viernes, 15 de enero de 2016

# 10

CAPITULO # 10.-
Raven se despertó sollozando, con los brazos entrelazados alrededor del
cuello de Tom, apretándolo contra ella y derramando lágrimas ardientes
sobre su amplio pecho. Tom tiró de ella para acercarla aún más, de forma
protectora, sujetándola tan fuerte que temía hacerle daño. Raven parecía
tan frágil y ligera, tan dispuesta a alejarse volando de él. La dejó llorar
mientras le acariciaba el pelo para tranquilizarla.
Cuando empezó a calmarse, le susurró palabras tiernas en su propio idioma,
palabras tranquilizadoras y de esperanza. Finalmente, Raven se relajó en el
refugio de su abrazo, destrozada y exhausta.
- Nos llevará tiempo, pequeña, pero concédenos una oportunidad. Podemos
hacer cosas maravillosas. Piensa en las cosas con las que podrás disfrutar,
transformarte en un animal, volar con los pájaros o correr libremente con
los lobos.
Raven se llevó su pequeño puño a la boca para ahogar un sonido estrangulado,
mezcla de pánico y de risa histérica. Tom acarició la parte superior de su
cabeza con la barbilla.
- Jamás dejaré que te enfrentes a todo esto sola. Apóyate en mi fuerza.
Raven cerró los ojos ante otra oleada de histeria.
- Ni siquiera comprendes la enormidad de lo que has hecho. Me has
arrebatado mi propia identidad. ¡No, Tom! Te siento protestar en mi
mente. ¿Qué pensarías si de repente te despertaras como un humano, si
jamás volvieras a ser un hombre de los Cárpatos? Incapaz de volver a
correr libremente o de volar. Sin poderes especiales, sin poder curarte con
la tierra, sin la habilidad de poder comunicarte con los animales. Tu propia
esencia habría desaparecido. Tendrías que comer carne para sobrevivir –
sintió el repentino asco de Tom – Ya ves, tu raza considera asquerosa la
simple idea de hacerlo. Tengo miedo. Contemplo el futuro y me aterroriza,
soy incapaz de pensar. Oigo cosas, siento cosas. Yo… - su voz se apagó antes
de seguir reconociendo sus sentimientos - ¿No lo ves Tom? no puedo
hacer esto, ni siquiera por ti.
Tom pasó los dedos por la larga melena de Raven, y dibujó una senda por
su rostro.
- Has probado a hacer poca cosa. Dormiste profundamente y nadie te
molestó – no le dijo que había tomado sangre dos veces más mientras estaba
dormida, que su cuerpo ya había superado la fase del cambio y se había
desecho de todas las toxinas humanas. Se dio cuenta que Raven debía
conocer ciertos aspectos de su forma de vida muy despacio - ¿Deseas que
ambos busquemos el descanso eterno?
Raven le golpeó el pecho con el puño cerrado.
- ¡Nosotros no Tom!, solo yo.
- No hay tú o yo. Sólo existe el nosotros.
- Ya no sé quién o qué soy – dijo suspirando para tomar aire y relajarse.
- Eres Raven, la mujer más valiente y hermosa que he conocido jamás – lo
dijo con sinceridad, apartándole el sedoso pelo del rostro.
Raven estaba tensa, casi rígida por la necesidad de rechazar las tranquilas
afirmaciones de Tom.
- ¿Puedo sobrevivir sin tomar sangre? ¿Tomando zumos y cereales?
La mano de Tom buscó la de Raven y entrelazó los dedos con los de ella.
- Me gustaría que fuera así, pero no lo es. Deberás tomar sangre para
sobrevivir.
Raven dejó escapar un pequeño sonido como negativa, replegándose sobre sí
misma, sentándose encorvada lejos de él. Era demasiado inverosímil,
demasiado aterrador para poder comprenderlo. Se aferraba a la idea de que
todo era una pesadilla.
Tom se sentó en la cama, dejándola que se alejara y así él pudiera
apartar la sábana de su delgado cuerpo. La mente de Raven bloqueaba
cualquier posible explicación que él le proporcionaba. Intentando distraerla,
se inclinó sobre ella para examinar cada una de las pálidas cicatrices.
- Tus heridas casi están curadas.
Se incorporó a medias, atónita.
- Eso es imposible.
Tom apartó las manos para que ella pudiera verlas. Los ojos se le
agrandaron, incrédulos, mientras que los de Tom se transformaron en
brasas ardientes, recorriendo con ardor los pechos desnudos. Raven se
mordió el labio inferior mientras el rubor se extendía por todo su cuerpo.
Agarró la sábana y dándole un tirón volvió a cubrirse.
Tom mostró los dientes blancos en una sonrisa depredadora, pura
seducción masculina. Se inclinó aún más sobre el cuerpo de Raven de modo
que acarició su oreja con la boca mientras le hablaba, su aliento era cálido,
seductor y sensual.
- He besado cada centímetro de tu cuerpo. He estado en todos los rincones
de tu mente – dijo mientras mordisqueaba el lóbulo de la oreja de Raven
haciendo que un estremecimiento le recorriera la espalda – debo reconocer
que el rubor te sienta muy bien.
Raven se dio cuenta de que aguantaba la respiración y que un calor
abrasador subía haciendo espirales por su cuerpo. Apretó la frente contra
los fuertes músculos del pecho de Tom para que él no viera como sus ojos
llameaban en respuesta a su cumplido.
