miércoles, 11 de mayo de 2016

14 - ultimos capitulos

CAPITULO 14
El Padre Hummer caminaba alrededor de los muros del lugar donde
se encontraban. No había ventanas y parecía ser una construcción
sólida; las paredes eran gruesas, y posiblemente estarían
insonorizadas. Ni un rayo de luz llegaba hasta allí y la total oscuridad
era sofocante. El párroco había extendido todas las mantas
disponibles sobre el helado cuerpo de Raven, pero estaba convencido
de que ya había muerto por la pérdida de sangre; no había sido capaz
de detectar el más ligero rastro de pulso ni de respiración desde que
les arrojaran a aquella habitación. Después de bautizar a Raven y de
administrarle la extremaunción, el Padre Hummer había empezado a
registrar la estancia buscando una vía de escape.
El vampiro, André, estaba utilizando a Raven para atraer a Tom a
este lugar. Edgar, que conocía bien a Tom, sabía que la trampa
funcionaría. Tom vendría, y que Dios se apiadase del alma de
Slovensky.
Un pequeño sonido, el de una trémula respiración, atrajo su atención.
El Padre Hummer se las apañó para volver junto a Raven, que
temblaba de forma incontrolada bajo el grueso de las mantas. Estaba
aún más fría que antes. El padre la rodeó con sus brazos, buscando el
consuelo para ambos.
- ¿Qué puedo hacer por ti?
Raven abrió los ojos; podía ver en la oscuridad con total nitidez, y
examinó la bien construida celda y el rostro preocupado del Padre
Hummer.
- Necesito sangre.
- Estaré encantado de darte la mía, niña –respondió el padre al
instante.
Raven percibió la debilidad del anciano; de todas formas ella no podía
tomar sangre del mismo modo que lo hacía Tom. Su mente buscó
la reacción de su compañero. Pero el dolor hizo que su cabeza
estallara, emitió un suave quejido y se llevó las manos a las sienes.
- No lo intentes, pequeña –la voz de Tom sonaba fuerte y logró
calmarla- Conserva tus fuerzas; estaré pronto contigo.
- ¿Jacques vive? –sintió que un dolor punzante le atravesaba la
cabeza al enviar el mensaje.
- Gracias a ti. Descansa –era una orden; una orden implacable y
clara.
Una pequeña sonrisa se dejó adivinar en la comisura de los labios de
Raven.
- Hábleme, Padre; distráigame –estaba muy débil, pero no quería que
el anciano lo percibiera.
- Hablaré en voz baja para que no nos escuchen –dijo Edgar junto a
su oído- Tom vendrá, tú lo sabes. Jamás nos abandonaría en este
lugar –frotaba los brazos de Raven con sus manos en un intento de
calentar su fatigado cuerpo.
Raven asintió con la cabeza, una difícil tarea teniendo en cuenta que
parecía estar hecha de plomo.
- Lo conozco; daría su vida por nosotros sin pensárselo.
- Tú eres su compañera; sin ti, se convertiría en el vampiro de
nuestras leyendas, un monstruo sin comparación en la historia de la
humanidad.
Raven luchaba, esforzándose en respirar.
- No se lo crea del todo, Padre. Nosotros tenemos nuestros propios
monstruos; yo los he visto, los he seguido. Son igual de malvados –
dijo acercándose aún más la manta al cuerpo -¿Ha visto alguna vez a
Gregori, al amigo de Tom?
- Lo llaman el Oscuro. Lo he visto una vez, sí. Tom ha expresado
su temor por él con frecuencia.
La respiración de Raven se oía en el silencio de la celda, un sonido
sibilante al llenar de aire sus pulmones.
- Él es un gran sanador, Padre –dijo con otro jadeo- Y es leal a
Tom. ¿Cree usted que hay esperanza para su raza?
El padre hizo la señal de la cruz en la frente de Raven y en la parte
interna de sus muñecas.
- Tú eres su esperanza, Raven. ¿Lo sabes?
Tom rozó entonces su mente. Estaba más cerca y el vínculo entre
ellos era muy poderoso. Le envió oleadas de amor, envolviéndola en
su protector y fuerte abrazo.
- Aguanta, mi amor –la voz de Tom era seductora y acariciaba
suavemente su mente como el terciopelo. Terciopelo negro.
- No vengas a este horrible lugar. Espera a Gregori –le suplicó.
- No puedo, pequeña.
Las luces se encendieron y se apagaron varias veces en la habitación,
alguien estaba poniendo en marcha un generador de corriente. La
mano de Raven encontró la del párroco.
- Intenté detenerlo, Padre, advertirle, pero vendrá de todas formas.
- Por supuesto que va a venir –los ojos de Edgar parpadearon bajo la
repentina luz. El Padre Hummer estaba preocupado por Raven, su
respiración era entrecortada y dificultosa.
