CAPITULO # 7.-
El viaje en coche hacia la
casa fue una tortura para Tom. Su cuerpo
ansiaba sangre para
reemplazar la que había perdido. La debilidad
aumentaba por momentos,
los rasgos de su rostro eran cada vez más
afilados y mostraban el
dolor que sentía. Era uno de los ancianos, y todos
ellos sentían las
emociones y las heridas de forma intensa. En condiciones
normales, simplemente
habría detenido sus pulmones y su corazón para
detener la hemorragia, el
sanador se habría hecho cargo después y los
demás lo habrían ayudado
en lo que necesitara.
Pero Raven lo cambiaba
todo. Raven y aquella cosa – fuese lo que fuese – que
los vigilaba. Todavía
podía sentir aquella inquietud sobre él. Sabía que otro
ser los estudiaba desde la
distancia, incluso mientras viajaban en el coche
hacia su casa.
- Tom -siseó Eric mientras
lo ayudaban a entrar en el santuario de su
hogar- deja que te ayude.
Raven estaba en la puerta,
no podía apartar la vista del pálido rostro de
Tom. Parecía
repentinamente tener más de los treinta años que ella le
calculaba. Alrededor de su
boca podían verse unas líneas blanquecinas, pero
su mente estaba tranquila,
incluso la respiración era relajada. Dio un paso
hacia atrás sin decir
nada, para dejarlos entrar.
Se sentía herida por la
negativa de Tom ante su ofrecimiento de ayuda.
Si él prefería la compañía
de su gente, no iba a rebajarse a mostrarles lo
molesta que estaba. Se
mordió el labio inferior. Se retorcía los dedos y
tenía una expresión de
angustia en los ojos. Simplemente tenía que
comprobar con sus propios
ojos que Tom iba a ponerse bien. Llevaron a
Tom hasta sus aposentos
mientras Raven los seguía.
- ¿Puedo llamar a un
médico? -preguntó, conociendo de antemano la
respuesta. Percibía los
sentimientos de todos ellos, la querían lejos de allí.
Supo, de forma instintiva,
que Tom no recibiría el tratamiento que
necesitaba hasta que ella
se marchara.
- No, pequeña -Tom le
tendió la mano.
Ella se acercó, enlazando
los dedos con los de él. Siempre era tan fuerte y
ahora se veía tan pálido y
consumido. Raven estaba a punto de llorar.
- Necesitas ayuda, Tom.
Dime qué puedo hacer.
Sus ojos, negros y fríos,
se llenaron de calidez al mirar su rostro.
- Ellos saben lo que hay
que hacer. Esta no es mi primera herida, y tampoco
es la peor que he
recibido.
Una pequeña sonrisa curvó
tristemente la boca de Raven.
- ¿Estos eran los negocios
de los que tenías que ocuparte esta noche?
- Sabes que debo atrapar a
los que asesinaron a mi hermana -Su voz sonaba
cansada y sin fuerzas.
Raven odiaba discutir con
él en ese momento, pero había cosas que debían
ser aclaradas.
- Me dijiste que sólo ibas
a salir, que no harías nada peligroso. No era
necesario mentirme sobre
lo que estabas haciendo. Sé que eres el pez gordo
de la zona, pero yo me
dedico a esto precisamente. Persigo asesinos. Se
supone que somos una
pareja, Tom.
Byron, Eric y Jacques se
miraron alzando las cejas. Byron dibujó con los
labios la expresión ‘pez
gordo’. Ninguno se atrevió a sonreír, ni siquiera
Jacques.
Tom frunció el ceño
sabiendo que la había herido.
- No dije ninguna mentira.
Simplemente salí a investigar un poco.
Desafortunadamente todo se
complicó. Créeme, no tenía ninguna intención
de acabar herido. Fue un
descuidado accidente.
- Tienes predilección por
meterte en problemas cuando no estoy contigo -La
sonrisa de Raven ni
siquiera alcanzó sus ojos- ¿Es grave lo de la pierna?
- Nada más que un rasguño.
No hay que preocuparse.