- Tom – le advirtió – no hay manera de que cambies lo que siento, aunque
intentes seducirme. Sé que no puedo manejar esta situación.
- Oigo tus pensamientos, pequeña. Te obstinas en cerrar tu mente para no
comprenderlo – susurró las palabras en un tono mortalmente seductor – Te
daré lo que deseas. No puedo soportar más tiempo verte infeliz – alzó la
mano hacia su propio pecho, justo por debajo de la barbilla de Raven,
dejándola inmóvil justo en el lugar donde latía su corazón.
El estómago de Raven se contrajo al adivinar sus intenciones, al percibir el
olor dulzón de la sangre, mezclado con su aroma salvajemente masculino.
Antes de que pudiera detenerlo, antes de que pudiera siquiera protestar, el
fluido vital de Tom fluía libremente bajando por su pecho. De forma
instintiva, Raven apretó las manos sobre la herida.
El miedo hizo que lo mirara de modo salvaje, y gritó de forma frenética.
- Para, Tom. No hagas esto – las lágrimas anegaban su rostro – Por favor,
dime qué debo hacer para salvarte – había verdadera desesperación en su
voz.
- Tú puedes detenerlo
- No puedo Tom. Detenlo tú, ¡Me estás asustando! – dijo apretando
contra la herida con tanta fuerza como era capaz, aún así la sangre seguía
manando, escurriéndose entre sus dedos.
- Tu lengua tiene el poder de curar, y tu saliva – su voz era oscura e
hipnótica. Se inclinó hacia atrás, como si sus fuerzas flaquearan – Pero no te
opongas a mi decisión de quitarme la vida a menos que tú decidas vivir
también, porque me niego a volver a un mundo de oscuridad.
Inclinó la cabeza, buscando su pecho con ansiedad, y pasó la lengua por los
bordes de la herida, sellando la incisión como si nunca hubiese existido. Su
cerebro se sentía asqueado, pero no su cuerpo. Algo salvaje se irguió en
su interior; sus ojos vagaron soñolientos y sensuales. La pasión se extendió y
su cuerpo anheló el contacto con Tom, se despertó el hambre por sus
caricias. Era una intensa llamada, Raven quería más, necesitaba el éxtasis
erótico que sólo Tom podía proporcionarle.
Tom movió las manos para atrapar con ellas la cabeza de Raven y
entrelazar su cabello, tirando hacia atrás hasta dejar su garganta
totalmente expuesta. Movió los labios sobre la piel suave donde el pulso latía
enloquecido.
- ¿Estás segura, Raven? – Fue un susurro tan sensual que el cuerpo de Raven
se humedeció en respuesta – Quiero que estés completamente segura,
tienes que estar convencida de que esta es tu elección.
Raven le rodeó la cabeza con los brazos, acunándolo.
- Sí – el recuerdo de la boca de Tom sobre su piel, del placer ardiente
que atravesaba su alma provocó un flujo de cálida humedad que descendió
por su cuerpo. Ella quería esto, lo necesitaba incluso.
- ¿Te entregas libremente a mí? – dijo mientras saboreaba con la lengua la
textura de su piel rozando el lugar donde latía el puso en la base del cuello
para descender por el valle de sus senos.
- Tom – su nombre era un ruego. Raven temía que la espera fuera
demasiado para Tom y que no pudiera vivir, ni respirar, ni fundirse
completamente con ella por la sangre que había perdido.
Tom la elevó con facilidad, acunándola entre sus brazos. Lamió uno de sus
pezones una vez, dos. Raven jadeó y se arqueó contra él, su cuerpo
reconocía el salvaje aroma que desprendía Tom y que conquistaba la
parte salvaje que recién había despertado en su interior. El dulce olor de la
sangre la llamaba.
Reconoció el olor del aire fresco y abrió los ojos para descubrir la noche,
que le susurraba con el mismo poder sensual que los latidos del corazón de
Tom. Los árboles se mecían por encima de sus cabezas, el viento
refrescaba su cuerpo, avivando su necesidad.
- Este es nuestro mundo, pequeña. Siente su belleza, escucha su llamada.
Era como un deslumbrante sueño, los dos rodeados de la tenue niebla,
formando parte de la noche. Las estrellas jugaban al escondite, sobre el
dosel de ramas y hojas. La luna se escondía a ratos detrás de las nubes que
atravesaban rápidas el cielo. Raven escuchaba los sonidos de la vida por
todos lados. La savia de los árboles, el susurro de los animalillos, el batir de
alas, el eco del salvaje grito del cazador nocturno al perder su presa.
Tom elevó la cabeza al cielo y dejó salir un salvaje aullido de alegría que
obtuvo una rápida respuesta. Raven pudo percibir el deleite en la réplica de
los lobos. Llenó su corazón y en su interior la parte salvaje siguió creciendo.

Tom la llevó por un laberinto de caminos hacia el interior de las
montañas, hasta llegar a la entrada de una caverna que descendía a las
profundidades de la tierra.
- Escúchala – ordenó mientras pasaba bajo las misteriosas sombras –
escucha como la tierra canta para ti.
Raven era capaz de distinguir ricas vetas de brillantes minerales en las
paredes que se erguían sobre el estrecho pasadizo, emitían destellos como
si los rayos del sol iluminaran el túnel. Podía oír el eco de una corriente de
agua a través de las múltiples cámaras. Los murciélagos se llamaban unos a
otros y la tierra les daba la bienvenida.
