lunes, 4 de enero de 2016

# 7

CAPITULO # 7.-
El viaje en coche hacia la casa fue una tortura para Tom. Su cuerpo
ansiaba sangre para reemplazar la que había perdido. La debilidad
aumentaba por momentos, los rasgos de su rostro eran cada vez más
afilados y mostraban el dolor que sentía. Era uno de los ancianos, y todos
ellos sentían las emociones y las heridas de forma intensa. En condiciones
normales, simplemente habría detenido sus pulmones y su corazón para
detener la hemorragia, el sanador se habría hecho cargo después y los
demás lo habrían ayudado en lo que necesitara.
Pero Raven lo cambiaba todo. Raven y aquella cosa – fuese lo que fuese – que
los vigilaba. Todavía podía sentir aquella inquietud sobre él. Sabía que otro
ser los estudiaba desde la distancia, incluso mientras viajaban en el coche
hacia su casa.
- Tom -siseó Eric mientras lo ayudaban a entrar en el santuario de su
hogar- deja que te ayude.
Raven estaba en la puerta, no podía apartar la vista del pálido rostro de
Tom. Parecía repentinamente tener más de los treinta años que ella le
calculaba. Alrededor de su boca podían verse unas líneas blanquecinas, pero
su mente estaba tranquila, incluso la respiración era relajada. Dio un paso
hacia atrás sin decir nada, para dejarlos entrar.
Se sentía herida por la negativa de Tom ante su ofrecimiento de ayuda.
Si él prefería la compañía de su gente, no iba a rebajarse a mostrarles lo
molesta que estaba. Se mordió el labio inferior. Se retorcía los dedos y
tenía una expresión de angustia en los ojos. Simplemente tenía que
comprobar con sus propios ojos que Tom iba a ponerse bien. Llevaron a
Tom hasta sus aposentos mientras Raven los seguía.
- ¿Puedo llamar a un médico? -preguntó, conociendo de antemano la
respuesta. Percibía los sentimientos de todos ellos, la querían lejos de allí.
Supo, de forma instintiva, que Tom no recibiría el tratamiento que
necesitaba hasta que ella se marchara.
- No, pequeña -Tom le tendió la mano.
Ella se acercó, enlazando los dedos con los de él. Siempre era tan fuerte y
ahora se veía tan pálido y consumido. Raven estaba a punto de llorar.
- Necesitas ayuda, Tom. Dime qué puedo hacer.
Sus ojos, negros y fríos, se llenaron de calidez al mirar su rostro.
- Ellos saben lo que hay que hacer. Esta no es mi primera herida, y tampoco
es la peor que he recibido.
Una pequeña sonrisa curvó tristemente la boca de Raven.
- ¿Estos eran los negocios de los que tenías que ocuparte esta noche?
- Sabes que debo atrapar a los que asesinaron a mi hermana -Su voz sonaba
cansada y sin fuerzas.
Raven odiaba discutir con él en ese momento, pero había cosas que debían
ser aclaradas.
- Me dijiste que sólo ibas a salir, que no harías nada peligroso. No era
necesario mentirme sobre lo que estabas haciendo. Sé que eres el pez gordo
de la zona, pero yo me dedico a esto precisamente. Persigo asesinos. Se
supone que somos una pareja, Tom.
Byron, Eric y Jacques se miraron alzando las cejas. Byron dibujó con los
labios la expresión ‘pez gordo’. Ninguno se atrevió a sonreír, ni siquiera
Jacques.
Tom frunció el ceño sabiendo que la había herido.
- No dije ninguna mentira. Simplemente salí a investigar un poco.
Desafortunadamente todo se complicó. Créeme, no tenía ninguna intención
de acabar herido. Fue un descuidado accidente.
- Tienes predilección por meterte en problemas cuando no estoy contigo -La
sonrisa de Raven ni siquiera alcanzó sus ojos- ¿Es grave lo de la pierna?
- Nada más que un rasguño. No hay que preocuparse.
De nuevo guardó silencio, los ojos azules estudiaban el rostro de Tom con
una mirada lejana y pensativa, como si no estuviera allí.
Tom sintió que el estómago se le retorcía. Raven tenía aquella mirada, la
que solía poner cuando pensaba demasiado. Era lo último que necesitaba
estando herido, obligado a enterrarse bajo el suelo en cuanto tuviera
oportunidad. No quería que ella se distanciara y había algo en su quietud que
le preocupaba mucho. No podía abandonarlo. Él sabía que no podría hacerlo,
pero no quería que ella quisiera abandonarlo, que pensara abandonarlo.
- Estás enfadada conmigo -Afirmó.
Raven negó con la cabeza.
- No, de verdad que no lo estoy. Quizás esté desilusionada contigo -Parecía
triste- Dijiste que no podría haber mentiras entre nosotros y aún así, a la
primera oportunidad, me has mentido -Se mordió el labio inferior con
fuerza durante un instante. Las lágrimas brillaban en sus ojos, pero
parpadeó impaciente para alejarlas- Me pides que tenga plena confianza en
ti, Tom, me da la sensación que tú necesitas confiar también en mí.
Deberías haber mostrado mucho más respeto por mí, o al menos por mis
habilidades. Yo persigo asesinos usando una conexión psíquica. Los persigo
usando la visión de otra persona. Algunos de los tuyos son descuidados y
están demasiado pagados de sí mismos. Ni siquiera se preocupan de bloquear
sus mentes. Sois todos tan arrogantes que ni siquiera se os ocurre la idea de
que un humano, no uno de vuestros congéneres de una raza superior, pueda
colarse en vuestras mentes. Y alguien más ahí fuera que tiene la misma
habilidad que yo y os señala a los asesinos. Si yo puedo husmear en vuestras
mentes, ella puede hacerlo también. Mi consejo, si es que os interesa, es que
extreméis las precauciones.