De nuevo guardó silencio,
los ojos azules estudiaban el rostro de Tom con
una mirada lejana y
pensativa, como si no estuviera allí.
Tom sintió que el estómago
se le retorcía. Raven tenía aquella mirada, la
que solía poner cuando
pensaba demasiado. Era lo último que necesitaba
estando herido, obligado a
enterrarse bajo el suelo en cuanto tuviera
oportunidad. No quería que
ella se distanciara y había algo en su quietud que
le preocupaba mucho. No
podía abandonarlo. Él sabía que no podría hacerlo,
pero no quería que ella
quisiera abandonarlo, que pensara abandonarlo.
- Estás enfadada conmigo
-Afirmó.
Raven negó con la cabeza.
- No, de verdad que no lo
estoy. Quizás esté desilusionada contigo -Parecía
triste- Dijiste que no
podría haber mentiras entre nosotros y aún así, a la
primera oportunidad, me
has mentido -Se mordió el labio inferior con
fuerza durante un
instante. Las lágrimas brillaban en sus ojos, pero
parpadeó impaciente para
alejarlas- Me pides que tenga plena confianza en
ti, Tom, me da la
sensación que tú necesitas confiar también en mí.
Deberías haber mostrado
mucho más respeto por mí, o al menos por mis
habilidades. Yo persigo asesinos
usando una conexión psíquica. Los persigo
usando la visión de otra
persona. Algunos de los tuyos son descuidados y
están demasiado pagados de
sí mismos. Ni siquiera se preocupan de bloquear
sus mentes. Sois todos tan
arrogantes que ni siquiera se os ocurre la idea de
que un humano, no uno de
vuestros congéneres de una raza superior, pueda
colarse en vuestras
mentes. Y alguien más ahí fuera que tiene la misma
habilidad que yo y os
señala a los asesinos. Si yo puedo husmear en vuestras
mentes, ella puede hacerlo
también. Mi consejo, si es que os interesa, es que
extreméis las
precauciones.
Raven dio unos pasos
alejándose de la mano apaciguadora de Tom que
continuaba extendida.
- Simplemente estoy
tratando de salvar vuestras vidas, no quiero ser
vengativa -Era el orgullo
lo que la mantenía en pie. Ya había sentido la
pérdida de Tom y de la
compenetración tan especial que compartían. De
alguna forma sabía que
jamás habría otro hombre, en ningún otro momento
de su vida con el que
pudiera reírse y hablar como ellos lo hacían, con el que
pudiera sentirse aceptada
y cómoda- No necesitas decir nada, Tom. Vi tu
pequeño rasguño en primera
fila. Tenías razón, no estabais solos allí, yo
estaba mirando. Ser
honesto, en mi idioma, significa ser sincero, decir la
verdad.
Raven tomó aire
profundamente, se quitó el anillo y lo dejó con cuidado, y
con mucho esfuerzo, sobre
la mesita de noche.
- Lo siento, Tom, de
verdad. Sé que te estoy desilusionando, pero no
encajo en vuestro mundo.
No entiendo sus reglas. Por favor, ten la bondad
de mantenerte alejado de
mí, de no ponerte en contacto conmigo. Ambos
sabemos que no soy una
buena compañera para ti. Me marcharé en el primer
tren.
Con estas palabras, se dio
la vuelta dirigiéndose hacia la puerta que se cerró
con un sonoro portazo.
Raven la miró fijamente, sin volverse. La tensión se
respiraba en el aire,
cargado con una sensación oscura a la que ella era
incapaz de poner nombre.
- No creo que sea bueno
prolongar esto. Necesitas ayuda urgente. Es obvio
que lo que intentan hacerte
es algo que no puede hacerse delante de
extraños. Yo soy
simplemente eso, una extraña. Déjame volver a casa, donde
pertenezco, Tom, y deja
que te ayuden ahora.
- Dejadnos a solas -ordenó
Tom a los otros, que obedecieron de mala
gana.
- Raven, acércate a mí,
por favor. Estoy débil y acercarme a ti acabaría con
las pocas fuerzas que me
quedan -Había delicadeza en su voz, y una
honestidad que a Raven le
rompió el corazón.
