lunes, 30 de mayo de 2016

16 - FINAL

CAPITULO 16
Raven fue consciente poco a poco del lugar donde se encontraba.
Estaba en una cama, desnuda; Tom estaba a su lado y enredaba
los dedos en su pelo húmedo. Reconoció el tacto de sus manos
trenzándole la melena con movimientos tranquilos y sosegados, de
forma práctica haciendo que se sintiera cómoda a pesar de su mente
nublada. Parecía estar en un viejo castillo, pequeño e inevitablemente
construido para resistir un ataque. La habitación estaba caldeada, y
Tom había estrujado y quemado hierbas aromáticas que esparcían
su olor añadiendo un toque de romanticismo a la ya de por sí
romántica luz de las velas. Se había bañado, y también la había
bañado a ella, de modo que sus cuerpos olían al jabón de hierbas que
él usaba; se tomó su tiempo para trenzar el cabello mientras Raven
trataba de orientarse en la desconocida estancia. Tom rozó su
mente, encontró confusión, y una firme decisión de permanecer
cuerda; se sentía atemorizada por su presencia, y aún le asustaba
más el hecho de confiar en su propia visión de lo sucedido. Raven
estudió con detenimiento cada rincón de la habitación, cada muro,
cada detalle, mientras su corazón latía frenético a sus propios oídos;
era un lugar hermoso. El fuego ardía alegre en la chimenea; unas
largas velas puntiagudas desprendían una ligera fragancia que se
mezclaba con el relajante aroma de las hierbas sanadoras. Una Biblia
hermosamente encuadernada yacía en la pequeña mesita de noche,
junto a la cama. No reconoció nada, pero todo le resultaba
vagamente familiar.
El edredón era grueso y cálido, muy suave sobre su piel desnuda;
entonces cayó en la cuenta de que no tenía nada de ropa. En un
principio se sintió vulnerable y tímida; al rato, volvió a percibir la
sensación de estar en el lugar apropiado, de pertenecer a ese lugar y
a ese hombre. Sus caricias le eran familiares, y despertaban
alarmantes sensaciones en su cuerpo.
- ¿Qué le hiciste a Monique y a su marido? –preguntó aferrando con
fuerza el edredón entre sus dedos. Intentó ignorar el calor que
desprendía el cuerpo masculino al acercarse a ella y rozar su piel, al
sentir el áspero roce de su velludo pecho contra su espalda, al sentir
su miembro endurecido contra sus nalgas. Él se sentía a gusto; se
sentía parte de ella.
Tom depositó un beso en un moratón de su cuello, deslizando la
lengua en una sedosa caricia hasta el lugar donde latía el pulso. El
cuerpo de Raven se tensó por la anticipación; su mente parecía
confusa.
- Están a salvo, en su casa, amándose el uno al otro como debe ser.
No recuerdan nada de lo sucedido con André, ni las atrocidades que
cometió con ellos. Creen que somos amigos, buenos amigos –dijo
besándole otro moratón, una caricia ligera como el roce de una pluma
que hizo que la sangre de Raven se encendiera. Tom movió
entonces las manos hacia la estrecha cintura, deslizándose por el
talle hasta aprisionar los pechos entre sus manos. Volvió a rozar su
mente, y al contacto, Raven se alejó de él.
- ¿Por qué me temes, Raven? Has visto lo peor de mí, me has visto
como un asesino, como el brazo que imparte la justicia de nuestra
gente –sus dedos acariciaban los pezones en un roce lento y sensual
que hacía que oleadas de calor ascendieran por el cuerpo de Raven-
¿Crees que hay maldad en mí? Sumérgete en mi mente, pequeña;
me resulta imposible esconderte nada. Jamás te he ocultado mi
verdadera naturaleza; antes me veías con compasión y me mirabas
con amor; me aceptabas. ¿Acaso lo has olvidado todo?
Raven cerró los ojos; la sombra de sus largas pestañas cayó sobre
sus pómulos.
- Ya no sé qué creer.
- Bésame, Raven. Une tu mente a la mía; une tu cuerpo al mío para
que seamos un solo ser. Antes confiabas en mí; hazlo de nuevo.
Mírame con los ojos del amor, con los ojos del perdón por las cosas
que estuve obligado a hacer, por la bestia que habita en mí. No me
mires a través de los ojos de alguien que deseaba destruirnos, a
nosotros y a los nuestros. Entrégate a mí –su voz era seductora, un
hechizo de magia negra. Sus manos acariciaban cada centímetro de
su adorable piel; se conocía de memoria cada curva, cada hoyuelo.
Su cuerpo ardía de necesidad y su hambre despertaba. Y la de ella
junto a la de él. Muy suavemente, para no alarmarla, Tom
aprisionó el esbelto cuerpo de Raven contra el edredón, cubriéndolo
con su cuerpo mucho más musculoso y grande. Era pequeña y
demasiado frágil bajo sus caricias.
- ¿Por qué te has convertido en mi vida, Tom? Siempre he estado
sola, he sido fuerte y he tenido confianza en mí misma; tú te has
apropiado de todo.
Sus manos resbalaron por los contornos del cuerpo de Raven hasta
llegar a su rostro y enmarcarlo entre ellas.
- Eres mi única y verdadera vida, Raven. He de reconocer que te
arranqué de todo lo que te era familiar, pero jamás pensé en
mantenerte aislada. Sé lo que la soledad conlleva, lo que es una vida
solitaria; ellos te usaban Raven, te utilizaban, habrían acabado
contigo. ¿No sientes que eres mi otra mitad, que yo soy tu otra
mitad? –La besó en los párpados, en las mejillas, en las comisuras de
los labios- Bésame, Raven. Recuérdame.
Raven abrió los ojos, alzando sus largas pestañas para buscar con los
ojos azules la negra y hambrienta mirada de Tom. El azul era
oscuro, casi púrpura. La intensa mirada de Tom era ardiente,
apasionada, como su cuerpo.
- Si te beso, Tom, no seré capaz de detenerme.
La boca de Tom encontró su garganta, el valle entre sus pechos, y
se detuvo por un instante en el lugar donde latía su corazón,
mordisqueando la sensible piel antes de volver a su boca.
- Soy un hombre de los Cárpatos que ha vivido mucho tiempo en la
oscuridad. Es verdad que mi capacidad de sentir es pequeña, que mi
naturaleza se deleita en el placer de la caza, en el placer de matar.
Para imponernos a la bestia que llevamos dentro, debemos encontrar
a nuestra compañera, a nuestra otra mitad, a la luz que ilumina
nuestra oscuridad. Tú eres mi luz, Raven, eres mi vida. Pero eso no
significa que tenga que abandonar mis obligaciones para con mi
pueblo. Debo cazar a aquellos que se ceban en los humanos, a
aquellos que matan a nuestra gente. No puedo permitirme ningún
sentimiento mientras lo hago, o la locura me estaría esperando al
final del camino; bésame, une tu mente a la mía. Ámame por lo que
soy.
El cuerpo de Raven ardía en deseos, hambriento y febril por sus
caricias. El corazón de Tom latía con fuerza; su piel abrasaba y sus
músculos aparecían duros sobre la suavidad del cuerpo de Raven.
Cada roce de sus labios hacía que saltaran chispas de su cuerpo,
crujiendo el aire a su alrededor.
- No puedo mentirte –susurró Tom- Conoces mis pensamientos;
conoces la bestia que habita en mí. Intento ser dulce contigo y
escucharte cada vez que esa bestia lucha por liberarse, pero tú
consigues domarla, Raven. Por favor, te necesito. Y tú me necesitas.
Tu cuerpo está débil, percibo tu hambre. Tu mente está fragmentada;
déjame que te cure. Tu cuerpo llama a gritos al mío. Bésame, Raven.
No nos abandones a ambos.
Los ojos azules continuaron estudiando el rostro de Tom,
deteniéndose sobre los sensuales labios, de los que brotó un
repentino suspiro. Esperando su respuesta, Tom unió sus labios a
los de Raven.