La pesada puerta crujió con un ruido metálico al ser abierta de par en
par. James Slovensky los miraba; sus ojos se quedaron atrapados en
el rostro de Raven inevitablemente atraídos por él. Los ojos azules lo
miraron directamente.
- ¿Qué te ocurre? –preguntó.
Una ligera y burlona sonrisa apareció en sus dulces labios.
- Estoy muriendo. Creo que es evidente incluso para ti –su voz era
apenas un susurro, pero con tal cadencia musical que era imposible
no caer bajo su seducción.
Slovensky entró en la habitación. Raven podía sentir a Tom en el
interior de su propio cuerpo, su fuerza, su poder, agazapado para
golpear. También sintió una repentina inquietud.
- Espera; el vampiro se acerca –jadeó de nuevo, introduciendo aire
en sus pulmones, y el angustioso sonido resonó en la celda.
La mano de André apartó sin cuidado alguno a Slovensky como si
apartara a una mosca. Estaba plantado en la puerta, su piel rosada
era producto de una muerte reciente. Sus ojos no tenían ningún
brillo, pero dejaban ver el odio, una promesa despiadada de crueldad.
- Buenos días, querida mía. Soy André, recién llegado para
trasladarte a tu nuevo hogar.
Se deslizó por la habitación, disfrutando claramente ante la exhibición
de sus poderes. Al aproximarse, los ojos se le oscurecieron por la ira.
- Te ordené que usaras al cura para alimentarte.
- Te ordené que te fueras al infierno –dijo con su voz dulce y musical,
acosándolo deliberadamente.
- Aprenderás que es mejor obedecerme –espetó. Enfadado por su
desafío, cogió al anciano por la pechera de la camisa y lo arrojó
contra el muro de piedra. Sin pensar; fríamente; sin importarle las
consecuencias -si no lo vas a usar de alimento, no lo queremos para
nada ¿verdad? –dijo con una sonrisa claramente diabólica.
El cuerpo del Padre Hummer había caído al suelo con fuerza,
golpeándose en el cráneo, que crujió con el impacto. Jadeó una sola
vez, buscando aire, suspiró muy quedamente y se negó a seguir
luchando.
Raven reprimió un chillido, luchó por respirar; su dolor era tan
imposible de soportar que, por un momento, su mente se negó a
funcionar.
- Tom, lo siento. Yo lo enfurecí, todo es por mi culpa.
Sintió que el amor de Tom la rodeaba, que sus dedos acariciaban
su rostro.
- No, mi amor.
Raven pudo sentir como el sufrimiento de Tom se mezclaba con el
suyo propio. Alzó los ojos azul-violeta para enfrentarse al vampiro.
- Y ahora, ¿cómo esperas tenerme bajo control?
El vampiro se agachó sobre ella, su sonrisa era malvada, su aliento
apestaba.
- Aprenderás. Ahora, aliméntate.
Chasqueó los dedos y Slovensky casi se tropezó con sus propios pies
al salir corriendo de la habitación, para regresar al instante con vaso
de un líquido viscoso y oscuro. Le temblaban las manos cuando se lo
entregó al vampiro con mucho cuidado de no acercarse a las garras,
semejantes a las de un ave de presa.
- Es para ti, querida mía. Tu desayuno –el vampiro sostuvo el vaso lo
suficientemente cerca para que ella oliera el contenido. Sangre fresca
adulterada con algo más, con una hierba que no conocía.
- ¿Drogas, André? ¿No es eso un truco muy bajo para alguien como
tú? –tenía que seguir luchando a cada momento para poder respirar y
a la vez tragarse el dolor por la muerte del anciano. Si no hubiera
enfurecido al vampiro tal vez…
El rostro del vampiro se contorsionó de furia cuando Raven pronunció
su nombre con tanto desprecio, pero se limitó a mirarla fijamente,
sumiéndola en un trance para que lo obedeciera.
Despreciándolo como ella lo hacía, temerosa por Tom y abatida de
dolor por la muerte de su amigo y el estado de Jacques, Raven tuvo
que apelar a todas las fuerzas que le quedaban para librar esta
batalla mental con el vampiro. El dolor casi le hacía estallar la cabeza
en pedazos y sólo cuando André vio su que su frente estaba cubierta
por pequeñas gotas de sangre, desistió.
El vampiro dejó a un lado la ira que le provocaba la rebeldía de
Raven. Estaba muy cerca de la muerte, y si ella desaparecía sus
planes se vendrían abajo.
- Morirás si no te alimentas. Sé que Tom sabe lo que ocurre; ¿me
estás escuchando, Príncipe? Ella se muere. Oblígala a aceptar lo que
le ofrezco.