Cerró los ojos ante el
poder hipnótico de su voz, ante la suave caricia de su
tono, que se asemejaba a
una capa de terciopelo negro sobre su piel; su voz
penetraba hasta lo más
profundo de su ser, envolviendo su corazón.
- Esta vez no, Tom. No
sólo vivimos en dos mundos diferentes, tenemos
valores totalmente
diferentes. Lo intentamos – sé que tú querías hacerlo –
pero no puedo seguir así.
Quizás nunca pude. Todo sucedió demasiado
deprisa y no nos conocemos
en realidad.
- Raven -Pronunció su
nombre con vehemencia- Ven hacia mí.
Se apretó las sienes con
los dedos.
- No puedo Tom. Si te
permito engatusarme de nuevo, perderé todo el
respeto por mí misma.
- Entonces no me queda
otra opción que acercarme a ti -Se incorporó,
usando las manos para
mover la pierna herida.
- ¡No! -Gritó dándose la
vuelta angustiada- Detente, Tom. Voy a llamar a
los otros para que vuelvan
-Dijo recostándolo sobre los almohadones de la
cama.
La sujetó por la nuca, con
sorprende fuerza.
- Eres la única razón que
me mantiene con vida en este momento. Te dije que
cometería errores. No
puedes abandonarme, abandonarnos a ambos. Tú me
conoces, todo lo que es
importante lo conoces. Puedes penetrar en mi mente
y sabes que te necesito.
Jamás te haría daño.
- Ya me has hecho daño.
Esto duele. Esas personas que esperan ahí fuera
son tu familia, tu gente.
Yo soy de otro país, de otra raza. Este no es mi
hogar y nunca lo será.
Deja que los llame para que te ayuden y permite que
me vaya.
- Tienes razón, Raven. Te
dije que no habría mentiras entre nosotros, pero
necesito protegerte de
cualquier cosa violenta o que represente una
amenaza, de cualquier cosa
que pueda hacerte daño -Su pulgar se movía
acariciándole el pómulo
hasta descender a los labios- No me abandones,
Raven. No me destruyas.
Moriré si me dejas- En sus ojos se leía todo, la
persuadían mirándola con
total resolución, sin ocultar la cruda realidad de
sus palabras, su completa
vulnerabilidad.
- Tom -dijo con
desesperación en apenas un susurro- Te miro y algo, en lo
más hondo de mí, me dice
que nos pertenecemos el uno al otro, que me
necesitas y que jamás seré
nada sin ti. Pero sé que es una tontería. He
vivido sola la mayor parte
de mi vida, y he sido bastante feliz.
- Estabas aislada, herida.
Nadie te veía, nadie sabía quién eras. Nadie podía
apreciarte o cuidarte como
yo lo hago. No nos hagas esto Raven. No.
Estrechó su brazo y la
atrajo hacia él inevitablemente. ¿Cómo podía
resistirse al Tom más
seductor? Era tarde, demasiado tarde. Su boca ya
estaba buscando la suya,
atrapándola. Sus labios eran cálidos, suaves, tan
tiernos que los ojos de
Raven se llenaron de lágrimas. Posó la frente sobre la
de Tom, muy cansada.
- Me hiciste daño, Tom,
mucho daño.
- Lo sé, pequeña. Lo
siento. Por favor, perdóname.
Una pequeña sonrisa curvó
los labios de Raven.
- ¿Así de simple?
Tom recogió con el dedo
una lágrima que bajaba por el rostro de Raven.
- No, pero es todo lo que
puedo darte en este momento.
- Necesitas ayuda y sé que
yo no puedo dártela. Me voy. Puedes ponerte en
contacto conmigo cuando lo
necesites. Te prometo que no me iré a ningún
sitio hasta que estés
mejor.
- Ponte de nuevo el
anillo, Raven -dijo él con suavidad.
Negó con la cabeza,
apartándose de él.
- No, Tom. Vamos a dejar
las cosas así por un tiempo. Déjame pensar con
tranquilidad.