Raven lo reconoció entonces, sus ojos se lo dijeron. Y después sus
manos, que acariciaron su cabeza mientras la ternura bañaba su
delgado cuerpo por completo.
- Me temo que estoy asustada de ser esa parte que te completa
Tom. No puede ser real, no puede ser tan perfecto. No quiero que
te conviertas en lo que soñé, no quiero que esa pesadilla se haga
realidad –entonces, atrajo el rostro de Tom hacia el suyo y se
fundió en un apasionado beso. El trueno resonó en su cabeza, en la
de él. Un calor abrasador los consumía a ambos; la mente de Tom
rozó por un instante la de Raven, tentadora, y no encontró
resistencia; se fundió con ella sin reservas y su febril necesidad junto
con la salvaje y desbocada pasión que sentía se convirtieron en las de
su compañera, alimentándola, haciéndole saber que él era real y que
jamás la abandonaría, que jamás podría dejarla sola.
Tom bebió de su dulzura mientras exploraba con la lengua cada
rincón de la suave boca de Raven, haciendo que las llamas de la
pasión ardieran y crepitaran en torno a ellos. La cogió de las caderas,
tan pequeñas entre sus manos, y la acercó para poder separarle con
facilidad los muslos. La boca de Raven, húmeda y ansiosa, acariciaba
los fuertes músculos del pecho de Tom, su lengua rozaba el pulso
en el cuello y él sentía como sus entrañas se contraían, su cuerpo
ardía y su miembro se inflamaba hasta tal extremo que temía estallar
y escapar de los confines de sus límites físicos. Tom aferró la
trenza por la nuca, acercándola aún más a él, mientras con la otra
mano se internaba en el suave triángulo de rizos; estaba húmeda y
ardiente por la necesidad. Murmuró el nombre de Raven en voz
queda, mientras la penetraba con fuerza y rapidez. La lengua de
Raven se detuvo en una lenta caricia sobre la piel del cuello,
mordisqueando mientras el corazón de Tom saltaba de placer, y su
miembro se hundía en el pasadizo húmedo y estrecho, ardiente como
el fuego, suave como el terciopelo. Los dientes se clavaron aún más,
con urgencia, y Tom gritó sumido en el más profundo éxtasis,
presionando la cabeza de Raven con fuerza sobre su pecho mientras
con certeros envites la penetraba cada vez más profundamente,
mientras su sangre, rica, cálida y poderosa alimentaba su hambriento
cuerpo.
Tom sabía que su control pendía de un hilo, con ambas manos
elevaba las caderas de Raven para conseguir que la fricción fuera aún
más salvaje, haciendo que ella se aproximara al borde del abismo,
presionando con fiereza el rígido miembro de Tom con su vagina,
hasta que, dulcemente, Tom la alejó de su cuello y ella lo dejó que
hundiera sus dientes en la suave curva de su pecho. Raven jadeó y
acunó la cabeza de su compañero mientras él se alimentaba con
voracidad, con el cuerpo rígido y tomando posesión del suyo. Las
secuelas de su miedo a perderla y de la violencia que lo había poseído
esa noche dejaban huella en el cuerpo de Raven. La pasión
aumentaba, las llamas los consumían, los cuerpos bañados en sudor
mientras Tom aferraba a Raven elevándola hasta su boca, lánguida
y sedosa, enfebrecida. Y entonces fueron un solo ser, un solo cuerpo,
una sola mente y un único corazón que bombeaba la misma sangre.
El grito de Tom fue áspero y entrecortado, y se mezcló con los
suaves gemidos guturales de Raven mientras estallaban en pedazos
hundiéndose en oleadas de placer.
- No puedo perderte, pequeña. Eres la parte buena que hay en mí. Te
amo mucho más de lo que jamás pueda expresar con palabras –le
dijo Tom con la mente, mientras depositaba pequeños besos sobre
su rostro y su pelo, aún húmedo.
Raven lamió una pequeña gota de sudor sobre el pecho de Tom, y
le sonrió con cansancio.
- Creo que siempre te reconocería, Tom, sin importar lo dañada
que pudiera estar mi mente.
Tom se giró sobre la cama, llevando a Raven consigo para no
descargar su peso sobre ella.
- Así es como ha de ser, Raven. Has sufrido demasiado durante los
últimos días, y jamás podré olvidarlo, lo guardaré en mi mente para
toda la eternidad. Mañana al anochecer nos iremos de esta región. El
vampiro está muerto, pero ha dejado tras él un rastro que puede
poner en peligro a todos los nuestros. Debemos mudarnos a un lugar
mucho más aislado, donde nuestra gente quizás pueda sobrevivir a la
persecución que estar por venir –le confesó mientras le alzaba el
brazo para examinar las cicatrices que André le causó.
- ¿Estás seguro de que habrá una persecución?
Una amarga sonrisa cruzó por el rostro de Tom mientras con un
movimiento de la mano apagaba las velas.
- Ya he presenciado los indicios muchas veces en mi vida. Vendrán,
los asesinos vendrán y sufrirán tanto los humanos como la raza de
los Cárpatos por igual. Nos alejaremos de aquí durante veinticinco
años, medio siglo quizás, y nos daremos tiempo para reorganizarnos
–buscó las cicatrices con la boca, bañándolas en sus caricias
curativas. Era reconfortante y Raven se dejó hacer. Bajó los
párpados, los olores de ambos y de su reciente unión aún flotaban en
la estancia, era una fragancia relajante.
- Te amo, Tom; todo lo que eres, incluso amo a la bestia que hay
en ti. No sé por qué estuve tan confusa, no eres malvado; lo veo con
claridad.
- Duerme en mis brazos, pequeña, el lugar que te pertenece –Tom
levantó el edredón para cubrir sus cuerpos y rodeó con brazos
protectores a Raven, enviando la orden de dormir a ambos.

Un reducido grupo de personas se congregó en la oscuridad del
pequeño cementerio. Jacques se veía pálido y macilento, la herida del
cuello aún no había curado del todo, y todavía se podía ver una
horrible cicatriz. Pasó el brazo sobre los delgados hombros de Raven,
tambaleándose un poco al sentirse inseguro. Raven le dirigió una
rápida y reconfortante sonrisa. Detrás de ellos, Byron se mantenía
alerta, asegurándose de que su amigo no se cayera. En el exterior del
recinto sagrado, Aidan permanecía solo, alto y con el cuerpo tenso,
con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. El cementerio
estaba en los dominios del castillo, era antiguo, de exquisita
arquitectura y la capilla era pequeña pero muy hermosa. Las vidrieras
y la alta torre del campanario arrojaban una sombra oscura que
atravesaba el camposanto. Lápidas de piedra hechas pedazos,
ángeles y cruces fueron los testigos de la orden que Tom dio a la
tierra para que se abriera. Por consideración al Padre Hummer,
Gregori había hecho un ataúd de madera, delicadamente tallado con
antiguas figuras religiosas. Depositó la caja muy despacio en brazos
de la tierra y se retiró. Tom hizo la señal de la cruz, recitó las
palabras rituales del enterramiento, y derramó agua bendita sobre el
ataúd del Padre.
- Él fue mi amigo, mi guía en mis horas funestas, y un profundo
creyente en la necesidad de que nuestra raza continuara su
existencia. Jamás conocí a un hombre, ni humano, ni de mi estirpe,
con más bondad y luz en su interior. Dios brillaba en su corazón y en
sus ojos.
Tom volvió a mover la mano y la tierra se cerró, sin dejar huella de
lo sucedido. Inclinó la cabeza, y luchó contra el repentino dolor,
sintiendo como unas inesperadas lágrimas bajaban por sus mejillas,
manchando su rostro con un rastro rojizo. Fue Gregori quien aseguró
la lápida, y fue Gregori, un escéptico y un no-creyente, quien dirigió
la oración final. Su voz se alzaba hermosa e hipnótica, mientras
rezaba en latín la antigua plegaria en honor al Padre Hummer.