Tom llevaba un paso firme y seguro, dando largas zancadas por el
laberinto de túneles sin dudar ni una sola vez. Cada paso les hundía más y
más en las profundidades de la tierra hasta llegar a una caverna llena de
vapor. El agua caía en una cascada hasta una serie de estanques rodeados
por estalactitas que brillaban como joyas.
Tom se dirigió hacia estanque más alejado de la cascada, donde el agua
burbujeaba como el champán, cálida y espumosa contra la piel. Se sumergió
en el agua con Raven en sus brazos, rodeados de vapor.
Las burbujas hacían cosquillas sobre la piel sensible, bailando y jugueteando
como una multitud de dedos, formando espuma y acariciando como si se
trataran de una lengua traviesa. Con movimientos lánguidos y perezosos,
empezó a lavar el esbelto cuerpo de Raven, sus pequeños pies, sus
pantorrillas, sus muslos. Raven se dejaba acariciar, acompasando con
movimientos las caricias, cerrando los ojos para entregarse a las
placenteras sensaciones. La sangre de los Cárpatos corría ardiente por sus
venas. Las necesidades y deseos de los hombres y mujeres de los Cárpatos
forcejeaban con las limitaciones y tabús humanos que su cerebro insistía en
recordar.
Las manos de Tom se deslizaron sobre el estómago liso de Raven en una
tierna caricia, sus dedos trazaron con adoración cada cicatriz, quitando
todos los restos de las cataplasmas y de sangre seca. Prestó atención a cada
costilla, a su espalda y finalmente a su rostro y a su pelo. Era tan tierno, tan
suave que Raven sentía deseos de llorar. Aún no la había tocado íntimamente
en ningún lugar y su sangre ya comenzaba a calentarse, a derretir su cuerpo.
Suspiraba por tener a Tom en su interior.
Raven abrió los ojos azules, soñolientos y provocativos, oscurecidos por el
deseo. Ladeó la cabeza para poder mirar el rostro de Tom y después se
movió para lavarle el cuerpo, igual que él había hecho con ella. No tenía
intención de ser tan apasionada, pero cada pasada de su mano estaba
destinada a inflamar el cuerpo de Tom, a atormentarlo. Se detuvo en los
rizos oscuros que cubrían el vientre liso, y después deslizó sus dedos de
forma tentadora hasta los poderosos músculos de su pecho, limpiando hasta
el más pequeño rastro de sangre de su piel. Había tanta sangre, estaba
preocupada, quería que Tom se alimentara para que pudiera reponer toda
la que había perdido.
Una pequeña parte de su cerebro reconoció que la idea debería resultarle
detestable, aún así, su cuerpo lo necesitaba desesperadamente, ansiaba
tener su boca sobre su cuerpo, ella misma se sentía vorazmente hambrienta.
Sus manos vagaron hasta la parte baja del vientre de Tom, deteniéndose
en los marcados huesos de las caderas.
Sintió que él tensaba todos los músculos y tomaba aire de forma brusca. Un
profundo gruñido luchaba por salir de su garganta y hacía que Raven sintiera
llamaradas recorriendo su cuerpo. Sus dedos encontraron la dura evidencia
de su erección, atormentándolo y seduciéndolo, acariciando mientras
deslizaba la palma de la mano por la suave textura de la piel y se cerraba a
su alrededor, comprobando su grosor. Tom gruñó por el esfuerzo que le
estaba costando mantenerse bajo control. Esta vez, Raven participaría
activamente en el ritual. No había forma de que protestara, de que negara
no saber lo que estaba haciendo. Tom extendió las piernas para
sostenerse ante los temblores que Raven estaba provocando en su cuerpo,
con la lengua seguía el recorrido de una gota de agua que se deslizaba desde
el cuello hasta el pecho.
Raven sintió como su propio cuerpo se contraía, se hacía cada vez más
pesado y ardiente, consumido por la pasión. Deslizó la lengua perezosa y
sensualmente por el lugar donde latía el corazón de Tom. Sintió como su
sangre saltaba en las venas y aceleraba el ritmo para igualar la de él.
Mientras tanto, sus manos acariciaban, atormentando y prometiendo
placeres. Su larga melena sedosa rozaba el cuerpo de Tom mientras ella
perseguía gotitas de agua cada vez más y más abajo. Sintió que Tom se
estremecía cuando probó su sabor, y que empujaba su cuerpo hacia delante
para sentir la suavidad de su boca. El sentimiento de poder que Raven
experimentaba era increíble. Tom enredó las manos en la melena
azabache, pequeños gruñidos salvajes escapaban de lo profundo de su
garganta. Raven le arañaba los muslos con las uñas, delicadamente,
volviéndolo salvaje, en un intento de que se volviera loco por ella y tan solo
pensara en la pasión que ambos sentían.
Tom la levantó, acercándola a su cuerpo y buscó con las manos su firme
de su trasero, masajeándolo.
- Yo te reclamo como mi compañera.
Las palabras salieron en un susurro, como un conjuro de magia negra de
siglos de antigüedad. Subió las manos por la espalda de Raven, y se dirigió a
sus pechos, rodeándolos por completo para después bajar por la piel
satinada de su abdomen hasta encontrar el nido de rizos negros como la
noche.