La mano de Tom le acarició
la nuca, bajó por el hombro, rozando el brazo
hasta cerrarse sobre la
muñeca.
- Mañana necesitaré
dormir, dormir profundamente. Quiero que estés
protegida de esa gente
-Sabía que ella asumiría que los otros iban a
llevárselo.
Raven apartó un mechón
oscuro de la frente de Tom.
- Estaré bien, aunque esté
sola, como lo he estado durante años. Estás tan
ocupado cuidando del mundo
que piensas que nadie es capaz de cuidar de sí
mismo. Te prometo que no
te abandonaré, y te prometo que tendré cuidado.
No voy a esconderme en sus
armarios ni debajo de sus camas.
Tom la sujetó por la
barbilla.
- Esa gente es muy
peligrosa, Raven, son fanáticos. Lo descubrí esta noche.
- ¿Pudieron identificarte?
-por un instante no fue capaz de respirar. Estaba
desesperada porque sus
amigos le cuidaran la herida.
- No, de ninguna manera. Y
no hay manera de que sepan que fui yo. Descubrí
dos nombres más. Eugene,
muy moreno, con acento Húngaro.
- Ese es Eugene Slovensky.
Vino en la misma excursión que los otros.
-¿Conoces a alguien
llamado Kurt? -dijo apoyando la cabeza en la almohada,
incapaz de bloquear por
más tiempo el dolor del muslo. Sentía que una
oxidada espada le
atravesaba la carne.
- Kurt Von Halen. También
está con ellos. Había un tercer hombre, pero
nadie pronunció su nombre
-Su voz reveló la debilidad de su cuerpo- Tenía
unos cuarenta años, pelo
canoso y un delgado bigote canoso también.
- Ese debe ser Harry
Summers, el marido de Margaret.
- La pensión es un nido de
asesinos. Lo peor de todo fue lo que la partera le
dijo a su esposo y a todos
los demás, que Noelle no era una no-muerta.
¿Cómo pudieron pensar esa
tontería cuando acababa de dar a luz a un bebé?
¡Dios! Qué forma más
horrible de perder la vida -El sufrimiento por la
pérdida de su hermana lo
inundó de nuevo, añadiéndose a la pesada carga del
dolor físico.
Raven podía sentir el
dolor golpeándola en sus entrañas con crueldad.
- Me voy ahora para que
ellos puedan ayudarte, Tom. Te debilitas a cada
instante -Se inclinó para
besarlo en la frente- Puedo sentir su ansiedad.
La cogió de la mano.
- Ponte de nuevo mi anillo
-Acariciaba con el pulgar la parte interna de la
muñeca de Raven- Quiero
que te lo pongas, es importante para mí.
- De acuerdo, Tom, pero
sólo lo hago para que puedas descansar. Lo
arreglaremos cuando te
sientas mejor. Llama ahora a tus amigos. Volveré en
tu coche a la pensión -Le
acarició la piel.
Estaba frío, muy frío.
Raven se puso de nuevo el anillo pero Tom volvió a
agarrarla.
- No te acerques a esa
gente, quédate en tu habitación. Yo dormiré durante
todo el día. Descansa e
iré a por ti por la noche.
- ¿No vas muy rápido? -preguntó
mientras apartaba un mechon lacio de la frente de
Tom- Creo que estarás un
tiempo en la cama.
- La estirpe de los
Cárpatos sana muy rápidamente. Jacques te acompañará
a la pensión, para que no
te ocurra nada.
- No es necesario, de
verdad -declinó la idea porque no se sentía nada
cómoda ante la presencia
de aquellos extraños.
- Es necesario para mi
tranquilidad -dijo Tom suavemente, implorándole
con los ojos negros que le
hiciera caso. Cuando Raven consintió con un
pequeño movimiento de
cabeza, Tom tentó de nuevo a la suerte- Antes de
que te vayas, por favor,
intenta tomarte otro vaso de zumo. Servirá para
que no me preocupe tanto
por ti -Sabía, al leer su mente, que había tomado
un poco de zumo un rato
antes, pero su estómago se rebeló antes de que el
primer sorbo tocara sus
labios. Se maldijo por ello, él era el responsable de
que el cuerpo de Raven
rechazara los alimentos humanos. Raven ya estaba
demasiado delgada, no
podía afrontar una pérdida de peso.