Raven dio unos pasos alejándose de la mano apaciguadora de Tom que
continuaba extendida.
- Simplemente estoy tratando de salvar vuestras vidas, no quiero ser
vengativa -Era el orgullo lo que la mantenía en pie. Ya había sentido la
pérdida de Tom y de la compenetración tan especial que compartían. De
alguna forma sabía que jamás habría otro hombre, en ningún otro momento
de su vida con el que pudiera reírse y hablar como ellos lo hacían, con el que
pudiera sentirse aceptada y cómoda- No necesitas decir nada, Tom. Vi tu
pequeño rasguño en primera fila. Tenías razón, no estabais solos allí, yo
estaba mirando. Ser honesto, en mi idioma, significa ser sincero, decir la
verdad.
Raven tomó aire profundamente, se quitó el anillo y lo dejó con cuidado, y
con mucho esfuerzo, sobre la mesita de noche.
- Lo siento, Tom, de verdad. Sé que te estoy desilusionando, pero no
encajo en vuestro mundo. No entiendo sus reglas. Por favor, ten la bondad
de mantenerte alejado de mí, de no ponerte en contacto conmigo. Ambos
sabemos que no soy una buena compañera para ti. Me marcharé en el primer
tren.
Con estas palabras, se dio la vuelta dirigiéndose hacia la puerta que se cerró
con un sonoro portazo. Raven la miró fijamente, sin volverse. La tensión se
respiraba en el aire, cargado con una sensación oscura a la que ella era
incapaz de poner nombre.
- No creo que sea bueno prolongar esto. Necesitas ayuda urgente. Es obvio
que lo que intentan hacerte es algo que no puede hacerse delante de
extraños. Yo soy simplemente eso, una extraña. Déjame volver a casa, donde
pertenezco, Tom, y deja que te ayuden ahora.
- Dejadnos a solas -ordenó Tom a los otros, que obedecieron de mala
gana.
- Raven, acércate a mí, por favor. Estoy débil y acercarme a ti acabaría con
las pocas fuerzas que me quedan -Había delicadeza en su voz, y una
honestidad que a Raven le rompió el corazón.
Cerró los ojos ante el poder hipnótico de su voz, ante la suave caricia de su
tono, que se asemejaba a una capa de terciopelo negro sobre su piel; su voz
penetraba hasta lo más profundo de su ser, envolviendo su corazón.
- Esta vez no, Tom. No sólo vivimos en dos mundos diferentes, tenemos
valores totalmente diferentes. Lo intentamos – sé que tú querías hacerlo –
pero no puedo seguir así. Quizás nunca pude. Todo sucedió demasiado
deprisa y no nos conocemos en realidad.
- Raven -Pronunció su nombre con vehemencia- Ven hacia mí.
Se apretó las sienes con los dedos.
- No puedo Tom. Si te permito engatusarme de nuevo, perderé todo el
respeto por mí misma.
- Entonces no me queda otra opción que acercarme a ti -Se incorporó,
usando las manos para mover la pierna herida.
- ¡No! -Gritó dándose la vuelta angustiada- Detente, Tom. Voy a llamar a
los otros para que vuelvan -Dijo recostándolo sobre los almohadones de la
cama.
La sujetó por la nuca, con sorprende fuerza.
- Eres la única razón que me mantiene con vida en este momento. Te dije que
cometería errores. No puedes abandonarme, abandonarnos a ambos. Tú me
conoces, todo lo que es importante lo conoces. Puedes penetrar en mi mente
y sabes que te necesito. Jamás te haría daño.
- Ya me has hecho daño. Esto duele. Esas personas que esperan ahí fuera
son tu familia, tu gente. Yo soy de otro país, de otra raza. Este no es mi
hogar y nunca lo será. Deja que los llame para que te ayuden y permite que
me vaya.
- Tienes razón, Raven. Te dije que no habría mentiras entre nosotros, pero
necesito protegerte de cualquier cosa violenta o que represente una
amenaza, de cualquier cosa que pueda hacerte daño -Su pulgar se movía
acariciándole el pómulo hasta descender a los labios- No me abandones,
Raven. No me destruyas. Moriré si me dejas- En sus ojos se leía todo, la
persuadían mirándola con total resolución, sin ocultar la cruda realidad de
sus palabras, su completa vulnerabilidad.
- Tom -dijo con desesperación en apenas un susurro- Te miro y algo, en lo
más hondo de mí, me dice que nos pertenecemos el uno al otro, que me
necesitas y que jamás seré nada sin ti. Pero sé que es una tontería. He
vivido sola la mayor parte de mi vida, y he sido bastante feliz.
- Estabas aislada, herida. Nadie te veía, nadie sabía quién eras. Nadie podía
apreciarte o cuidarte como yo lo hago. No nos hagas esto Raven. No.
Estrechó su brazo y la atrajo hacia él inevitablemente. ¿Cómo podía
resistirse al Tom más seductor? Era tarde, demasiado tarde. Su boca ya
estaba buscando la suya, atrapándola. Sus labios eran cálidos, suaves, tan
tiernos que los ojos de Raven se llenaron de lágrimas. Posó la frente sobre la
de Tom, muy cansada.
- Me hiciste daño, Tom, mucho daño.
- Lo sé, pequeña. Lo siento. Por favor, perdóname.
Una pequeña sonrisa curvó los labios de Raven.
- ¿Así de simple?