- Debes hacerlo, pequeña –la voz de Tom era una tierna caricia- Si
no lo haces, morirás antes de que yo llegue, y lo más importante,
más que cualquier cosa, es que tú sigas con vida.
- La sangre está adulterada con alguna droga.
- Las drogas no tienen efecto sobre los nuestros.
Raven suspiró y miró de nuevo al vampiro.
- ¿Qué hay además de la sangre en el vaso?
- Sólo hierbas, querida mía, hierbas que nublarán un poco tus
sentidos, pero que conseguirán que mis amigos tengan muchísimo
tiempo para estudiar a fondo a Tom; lo mantendrán con vida,
como prisionero, aquí. ¿No es eso lo que quieres? ¿Qué él
permanezca con vida? La alternativa es matarlo de inmediato –la
amenazó tendiéndole el vaso.
Se le hizo un nudo en el estómago al intentar oponerse. Pero sería
mucho más sencillo si cerraba los ojos y dejaba de luchar por
respirar. Apenas podía soportar el dolor de cabeza; era la responsable
de las graves heridas de Jacques y de la muerte del Padre Hummer. Y
lo peor de todo, su amado Tom se dirigía presuroso a los brazos
del enemigo por su culpa. Si simplemente dejara de…
- ¡No! –gritó Tom con voz áspera e implacable.
- ¡No lo hagas! –dijo Gregori, sumando su fuerza a la protesta de
Tom.
El vampiro cerró las manos alrededor del cuello de Raven, furioso de
que ella hubiera elegido la muerte en claro desafío hacia él. El roce de
aquellas manos hizo que la piel de Raven se erizara y su estómago se
encogiera como protesta. Súbitamente, el vampiro gritó y se alejó
con un salto de ella, su rostro estaba contraído por el dolor y la ira.
Raven vio que tenía las palmas de las manos chamuscadas y
ennegrecidas, aún humeantes mientras se las llevaba al pecho de
forma protectora. Tom había enviado su propio desafío en forma
de advertencia.
- Crees que va a ganar –espetó el vampiro- pero no será así. ¡Bebe
ahora mismo! –sus manos la agarraron de la muñeca y sujetaron la
mano.
La mente de Raven chillaba y se hacía añicos ante la proximidad del
demoníaco ser. El cuerpo doblado del Padre Hummer yacía a la vista,
para el vampiro no era más que un montón de basura. Si tocaba a la
horrenda criatura, podría leer sus pensamientos; pero era, con
diferencia, el ser más depravado con el que ella se había enfrentado
jamás.
La droga la confundiría lo suficiente como para hacerla creer que le
pertenecía; Tom viviría, pero sufriría el tormento y el dolor, estaría
demasiado dolorido como para atacar a sus captores. Slovensky
disfrutaba torturando; su hermano estaba deseoso de diseccionar a
un vampiro y experimentar con él. André estaba seguro que ambos
hermanos morirían a manos de los vengativos súbditos de Tom.
Raven lo leyó todo, la traición y el horrible plan del no-muerto.
- ¡Tom! ¡No te acerques a este lugar! –gritó resistiéndose a la
orden de beber la sangre adulterada, luchando enfebrecidamente por
liberarse del inmundo roce del vampiro- No permitiré que caigas en
sus manos. Antes elegiré la muerte.
- ¡Bebe! –el vampiro empezaba a preocuparse; el corazón de Raven
latía con dificultad. Una película de sudor carmesí perlaba su frente,
sinónimo de su agonía.
- Jamás –dijo Raven apretando los dientes.
- Se muere, Tom. ¿Esto es lo que quieres para ella? Se muere en
mis brazos, conmigo, y de todas formas ya he ganado –dijo André
mientras agitaba a Raven con furia- Él se suicidará en el mismo
momento en el que la vida te abandone, ¿eres tan estúpida que no te
das cuenta? Él morirá también.
Los ojos azul-violeta buscaron el descarnado rostro.
- Te destruirá primero –dijo con total convicción.
- Amor mío –el tono de voz de Tom era terciopelo negro que
calmaba su dolorida mente- Debes permitir que yo tome las
decisiones en este asunto; no me dejas más opción que obtener tu
sumisión. Esta decisión debería ser de los dos, pero no eres capaz de
ver más allá de la amenaza que se cierne sobre mí. André no puede
desafiarme; créeme, aférrate a esa idea. No puede separarnos; yo
vivo en ti, igual que tú vives en mí; él no entiende nuestro vínculo.
Juntos somos demasiado fuertes para él. Le dejaré que me capture.
Yo lo permitiré, eso es todo.
André supo el momento exacto en el que la voluntad de Tom ganó
la partida. Raven permitió que le acercara el vaso a los labios; pero
aún sumida en el trance, su cuerpo intentaba rechazar el alimento; el
vampiro notaba los espasmos del estómago de Raven en protesta.