- El simple olor del zumo
me asquea -admitió queriendo levantarle el ánimo,
pero sabiendo que era
imposible- De verdad, creo que tengo la gripe. Lo
intentaré más tarde, Tom.
- Te ayudaré -Murmuró las
palabras con voz muy débil y los ojos nublados
por la preocupación-
Necesito hacer esto por ti. Por favor, pequeña, déjame
hacer sólo esto.
A su espalda, la puerta se
abrió y los tres amigos de Tom entraron. Uno
de ellos se quedó de pie,
esperando, junto a la puerta. Parecía una versión
mucho más cordial de Tom.
- Tú debes ser Jacques -Raven
tocó la mano fría de Tom una vez más
antes de salir de la
habitación.
- Y tú eres Raven -Miraba
el anillo de su dedo, sin intentar ocultar su
sonrisa de satisfacción.
Raven alzó una ceja.
- No quiero que esté
preocupado y me pareció la forma más rápida de salir
de aquí para que vuestra
gente pudiera ayudarlo -Había sido incapaz de
‘usar’ a Jacques para
‘ver’ a Tom. Su bloqueo mental había sido demasiado
fuerte para penetrarlo.
Byron había sido un objetivo fácil.
Al dirigirse a la puerta
de entrada de la casa, Jacques movió la cabeza y la
instó a que se acercara
con un gesto de sus dedos.
- Él quiere que bebas un
poco de zumo.
- ¡Oh, déjalo! No le dije
que fuera a tomarlo.
- Podemos quedarnos aquí
toda la noche -dijo encogiendo los hombros y
esbozando una sesgada
sonrisa- No me importaría, la casa de Tom es muy
cómoda.
Lo miró ceñuda, tratando
de parecer muy enfadada, cuando en realidad
estaba empezando a
encontrar a todos estos especímenes masculinos muy
cómicos. Creían actuar con
tanta lógica…
- Eres exactamente igual
que Tom. Y no te lo tomes como un cumplido -
añadió cuando vio que él
parecía estar encantado.
Jacques sonrió de nuevo
con aquella sonrisa sesgada que era capaz de
detener el corazón de
cualquiera para después hacerlo pedazos.
- Eres de su familia,
¿verdad? -aventuró Raven completamente segura.
¿Cómo no iba a serlo?
Tenía el mismo encanto, los mismos ojos y era tan
guapo como él.
- Cuando él quiere -Llenó
un vaso con zumo de manzana fresco, y se lo
ofreció.
- Pero si él no se iba a
enterar si no me lo tomara -beberlo la mataría.
- Él lo sabría. Lo sabe
todo. Y en todo aquello que te concierne, puede ser un
poquitín irritable. Así
que, bebe.
Raven suspiró resignada, e
intentó obligarse a sí misma a tragar el zumo sin
molestar a Tom. Sabía que
Jacques tenía razón sobre él, enseguida
sabría que no lo había
bebido y parecía ser algo de vital importancia para él.
Al olerlo empezaron las
náuseas. Raven tosió y se atragantó.
- Llámale -le dijo
Jacques- Deja que él te ayude.
- Está tan débil, no tiene
por qué hacer esto, lo debilitará más.
- No se entregará al sueño
hasta que tú estés segura -insistió Jacques-
Llámale o nos iremos de
aquí en la vida.
- ¡Incluso hablas como él!
–Murmuró- Tom, lo siento. Necesito que me
ayudes con esto.
Le envió amor y cariño,
una orden suave que le permitió apurar el vaso y
mantener el zumo en el
estómago, sin vomitarlo. Enjuagó el vaso en el
fregadero y lo dejó secar.
- Tenías razón. No les
habría permitido empezar con las curas hasta que yo
me lo hubiera bebido. Es
tan testarudo.