Tom recogió con el dedo una lágrima que bajaba por el rostro de Raven.
- No, pero es todo lo que puedo darte en este momento.
- Necesitas ayuda y sé que yo no puedo dártela. Me voy. Puedes ponerte en
contacto conmigo cuando lo necesites. Te prometo que no me iré a ningún
sitio hasta que estés mejor.
- Ponte de nuevo el anillo, Raven -dijo él con suavidad.
Negó con la cabeza, apartándose de él.
- No, Tom. Vamos a dejar las cosas así por un tiempo. Déjame pensar con
tranquilidad.
La mano de Tom le acarició la nuca, bajó por el hombro, rozando el brazo
hasta cerrarse sobre la muñeca.
- Mañana necesitaré dormir, dormir profundamente. Quiero que estés
protegida de esa gente -Sabía que ella asumiría que los otros iban a
llevárselo.
Raven apartó un mechón oscuro de la frente de Tom.
- Estaré bien, aunque esté sola, como lo he estado durante años. Estás tan
ocupado cuidando del mundo que piensas que nadie es capaz de cuidar de sí
mismo. Te prometo que no te abandonaré, y te prometo que tendré cuidado.
No voy a esconderme en sus armarios ni debajo de sus camas.
Tom la sujetó por la barbilla.
- Esa gente es muy peligrosa, Raven, son fanáticos. Lo descubrí esta noche.
- ¿Pudieron identificarte? -por un instante no fue capaz de respirar. Estaba
desesperada porque sus amigos le cuidaran la herida.
- No, de ninguna manera. Y no hay manera de que sepan que fui yo. Descubrí
dos nombres más. Eugene, muy moreno, con acento Húngaro.
- Ese es Eugene Slovensky. Vino en la misma excursión que los otros.
-¿Conoces a alguien llamado Kurt? -dijo apoyando la cabeza en la almohada,
incapaz de bloquear por más tiempo el dolor del muslo. Sentía que una
oxidada espada le atravesaba la carne.
- Kurt Von Halen. También está con ellos. Había un tercer hombre, pero
nadie pronunció su nombre -Su voz reveló la debilidad de su cuerpo- Tenía
unos cuarenta años, pelo canoso y un delgado bigote canoso también.
- Ese debe ser Harry Summers, el marido de Margaret.
- La pensión es un nido de asesinos. Lo peor de todo fue lo que la partera le
dijo a su esposo y a todos los demás, que Noelle no era una no-muerta.
¿Cómo pudieron pensar esa tontería cuando acababa de dar a luz a un bebé?
¡Dios! Qué forma más horrible de perder la vida -El sufrimiento por la
pérdida de su hermana lo inundó de nuevo, añadiéndose a la pesada carga del
dolor físico.
Raven podía sentir el dolor golpeándola en sus entrañas con crueldad.
- Me voy ahora para que ellos puedan ayudarte, Tom. Te debilitas a cada
instante -Se inclinó para besarlo en la frente- Puedo sentir su ansiedad.
La cogió de la mano.
- Ponte de nuevo mi anillo -Acariciaba con el pulgar la parte interna de la
muñeca de Raven- Quiero que te lo pongas, es importante para mí.
- De acuerdo, Tom, pero sólo lo hago para que puedas descansar. Lo
arreglaremos cuando te sientas mejor. Llama ahora a tus amigos. Volveré en
tu coche a la pensión -Le acarició la piel.
Estaba frío, muy frío. Raven se puso de nuevo el anillo pero Tom volvió a
agarrarla.
- No te acerques a esa gente, quédate en tu habitación. Yo dormiré durante
todo el día. Descansa e iré a por ti por la noche.
- ¿No vas muy rápido? -preguntó mientras apartaba un mechon lacio de la frente de
Tom- Creo que estarás un tiempo en la cama.
- La estirpe de los Cárpatos sana muy rápidamente. Jacques te acompañará
a la pensión, para que no te ocurra nada.
- No es necesario, de verdad -declinó la idea porque no se sentía nada
cómoda ante la presencia de aquellos extraños.
- Es necesario para mi tranquilidad -dijo Tom suavemente, implorándole
con los ojos negros que le hiciera caso. Cuando Raven consintió con un
pequeño movimiento de cabeza, Tom tentó de nuevo a la suerte- Antes de
que te vayas, por favor, intenta tomarte otro vaso de zumo. Servirá para
que no me preocupe tanto por ti -Sabía, al leer su mente, que había tomado
un poco de zumo un rato antes, pero su estómago se rebeló antes de que el
primer sorbo tocara sus labios. Se maldijo por ello, él era el responsable de
que el cuerpo de Raven rechazara los alimentos humanos. Raven ya estaba
demasiado delgada, no podía afrontar una pérdida de peso.
- El simple olor del zumo me asquea -admitió queriendo levantarle el ánimo,
pero sabiendo que era imposible- De verdad, creo que tengo la gripe. Lo
intentaré más tarde, Tom.
- Te ayudaré -Murmuró las palabras con voz muy débil y los ojos nublados
por la preocupación- Necesito hacer esto por ti. Por favor, pequeña, déjame
hacer sólo esto.
A su espalda, la puerta se abrió y los tres amigos de Tom entraron. Uno
de ellos se quedó de pie, esperando, junto a la puerta. Parecía una versión
mucho más cordial de Tom.
- Tú debes ser Jacques -Raven tocó la mano fría de Tom una vez más
antes de salir de la habitación.
- Y tú eres Raven -Miraba el anillo de su dedo, sin intentar ocultar su
sonrisa de satisfacción.
Raven alzó una ceja.