Raven gritó cuando los dedos de Tom comenzaron una lenta y tortuosa
exploración bajo el agua. Abrió la boca sobre el pecho de Tom,
respirando con pequeños jadeos. El ansia crecía, alimentando el fuego de su
interior. Algo salvaje y desinhibido luchó por salir, por liberarse. Podía
escuchar sus corazones latiendo al unísono, la sangre de Tom que ahora le
pertenecía. Sintió su cuerpo latir con vida, con necesidad, con un hambre
tan voraz que creía necesitar todo lo que él pudiera darle para llenarse y
sentirse completa. Lo necesitaba en la mente, aquel apetito erótico e
insaciable, aquella lujuria que la hacía arder y suspirar por él. Necesitaba
que su cuerpo la poseyera de forma salvaje y sin ningún tipo de dudas. Y
necesitaba su… sangre.
Las manos de Tom se cerraron bajo la nuca de Raven, impulsándola hacia
el borde del estanque.
- Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Toma lo que necesites, lo que
quieras de mí – al susurrar las palabras, abrió la puerta a una necesidad
infinita. Sus dedos se movieron agresivos, su cuerpo la presionó sobre el
suelo, mitad en el agua, mitad sobre la tierra.
Raven sintió la suave arena bajo ella mientras el duro cuerpo de Tom
aprisionaba el suyo. Había un gesto implacable en sus rasgos oscuros, un
sesgo cruel en su boca y un hambre ardiente en las profundidades de sus
ojos. Cuando Raven se introdujo en su mente encontró una erección
primitiva y salvaje, un animal dispuesto a reclamar, un hombre de los
Cárpatos con la implacable decisión de poseer a su compañera. También
encontró un amor tan intenso que Raven apenas pudo abarcarlo. Ternura. Y
adoración, la adoración que un hombre sentía por la única mujer a la que
jamás quería perder.
Tom apartó las rodillas de Raven cuando vio el sí a su compromiso en el
fondo de sus ojos azules. Ella ardía, vibraba de necesidad ofreciéndole su
cuerpo. Empujó con fuerza, hundiéndose hasta el fondo del cálido pasaje de
Raven. El picante olor femenino, mezclado con el masculino flotó a su
alrededor para unirse al deseo que los embargaba. Tom deslizó los
dientes y la lengua a lo largo del cuello de Raven, bajando para capturar un
dolorido pezón. Sus manos reclamaban, exploraban y provocaban cada
centímetro del cuerpo femenino. Tom se comportaba con rudeza, sus
dientes se clavaban sobre la piel suave, su lengua aliviaba después cualquier
rastro de dolor. Parecía no poder acercarse lo suficiente. El estrecho calor
de Raven lo rodeaba, tensándolo e inflamándolo, alimentando su desenfreno.
Su miembro se movía dentro de Raven, llenándola con toda su longitud,
profundamente, aumentando el ritmo de sus embestidas para suavizarlo
deliberadamente al momento siguiente. De la garganta de Raven salían
pequeños gemidos agudos, su cuerpo pedía a gritos la liberación y los
aterciopelados músculos de su vagina lo atrapaban con fiereza.
Raven se frotó de forma frenética contra el cuerpo de Tom, incitándolo a
hundirse en ella todavía más profundamente, más rápido, más fuerte. Su
sangre era lava ardiente y necesitaba mucho más de él. Todo. Ansiaba un
acoplamiento más profundo, ansiaba que la boca de Tom se alimentara de
ella, la quemara, la marcara y los uniera para toda la eternidad.
- Tom – dijo en un ruego.
Él alzó la cabeza, los ojos oscuros ardían con hambre.
- Te pertenezco, Raven. Toma de mí lo que necesites. Yo lo tomaré de ti.
Tom llevó la cabeza de Raven hasta su pecho y sintió que sus entrañas se
encogían inflamándose con el tacto de la lengua de Raven sobre sus
músculos. El corazón se le detuvo cuando los dientes de Raven le arañaron,
probando. Sintió un dolor candente, un relámpago azul de placer erótico. Su
miembro se inflamó aún más, endureciéndose y agrandándose cuando Raven
le hincó los dientes profundamente.
Tom echó la cabeza hacia atrás experimentando un éxtasis tal que un
gruñido de puro placer escapó de su boca. Su cuerpo sujetaba el de Raven
contra el suelo, moviéndose poderosamente sobre ella, sumergiéndose en
ella una y otra vez mientras Raven lo envolvía, asiéndolo y cerrándose en
torno a él, alcanzando el clímax una y otra vez. Tom recuperó el control.
El ritual se completaría y el intercambio de sangre sería esta vez voluntario.
Enterrando las manos en el pelo de Raven, asiéndola firmemente, repitió las
palabras que los unirían.
- Te doy mi protección, mi fidelidad, mi mente, mi corazón, mi alma y
mi cuerpo. Para compartirlo todo. Tu vida, tu felicidad y tu bienestar
serán lo primero para mí. Eres mi compañera, unida a mí para toda la
eternidad y siempre bajo mi cuidado.
Tirando del cabello, alejó la cabeza de Raven para observar con los ojos
medio cerrados, hambrientos y vigilantes, como cerraba las incisiones,
enviando con la lengua llamas que bailaban sobre su cuerpo enfebrecido.