Tom aspiró el aire de la noche, transmitiendo su pesar a los lobos,
que respondieron con un coro de dolorosos aullidos que se
extendieron por el lúgubre bosque.
El cuerpo de Gregori fue el primero en contraerse y las plumas
emitieron destellos brillantes a la luz de la luna. Las alas de metro y
medio de longitud se extendieron en el aire mientras planeaba hasta
posarse en la rama más alta de un árbol cercano, asegurándose
firmemente con las garras. El cuerpo del búho permaneció
completamente inmóvil, fundido con la oscuridad de la noche, en
espera. Aidan fue el siguiente, dando forma a un enorme ejemplar
con un característico color dorado, poderoso y letal, e igual de
silencioso que Gregori. El cuerpo alado de Byron era más pequeño,
más compacto, sus plumas blancas como la nieve. Tom se agitó en
las sombras mientras tomaba impulso para ascender en el cielo, con
los otros tres búhos a su estela. En perfecta sincronización, se
alzaron sobre el cielo, con las plumas brillantes al batir de las alas,
volando en silencio hacia las nubes que cubrían el bosque. El viento
pasaba veloz alrededor de sus cuerpos, bajo sus alas, llevándose
cualquier vestigio de tristeza y violencia que el vampiro hubiera
podido dejar.
En lo alto del cielo, giraron y se inclinaron súbitamente, la
sincronización de los cuatro era perfecta. La alegría borraba la
tristeza y el pesado fardo de las responsabilidades del corazón de
Tom, aligeraba el sentimiento de culpa sustituyéndolo por el
deleite. Las poderosas alas batían con fuerza mientras atravesaban el
cielo y Tom compartía su regocijo con Raven simplemente porque
le resultaba demasiado guardárselo para sí mismo en el interior del
cuerpo del búho. Repentinamente, Raven lo sintió, recorrió su cuerpo,
una invitación, una poderosa necesidad de compartir el placer de la
vida de los que ahora eran su familia. La vida de la Estirpe de los
Cárpatos.
- Piensa mi amor, visualiza la imagen que voy a introducir en tu
mente. Confía en mí como nunca antes lo has hecho. Déjame hacerte
este regalo.
Raven no dudó ni un solo instante; con una firme confianza en
Tom, se entregó a su cuidado, y alcanzó ansiosa la visión. La ligera
inquietud, la extraña desorientación que su cuerpo físico sufrió al
desintegrarse, no la hicieron flaquear. Las plumas crecieron con
rapidez y emitieron brillantes destellos.
Junto a ella, Jacques dio un paso atrás, permitiendo a la pequeña
hembra de búho que saltara hasta la cabeza de un enorme ángel de
piedra, antes de que su poderoso cuerpo se doblara y cambiara de
forma. Se lanzaron al vuelo a la par, maravillándose al unirse a los
cuatro poderosos búhos que volaban en círculos sobre ellos.
Uno de los machos rompió la formación y rodeó a la pequeña
hembra, colocándose sobre ella para cubrir su cuerpo con una de sus
alas. De forma juguetona, la hembra descendió para alejarse del
protector macho y los otros la rodearon limitando sus travesuras
mientras aprendía el placer de volar con total libertad. Mantuvieron a
la hembra en el centro del grupo, girando sobre el bosque, y
ascendiendo cada vez más, internándose en la niebla. Durante un
rato, se dedicaron a juguetear girando y bajando, para ascender muy
alto y descender en picado hacia la tierra, alzándose en el último
momento para sobrevolar los árboles y el espeso manto de niebla.
Más tarde, adoptaron un ritmo placentero, con la hembra aún en el
centro. Tom sentía como la noche se llevaba todo rastro de
tensión, esparciéndola a los cuatro vientos. Se llevaría muy lejos a
Raven, lejos del pueblo, y le daría tiempo para aprender todas sus
costumbres; ella representaba el futuro de su estirpe, su futuro. Era
su vida, su alegría, su razón de vivir. Era su punto de unión a la
bondad del mundo. Y tenía la intención de que la vida de Raven
estuviera rebosante de felicidad. Tom descendió un poco y cubrió
el cuerpo de Raven con el suyo, sumergiéndose en su mente,
compartiendo su alegría. Raven respondió inundando la mente de
Tom de amor y calidez, y de una maravillosa risa infantil ante los
nuevos sonidos, olores y visiones que estaba experimentando. Se
unió a él en veloz carrera sobre el cielo, con su risa resonando en la
mente de todos ellos. Ella era la esperanza para el futuro.

FIN

HOLA!! BUENO AQUI ACABA EL PRIMER LIBRO ... ESPERO Y LES HAYA GUSTADO ... BUENO CONTINUA DESEO OSCURO.

AUTORA: CHRISTINE FEEHAN 
TOM DUBRINSKY: MIKHAIL DUBRINSKY

... 

domingo, 22 de mayo de 2016

15- penultimo capitulo

CAPITULO 15
El aire de la noche pasaba con rapidez sobre el cuerpo de Raven
mientras el vampiro la llevaba, cruzando el cielo, hacia su
desconocido destino. Estaba mareada y débil, su mente encontraba
muy difícil el hecho de concentrarse en un solo pensamiento; al
principio, se había obligado a fijar su atención en cualquier parte del
paisaje que pudiera transmitir a Gregori. Después de un rato, no era
capaz de recordar qué estaba haciendo ni por qué. A un nivel
profundo de conciencia, Raven sabía que era el efecto de la droga
que la hacía sentirse desorientada y a punto de vomitar; era muy
complicado preguntarse dónde la llevaba el vampiro o qué pensaba
hacerle cuando llegaran.
Una hermosa luna derramaba su luz plateada por las copas de los
árboles, convirtiendo todo en un sueño irreal. Muchos recuerdos
entraban y salían de la mente de Raven; suaves susurros y un
constante murmullo que no podía captar del todo. Parecía ser
importante, pero Raven estaba demasiado cansada para
desentrañarlo. ¿Se habría hecho su mente añicos después de
perseguir al último asesino en serie? No podía recordar lo que había
sucedido; era agradable sentir el viento sobre su piel, limpiándolo
todo. Tenía frío, pero no importaba. La luz de la luna bailaba, los
colores giraban y el cielo refulgía sobre su cabeza. Bajo ellos un gran
estanque brillaba como el cristal; era todo increíblemente hermoso,
pero le dolía insoportablemente la cabeza
- Estoy cansada –encontró de algún modo su voz, y quiso probar si
era capaz de hablar. Quizás así se despertara y se diera cuenta que
estaba en mitad de un sueño.
Los brazos que la sujetaban la apretaron ligeramente.
- Lo sé. Pronto estarás en casa.
No reconoció la voz; algo en su interior se rebeló por la cercanía de
ese ser. A su cuerpo no le gustaba su roce. ¿Lo conocía? No parecía
así, pero la sujetaba como si tuviera algún derecho sobre ella. Algo se
le escapaba de la memoria, pero no era capaz de retener el recuerdo;
cada vez que se paraba a pensar, que creía que las piezas del puzzle
encajaban, el dolor de cabeza se hacía tan inaguantable que no
lograba llegar a la conclusión.
Súbitamente, se encontró caminando junto al hombre, bajo las
estrellas; los árboles se agitaban, inclinándose con suavidad; el
hombre la estrechaba por la cintura. Raven parpadeó confusa,
¿habían estado paseando todo el rato? Claro, nadie podía volar, era
absurdo. De repente, tuvo miedo, ¿se habría vuelto loca? Miró
fijamente al hombre que caminaba junto a ella; físicamente, su
belleza no tenía comparación, su pálido rostro destilaba sensualidad.
Pero cuando sonrió, sus ojos carecían de emoción, eran fríos y sus
dientes brillaron amenazantes en una boca color escarlata que hizo
que su corazón se encogiera de miedo. ¿Quién era ese hombre? ¿Por
qué estaba con él?