- No quiero que esté preocupado y me pareció la forma más rápida de salir
de aquí para que vuestra gente pudiera ayudarlo -Había sido incapaz de
‘usar’ a Jacques para ‘ver’ a Tom. Su bloqueo mental había sido demasiado
fuerte para penetrarlo. Byron había sido un objetivo fácil.
Al dirigirse a la puerta de entrada de la casa, Jacques movió la cabeza y la
instó a que se acercara con un gesto de sus dedos.
- Él quiere que bebas un poco de zumo.
- ¡Oh, déjalo! No le dije que fuera a tomarlo.
- Podemos quedarnos aquí toda la noche -dijo encogiendo los hombros y
esbozando una sesgada sonrisa- No me importaría, la casa de Tom es muy
cómoda.
Lo miró ceñuda, tratando de parecer muy enfadada, cuando en realidad
estaba empezando a encontrar a todos estos especímenes masculinos muy
cómicos. Creían actuar con tanta lógica…
- Eres exactamente igual que Tom. Y no te lo tomes como un cumplido -
añadió cuando vio que él parecía estar encantado.
Jacques sonrió de nuevo con aquella sonrisa sesgada que era capaz de
detener el corazón de cualquiera para después hacerlo pedazos.
- Eres de su familia, ¿verdad? -aventuró Raven completamente segura.
¿Cómo no iba a serlo? Tenía el mismo encanto, los mismos ojos y era tan
guapo como él.
- Cuando él quiere -Llenó un vaso con zumo de manzana fresco, y se lo
ofreció.
- Pero si él no se iba a enterar si no me lo tomara -beberlo la mataría.
- Él lo sabría. Lo sabe todo. Y en todo aquello que te concierne, puede ser un
poquitín irritable. Así que, bebe.
Raven suspiró resignada, e intentó obligarse a sí misma a tragar el zumo sin
molestar a Tom. Sabía que Jacques tenía razón sobre él, enseguida
sabría que no lo había bebido y parecía ser algo de vital importancia para él.
Al olerlo empezaron las náuseas. Raven tosió y se atragantó.
- Llámale -le dijo Jacques- Deja que él te ayude.
- Está tan débil, no tiene por qué hacer esto, lo debilitará más.
- No se entregará al sueño hasta que tú estés segura -insistió Jacques-
Llámale o nos iremos de aquí en la vida.
- ¡Incluso hablas como él! –Murmuró- Tom, lo siento. Necesito que me
ayudes con esto.
Le envió amor y cariño, una orden suave que le permitió apurar el vaso y
mantener el zumo en el estómago, sin vomitarlo. Enjuagó el vaso en el
fregadero y lo dejó secar.
- Tenías razón. No les habría permitido empezar con las curas hasta que yo
me lo hubiera bebido. Es tan testarudo.
- Para nosotros, nuestras mujeres son lo primero. No te preocupes por él;
jamás permitiríamos que le ocurriera nada malo -Dijo saliendo de la casa,
acompañando a Raven hasta el coche que estaba escondido en la espesura de
los árboles. Raven se detuvo.
- Escúchalos. Los lobos. Están hablándole, aúllan para él. Saben que está
herido.
Jacques le abrió la puerta del coche. Deslizo los ojos oscuros, tan
semejantes a los de Tom, por el cuerpo de Raven.
- Realmente es difícil encontrar a alguien como tú, eres especial.
- Eso dice Tom. Creo que es hermoso que los lobos le den ánimos -
Jacques arrancó el coche.
- Sabes que no puedes decir una palabra a nadie sobre la herida de Tom.
Lo pondrías en peligro -Era una afirmación, pero Raven pudo sentir la
acuciante necesidad de proteger a su hermano.
A Raven le gustó mucho más por eso, sintió que había un vínculo entre ellos,
pero no obstante, dirigió a Jacques una mirada ceñuda como reprimenda.
- Sois todos tan arrogantes. Persistís en la idea de que la raza humana no
tiene grandes poderes telepáticos y que de alguna forma, carecemos de
inteligencia. Te aseguro que tengo un cerebro, y soy perfectamente capaz
de comprender las cosas por mí misma.
Jacques sonrió de nuevo.
- Debes volverlo completamente loco. Lo de llamarlo ‘pez gordo’ estuvo
genial. Apostaría a que fue la primera vez que alguien le dijo eso.
- Le viene bien. Si alguien más le diera problemillas de este tipo, sería más…
-dudó, buscando las palabras adecuadas y soltó una pequeña carcajada-
Sería más tratable, más dócil.
- ¿Dócil? Nunca usaría esa palabra para describir a Tom. Ninguno de
nosotros lo habíamos visto antes tan feliz como lo es ahora. Gracias -Dijo
Jacques con suavidad. Dejó el coche en la zona más sombría
deliberadamente.
- Ten mucho cuidado esta noche y mañana. No salgas de la habitación hasta
que Tom se ponga en contacto contigo.
Raven puso los ojos en blanco y le hizo una mueca.
- Estaré bien.
- No lo entiendes. Si te ocurriera algo, lo perderíamos también a él.
Se detuvo antes de abrir la puerta.
- Ellos lo cuidarán, ¿verdad? -No quería admitirlo, pero sentía que le faltaba
una parte muy importante de sí misma, le habían arrebatado un pedazo de su
alma. Su mente gritaba de dolor porque ansiaba el contacto con Tom,
simplemente rozarlo. Lo justo para asegurarse de que estaba bien y que aún
estaban unidos.
- Ellos saben lo que hay que hacer. Se curará muy rápido. Debo volver con él.
Sin Gregori presente, yo soy el más fuerte, el más cercano a él. Me necesita
en este momento.