Gracias al vínculo que los unía, Tom pudo calmar a su compañera
lo suficiente para que aceptara lo que André le ofrecía.
De forma inmediata, el corazón y los pulmones respondieron al
sustento. La respiración se hizo menos laboriosa y el cuerpo de Raven
empezó a tomar temperatura. Cuando Tom la liberó del trance,
Raven intentó alejarse del vampiro, pero sólo consiguió que él
aumentara la presión de sus brazos sobre su cuerpo y que frotara
deliberadamente su cara contra la suya. Su risa fue cruel y
jactanciosa.
- Creías que él era fuerte, ¿verdad? Ya ves, salta en cuanto chasqueo
los dedos.
- ¿Por qué estás haciendo esto? ¿Por qué lo traicionas?
- Es él el que traiciona a todos los nuestros.
En ese momento, Tom atravesó la puerta a grandes zancadas, alto
y fuerte, parecía invencible. Slovensky se encogió contra la pared,
intentando pasar desapercibido. André presionó una afilada garra
sobre la yugular de Raven.
- Ten mucho, mucho cuidado, Tom. Podrías matarme, eso está
fuera de toda duda, pero ella moriría primero –y con esta amenaza,
acercó de un tirón a Raven, colocándola delante de su cuerpo
mientras la levantaba del suelo. Las mantas cayeron revueltas al
quedar Raven colgada, totalmente desamparada, con los ojos fijos en
Tom.
La sonrisa de Tom fue tierna y afectuosa cuando le devolvió la
mirada.
- Te amo, pequeña. Sé valiente. ¿Qué quieres, André? –preguntó con
suave y profunda cadencia.
- Quiero tu sangre.
- Se la daré a Raven, para que reponga toda la que perdió.
Raven sentía su corazón martillear en el pecho. De forma deliberada,
se recostó sobre André, permitiendo que la garra se hundiera en su
carne. Una gota de sangre descendió por su cuello. El vampiro la
apretó todavía más, aún arriesgándose a fracturarle las costillas.
- No vuelvas a hacer otra estupidez como esa –dijo a modo de
regaño, centrándose de nuevo en Tom- No puedes acercarte lo
suficiente como para darle sangre. Viértela en un recipiente.
Tom negó con la cabeza con movimientos muy lentos.
- Quiere mi sangre para él, amor, para ser más poderoso, para poder
aumentar el efecto de la droga y confundir aún más tu mente –él ya
podía sentir el efecto de la droga en Raven; pero ella luchaba para
permanecer unida a él- No puedo darle mi sangre –el eco de las
palabras resonó tristemente en la cabeza de Raven.
Ella buscó mentalmente a Gregori.
- Debes venir.
- La droga que te ha dado es antigua –le explicó Gregori, sus
palabras acariciaban su mente con ternura- está hecha de pétalos
prensados de una flor que sólo se encuentra en la región
septentrional de nuestra tierra. Tan sólo te desorientará, nada más.
El vampiro intentará implantar nuevos recuerdos en tu mente y usará
el dolor para controlarte. Ha establecido un lazo de sangre contigo, y
por eso puede controlarte; cuando pienses en Tom, te infligirá
dolor. Pero no es a causa de la droga, es André. Oculta tus
pensamientos en tanto te sea posible para poder conservar tus
fuerzas. Cuando te pongas en contacto con Tom, como tu cuerpo y
tu mente te lo exigen, André no lo sabrá. Eres capaz de enfocar tus
pensamientos mejor que cualquier miembro de nuestra especie. El
vampiro no tiene la menor idea de nuestro vínculo; puedo
encontrarte en cualquier lugar. En cuanto acabe de atender a
Jacques, iré junto a Tom. Tienes mi palabra de que Tom
sobrevivirá. Te encontraremos. Mantente con vida por el bien de
todos nosotros.
El vampiro y Tom se miraban fijamente, cada uno a un lado de la
habitación. El poder emanaba de cada poro de Tom; parecía
descaradamente divertido por el dilema que se le presentaba al
vampiro.
Una vibración malévola distorsionó la tensión existente en la
habitación, golpeando con fuerza en las sienes de Raven.
- ¡Tom! –gritó la advertencia directamente a su mente mientras
Slovensky disparaba tres veces sobre él. En la pequeña celda, el
ruido de los disparos sonó como un trueno que retumbara sobre la
pared rocosa. Las balas penetraron por la espalda de Tom y cayó
junto al cuerpo del Padre Hummer, su valiosa sangre manchaba de
un intenso color carmesí su inmaculada camisa de seda blanca.