Raven sintió un escalofrío e intentó apartarse ligeramente del hombre
con un sutil y ligero movimiento. Estaba muy débil y sin la sujeción
del hombre, se habría caído.
- Estás helada, querida. Pronto estaremos en casa.
La piel se le erizó al oír su voz, estaba aterrorizada; sentía asco por
ese ser y su estómago se lo confirmaba. Podía percibir una maligna y
burlona satisfacción en su voz. Bajo su actitud, presuntamente
solícita, Raven sentía que una serpiente gigantesca se enrollaba
alrededor de su cuerpo, podía sentir su frío tacto de reptil escamoso y
su hipnótica mirada. Su mente voló, luchando por alcanzar otra
mente.
- El vendría Tom.
Su grito fue agónico, y cayó de rodillas al suelo mientras se tapaba
las orejas con la mano, aterrada de moverse o de pensar.
Unas manos frías la agarraron por los brazos, y la pusieron de pie.
- ¿Qué ocurre Raven? Vamos, dímelo para que pueda ayudarte.
Aborrecía el sonido de su voz, hacía rechinar sus dientes y la piel se
le erizaba. Entrañaba mucho poder a la vez que un depravado y
secreto regocijo, como si él supiera con exactitud lo que estaba
ocurriendo y disfrutara con su sufrimiento, con su ignorancia. Pero
aunque detestara su contacto, no era capaz de detenerse por sus
propios pies y no le quedó más remedio que apoyarse sobre el
poderoso cuerpo.
- Necesitas alimentarte –señaló casualmente; pero Raven sintió la
excitación que ocultaba aquella afirmación y se apretó el estómago
con la mano.
- Tengo el estómago revuelto.
- Eso es porque estás hambrienta. Te he preparado una sorpresa muy
especial, querida; un banquete en tu honor. Los invitados esperan
impacientes nuestro regreso.
Raven se detuvo y miró con atención los ojos irónicos y fríos.
- No quiero ir contigo.
Endureció la mirada, desconcertado; le dedicó una parodia de sonrisa
que consistió en una desalmada exhibición de sus colmillos. Raven
pudo ver como las encías retrocedían, y los incisivos se agrandaban.
No era tan arrebatadamente guapo como había creído en un
principio; tenía una apariencia cruel y putrefacta.
Raven logró que le soltara el brazo dando un tirón y se agachó,
sentándose sobre sus piernas.
- Tú no eres… -el nombre se le escapó con la tremenda explosión de
dolor. La sangre perlaba su frente, y algunas gotas descendían por su
rostro.
De forma deliberada, André se agachó y toscamente, deslizó su
lengua por la mejilla de Raven, siguiendo el rastro de la sangre.
- Estás enferma, querida. Debes confiar en mí, yo sé lo que te
conviene.
Raven se obligó a sí misma a permanecer tranquila, a apartar las
telarañas que nublaban su mente; ella tenía dones especiales, tenía
un cerebro. Esos eran dos hechos indiscutibles. Estaba segura de
encontrarse en grave peligro, pero no tenía la menor idea de cómo
había llegado hasta aquel lugar con aquel hombre, pero necesitaba
pensar. Alzó el rostro hacia la luna de tal modo que su pelo, negro
como el ébano, adquirió reflejos azulados.
- Estoy muy confundida, ni siquiera recuerdo tu nombre –forzó una
mirada apesadumbrada para satisfacerlo y calmarlo por si era capaz
de leer sus pensamientos, estaba convencida de que ese hombre
podía hacerlo- ¿Qué me ha ocurrido? Tengo un terrible dolor de
cabeza.
- Te golpeaste en la cabeza –la ayudó a levantarse pasando un brazo
por su estrecha cintura; esta vez, Raven se obligó a aceptar el
contacto sin alejarse.
- Lo siento; estoy tan confundida. Me siento tonta y asustada –
confesó con los enormes ojos azules, la viva imagen de la inocencia,
mientras mantenía a propósito la mente en blanco.
- Soy André, tu verdadero compañero. Otro hombre de los Cárpatos
te alejó de mi lado y cuando te rescaté, te caíste y te golpeaste en la
cabeza –su voz era hipnótica y con una extraña cadencia.
- Verdadero compañero. Tom.
En esta ocasión, cuando el dolor la golpeó, lo aceptó, permitió que la
atravesara por completo. Se quedó sin respiración y sintió que los
huesos de su cráneo eran atravesados por miles de agujas. Echando
mano de toda la disciplina que poseía, enfocó sus pensamientos.
- ¿Tom? ¿Dónde estás? ¿Eres real? Tengo miedo –encontró un
vínculo familiar, una huella mental que siguió con facilidad como si lo
hubiera hecho con mucha frecuencia.
- Pequeña –la respuesta fue muy débil, muy lejana pero muy real,
algo a lo que agarrarse en un mundo de locura.
- ¿Quién está a mi lado? ¿Qué está sucediendo? –preguntó mientras
se apoyaba intencionadamente contra el hombre alto y mantenía su
mente en un estado de total confusión. Encontraba interesante que
su mente pudiera trabajar a dos niveles a la vez.
- André es un vampiro. Te robó de mi lado; voy a por ti.
Algo andaba muy mal; estaba todo en su mente si lograba alcanzarlo.
Raven creía en aquella lejana voz, sentía su amor y su calidez que la
envolvían en unos brazos protectores y fuertes. Conocía esos
sentimientos, esa voz. Parecía herido.
- ¿Estás herido? ¿Qué te ocurrió?
Tom introdujo de nuevo los recientes acontecimientos en la mente
de Raven. Cuando lo asimiló, Raven tomó aire, la sensación era la
misma que alguien sentía al ser golpeado con fuerza en el estómago.
- Tom.
- Gregori se ha convertido en una especie de dictador. No me
atrevería a morirme.
Los recuerdos volvían con rapidez, fluyendo como el agua; y se sentía
aterrorizada. Siguió dividiendo la actividad de su cerebro. El vampiro
sólo tenía acceso a la parte superficial, sólo leía lo que ella le
permitía. Allí Raven estaba temblorosa y confusa, la mujer que él
quería que fuese.
Las heridas de Tom le parecieron graves; estaba en la cueva,
rodeado de todos los demás. Gregori trabajaba en las heridas y
Raven estaba completamente segura de que lo obligaría a enterrarse
en las profundidades de la tierra y ella se quedaría sin la
comunicación que la mantenía a flote. Alzó la barbilla; la droga podía
haber confundido su mente de forma transitoria, pero ella podría
hacer lo que le viniese en gana.
- André, puedo apañármelas. No te preocupes por mí –usó mucho
más valor del que sentía.
Repentinamente, se vio obligada a reprimir una oleada de alivio. La
memoria, que hasta entonces había permanecido fragmentada, volvió
a unirse en su totalidad bajo el toque curativo de la mente de Tom.
Tom o Gregori vendrían a por ella, no importaba lo que ocurriera;
Tom taparía sus heridas y se arrastraría si fuera necesario, hasta
llegar a su lado.
- Estás muy callada –la sorprendió André.
- Estoy intentando recordar, pero cuando lo hago, me duele la
cabeza.
Estaban sobre una meseta; al principio, Raven no pudo distinguir la
casa de piedra, construida en un lateral de la montaña. Parecía
resplandecer a la luz de la luna, por un instante era un espejismo,
después adoptaba una estructura diferente y desaparecía de nuevo.
Raven parpadeó rápidamente, captando cada detalle para
transmitírselo a Tom. El truco consistía en no permitir que el
vampiro supiera que ella pensaba en Tom. Era André el que la
castigaba con el dolor cuando se daba cuenta de que intentaba
recordar algo acerca de él. Confundida por el efecto de la droga,
había estado, brevemente, bajo su poder; ahora se sentía
simplemente mareada y molesta. Y muy, muy cansada.
- ¿Esta es nuestra casa? –preguntó inocentemente, apoyándose por
completo en él.
- Estaremos aquí para deleitarnos en nuestra cena, querida –y de
nuevo percibió aquella curiosa mofa que ella empezaba a odiar- No es
seguro que nos quedemos más tiempo; el otro puede perseguirnos.