Tom la besó con todo el dominio masculino que poseía, abrasó la garganta
de Raven con su boca, hasta llegar donde el pulso latía desenfrenado. Cerró
las manos sobre sus pequeñas caderas, aún estaba dentro de Raven,
sintiendo su calor y su misteriosa feminidad. Esperó.
Ella giró la cabeza, ofreciéndole su garganta.
- Toma lo que es tuyo, Tom. Toma lo que me pides.
Murmuró las palabras en una agonía de anticipación y necesidad. El suspense
y el ansia característica del erotismo de la raza de los Cárpatos, la hacían
estremecerse.
Mientras empujaba hacia delante con todas sus fuerzas, introduciéndose
por completo de nuevo en Raven, hundió los dientes con fiereza en su cuello.
Ella gritó, envolviéndolo entre sus brazos, arqueando su cuerpo para que él
bebiera mientras Tom entraba en ella salvajemente, afirmando su
posesión, su derecho sobre ella, llevándolos más allá de los confines de la
Tierra. El cuerpo de Raven se cerraba en torno al miembro de Tom
insistente y firmemente apretado. Tom abandonó cualquier intención de
mantenerse bajo control y la tomó según su deseo, penetrándola más y más
hasta que Raven se volvió agresiva e impetuosa, llorando por él, hasta que
los pequeños gemidos y el dulce sabor de su sangre llevaron a su impetuoso
cuerpo al borde del abismo. Entonces se derramó en ella, sintiéndose, por
primera vez en toda su vida, completamente satisfecho, totalmente feliz.
Yacieron juntos, los corazones latiendo en loca carrera, respirando
trabajosamente, mientras pequeñas oleadas de placer seguían sacudiendo
sus cuerpos. Tom rodó sobre su espalda, de modo que su duro cuerpo
sostuviera a Raven, apoyando los pechos suaves y cálidos sobre el vello que
descendía hasta su estómago y descansando la cabeza sobre su pecho.
Tom le acarició el pelo, dejando que el sobrecogedor amor que sentía por
ella se derramara y la envolviera. Sentía la fragilidad del momento y no
quería arriesgarse a pronunciar una palabra inadecuada. Su mente era un
cálido refugio de amor y lo compartió deseoso con ella.
El intenso placer los apartó de la realidad durante un buen rato. Raven sólo
podía deleitarse con la poderosa reacción de su cuerpo. Cada minúscula
célula estaba viva y se agitaba de satisfacción. No parecía posible poder
experimentar tanto placer.
Movió lentamente la mano para apartar su pelo hacia un lado. El pequeño
movimiento hizo que sus músculos se apretaran en torno a él. Tom.
¿Quién era este hombre que tan fácilmente le había arrebatado la vida y su
propio cuerpo? Raven levantó la cabeza y estudió su rostro. Era tan guapo,
tan moreno y misterioso. Sus ojos ocultaban muchos secretos, su boca era
tan sensual que la dejaba sin respiración.
- Explícame qué es lo que acabo de hacer, Tom.
Los ojos de Tom eran dos pozos insondables, vigilantes.
- Has depositado tu vida en mis manos. Descansa tranquila, pequeña, estás a
salvo conmigo.
Se llevó la punta de la lengua a los labios súbitamente secos. Su corazón
martilleaba en el pecho, alarmada por la enormidad de la decisión que había
tomado. Tenía aún el sabor de Tom en la boca, su olor en su cuerpo, su
semen deslizándose por el muslo, y aún Tom tenía su miembro en el
interior de su vagina, sensual y ardientemente rodeado por ella.
- ¿Cuál es mi sabor? – preguntó él en voz baja e irresistible, susurrándolo
con el aliento contra su piel como el roce de unos dedos. El roce de la
fantasía.
Raven cerró los ojos con fuerza, como un niño que quisiera alejarse de todo.
- Tom.
Su cuerpo se estremeció, apretándolo aún más al oír su voz, al escuchar la
erótica pregunta.
Tom sacó su miembro de ella entonces, manteniendo su abrazo para
poder acunarla mientras se metía de nuevo en el espumoso estanque.
- Dímelo, Raven.
La besó en la garganta, besos minúsculos, embriagadores como el vino.
Raven pasó un brazo por el cuello de Tom, entrelazando los dedos en su
espesa melena.
- Sabes como el bosque, salvaje e indomable y tan erótico que me haces
enloquecer - la confesión salió repentinamente, como si admitiera un enorme
pecado.
Las burbujas rozaban y estallaban de nuevo contra sus cuerpos, tan
sensibles ahora, y sobre sus partes más íntimas. Tom se echó hacia atrás,
llevándola consigo segura en su regazo. El trasero de Raven acariciaba su
sexo, enviando llamaradas que corrían por sus venas.
- Tú sabes dulce y a la vez picante, adictiva y muy sensual - rozó con los
dientes la nuca de Raven, enviando un estremecimiento de placer por su
espalda.
Raven yacía quieta entre sus brazos, mientras su mente rememoraba el
impacto de lo había hecho. Jamás se saciaría de Tom. Había algo salvaje
entre ellos que jamás se daría por satisfecho. Raven era incapaz de unirlo
todo, su mente simplemente se negaba a admitir en lo que se había
convertido. No tenía ni la menor idea de a qué se refería Tom cuando
decía “alimentarse”. Las huellas estaban allí, pero ella sólo conocía lo que
había compartido con él. ¿Siempre estaba relacionado con el sexo? Él había
dicho que no, pero no se imaginaba a sí misma tomando sangre
voluntariamente. Cerró los ojos con fuerza. No podría hacer con nadie más
lo que había compartido con Tom. No podía imaginarse tomando la sangre
de un humano.
