Eran capaces de
reconocer a su otra mitad. Tom reconoció a Raven. Había luchado para no
llevar a cabo el ritual pero sus instintos animales se habían superpuesto a
sus modales civilizados. La había medio sumergido en su mundo y era
totalmente responsable de las consecuencias.
La luz se empezaba a filtrar por las escaleras. Tom completó la tarea de
proteger la casa contra los intrusos. La noche siguiente sería muy larga. El
trabajo se había acumulado y él necesitaba salir de caza. Pero había tenido
su momento de paz y alegría.
Tom se metió en la cama junto a Raven, atrayéndola hacia su cuerpo para
poder sentir cada centímetro de ella. Raven murmuró su nombre entre
sueños, apretándose contra él con la confianza de un niño. El corazón le dio
un vuelco y una curiosa calidez se extendió por su interior. Se sentía feliz.
En paz. La tocó porque podía hacerlo. Rodeó sus pechos con las manos, le
lamió un pezón con una ligera caricia. Después de darle un beso en el cuello,
envió la orden de dormir profundamente, acompasando su respiración a la de

ella.



HOLA!! BUENO AQUI ESTA EL CAPITULO ... ESPERO Y LES GUSTE .. GRACIAS Y HASTA PRONTO :)

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