Debes alimentarte para volver a tener fuerzas y escapar.
Deliberadamente, Raven sujetó el brazo de André con la mano, en un
gesto de confianza.
- Lo intentaré, André, pero me siento un poco mareada, en serio.
Raven dio un paso hacia la entrada y sintió la repentina protesta de
Tom. Trastabilló insegura, y se cayó justo delante de la puerta,
permaneciendo como una jovencita desamparada. Con una maldición,
André intentó levantarla de un tirón y meterla en la casa, pero Raven
estaba sin fuerzas y era incapaz de moverse por sí misma. La alzó en
brazos y la llevó él mismo al interior.
La casa, excavada en la roca, consistía en una gran habitación
frontal, con una puerta en el rincón más alejado desde donde una
escalera descendía al piso inferior. La estancia estaba fría y húmeda;
el moho crecía en las grietas de la roca. Había una mesa y un banco
de iglesia alargado. André movió la mano para encender varias velas;
el corazón de Raven se detuvo y de nuevo empezó a latir alarmado;
encadenados a la pared, con los ojos dilatados por el terror, vio a un
hombre y a una mujer. Los dos estaban sucios, con la ropa
desgarrada. El vestido de la mujer estaba hecho jirones y la camisa
del hombre tenía manchas de sangre. Ambos tenían numerosos
cardenales y sobre la mejilla derecha del hombre se distinguían
varias marcas de quemaduras.
La sonrisa del vampiro fue cruel y burlona cuando examinó a sus
indefensas víctimas.
- La cena, querida, sólo para ti.
Soltó a Raven en el banco como si fuera de frágil porcelana y se
deslizó con sumo encanto sobre el suelo de piedra, con los vacíos
ojos clavados en la mujer. Se tomó su tiempo, dilatando el momento
para disfrutar de su terror y riéndose a carcajadas de la impotente
rabia del marido. Mientras dejaba libre a la mujer de un tirón, el
hombre luchaba y profería amenazas, maldiciendo a Raven. André
arrastró a la mujer hasta ponerla al lado de Raven, obligándola a
ponerse de rodillas y la mantuvo agarrada, tirándole del pelo con una
mano para dejar su garganta expuesta. Deslizó el pulgar por la
yugular.
- Aliméntate, querida. Siente la sangre derramarse en tus venas y
hazte fuerte de nuevo. Cuando le arrebates la vida, conocerás un
poder que jamás has imaginado. Este es mi regalo; un poder infinito.
La mujer sollozaba y gemía de terror. Su marido rogaba, juraba y
luchaba contra las cadenas que lo apresaban; Raven se puso de pie y
se echó a un lado el pelo con mano temblorosa. André podía haber
puesto a sus víctimas en un trance, seducirlas para que acogieran
gustosos la muerte, pero no lo hizo porque buscaba el placer que le
producía el terror en los humanos. El sabor de la adrenalina causaba
adicción, intoxicaba sus sentidos. En la estancia, todos esperaban la
reacción de Raven. Pudo sentir a Tom en su interior, muy quieto,
callado, hirviendo de furia por no poder estar allí para protegerla de
aquella terrible situación.
Sus enormes ojos azul-violeta, se alzaron hasta el rostro de André,
estaban brillantes y al borde de las lágrimas. Raven pasó la mano por
el brazo de la mujer, en una caricia suave, intentando reconfortarla
sin palabras.
- Dudas de mí. ¿Por qué? ¿Qué he hecho? Sinceramente, no puedo
recordarlo. Jamás arrebataría una vida de esta manera, y
ciertamente, tú tampoco. ¿Por qué me haces pasar por esta prueba?
¿Acaso he cometido un crimen que no recuerdo? ¿Por qué te
comportas de un modo tan cruel conmigo?
El rostro de André se oscureció, y los ojos rojizos volvieron a su
habitual color castaño oscuro.
- No te angusties tanto.
- Dímelo, André. No soporto el no poder recordar nada. ¿Me obligó el
otro a hacer algo que no puedes perdonarme? –diciendo esto, bajó la
cabeza como si estuviera avergonzada. Su voz sonó entonces más
suave- Toma mi vida, André. Descarga tu ira sobre mí, no sobre esta
pobre mujer que no se lo merece; me marcharé si no deseas que mi
vida esté ligada a la tuya, aunque no tenga otro sitio donde ir –buscó
la mirada de André, sus ojos reflejaban la sinceridad que pretendía
imprimir a su voz- Toma mi vida, André, ahora.
- No, Raven.
- Entonces, contéstame; ¿Por qué me haces pasar por esta prueba?
¿Es porque no soy totalmente como tú? ¿Porque no puedo ir bajo
tierra o transformar mi cuerpo? Ya sé; te avergüenzas de mí y
quieres castigarme de este modo.
- Por supuesto que no.
Raven rodeó a la mujer con su brazo.
- Creo recordar, aunque no estoy segura, que dijiste haber
contratado a sirvientes de confianza. ¿Te referías a esta mujer? –De
repente, su rostro expresión cambió- ¿Es tu amante? –su voz sonó
con un timbre histérico, pero las manos eran gentiles sobre el brazo
de la mujer.
- ¡No! ¡No! –Protestó la mujer, aunque en sus ojos se leían la
confusión y un atisbo de esperanza- No soy su amante; este es mi
marido. No hemos hecho nada malo.
André estaba claramente en un atolladero; se había llevado a Raven
en un intento desesperado de salvarse a sí mismo. Si la obligaba a
matar, la convertiría en un ser tan oscuro y condenado como él. Algo
en su interior se agitó y se volvió a contemplar la inocencia de sus
ojos.
- La mujer dice la verdad, Raven; ella no significa nada para mí. Es
una simple sirvienta, si tú lo deseas –se veía perdido y solo, casi
inseguro.
Raven le tomó la mano; su mente, podrida y retorcida, era una obra
maestra de maldad. Pero aún así, Raven sintió lástima por él; una
vez fue bueno, no muy diferente de Tom o Jacques, pero en la
oscura soledad de su existencia, había tomado el camino equivocado.
André quería desesperadamente volver a sentir, ser capaz de
soportar el sol del amanecer, presenciar de nuevo un atardecer;
quería mirarse otra vez al espejo y no ver sus encías embebidas y los
estragos causados por su depravada existencia. Era imposible;
ningún vampiro de verdad podía enfrentar su reflejo en un espejo sin
sentir un profundo dolor. Raven era su única esperanza y él se aferró
a ella; quería un milagro. Pero al haber sido humana, no tenía idea de
lo que ella era capaz o incapaz de hacer.
- Perdóname, André, si he hecho algo que te haga dudar de mí –dijo
en voz baja, sentía tanta pena en su interior que tenía ganas de
llorar. No podía salvarlo, aunque no hubiera pertenecido a Tom, no
podía; nadie podía hacerlo. Era demasiado depravado, estaba
demasiado imbuido de su falso poder, demasiado enganchado al
sabor de la adrenalina en la sangre humana, y eso sólo se conseguía
aterrorizando a sus víctimas. Raven se odiaba por engañarlo, pero su
vida y las de la pareja estaban en la cuerda floja.
La mano de André le acarició el cabello.
- No estoy enfadado contigo, querida mía, pero estás débil y
necesitas sustento.
La mujer se tensó de repente, su rostro estaba distorsionado por el
miedo. Se quedó muy quieta, esperando la respuesta de Raven que
parecía muy confundida.
- Pero no puedo alimentarme –y deliberadamente, dejó que el
nombre de Tom resonara en su mente, tras lo cual se agarró la
cabeza con ambas manos para soportar el dolor que le provocó- No
sé por qué; no puedo pensar. Creo que el otro me hizo algo para que
me sintiera así.
André levantó a la mujer tirándole del pelo.
- Volveré en unos minutos. Procura que a Raven no le suceda nada –
dijo con ojos fríos y vacíos- No intentes marcharte, lo sabré de
inmediato.