Tom le apretó la cabeza contra su cuerpo, masajeando su cabello.
Murmuraba con voz muy baja e irresistible. Necesitaba tiempo para
adaptarse a su nueva sangre, a las intensas emociones y a las urgentes
necesidades. Había participado deseosa en el ritual de emparejamiento.
Había realizado el intercambio de sangre sin necesidad de que él forzara su
sumisión. Estaban irrevocablemente unidos y no había ninguna razón para
que se recriminara o temiera por su futuro. Debía dejar que su mente
aceptara la nueva realidad poco a poco.
Tom fue atrozmente honesto consigo mismo. Después de esperar durante
siglos a esta mujer, no quería compartirla con nadie. Jamás había
considerado que el acto de alimentarse fuera algo íntimo, hasta entonces
había sido una simple necesidad. Pero la imagen de Raven mordiendo el cuello
de otro hombre le resultaba aberrante. Cada vez que él le daba su sangre se
sentía sexualmente excitado y lo poseía una sofocante necesidad de
protegerla y cuidarla. No conocía los sentimientos de los otros hombres de
los Cárpatos hacia sus compañeras, pero sabía con certeza que cualquier
hombre que se acercara a Raven estaría en serio peligro. La sensación era la
misma que el cerebro de Raven enviaba a su cuerpo, era incapaz de convertir
a los humanos en sus presas.
Raven se agitó entre los brazos de Tom, desperezándose lánguidamente.
- Estaba pensando en algo inquietante y tú lo apartaste de mi mente,
¿verdad? – dijo con un asomo de diversión.
Tom la liberó para verla sumergirse bajo el agua espumosa, saliendo de
nuevo a la superficie unos metros más lejos. Sus enormes ojos se movían
sobre el cuerpo de Tom, definitivamente se estaba riendo de él.
- ¿Sabes?, empiezo a pensar que mi primera impresión acerca de tu
carácter era muy acertada. Eres arrogante y mandón.
Se acercó hacia ella nadando con brazadas perezosas.
- Pero soy muy provocativo.
Raven se echó hacia atrás, salpicándole agua con la palma de la mano.
- Mantente alejado de mí. Cada vez que te acercas, nos posee la locura.
- Esta es una ocasión excelente para reprenderte por poner tu vida en
peligro. Nunca deberías haber seguido a los asesinos desde la pensión.
Sabías que no podría escucharte si me pedías ayuda – dijo mientras seguía
nadando hacia ella, tan implacable como un tiburón.
Raven se acobardó y salió caminando del estanque para lanzarse al más
grande. El agua estaba fría en contraste con su acalorada piel. Señaló a
Tom con un dedo, mientras su boca se curvaba en una sonrisa.
- Te advertí que iba a tratar de ayudarte. De cualquier forma, si te atreves
a reñirme, no tengo más remedio que recordarte lo poco ético que fue
atarme a ti sin mi consentimiento. Dime, si no hubiera seguido a los asesinos
y Jacob no me hubiera apuñalado, habría seguido siendo humana ¿verdad?
Tom salió súbitamente de la piscina, chorreando agua por todo su cuerpo,
dejando a Raven sin aliento. Se veía magnífico, masculino y poderoso. Se
impulsó para saltar limpiamente en el aire, sumergiéndose de cabeza en el
profundo estanque. El corazón de Raven comenzó a saltar en su pecho a la
vez que sentía su sangre llamar a la de Tom. Salió a la superficie por
detrás de Raven, atrapándola por la cintura y acercándola a él,
manteniéndolos a ambos a flote con sus poderosas piernas.
- Aún seguirías siendo humana – asintió con un hechizo de magia negra en su
voz que envió una oleada de calor al cuerpo de Raven a pesar de la frialdad
del agua.
- Si hubiera seguido siendo humana, ¿Cómo podrías seguir siendo mi
compañero?
Le mandó un empujón con el trasero al centro de sus caderas, disfrutando
de la repentina excitación de comprobar que el cuerpo de Tom se
inflamaba y endurecía en respuesta a su contacto. Apoyó la cabeza sobre el
hombro de él.
- Habría elegido envejecer contigo y morir cuando tú murieras – su
respuesta fue brusca. Una de sus manos se cerró sobre un pecho, mientras
la larga melena de Raven rozaba su cuerpo enviando dardos de placer
insoportables para Tom.
Raven alzó de repente la cabeza, girándose para enfrentar su mirada,
buscando con los ojos azules las profundidades misteriosas de los ojos de
Tom.
- ¿Lo dices en serio? ¿Te habrías quedado a mi lado mientras envejecía?
Tom asintió con la cabeza, tocando suavemente su mejilla en una delicada
caricia.
- Habría envejecido contigo. Cuando tu respiración se hubiera apagado, así
lo habría hecho la mía.
Raven movió la cabeza.
- ¿Cómo puedo resistirme a ti si me robas el corazón?
La sonrisa de Tom hizo que a Raven le diera un vuelco el corazón y que
volaran mariposas por su estómago.
- Se supone que no debes resistirte, pequeña. Soy tu otra mitad – dijo
rodeando el cuello de Raven con ambas manos, atrayéndola tan cerca de él
que sus bocas se encontraron, derritiéndose en el beso mientras se
sumergían en las frescas aguas del estanque natural.