Tom estaba débil, consumido por el dolor y un hambre tan atroz que se le
clavaba en el alma. Se sentía culpable. La había herido, había estado a punto
de perderla. ¿Cómo podía cometer tantos errores cuando ella era todo lo
que le importaba? No debería haberle mentido en algo tan trivial. Raven.
Necesita llegar hasta ella, rozar su mente con la suya, sentirla y saber que
estaba allí. Además del dolor, de la debilidad y del hambre sentía un
terrible vacío en el alma. Sabía perfectamente que esta sensación tan
poderosa estaba causada por el ritual de emparejamiento, pero saberlo no
aliviaba la necesidad de contactar con ella.
- ¡Tom, bebe! -Jacques se materializó al lado de la cama, acercó a su
hermano mayor hacia su cuerpo con el rostro desencajado por la furia- ¿Por
qué permitiste que fuera solo, sin ayuda, Eric?
- Solo piensa en la mujer -dijo Eric en defensa propia. Jacques soltó una
maldición en voz baja.
- Está segura en su habitación, Tom. Debes beber por los dos. No podéis
existir el uno sin el otro. Si no sobrevives, la condenas a muerte o a vivir a
medias en el mejor de los casos -Jacques se tragó la ira, respirando
profundamente- Toma mi sangre. Te la doy libremente, sin reservas. Mi vida
es tuya; juntos seremos fuertes -Usó las palabras rituales sintiendo cada
una de ellas. Habría dado su vida por la de su líder. El resto comenzó la
letanía sanadora, el ritual para sanarlo. Hablaban siguiendo un ritmo
hipnótico en su antigua lengua.
A su espalda, Jacques podía oír el murmullo de sus voces, olía el dulce aroma
de las hierbas sanadoras. La tierra de los Cárpatos, con grandes
propiedades curativas, fue mezclada con las hierbas y la saliva de todos
ellos, formando un emplasto que colocaron sobre las heridas. Jacques
sostenía a su hermano en sus brazos, sentía como su fuerza y su vida fluían
hacia el cuerpo de Tom, y dio gracias a Dios por ser capaz de curarlo.
Tom era un buen hombre, un gran hombre y su gente no podía perderlo.
Tom sentía como la fuerza volvía su cuerpo, a sus músculos agotados, a su
cerebro y a su corazón. El musculoso cuerpo de Jacques tembló mientras se
dejaba caer en el borde de la cama, acunando aún a Tom entre sus
brazos, sosteniendo todavía la cabeza de su hermano para ayudarlo a beber
su sangre y recuperar así toda la que había perdido.
Tom se resistió, sorprendido por la fuerza que Jacques aún tenía y por lo
débil que él se sentía a pesar de la cantidad de sangre que había bebido.
- ¡No! ¡Estoy poniendo en peligro tu vida! -Le habló precipitadamente de
forma telepática puesto que Jacques se negaba a soltarlo.
- Aún no es suficiente, hermano. Toma lo que se te ofrece libremente sin
pensar en otra cosa que no sea recuperarte -Jacques continuó con la letanía
tanto tiempo como le fue posible, hasta que, demasiado débil para seguir, le
hizo un gesto a Eric.
Eric se hizo un corte en la muñeca sin pensarlo, sin pestañear ante la
dolorosa herida abierta. Le ofreció la muñeca a Jacques que continuaba
alimentando a Tom con su sangre. Eric y Byron continuaron con la rítmica
letanía, pronunciando las palabras mientras Jacques se alimentaba a sí
mismo y a su hermano.
Toda la habitación estaba inundada con los sentimientos de los que allí
estaban, amor y cariño, se respiraba limpieza y frescura. El ritual sanatorio
comenzó de nuevo. Ahora fue Eric el que necesitó una pausa cuando vio que
el color volvía al rostro de Tom y pudo escuchar el potente latido de su
corazón y la sangre correr por sus venas.
Byron pasó un brazo alrededor de Jacques para sostenerlo, ayudándolo a
sentarse en una silla. Sin decir una palabra tomó el lugar de Eric, dando a
Jacques el fluido vital.
Tom se movió, aceptaba el dolor de la herida como parte del proceso de
cura, como parte de los mecanismos de la vida. Volvió la cabeza buscando a
Jacques con su oscura mirada, lo encontró descansando sobre él, ligero
como una pluma.
- ¿Está bien?- su voz era suave, pero al mismo tiempo exigente. Tom era
autoritario en cualquier circunstancia. Jacques miró hacia arriba, pálido y
macilento, sonrió y guiñó un ojo.
- Me paso demasiado tiempo salvando tu pellejo, hermano mayor. Cualquiera
pensaría que un hombre con doscientos años más que yo, tendría más
sentido común y vigilaría mejor su espalda.
Tom sonrió con cansancio.
- Te pones muy gallito cuando estoy tumbado.
- Tenemos cuatro horas hasta el amanecer, Tom -Dijo Eric con seriedad-
Byron y yo debemos alimentarnos. Necesitas ir bajo tierra. Dentro de poco,
la separación de tu mujer empezará a pasarte factura. No puedes
permitirte malgastar energías contactando con ella. Tienes que ir bajo
tierra ahora que puedes soportarlo.
- Yo conjuraré los hechizos de protección y dormiré unos metros por encima
de ti para asegurar tu protección -dijo Jacques suavemente. Ya había
perdido a su hermana a manos de los asesinos, no iba a perder a su hermano.
También él necesitaba el poder sanador de la tierra. Incluso con la sangre
de Eric y Byron sabía que estaba todavía débil y necesitaba el sueño
reparador de la tierra. Tom alzó una ceja.