- André, quédate –susurró Raven, luchando por él a pesar de sí
misma.
Él se apartó de Raven con un giro y salió con rapidez, alejándose de
la luz, de vuelta al mundo de locura y muerte con el que estaba
familiarizado.
La mujer agarró a Raven.
- Por favor, déjenos marchar. Él es el diablo; nos matará a todos, nos
hará sus esclavos hasta que no le divirtamos.
Raven intentó levantarse, luchando desesperadamente contra el
mareo que sentía.
- Él lo sabrá. Puede ver en la oscuridad, oleros y sentir el latido de
vuestros corazones -El mismo aire estaba viciado y hablaba de
muerte. Con su sensibilidad, Raven podía incluso escuchar los
chillidos de las incontables víctimas, arrastradas hacia ese lugar y
encadenadas a los sucios muros. Estaba tan asustada como la mujer-
¿Quién eres?
- Soy Monique Chancellor; este es mi marido, Alexander. ¿Por qué
me ayudó?
- Guarda bien tus pensamientos, Monique. Él puede escucharlos.
- Es nosferatu, el impío. El vampiro –afirmó más que preguntó-
Debemos marcharnos de este lugar de muerte.
Raven se puso de pie insegura, sujetándose al respaldo del banco y a
la mesa hasta que llegó a la puerta. Se quedó mirando fijamente las
estrellas, observó el paisaje en todas las direcciones, tomando nota
de cada pared rocosa, de los picos que se alzaban a espaldas de la
casa. Examinó cuidadosamente la misma construcción, las ventanas,
las puertas, la estructura de las paredes; prestando especial atención
a la llanura que llevaba hasta la casa.
- Por favor, por favor –la mujer volvió a agarrarla con ambas manos-
Ayúdenos.
Raven parpadeó para enfocar la mirada.
- Estoy intentando ayudaros. Permanece tranquila; quédate fuera de
su camino. Y no atraigáis de ningún modo su atención –diciendo esto,
cerró la puerta habiendo cumplido el que ella pensaba que era su
deber. Tom y Gregori dispondrían de toda la información que ella
pudiera enviarles.
- ¿Quién es usted? –preguntó Alexander de forma perspicaz,
sospechaba de ella. Había tirado tanto de las cadenas que tenía las
muñecas en carne viva.
Raven se frotó las sienes, su estómago volvía a sentir náuseas.
- No es una buena idea que él vea heridas abiertas a su alrededor –
ella podía oler la sangre, y su cuerpo, desesperadamente débil,
necesitaba alimentarse. Raven ignoró los débiles sollozos de la mujer,
acurrucada en un rincón y se acercó al marido para ver si encontraba
el modo de aliviar su incomodidad. Mientras se inclinaba para
examinar sus heridas, el hombre alzó la otra mano para agarrar un
mechón de pelo y tirar tan fuerte que a Raven se le llenaron los ojos
de lágrimas. La acercó de espaldas hacia el pecho y rodeó su
garganta con ambas manos, hundiendo los dedos en la tierna carne.
- Alexander, detente, ¿Qué estás haciendo? –gritó Monique.
- Monique, trae las llaves de estos grilletes –ordenó Alexander con
sus fuertes dedos aplastando la tráquea de Raven, de tal modo que la
habitación empezó a girar a su alrededor.
Raven pudo sentir el miedo del hombre, su frenético intento de salvar
su vida y la de su esposa. Tenía miedo de que ella fuera también un
vampiro jugando cruelmente con ellos, a modo de perverso
entretenimiento. Raven no podía culparlo, pero sus manos estaban
acabando con su vida.
- ¡Raven! –la oleada de furia llegó a su mente junto con el grito.
Las manos de Alexander fueron arrancadas de la garganta de Raven;
se oyó con claridad el ruido de los huesos al romperse y quedó
aplastado contra la pared, los pies colgando a bastante distancia del
suelo. Monique chilló al oír como el aire salía de los pulmones de su
esposo; lo estaban estrangulando, los ojos empezaban a salirse de
sus órbitas.
- Libéralo, ¡Tom! Oh, Dios, por favor. No puedo soportar ser la
responsable de otra muerte. No puedo –y se dejó caer al suelo,
agarrándose las rodillas y haciéndose un ovillo que se mecía sobre sí
mismo- Por favor –murmuró en voz alta- Suéltalo.

Tom luchó contra la ira asesina que lo poseía, intentando reprimirla
lo suficiente para liberar al humano de su ataque mental. Saltó y
comenzó a surcar el cielo, siguiendo con facilidad el rastro de Raven.
Apenas era consciente de Gregori, volando a su altura por la
izquierda ni de Aidan y Byron, ligeramente más retrasados; ni de Eric
y Tienn y otros cuantos que se esforzaban en mantener cierta
distancia. Ninguno de ellos importaba. Había cazado vampiros
durante muchos cientos de años y siempre había sentido una
pequeña vacilación, quizás por la pena. Esta vez no sentía ninguna.
Tom mantuvo su furia firmemente controlada, la sentía hervir
como el magma de un volcán, buscando una vía de escape en
cualquier dirección para liberarse de modo explosivo y violento. Si la
dejaba escapar, la misma tierra, el viento y las criaturas de las
montañas reaccionarían ante ella, lo cual sería una clara advertencia
para el vampiro. Ya no estaba dolorido y se había alimentado bien;
Gregori se había encargado de eso en persona. La mezcla de sangre
antigua era infinitamente poderosa. No obstante, una gota de sangre
se deslizó por las plumas blancas del búho; por instinto, Tom se
movió, dando un rodeo para ir a favor del viento, de esta forma el
vampiro no captaría su olor en el aire.
La noche retembló con un grito de puro terror seguido de una
diabólica carcajada, el símbolo de un mezquino triunfo. Todos los
hombres de los Cárpatos, tan empáticos con la tierra, percibieron la
violenta vibración, la turbulencia provocada por el poder, el ciclo de la
vida y la muerte. Raven, siendo psíquicamente receptiva, dejó su
mente volar de inmediato a la violenta escena.
- No, Raven –le ordenó Tom.
Presionó las sienes con las manos; André se reía mientras se arrojaba
desde la rama de un árbol sobre una mujer que intentaba alejarse
arrastrándose. Un cuerpo más menudo yacía desmadejado a los pies
del árbol, pálido y sin vida, arrojado allí por el vampiro. La mujer
rogaba y pedía que no la matara; André se reía de nuevo, y la
alejaba a patadas para obligarla a volver de nuevo suplicando ser su
servidora.
- ¡André! ¡No, no puedes hacerlo! –dejó escapar Raven en voz alta,
tambaleándose sobre la puerta; salió corriendo al exterior, a la
oscuridad de la noche, girando sobre sí misma para encontrar la
dirección. La debilidad se impuso y cayó pesadamente sobre el suelo
quedándose inmóvil sobre la hierba.
Monique salió tras ella, arrodillándose a su lado.
- ¿Qué ocurre? Sé que no es lo que mi marido piensa; sé que trata de
salvarnos.
Las lágrimas surcaban el rostro de Raven.
- Ha matado a un niño; y se recrea mortificando a la madre. También
la va a matar; no puedo salvarla –Raven se consoló como pudo
acurrucada en el regazo de Monique que tocó los oscuros moratones
de su garganta.
- Siento mucho lo que le hizo Alexander; está enloquecido por el
miedo y la furia. Usted se arriesgó demasiado; ese monstruo pudo
matarla.
Raven cerró, cansada, los ojos.
- Todavía puede hacerlo. No podemos escapar de él.
La noche se agitaba con inquietantes vibraciones. En algún lugar del
bosque, un animal perdió su presa y chilló de rabia; un búho ululó y
un lobo gruñó.
Raven apretó entre las suyas la mano de Monique, aliviada de poder
mover las piernas.
- Vamos; tenemos que entrar. Quédate quieta y mantente fuera de la
vista de André si puedes. Cuando regrese, estará pletórico y será
impredecible.