- ¡No! –Raven luchó fervientemente con el vampiro, el miedo le daba
las fuerzas que la pérdida de sangre le había arrebatado. Por un
instante, estuvo a punto de liberarse, pero, de nuevo, las manos del
vampiro tiraron de ella hacia atrás y rodearon con fuerza su cuello.
Raven luchó contra el pánico que la invadía. No podía dejar que la
matara.
- Gregori, Tom ha caído. Le han disparado.
- Lo sé. Todos los nuestros lo han sentido; no te preocupes. No
morirá –Gregori se acercaba- Tuvieron mucho cuidado de dispararle
en lugares donde sangrara profusamente, no lo hirieron de muerte
como a Jacques. En este momento me está informando de la
gravedad de sus heridas.
El vampiro arrastró a Raven hasta la puerta junto a él.
- Los otros vendrán, pero será demasiado tarde. No creas que se va a
librar de esta –siseó en su oído- Slovensky y los otros morirán por
esto, y con ellos desaparecerán todas las pistas de lo que ha ocurrido
aquí. Serás mía, muy lejos de aquí, donde no puedan encontrarte.
Raven mantuvo la mirada fija en Tom, transmitiéndole a Gregori, a
través de sus ojos todo lo que veía: Slovensky atando a Tom de
pies y manos para encadenarlo a la pared, mientras se reía a
carcajadas, burlándose y dándole patadas. Tom permanecía en
silencio, sus ojos brillaban oscuros, fríos como el hielo.
El vampiro alzó el delgado cuerpo de Raven y corrió con enorme
velocidad, imposible de seguir aún con la vista. Se alejó de aquel
lugar de muerte y destrucción, elevándose por el cielo y asiendo a
Raven con las garras mientras se adentraba en la noche.
Gregori penetró con facilidad en la mente de Tom. A lo largo de
siglos de batallas, guerras y cazas de vampiros habían intercambiado
sangre en muchas ocasiones para asegurar sus vidas. Tom sentía
dolor y su pérdida de sangre era considerable; los disparos habían
sido un intento de mermar su inmenso poder. Slovensky estaba
ocupado burlándose de Tom, describiéndole gráficamente las
torturas a las que sería sometido. En los ojos negros de Tom
empezó a latir una espectral llama rojiza, una mirada llameante que
enfocó directamente a Slovensky según se aproximaba. El poder que
encerraba aquella mirada dejó paralizado al hombre por un instante.
- Aprenderás a odiarme, vampiro –le espetó James Slovensky- Y a
temerme; aprenderás quién tiene aquí el poder.
Una ligera y mordaz sonrisa asomó a los labios de Tom.

- No te odio, mortal. Y jamás podría tenerte miedo; eres un simple peón en este juego, y ya has sido sacrificado –moduló su voz con un
tono muy bajo, una cadencia musical que dejó a Slovensky sumido
en una especie de trance, deseando volver a escucharla.
El hombre se arrodilló al lado de su víctima, sonriendo con placer al
ver el dolor de Tom.
- André nos entregará a todos los tuyos, chupasangre.
- ¿Y por qué iba a hacerlo? –dijo Tom con los ojos cerrados, su
rostro estaba surcado de arrugas y tenso, pero la débil sonrisa aún
curvaba sus labios.
- Tú lo transformaste, lo obligaste a llevar una vida impía; igual que
hiciste con la mujer. Él va a intentar salvarla –Slovensky se inclinó un
poco más, acercando su daga- Creo que debería sacarte esas balas;
no queremos que se te infecten las heridas ¿verdad? –dijo con una
risilla tonta, disfrutando con la anticipación.
Tom no retrocedió ante la hoja del puñal; mantuvo los ojos
abiertos, llameando con su fuerza. Slovensky cayó de espaldas y de
rodillas, tambaleándose, consiguió acurrucarse sobre la pared más
lejana. Rebuscando en el abrigo, sacó la pistola y apuntó con ella a
Tom.
En ese momento, la tierra tembló levemente, como si fuese
acumulando poder para levantar el suelo en un solo punto y de
repente, explotar. Slovensky se agarró a la pared para mantener el
equilibrio y perdió la pistola con los movimientos. Una piedra se
desprendió del muro sobre su cabeza, cayendo peligrosamente cerca,
justo a su lado. Una segunda y después una tercera roca cayeron, y
Slovensky tuvo que cubrirse la cabeza ante la avalancha de piedras y
polvo.
Su grito fue alto y muy agudo. Se acurrucó aún más, y miró a través
de los dedos de la mano al hombre de los Cárpatos amarrado a la
pared. Tom no se había movido en busca de protección; yacía
inmóvil, en la misma posición que Slovensky lo había dejado, lo
miraba fijamente. Sudando por el miedo, el hombre intentó
abalanzarse sobre la pistola.