- Cinco minutos en compañía de Raven y estás a punto de provocar un motín -
Una pequeña sonrisa suavizó el rictus severo de sus labios.
Cerró los ojos con cansancio, se sentía muy culpable. Sería Raven quien
llevaría el peso de la noche que les esperaba. Él estaría profundamente
enterrado, muy lejos del dolor y sin percibir la separación. Muy lejos del
horror y del odio de aquellos que despreciaban a los de su estirpe. Raven
estaría rodeada por los asesinos, en peligro. Y lo que era peor, tendría que
soportar la pérdida de su conexión psíquica.
- Pequeña -La convocó mandándole todo su amor.
- ¿Estás mejor? -Preguntó Raven con alivio.
- Iré a por ti muy pronto. ¿Estás acostada?
- Siempre pensando en la cama, Mikhail. Te escuché antes, tu temor por la
vida de Jacques. Sé que era por Jacques. Tus pensamientos por él están
llenos de cariño. ¿Está bien?
- Está cansado. Me dio sangre -Mantener el contacto y salvar la distancia
era agotador, pero era necesario por el bien de los dos.
- Puedo sentir tu debilidad. Duerme ahora. No tienes que preocuparte por
-Le ordenó Raven con suavidad. Le dolía el cuerpo necesitando el roce de
sus dedos, ansiaba verlo.
- Tom, estás hablando con ella -la voz de Eric resonó como un trueno- No
puedes hacerlo.
Jacques hizo un gesto a Eric con la mano, dando por concluido el asunto.
- Deberías haber sabido que iba a hacerlo. Tom, si lo deseas, cualquiera
de nosotros puede ordenarle que duerma.
- Será muy incómodo para ti. Te resultará muy difícil dormir o comer.
Necesitarás constantemente estar a mi lado. Tu mente buscará la mía pero
no podrás contactar conmigo. No tengo la fuerza suficiente para ayudarte a
dormir esta noche. ¿Permitirías que Eric o Byron te dieran la orden?
A Tom no le gustaba la idea. Raven se encontró sonriendo. Él no tenía ni
idea de lo mucho que podía percibir de sus pensamientos. Quería que
estuviera a salvo, durmiendo mientras él dormía, pero no le gustaba la idea
de que otro hombre hiciera algo tan íntimo como enviarla a dormir.
- Estaré bien, Tom. La verdad es que ya me resulta muy duro aceptar eso
de ti, imagínate de otro, sería incapaz de aceptarlo. Estaré bien, te lo
prometo.
- Te amo, pequeña. Te lo digo con las palabras que vosotros usáis y salen de
lo profundo de mi corazón.
Tom usó las últimas fuerzas que le quedaban para pedir un gran favor al
único humano en el que confiaba, para asegurarse que Raven estaría segura.
Raven cerró los ojos, sabiendo que tenía que dejar que él se marchara antes
de que agotara todas sus fuerzas.
- Duerme, Tom. Con las palabras de tu gente, eres mi compañero.

Se quedó mirando al techo hasta mucho después que Tom se marchara.
Jamás se había sentido tan sola, tan absolutamente abandonada y fría. Se
envolvió en sus propios brazos, abrazándose fuerte, sentada en mitad de la
cama y meciéndose en un esfuerzo por relajarse. Había pasado sola toda su
vida, había aprendido a disfrutar de sí misma, de su propia compañía desde
que era niña.
Raven suspiró. Era tan absurdo. Tom estaría perfectamente. Tendría
oportunidad de leer un libro o continuar aprendiendo el idioma. El idioma de
Tom. Caminó descalza por la habitación. De un lado a otro. Estaba helada
y se frotaba los brazos con las manos para entrar en calor.
Encendió la lámpara con un manotazo y sacó de la maleta un libro de bolsillo,
decidida a sumergirse en las redes de desengaños y asesinatos amenizados
con una pizca de amor. Estuvo pegada al libro más de una hora, leyendo el
mismo párrafo dos y tres veces. Pero continuó empeñada hasta que cayó en
la cuenta de que no había entendido ni una sola palabra. Frustrada, arrojó el
libro al otro lado de la habitación.
¿Qué iba a hacer con Tom? No tenía familia en los Estados Unidos, nadie
que pudiera importarle si volvía o se quedaba allí para siempre. Después de
todo lo que había sucedido, aún necesitaba estar con Tom, tenía que
estar con él. El sentido común le decía que debía marcharse antes de que las
cosas llegaran más lejos. Pero ya no había espacio ni en su cabeza ni en su
corazón para el sentido común. Se pasó una mano por el pelo, estaba tan
cansada. No tenía ganas de regresar para perseguir asesinos en serie.
Entonces ¿Qué iba a hacer con Tom? Todavía no había aprendido a
decirle que no. Ella sabía lo que era el amor. Había conocido a varias parejas
que se profesaban verdadero amor. Pero lo que ella sentía por Tom iba
más allá de todo eso. Era mucho más que simple pasión y afecto, rayaba en la
obsesión. Tom estaba dentro de ella, fluía junto con su sangre, envolvía
sus entrañas y su corazón. Había penetrado de alguna manera en su mente
robando los secretos de su alma.
No era sólo que su cuerpo ansiara el suyo, ardiera por el suyo, que su piel
hirviera de necesidad por él, es que se sentía como una drogadicta. ¿Eso era
amor o una obsesión enfermiza? Y además estaban los sentimientos de
Tom hacia ella. Sus emociones eran tan intensas y encarnizadas. La forma
en que él sentía hacía palidecer sus propios sentimientos. Su relación la
asustaba. Él era tan territorial, tan posesivo, fiero y salvaje. Era un hombre
peligroso, que ordenaba a los demás y estaba acostumbrado a una
obediencia absoluta. Era juez, jurado y verdugo. Dependía tanta gente de él.