Monique ayudó a Raven a ponerse en pie, deslizando su brazo por la
pequeña cintura.
- ¿Qué le hizo a Alexander cuando la hirió?
Raven volvió de mala gana a la casa de piedra.
- Yo no le hice nada –se tocó las marcas moradas de su garganta;
Alexander había complicado las cosas. André no pasaría por alto los
cardenales.
- Usted siente cosas que nosotros no percibimos –aventuró incómoda
Monique.
- No es un don muy placentero; él ha asesinado esta noche; a una
mujer y a un niño. Yo hice que se marchara y cambié nuestras vidas
por las de ellos.
- ¡No! –Negó Monique- Usted no es responsable de lo que él hace, no
más que mi marido es responsable por lo que ese monstruo me hizo.
Alexander cree que debería haber encontrado un modo de
protegerme; y no se lo perdona. No seas como él, Raven.
Raven se detuvo sobre los escalones de piedra y contempló el paisaje
bañado a la luz de la luna. El viento se agitó y la brillante luz plateada
pareció oscurecerse como un mal presagio. Monique jadeó,
aferrándose a Raven, intentando arrastrarla a la relativa seguridad de
la casa. Una mancha roja se extendió y cubrió por completo la luna.
El viento arrastró un lento gemido que creció hasta convertirse en un
aullido; un lobo alzó la cabeza a la sangrienta luna y aulló como
advertencia, automáticamente, otro lobo se unió hasta que la misma
montaña retumbó de forma siniestra.
Monique se dio la vuelta y corrió al lado de su esposo.
- Reza conmigo; reza conmigo.
Raven cerró la puerta y se apoyó contra ella.
- No me contagies el pánico, Monique. Si lo mantenemos a raya,
tenemos una oportunidad.
Alexander la miró con odio, abrazaba a su esposa de forma
protectora, tenía la mano hinchada y dolorida.
- No la escuches, Monique. Estuvo a punto de estrangularme; me
arrojó contra la pared con una fuerza increíble. Ella también es
impura.
Raven dejó los ojos en blanco, exasperada.
- Estoy empezando a desear tener todo el poder que crees que tengo.
Debo encontrar el modo de hacerte callar.
- Él teme por nosotros –habló Monique con voz conciliadora- ¿No
podemos quitarle las cadenas?
- Trataría de atacar a André en cuanto regresara –Raven hizo una
mueca a André, completamente exasperada por su comportamiento-
Eso haría que lo matara aún más rápido –Empezó a temblar mientras
miraba con ojos afligidos a Monique- Ya viene. Quédate muy quieta,
pase lo que pase no hagas que se fije en ti.
El viento aulló en el exterior de forma espectral, desvaneciéndose
hasta dejar un silencio anormal. Raven escuchó latir a su propio
corazón. Dio un paso hacia atrás en el momento en que la puerta se
hizo astillas con un fuerte crujido. Las llamas de las velas se agitaron,
arrojando sombras macabras y grotescas sobre las paredes y
apagándose después.
- Ven, Raven. Debemos marcharnos en este momento –dijo André
chasqueando los dedos mientras extendía la mano. La cara del
vampiro estaba sonrosada por la sangre fresca; el brillo del mal
iluminaba sus ojos y su boca tenía un rictus cruel.
Raven lo observó con una mirada acusadora.
- ¿Por qué vienes a mí de este modo? Cuéntame qué está ocurriendo.
André se movió a gran velocidad y, en el último momento, Raven
recordó que ella también podía realizar semejantes proezas. Sintió el
cálido y hediondo aliento que apestaba a muerte. Las uñas del
vampiro, afiladas y largas como garras, arañaron el brazo de Raven
mientras esta se alejaba agachada, apretando su menudo cuerpo en
un rincón.
- No intentes obtener mi sumisión cuando una simple explicación
sería suficiente.
- Te arrepentirás por desafiarme –gruñó y arrojó el enorme banco
fuera de su camino, estrellándose y haciéndose añicos contra la
pared, a corta distancia de la trémula pareja humana.
Un pequeño gemido de terror escapó de la garganta de Monique y, de
inmediato, el vampiro se giró con los ojos rojos y brillantes.
- Te arrastrará hasta mí como la perra que eres –su voz adquirió una
cadencia hipnótica, al igual que su mirada.
Alexander tiró de las cadenas, intentando detener a Monique, que se
echó al suelo obedientemente, y se arrastró de modo sensual y servil.
Raven cruzó tranquilamente la habitación y se puso de rodillas
delante de Monique.
- Escúchame, Monique. No hagas esto –sus enormes ojos azul-violeta
miraban fijamente a la mujer. La voz de Raven era hermosa, pura,
seducía y cautivaba haciendo que la voz del vampiro apareciera
desagradable y repugnante. La cara de Monique reflejó en ese
momento la confusión y la vergüenza que sentía al caer en la cuenta
de lo que estaba haciendo.
El vampiro explotó y de un salto, acortó la distancia que lo separaba
de Raven, agarrándola del pelo y obligándola a doblarse hacia atrás,
hasta casi tocar sus mismos pies.
El mundo entró en erupción a su alrededor; la noche misma parecía
hervir de furia, el viento aullaba y gritaba, atravesando a fuertes
ráfagas la llanura para golpear las ventanas. Un oscuro tornado bajó
del ominoso cielo y levantó el tejado del edificio, el remolino arrastró
los muebles y esparció los tesoros guardados a lo largo de los años.
Monique dejó escapar un aullido y se lanzó sobre Alexander,
abrazándose a él. Se oían susurros, siseos y murmullos furiosos que
lanzaban acusaciones y condenaban al vampiro. La montaña retumbó
de nuevo y el muro exterior se derrumbó cayendo sobre la llanura,
despidiendo rocas y polvo como en una explosión con dinamita.

Tom permanecía en el centro de la feroz tormenta, con los ojos
negros fríos como la muerte. Alto y elegante a pesar de la mancha
carmesí que se extendía por su camisa de seda; parecía relajado en
mitad del caos. Alzó una mano y el rugido del viento desapareció.
Tom observó a André, sosteniendo su mirada un instante.
- Suéltala –dijo con una voz suave que llenó de terror el corazón de
todos los que le escucharon.
Los dedos de André se enredaron aún más en el sedoso cabello de
Raven.
Tom le respondió con una cruel sonrisa.
- ¿Deseas que obtenga tu sumisión y que te arrastres hacia tu
muerte como haces con tus víctimas?
Los dedos de André se contrajeron con un espasmo y su brazo se
retiró con un movimiento brusco como el de una marioneta. Miró
horrorizado a Tom, jamás había imaginado que alguien ostentara
ese poder. El control mental no funcionaba con los miembros de su
especie, sin embargo, Tom lo había dominado sin esfuerzo.
- Ven hacia mí, Raven –dijo Tom sin apartar los ojos del vampiro,
manteniéndolo atrapado e indefenso con la fuerza de su mente. Su
furia era tan inmensa que no había necesitado fundirse con la mente
de Gregori para conseguir el control sobre André.
Uno a uno, todos los hombres de los Cárpatos se materializaron; en
sus rostros se leía la condena hacia el vampiro. Raven pudo sentir
que el terror de los humanos aumentaba, llegando casi a la locura. Se
acercó a ellos, dando tumbos y envolvió a Monique en sus brazos.
- Él nos salvará –les susurró.
- Es como el otro –dijo Alexander con tono áspero.
- No, él es bueno. Él nos salvará –afirmó Raven con gran convicción.
Tom liberó súbitamente al vampiro. André miró entonces a su
alrededor, con una mueca sarcástica.
- ¿Necesitas un ejército para ir de cacería?
- Has sido sentenciado por tus muchos crímenes, André. Si yo fallara,
cualquier otro ejecutaría la sentencia –Tom hizo un gesto con la
cabeza a dos de sus hombres y señaló a Raven. Su alta figura
emanaba confianza y poder- No eres más que un niño, André –su voz
era ahora puro terciopelo, suavemente modulada- No puedes esperar
igualarte a alguien que ha luchado en innumerables batallas, pero te
ofrezco la oportunidad por la que has estado luchando tanto –los ojos
negros brillaban con una furia helada.