El suelo se elevó y se agitó bajo sus pies, la pistola fue a parar,
dando tumbos, lejos de su alcance. La pared volvió a oscilar con
precariedad y una nueva avalancha de rocas cayó al suelo, golpeando
al hombre en la cabeza y en los hombros, aplastándolo contra el
suelo. Entonces se percató de algo curioso y terrorífico; ni una sola
piedra rozaba el cadáver del párroco y ninguna se acercaba a Tom.
El hombre de los Cárpatos se limitaba a observarlo con aquellos
malditos ojos y la mordaz sonrisa mientras las piedras caían sobre
sus piernas y le aplastaban la espalda. Entonces se oyó un espantoso
crujido y Slovensky chilló al sentir el tremendo peso que cayó sobre
su columna.
- Maldito seas –gruñó Slovensky- Mi hermano te atrapará.
Tom no dijo nada, sólo contemplaba los estragos que Gregori
estaba causando. Él habría matado a James Slovensky de un golpe,
sin el dramatismo que exhibía Gregori cuando algo le encolerizaba,
pero estaba cansado y su estado era muy precario. No tenía ningún
deseo de desperdiciar sus ya mermadas fuerzas; Raven estaría en
manos del vampiro durante el tiempo que Gregori empleara para
sanarlo. No podía permitirse imaginar lo que André podía hacerle. Su
cuerpo se sacudió y el dolor lo atravesó. Más rocas cayeron en
venganza sobre el cuerpo de Slovensky, cubriéndolo como una
manta, formando una macabra tumba.
Gregori entró en la habitación con su peculiar forma de desplazarse,
silenciosa y elegante, el poder colgaba de él como una segunda piel
mientras se acercaba a grandes pasos por la grieta del muro.
- Esto se está convirtiendo en una mala costumbre.
- ¡Oh, cállate! –dijo Tom sin rencor.
Gregori tocó con mucha suavidad las heridas, inspeccionándolas.
- Sabían lo que estaban haciendo. Los disparos buscaron lugares
donde sangraras hasta casi morir, no querían tocar ningún órgano
vital –en décimas de segundo, liberó a Tom de las ataduras y de
las cadenas. Le tapó las heridas con tierra para detener posibles
hemorragias.
- Ve a ver al Padre Hummer –dijo Tom con voz débil.
- Está muerto –contestó Gregori sin apenas mirar el cuerpo
quebrado.
- Asegúrate –era una orden, y Tom jamás ordenaba nada a
Gregori, su relación jamás lo había necesitado.
Durante un momento se contemplaron el uno al otro con los ojos
brillantes.
- Por favor, Gregori, si hay una sola posibilidad… -dijo Tom
cerrando los ojos.
Moviendo la cabeza como censura por el retraso, Gregori, cumpliendo
con su deber, se acercó al desmadejado cuerpo e intentó encontrar
su pulso. Sabía que sería inútil, y también sabía que Tom era
consciente de ello, pero aún así, lo comprobó.
- Lo siento Tom. Se ha marchado.
- No quiero dejarlo en este lugar.
- No hables más y déjame hacer mi trabajo –refunfuñó Gregori,
colocando a Tom sobre el suelo –Toma mi sangre mientras cierro
estos agujeros.
- Encuentra a Raven.
- Toma mi sangre, Tom. El vampiro no le hará daño; esta noche
tendrá paciencia. Debes estar fuerte para cazarlo. Bebe lo que te
ofrezco libremente; no me gustaría sumirte en un trance para
obligarte a hacerlo.
- Eres un pelmazo, Gregori –se quejó Tom mientras cogía
obedientemente la muñeca que el sanador le ofrecía. La sangre de
Gregori era antigua, como la de Tom; ninguna otra lo sanaría con
más rapidez. Todo se quedó en silencio mientras Tom se
alimentaba, reponiendo lo que había perdido. Gregori apartó su
muñeca ligeramente, sabiendo que necesitaría de todas sus fuerzas
para llevar a su Príncipe a un lugar seguro y curarlo.
- El párroco vendrá con nosotros –insistió Tom. Una oleada de
calor derritió el hielo que se extendía por su cuerpo, dejándolo
hambriento y necesitado. Su mente buscó a su compañera, la
necesidad de sumergirse en su mente fue compulsiva.
La mente de Raven explotó de dolor al penetrar en ella. Tom se
retiró jadeando, con una mirada agonizante que buscaba explicación
en los pálidos ojos de Gregori.
- Duerme ahora, Tom. Pronto saldremos de caza. Primero debemos
ocuparnos de estas heridas –le ordenó Gregori con su hipnótica voz.
Y empezó a recitar una letanía monótona, en una lengua antigua
como el mundo – Escucharás mis palabras, deja que la Madre Tierra
te acoja en sus brazos. La tierra sanará tus heridas y calmará tu
mente. Duerme, Tom. Mi sangre y la tuya son muy poderosas
cuando se mezclan. Siente como curan tu cuerpo.