Raven se tapó la cara con las manos, él la necesitaba. Él no tenía a nadie más.
La necesitaba realmente. Lo veía en sus ojos. Eran fríos e inexpresivos
cuando miraban a los demás, pero se derretían cuando la miraban a ella. Su
boca podía tener un rictus cruel y duro hasta que se suavizaba cuando se
reía con ella, le hablaba, la besaba. Él la necesitaba.
Volvió a pasearse nerviosa. Las costumbres de Tom, su forma de vivir,
eran tan diferentes a las suyas. Estás asustada, Raven, se castigó a sí
misma. Presionó la frente contra el cristal de la ventana. Estás tan asustada
que jamás serás capaz de abandonarlo. Él poseía demasiado poder y lo usaba
sin pararse a pensar. No, no era eso lo que la ataba, si era justa. Ella
también lo necesitaba. Su risa, la ternura de sus caricias. La forma en que
su cuerpo ardía por ella, su mirada hambrienta y posesiva, abrasadora, la
urgencia de su necesidad lo volvía salvaje. Su conversación, su inteligencia,
su sentido del humor tan parecido al suyo. Se pertenecían el uno al otro.
Eran dos mitades de un mismo ser.
Raven se quedó de pie en el centro de la habitación, sorprendida por el
rumbo de sus pensamientos. ¿Por qué creía que estaban hechos el uno para
el otro? Su mente estaba en un estado caótico, tremendamente aturdida.
Ella solía ser siempre fría, pensaba de forma racional y ahora parecía ser
incapaz de lograr un solo pensamiento coherente. Todo en ella llamaba a
voces a Tom, solo para sentir su presencia, para saber que estaba cerca.
Sin pensarlo, intentó alcanzar su mente y solo encontró el vacío. O Tom
estaba demasiado lejos, o dormía inducido por alguna droga. Empezó a
temblar y se sintió más sola que nunca. Le faltaba algo. Se mordió los
nudillos, estaba histérica.
Su cuerpo se movía porque tenía que hacerlo. A un lado y a otro de la
habitación, una vez y otra hasta que estuvo totalmente exhausta. El peso
que sentía en el corazón parecía aumentar a cada paso que daba. Era incapaz
de razonar con coherencia, de respirar, incluso. Totalmente desesperada
intentó tocar de nuevo la mente de Tom, para saber que estaba a salvo.
Encontró de nuevo el vacío.
Se tumbó en la cama, en posición fetal, abrazando la almohada. Allí, en la
oscuridad, dando vueltas de un lado a otro el dolor la inundaba, la consumía
de tal manera que no podía pensar en otra cosa que no fuera Tom. Él se
había ido. La había abandonado y ahora estaba completamente sola, a
medias, una simple sombra. Comenzó a llorar de forma desgarradora, las
lágrimas arrasaban sus mejillas mientras aquel vacío se clavaba en sus
entrañas. No podría seguir viviendo sin él.
Todos sus planes para marcharse, calculados con meticulosidad no
importaban, no podían importar. La parte cuerda de su mente le decía que
era imposible sentir lo que estaba sintiendo. Tom no podía ser su otra
mitad; había sobrevivido durante años sin él. No podía estar pensando en
tirarse por el balcón simplemente porque no pudiera contactar con él.
Raven se encontró de repente cruzando la habitación, muy lentamente, paso
a paso, como si alguien la obligara. Abrió las ventanas del balcón de par en
par y entró una corriente de aire frío y húmedo. La niebla cubría por
completo las montañas y el bosque. Era todo tan hermoso, pero Raven era
incapaz de verlo. No podía vivir sin Tom. Sus manos agarraron la
barandilla de madera, y encontraron dos profundas marcas. Sus dedos las
acariciaron una y otra vez, era la única cosa real en un mundo desnudo.
- ¿Señorita Whitney?
Envuelta en su dolor, no había notado la presencia de otra persona. Se giró
llevándose la mano a la garganta en un gesto protector.
- Perdóname por asustarte -La voz del Padre Hummer era amable. Se
levantó de una silla dispuesta en el extremo de su balcón. Tenía una manta
sobre los hombros, pero Raven vio que estaba temblando a causa del frío de
la noche- No estás a salvo aquí fuera, querida -La tomó del brazo y la llevó
de nuevo al interior de la habitación, cerrando con llave la ventana. Raven
encontró de nuevo su voz.
- ¿Qué demonios estaba haciendo usted ahí fuera? ¿Cómo llegó usted hasta
ahí?
El párroco sonrió con presunción.
- No fue difícil. La Sra. Galvenstein es un miembro de la Iglesia. Sabe que
Tom y yo somos grandes amigos. Simplemente le dije que Tom era tu
prometido y que necesitaba entregarte un mensaje. Y como soy lo
suficientemente mayor para ser tu abuelo, pensó que no había ningún peligro
al permitirme esperar en el balcón hasta que volvieras. Y, por supuesto, ella
jamás dejaría pasar la oportunidad de hacer algo por Tom. Él es muy
generoso y pide poco a cambio. Creo que el hizo la inversión inicial de la
pensión y permitió que la Sra. Galvenstein se lo devolviera a plazos
razonables y cómodos.
Raven le dio la espalda, incapaz de detener el mar de lágrimas.
- Lo siento, Padre. Ahora no puedo hablar. No sé qué me está pasando.