- ¿La venganza, Tom? –preguntó mordazmente André- Qué típico
de ti –Y se impulsó para saltar en el aire mientras extendía sus garras
y dejaba ver sus colmillos por los cuales goteaba la saliva.
Tom desapareció de la vista y el vampiro se encontró de repente
fuera de la casa, tirado en el suelo, la noche lo rodeaba al igual que
los hombres de los Cárpatos, que formaban un amplio círculo,
encerrándolo en él. André se volvió para ver qué miraban. Tom
estaba a unos pasos de ellos con una negra furia en la mirada. Lo
miraba fijamente sin parpadear.
Aidan se acercó a Raven, deslizando sus brillantes y perspicaces ojos
dorados sobre los mortales acurrucados junto a ella.
- Ven con nosotros –le ordenó de repente- Tom desea que nos
aseguremos que estás a salvo.
Raven no lo reconoció físicamente, pero sí reconoció la confianza y la
seguridad en sí mismo del desconocido. Su voz era cálida y casi
hipnótica.
- ¿Viste dónde guardó la llave André para que podamos liberar a
Alexander? –preguntó Raven a Monique, intentando apartarse de los
otros hombres que le bloqueaban el paso.
Sin previo aviso, los ojos de Raven se dilataron, se aferró el vientre y
un grito inarticulado quedó trabado en su garganta. Cayó al suelo,
agitándose agónicamente, tenía la frente empapada con gotas de
sangre que goteaban cayéndole sobre los ojos. Monique se echó al
suelo, a su lado; Raven ni siquiera era consciente de su presencia. Ya
no estaba en el interior de la casa, no percibía a Aidan ni a Byron, ni
siquiera era consciente de la presencia de Monique o Alexander.
Estaba en el exterior, con la sangrienta luz de la luna bañando su
cuerpo, enfrentándose a un demonio de fuerza y poder
sobrecogedores; un demonio cuyos ojos brillaban rojos y llameantes,
cuya sonrisa era la encarnación de la crueldad. Totalmente
implacable, alto, elegante, con mortal confianza en sí mismo. Raven
sabía que iba a matarla; había una elegancia animal en sus fluidos
movimientos; muerte y perdición en sus ojos sin alma. Era
totalmente invencible; había golpeado su cuerpo provocando una
herida mortal y se alejaba deslizándose sin apenas ser visto. No había
piedad ni sentimiento en él. Implacable, despiadado, feroz y sin
ningún tipo de remordimiento.
- Contémplalo como es en realidad, un asesino, un cazador de
hombres de los Cárpatos y de mortales por igual –siseó André en su
mente- Conócelo como la bestia que es. Ves a un hombre culto que
te controla con su mente; este es el verdadero Tom Dubrinsky. Ha
dado caza a cientos de los nuestros, quizás miles, y los ha asesinado.
Nos matará a todos y no sentirá nada más que el poder supremo.
La mente de André estaba totalmente unida a la de Raven de modo
que ella veía a través de los ojos del vampiro, sentía su odio y su
miedo y también el dolor del golpe que había recibido de Tom
cuando lo atacó. Raven luchaba por liberarse del control mental del
vampiro, pero él sabía que estaba casi muerto y se aferraba a ella
con total determinación. Sería su venganza; cada golpe que recibiera,
cada herida ardiente que Tom le infligiera, Raven los sentiría,
padeciendo el mismo dolor. El vampiro podía al menos enorgullecerse
de ese sufrimiento.
Raven veía claramente su plan, sabía que Tom había percibido la
insoportable agonía que recorrió su cuerpo cuando asestó el golpe
inicial. Apenas podía respirar, pero intentaba alejarse de él y
encerrarse en sí misma. Tom, sin embargo, era demasiado fuerte
para permitir que se alejara. Raven percibía su furia helada, su falta
de piedad, su deseo de pelear, la necesidad de matar al renegado. Y
pudo sentir su repentina indecisión al ser consciente de la maniobra
del vampiro.
- Raven, escúchame –Gregori. La calma en el ojo del huracán. Su
cadencia musical, hipnótica, relajante- Entrégate a mí. Duerme
ahora.
Gregori no le dio opción, pero aún así, Raven se entregó
complaciente, agradecida a la hipnótica voz, y se dejó llevar de
inmediato, cortando la última amenaza que se cernía sobre Tom.
Un largo silbido se escapó de los pulmones de Tom. Se movió con
tal rapidez, que nadie pudo verlo. El cuerpo de André fue impulsado
hacia atrás, volando unos metros tras recibir el golpe. El ruido seco
rasgó el espectral silencio. André forcejeó para ponerse en pie, sus
ojos miraban furiosos y salvajes a su enemigo.
- He ganado –dijo mientras escupía la sangre que se agolpaba en su
boca y se llevaba una mano al pecho- Te vio como realmente eres.
Lo que hagas ahora no puede cambiar eso.
Parecía imposible, incluso para un miembro de la raza de los
Cárpatos, ser tan rápido. Había algo terrible en las profundidades de
esos despiadados ojos negros. Con Raven inconsciente, no había una
pizca de piedad ni compasión. André dio un paso hacia atrás, se
concentró y fijó su objetivo. Un fiero relámpago crujió y se estrelló en
el mismo sitio donde Tom estaba segundos antes. El estrépito fue
enorme; el golpe hizo que la tierra se agitara. El rayo chispeó y se
retiró dejando un rastro chamuscado y ennegrecido a su paso. André
chilló cuando algo le golpeó en el cuello, impulsando su cabeza hacia
atrás, y abriendo una enorme hendidura en su garganta de la que
manaba la oscura sangre a chorros.
El cuarto golpe abrió el pecho de André, aplastando los huesos y
desgarrando los músculos hasta llegar al corazón. Aquellos crueles
ojos negros miraban a André sin piedad mientras Tom le arrancaba
el corazón para arrojarlo a un lado con desprecio. El órgano aún
seguía latiendo en el suelo junto al cuerpo sin vida del vampiro.
Tom se había asegurado de que no volviera a levantarse.
Permaneció al lado de su vencido oponente, luchando por controlar la
bestia de su interior, la salvaje llamarada del triunfo, la adicción que
ese poder creaba en su cuerpo, haciendo que se agitara. No sentía
dolor en las heridas, solo una enorme alegría, pura alegría por su
victoria. Su lado salvaje creció peligrosamente, extendiéndose en su
interior como fuego líquido; el viento se agitó y le trajo un olor
familiar.
- Raven.
La sangre de Tom corrió frenética; sus colmillos anhelaron su carne
y el hambre surgió en su cuerpo. Podía oler a los humanos, al hombre
que había osado tocar a su compañera. El deseo de beber sangre lo
golpeó y sus súbditos se alejaron de él percibiendo el poder que
irradiaba y la necesidad abrumadora de matar que en esos momentos
lo poseía. El viento giró a su alrededor, formando un remolino y el
aroma de Raven persistió, ligero y esquivo.
- Raven.
Su cuerpo se contrajo, ardió.
- Raven.
El viento susurraba su nombre y la turbulenta tormenta que arrasaba
su interior se evaporó. La mente de Tom alcanzó el camino de la
luz, volvió del mundo violento donde se había sumergido.
- Destruid esa cosa –espetó brevemente sin dirigirse a alguien en
particular. Convocó energía procedente del cielo para limpiarse las
manos, quitando la sangre maldita de su cuerpo. Se movió sin ser
visto, volviendo a las ruinas del cubil del vampiro, materializándose
en el aire e irguiéndose sobre Monique que sostenía y acunaba el
cuerpo sin vida de Raven.

HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL PENULTIMO CAPITULO ... EN CUANT VEA LOS DOS COMENTARIOS AGREGO EL FINAL ... HASTA PRONTO :))