Gregori cerró los ojos, fundiéndose por completo con Tom,
fluyendo en el interior del cuerpo de su amigo para poder localizar
cada herida, expulsar cualquier cuerpo extraño y reparar todo el daño
desde el interior hacia el exterior, con la precisión del más habilidoso
de los cirujanos.
Un enorme búho con grandes plumas a modo de cuernos sobre la
cabeza, sobrevoló en círculos el ruinoso edificio, posándose después
en el muro a medio derribar; plegó las alas despacio y con los
redondos ojos estudió con precisión la escena que se desarrollaba en
el interior. Las garras se relajaron, ocultándose. Gregori alzó la
cabeza al regresar a su propio cuerpo. Pronunció el nombre de su
congénere en voz baja, reconociéndolo al instante.
-Aidan.
El cuerpo del búho se expandió, emitió unos tenues destellos y
apareció la figura de un hombre alto, de pelo rubio con brillantes ojos
dorados; su apariencia física era inusual entre la Raza de los
Cárpatos. Su cuerpo se movía con precisión militar, sus ademanes
eran seguros y firmes.
- ¿Quién osó hacer esto? –Preguntó- ¿Qué ha ocurrido con Jacques y
con la mujer de Tom?
Gregori soltó un bufido, los pálidos ojos grises se clavaron como
puñales en los de Aidan.
- Tráeme tierra húmeda y prepara el cadáver del párroco –Gregori
volvió al trabajo cuando Byron llegaba. Lentamente, sin ningún tipo
de prisa, la hermosa y antigua letanía llenaba la noche de esperanza
y de promesas. Nadie hubiera creído que estaba trabajando en contra
del tiempo, Tom necesitaba estar en pie esa misma noche.
Aidan trajo consigo la tierra más rica que pudo encontrar; retrocedió
unos pasos para contemplar ensimismado a Gregori mientras este
trabajaba. Los emplastos fueron cuidadosamente mezclados y
aplicados sobre las heridas externas. El viento se llevó el polvo y la
suciedad del montón de piedras, pero les trajo una advertencia a los
hombres de los Cárpatos; dos humanos se aproximaban en un
camión.
Byron se arrodilló junto a Edgar Summer, pasando las manos
respetuosamente por el rostro del párroco y lo alzó en brazos.
- Lo dejaré en tierra sagrada, Gregori, y destruiré esos dos cuerpos
que quedaron junto a la cabaña.
- ¿Quién hizo esto? –repitió Aidan.
Gregori se limitó a enviar la información directamente a la mente de
Aidan, sin preocuparse en mantener una conversación audible.
- Conozco a André desde hace muchos siglos –dijo Aidan- Es unos
cincuenta años más joven que yo. Luchamos juntos en más de una
batalla. Son tiempos desesperados para todos.
Aidan se deslizó sobre los muros derrumbados, sus ojos dorados
brillaban en la oscuridad. Cada hoja de los árboles refulgía como la
plata bañada a la luz de la luna, pero Aidan había perdido hace
mucho la habilidad de ver los colores. Su mundo era oscuro y gris, y
así seguiría hasta que hallara a su compañera o buscara el descanso
del amanecer. Aspiró el aire de la noche, captó el olor de la caza, el
hedor de la muerte, el incauto olor del hombre. El olor a gasolina y a
humo del motor del vehículo que se aproximaba, enturbiaba la pureza
del aire.
Se movió a través de la línea de robles, luchando por reprimir el
helado instinto depredador que exigía sangre en venganza por las
atrocidades cometidas por uno de los suyos. Su raza, cuyo estado era
tan precario que estaba al borde de la extinción, no podría resistir
otra cacería de vampiros. Todos y cada uno de los hombres que aún
luchaban contra la oscuridad habían depositado sus esperanzas en la
supervivencia de la mujer de Tom. Si era capaz de adaptarse a su
forma de vida, si era en realidad una verdadera compañera y traía al
mundo hijas lo suficientemente fuertes para sobrevivir durante el
primer año, entonces, todos los hombres de los Cárpatos tendrían
una oportunidad. Sería cuestión de esperar y registrar el mundo en
busca de mujeres como Raven. La traición de André les afectaba a
todos, era el peor ultraje que podía cometer.
La niebla se espesó, opresiva, formando un velo casi impenetrable
que envolvía los árboles y ocultaba la carretera. Los frenos chirriaron
de forma desagradable cuando el conductor detuvo el vehículo, era
incapaz de distinguir nada a través de la densa niebla. Aidan se
acercó sin ser visto, un depredador peligroso acechando a su víctima.
- ¿Cuánto falta para que lleguemos, Tío Gene? –era la voz de un
muchacho, nervioso y emocionado, suspendida en el viento.