El padre Hummer le alargó un pañuelo por encima del hombro.
- Tom estaba preocupado, sabía que esta noche iba a ser… difícil para ti.
Y mañana. Él esperaba que pasaras el tiempo conmigo.
- Estoy tan asustada… -confesó Raven- y sé que es una tontería. No hay
ninguna razón para tener miedo. No sé por qué me estoy comportando de
esta forma.
- Tom está bien. Él es indestructible, querida, un enorme gato de la selva
con nueve vidas. Lo conozco desde hace muchos años. Nada acabará con
Tom.
El sufrimiento invadía cada centímetro de su cuerpo, su mente y su alma.
Tom estaba fuera de su alcance, perdido para ella. De alguna manera,
durante aquellas horas que debían estar separados, había desaparecido.
Raven agitó la cabeza, su dolor era tan profundo y salvaje que la
estrangulaba, era incapaz de llenar de aire sus pulmones.
- ¡Raven, detén esto ahora mismo! -El Padre Hummer empujó su menudo
cuerpo hasta el borde de la cama, para que se sentara- Tom me pidió que
estuviera contigo. Dijo que vendría a por ti mañana al caer la noche.
- Usted no sabe…
- ¿Para qué si no me habría sacado de la cama a estas horas? Soy un anciano,
niña. Necesito descansar. Tienes que pensar con claridad, usa tu cerebro.
- Pero todo es tan real, como si estuviera muerto y lo hubiera perdido para
siempre.
- Pero sabes que no es así -Dijo intentando razonar- Tom te eligió por sí
mismo. Lo que compartes con él es lo que comparten sus congéneres con sus
compañeras. Ellos dan por sentada la unión física y mental. Cuidan tanto esta
unión tan fuerte que, según he aprendido a lo largo de los años, ninguno de
ellos suele sobrevivir cuando el otro desaparece. La gente de Tom
procede de la tierra, son salvajes y libres como los animales pero tienen
enormes habilidades y por supuesto tienen conciencia.
Estudió el rostro de Raven, estaba surcado por las lágrimas y en sus ojos
podía verse un gran sufrimiento. Aún respiraba trabajosamente, pero vio
que el llanto disminuía.
- ¿Me estás escuchando, Raven?
Afirmó con la cabeza, luchando desesperadamente por agarrarse a sus
palabras para recobrar la cordura. Este hombre conocía a Tom desde
hacía años. Podía sentir el cariño que sentía por Tom, y estaba
totalmente seguro de su fortaleza para superar esto.
- Por alguna razón, Dios te ha dado el don de poder establecer una unión
física y mental con Tom. Eso conlleva una imponente responsabilidad.
Tienes literalmente su vida en tus manos. Debes sobreponerte a este
sentimiento y usar tu inteligencia. Sabes que no está muerto. Te dijo que
volvería. Me envió a ti, temeroso de que te hicieras daño a ti misma. Piensa,
razona. Eres humana, no un animal que llama a gritos a su compañero.
Raven intentó aferrarse a lo que el Padre le decía. Sentía que estaba en un
pozo profundo y no era capaz de volver a la luz. Se concentró en cada una de
sus palabras, obligándolas a que penetraran en su mente. Inspiraba el aire
profundamente, los pulmones le ardían. ¿Era todo aquello posible?
Maldito sea por hacerla pasar por esto, por saber lo que iba a ocurrir y no
evitarlo. ¿Tan cercana al cambio está?
Raven se secó las lágrimas dispuesta a reponerse. Dispuesta a expulsar
aquel sufrimiento para poder pensar con lógica. Podía sentir como el dolor la
carcomía y esperaba en los bordes de su inconsciencia para devorarla.
- ¿Y por qué no puedo comer ni beber otra cosa que no sea agua? -se
masajeó las sienes, no vio la expresión de angustia que cruzó por el curtido
rostro del párroco. El Padre Hummer se aclaró la garganta.
- ¿Cuánto hace que te ocurre esto? ¿Tu apellido es Whitney, verdad?
Aquel terrible vacío permanecía agazapado en sus entrañas, en su mente,
dispuesto a saltar y hundir sus dientes en ella de nuevo. Raven luchó para
controlarse. Alzó la barbilla.
- Raven, por favor, llámeme Raven. Ya parece saber todo sobre mí -Estaba
intentando controlar el temblor. Alargando las manos, las contempló
mientras temblaban- ¿No es absurdo?
- Ven a mi casa, niña. Pronto amanecerá. Puedes pasar el día conmigo. Lo
consideraría un gran honor.
- Él sabía lo que iba a ocurrirme, ¿verdad? -preguntó en voz baja,
empezando a entenderlo todo- Por eso le envió. Tenía miedo de que
consiguiera hacerme daño a mí misma.
Edgar Summer dejó salir el aire de sus pulmones lentamente.
- Me temo que sí, niña. Ellos no son como nosotros.
- Intentó decírmelo. Pero yo no soy como ellos. ¿Por qué tendría que
ocurrirme esto? -preguntó de nuevo Raven- No tiene ningún sentido. ¿Por
qué pensaba Tom que me iba a ocurrir esto?
- Completasteis el ritual. Eres su otra mitad. La luz que ilumina su oscuridad.
No podéis estar el uno sin el otro. Ven conmigo, Raven, volvamos a mi casa.
Nos sentaremos y hablaremos de Tom hasta que venga a buscarte.



HOLA!!! AQUI ESTA EL PRIMER CAPITULO DEL AÑO ... GRACIAS POR EMPEZAR CONMIGO OTRO AÑO .. HASTA PRONTO Y DISFRUTEN :))

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