Había transcurrido la mitad de la noche cuando Tom la llevó de vuelta a
casa. Raven se envolvió con rapidez en una de las masculinas camisas.
- ¿Te das cuenta que no tengo ropa aquí?
Apenas si podía mantener la mirada de Tom, porque cada vez que sus
negros ojos se deslizaban por su cuerpo se sentía enrojecer. Aún podía
sentir la huella del cuerpo de Tom en el suyo, la fuerza de su posesión.
- Necesito volver a la pensión. Todas mis cosas están allí.
Las cejas de Tom se alzaron. Era el momento de decirle que realmente no
necesitaba ropa. Aunque, por otra parte, sus objetos personales la
ayudarían a soportar los cambios. Alargó un brazo perezosamente para
coger su propia ropa.
- Estoy seguro que la Sra. Galvenstein te enviará aquí tus cosas. Llamaré
para asegurarse que lo hagan de inmediato. Estaré fuera un rato, Raven. Hay
unos cuantos cabos sueltos que necesito aclarar. Aquí estarás a salvo.
Raven elevó la barbilla, desafiante.
- Me pondré algo encima e iré contigo. No quiero pasar otra vez por lo que
sentí cuando no podía ponerme en contacto contigo. Fue un infierno, Tom.
En serio.
Sus ojos oscuros volaron al rostro de Raven con delicadeza.
- Jamás deseé que te ocurriera eso. Gregori me forzó a un sueño profundo
para recuperarme, pequeña, y no pude contestarte. Se suponía que no tenía
que ocurrir Te envié al Padre Hummer pensando que yo dormiría pero que
podía salir a la superficie si había verdadera necesidad de protegerte.
- Pero no fue eso lo que pasó.
Tom negó con la cabeza.
- No, Raven. Gregori me forzó a dormir. Uno no sale a la superficie si
Gregori te ordena dormir. Él no sabía nada de ti ni de tu necesidad de sentir
mi contacto. Fue culpa mía, no suya y lo siento.
- Lo sé – reconoció Raven – Ahora puedes ver por qué no puedo estar
contigo. Tengo miedo, Tom, miedo de mí misma, de ti y de lo que he hecho
hace un momento.
- Esta vez no, pequeña – dijo Tom dulcemente, deseando que todo fuera
de otra manera – es esencial encontrar al resto de los asesinos. No puedo
permitir que te aceche ningún peligro. Aquí estarás a salvo. Y yo no estoy
durmiendo; puedo ponerme en contacto contigo con mi mente igual que tú
puedes hacerlo si necesitas algo. No tienes por qué estar asustada.
- Yo no soy del tipo de mujer que se queda en casa segura porque tú lo
ordenas – objetó Raven.
Tom se dio la vuelta, su figura era imponente, poderosa y su rostro era
una máscara implacable. Resultaba amenazador y parecía invencible. Raven
dio unos pasos hacia atrás de forma involuntaria y los ojos azules se tiñeron
de un profundo color zafiro. Tom tomó al instante su mano para
acercársela a los labios.
- No me mires así. Estuvieron a punto de arrebatarte de mi lado. ¿Tienes
idea de lo significó para mí despertarme al oír tu grito? ¿Sentir tu miedo y
saber que esa asquerosa pantomima de hombre te estaba golpeando?
¿Sabes lo que fue sentir cómo el puñal desgarraba tu cuerpo una y otra vez?
Estuviste a punto de morir en mis brazos. Yo respiraba por ti y obligaba a
tu corazón a seguir latiendo. Tomé una decisión que sabía que tú jamás
entenderías y que jamás me perdonarías por ello. No estoy preparado para
arriesgar tu vida de nuevo. ¿Podrías entender eso?
Raven pudo sentir como el cuerpo de Tom se estremecía debido a las
intensas emociones. La envolvió con sus brazos, acercándola a él.
- Por favor, Raven, déjame que te encierre en una concha por lo menos hasta
que consiga borrar esa imagen de mi mente.
Entrelazó los dedos con los espesos mechones color azabache, estrechando
la esbelta figura de Raven contra su cuerpo, acercándola a él todo lo posible
como si de esta forma pudiera protegerla de cualquier daño. Raven le puso
los brazos al cuello.
- Está bien, Tom. No me ocurrirá nada – dijo acariciándole la garganta
con los labios, intentando hacerlo sentir seguro, alejar sus miedos y a la vez
también los suyos – supongo que ambos tendremos que adaptarnos.
El beso de Tom fue tierno y dulce.
- Necesitas tomarlo con calma. Seis días de descanso y curación no fueron
suficientes.
- ¿Seis días? Eso es increíble. ¿Han analizado tu sangre alguna vez?
Tom la soltó de mala gana.
- Ninguno de los nuestros puede acercarse a un centro médico humano.
Nosotros nos cuidamos.
Raven cogió un cepillo y comenzó a desenredarse despacio el pelo, aún
húmedo.
- ¿Quién era la mujer que estaba atrapada bajo el suelo?
El rostro de Tom se oscureció borrándose de él cualquier expresión
amable.
- Se llama Eleanor. Tuvo un niño – su voz carecía de emoción.
Raven se sentó en la cama con las piernas cruzadas, ladeando la cabeza
mientras se cepillaba el pelo.