- Tenemos que esperar a que la niebla sea menos espesa, Donny –la
segunda voz sonaba intranquila- Suele pasar a menudo que de
repente la niebla aparezca y lo cubra todo. No es buena idea estar
fuera cuando ocurre.
- ¿Cuál es mi sorpresa? ¿No me lo puedes decir? Le dijiste a Mamá
que tenías una sorpresa de cumpleaños que jamás olvidaría. Te oí.
Aidan pudo verlos entonces. El conductor tendría unos treinta años, el
chico no más de quince. Aidan los observó atentamente, la necesidad
de matar rugía en sus venas y recorría su cuerpo. Sentía el poder en
cada una de sus terminaciones nerviosas que le recordaban que
estaba vivo.
El hombre estaba muy nervioso, escrutaba la niebla por todas las
direcciones, aunque apenas si podía ver nada tras el grueso velo
blanco. Durante un instante, vio unos ojos hambrientos y brillantes,
casi dorados; eran ojos animales –los ojos de un lobo- que los
vigilaban desde la oscuridad de la noche. Su corazón se aceleró y se
le secó la boca. Acercó de un tirón al chico para protegerlo.
- Tu Tío James la tiene guardada para ti.
Tuvo que aclararse la garganta dos veces antes de poder pronunciar
una sola palabra. Sabía que corrían serio peligro, sabía que un
depredador esperaba para desgarrar sus gargantas.
- Vamos andando hasta el refugio de caza, entonces, Tío Gene. No
puedo esperar para probar mi nuevo rifle. Vamos, no está tan lejos –
lo engatusó el chico.
- No con esta niebla, Donny. Hay lobos en estos bosques; y otras
cosas. Es mejor esperar aquí hasta que podamos ver –dijo el hombre
con firmeza.
- Tenemos pistolas –contestó el chico de mal humor- ¿No las trajimos
para eso?
- He dicho que no. Las pistolas no siempre te mantienen a salvo,
chico.
Aidan controló los salvajes instintos; el chico no había llegado aún a
su madurez. Quienes quiera que fuesen esos mortales, no los mataría
a menos que su vida o la de los suyos estuviera en peligro. No se
convertiría en un vampiro, en un traidor; matar se estaba
convirtiendo en algo sencillo, una especie de seducción poderosa. El
viento azotó las hojas y ramas a su alrededor, formando un remolino.
Gregori se materializó a su lado, llevaba en brazos a Tom, pálido y
sin vida.
- Marchémonos de este lugar, Aidan.
- Si el adulto es Eugene Slovensky, estará muy ocupado esta noche.
Su hermano está muerto bajo una montaña de rocas, un intercambio
por la vida del párroco de Tom.
- No me atreví a matarlos –repitió Aidan, admitiéndolo más para sí
mismo que para Gregori.
- Si es Slovensky, merece morir, pero doy gracias de que hayas
resistido tus instintos, de que conozcas el riesgo que supone para ti.
Has viajado lejos cazando a los no-muertos para proteger a los
nuestros. La oscuridad de tu alma lo dice.
- Camino al borde del abismo –reconoció Aidan en voz baja, sin
disculparse- Cuando hirieron a la mujer de Tom hasta casi matarla,
todos los nuestros sintieron la furia de nuestro Príncipe, en cualquier
lugar remoto donde se encontraran. La turbulencia fue extraña,
única, y sentí que necesitaba investigarla. Volví para comprobar que
su sabiduría sigue guiando a nuestra raza. Y también creo que esta
mujer es la esperanza de un futuro.
- También yo lo creo. Quizás establecerte en un nuevo país te ayude
y te alivie. Necesitamos un cazador experimentado en los Estados
Unidos.
Con la niebla aún muy densa, para prevenir la intromisión de los
humanos, Aidan desvió su atención hacia el edificio, cuidadosamente
construido. Elevó la mano y con un movimiento, la tierra tembló y se
agitó. El edificio se desplomó, quedando sólo en pie las rocas que
señalaban la reciente tumba.
Gregori se internó en la niebla, cargando con Tom y con Aidan a su
lado. Cruzaron el cielo oscuro hasta llegar a las cuevas, donde el
resto de los fieles súbditos de Tom había llegado, uno tras otro,
para ayudar a curar a su Príncipe.




HOLA!!! AQUI ESTA EL CAP .. QUE ESTEN BIEN ... YA ESTE EL EL ANTEPENULTIMO CAPITULO ... SI USTEDES QUIEREN QUE AGREGE LA SIGUIENTE NOVELA DE LA SERIE ME DICEN PARA IRME PREPARANDO ;)) ... SIN MAS QUE DECIR ME DESPIDO ... HASTA PRONTO 

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