- ¿Te cae mal Eleanor?
- Te traicionó. Permitió que esa malvada mujer la oyera y yo estuve a punto
de perderte por eso – Tom habló mientras se abrochaba la camisa, y el
simple hecho de ver sus largos dedos realizando la tarea dejó a Raven
fascinada – Estabas bajo mi cuidado. Lo que significa, Raven, que todos los
miembros de nuestra raza deben poner tu seguridad por encima de sus
vidas.
Raven se mordió el labio inferior. Podía percibir, bajo la aparente falta de
emoción de Tom, una furia implacable dirigida hacia aquella desconocida.
Los sentimientos de Tom eran increíblemente intensos y hasta ese
momento jamás los había experimentado. Adaptarse a la nueva situación le
resultaba tan difícil como a ella.
Raven eligió las palabras con sumo cuidado.
- ¿Alguna vez has visto a una mujer dando a luz, Tom? Es muy doloroso y
causa pavor. Para que la mujer pueda mantener el control, debe estar en un
lugar seguro. Ella temía por la vida del bebé. Por favor, no la juzgues con
tanta dureza, yo me habría puesto histérica en las mismas circunstancias.
Tom rodeó el rostro de Raven con las dos manos, acariciando su sedosa
piel con los pulgares.
- Eres compasiva. Eleanor hizo que estuvieran a punto de matarte.
- No, Tom. Jacob estuvo a punto de matarme. Eleanor intentó
mantenerse tranquila todo el tiempo que pudo. Ella no tiene la culpa, todos
tenemos parte de culpa en esto.
Tom se alejó un poco de ella.
- Sé que debía haberte mantenido a mi lado. Jamás debería haberme
enterrado aún necesitando los poderes curativos de la tierra. Me alejó
mucho de ti. Gregori solo pensaba en protegerme a mí.
Raven vio reflejado en el espejo el profundo dolor que atravesaba el rostro
de Tom.
- Hubo un momento, pequeña, cuando me desperté al oír tu grito, que me
encontré encerrado en el suelo, incapaz de ayudarte. Mi furia era la que
alimentaba la tormenta. Mientras me abría camino hasta la superficie podía
sentir cada una de las puñaladas y supe que te había fallado. En ese
momento, Raven, me enfrenté a algo terrible, algo salvaje y monstruoso que
vive dentro de mí y que aún no he examinado en detalle. Si él te hubiera
matado, nadie, escúchame, nadie habría estado seguro – su espalda estaba
rígida y controlaba la voz mientras lo confesaba – Ni humano, ni hombre o
mujer de los Cárpatos. Sólo puedo rezar para que si de nuevo sucede algo
así, Gregori acabe conmigo de inmediato.
Raven se plantó delante de él y le rodeó el rostro con las manos.
- A veces, el sufrimiento hace que todos saquemos a la superficie lo que nos
gustaría ocultar. Nadie es perfecto. Ni Eleanor, ni yo y tampoco lo eres tú.
Un amago de sonrisa, con la que pretendía burlarse de sí mismo, tocó sus
hermosos labios.
- He vivido durante siglos y soportado cacerías de vampiros, guerras y
traiciones. Hasta que llegaste a mi vida, jamás había perdido el control.
Jamás había tenido nada a lo que quisiera de esta forma, jamás había tenido
nada que perder.
Raven tomó la cabeza de Tom entre sus manos hasta ponerlo a su altura y
depositar pequeños besos con los que pretendía curar sus heridas, en el
cuello, en su fuerte mentón, en las comisuras de sus labios, siempre tan
rígidas.
- Eres un buen hombre, Tom– sonrió de forma traviesa, con ojos
burlones – lo que ocurre es que posees demasiado poder y eso no es bueno
para ti. Pero no te preocupes, conozco muy bien a esta chica americana. Es
muy irrespetuosa y te quitará todo ese toque almidonado y arrogante que
llevas encima.
La respuesta de Tom, un poco lenta, fue una carcajada que disipó la
tensión de su cuerpo. La envolvió con sus brazos y la levantó del suelo
girando con ella mientras la apretaba contra su cuerpo. Como siempre
ocurría, el corazón de Raven empezó a latir con violencia. Sus bocas se
unieron y siguieron dando vueltas por la habitación hasta caer en la cama.
La risa de Raven fue suave y burlona.
- No creo que podamos hacerlo de nuevo.
El cuerpo de Tom ya estaba sobre el suyo, separándole los muslos con su
rodilla para tener un mejor acceso a su suave y acogedor cuerpo.
- Creo que simplemente deberías estar desnuda y esperándome – gruñó
mientras la acariciaba para asegurarse que estaba preparada para recibirlo.
Raven levantó las caderas invitándolo.
- No estoy segura de que sepamos hacer esto en una cama.
La última palabra fue un jadeo de placer, Tom acababa de penetrarla.
De nuevo Tom buscó su boca, la risa se mezclaba con el dulce sabor de la
pasión. Le masajeó los pechos con posesión, y enterró los dedos en su
cabello. Había tanta alegría en el corazón de Raven, en su mente; tanta
compasión y dulzura. La eternidad junto a ella estaría llena de sus risas y de

su entusiasmo por la vida. Tom rió por el simple placer de hacerlo.


HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL CAP DE HOY ... CUIDENSE Y Q ESTEN BIEN ADIOS ;:HASTA LA PROXIMA :))