- Para nosotros, nuestras
mujeres son lo primero. No te preocupes por él;
jamás permitiríamos que le
ocurriera nada malo -Dijo saliendo de la casa,
acompañando a Raven hasta
el coche que estaba escondido en la espesura de
los árboles. Raven se
detuvo.
- Escúchalos. Los lobos.
Están hablándole, aúllan para él. Saben que está
herido.
Jacques le abrió la puerta
del coche. Deslizo los ojos oscuros, tan
semejantes a los de Tom,
por el cuerpo de Raven.
- Realmente es difícil
encontrar a alguien como tú, eres especial.
- Eso dice Tom. Creo que
es hermoso que los lobos le den ánimos -
Jacques arrancó el coche.
- Sabes que no puedes
decir una palabra a nadie sobre la herida de Tom.
Lo pondrías en peligro
-Era una afirmación, pero Raven pudo sentir la
acuciante necesidad de
proteger a su hermano.
A Raven le gustó mucho más
por eso, sintió que había un vínculo entre ellos,
pero no obstante, dirigió
a Jacques una mirada ceñuda como reprimenda.
- Sois todos tan
arrogantes. Persistís en la idea de que la raza humana no
tiene grandes poderes
telepáticos y que de alguna forma, carecemos de
inteligencia. Te aseguro
que tengo un cerebro, y soy perfectamente capaz
de comprender las cosas
por mí misma.
Jacques sonrió de nuevo.
- Debes volverlo
completamente loco. Lo de llamarlo ‘pez gordo’ estuvo
genial. Apostaría a que
fue la primera vez que alguien le dijo eso.
- Le viene bien. Si
alguien más le diera problemillas de este tipo, sería más…
-dudó, buscando las
palabras adecuadas y soltó una pequeña carcajada-
Sería más tratable, más dócil.
- ¿Dócil? Nunca usaría esa
palabra para describir a Tom. Ninguno de
nosotros lo habíamos visto
antes tan feliz como lo es ahora. Gracias -Dijo
Jacques con suavidad. Dejó
el coche en la zona más sombría
deliberadamente.
- Ten mucho cuidado esta
noche y mañana. No salgas de la habitación hasta
que Tom se ponga en
contacto contigo.
Raven puso los ojos en
blanco y le hizo una mueca.
- Estaré bien.
- No lo entiendes. Si te
ocurriera algo, lo perderíamos también a él.
Se detuvo antes de abrir
la puerta.
- Ellos lo cuidarán,
¿verdad? -No quería admitirlo, pero sentía que le faltaba
una parte muy importante
de sí misma, le habían arrebatado un pedazo de su
alma. Su mente gritaba de
dolor porque ansiaba el contacto con Tom,
simplemente rozarlo. Lo
justo para asegurarse de que estaba bien y que aún
estaban unidos.
- Ellos saben lo que hay
que hacer. Se curará muy rápido. Debo volver con él.
Sin Gregori presente, yo
soy el más fuerte, el más cercano a él. Me necesita
en este momento.
Tom estaba débil,
consumido por el dolor y un hambre tan atroz que se le
clavaba en el alma. Se
sentía culpable. La había herido, había estado a punto
de perderla. ¿Cómo podía
cometer tantos errores cuando ella era todo lo
que le importaba? No
debería haberle mentido en algo tan trivial. Raven.
Necesita llegar hasta
ella, rozar su mente con la suya, sentirla y saber que
estaba allí. Además del
dolor, de la debilidad y del hambre sentía un
terrible vacío en el alma.
Sabía perfectamente que esta sensación tan
poderosa estaba causada
por el ritual de emparejamiento, pero saberlo no
aliviaba la necesidad de
contactar con ella.
- ¡Tom, bebe! -Jacques se
materializó al lado de la cama, acercó a su
hermano mayor hacia su
cuerpo con el rostro desencajado por la furia- ¿Por
qué permitiste que fuera
solo, sin ayuda, Eric?
- Solo piensa en la mujer
-dijo Eric en defensa propia. Jacques soltó una
maldición en voz baja.
- Está segura en su
habitación, Tom. Debes beber por los dos. No podéis
existir el uno sin el
otro. Si no sobrevives, la condenas a muerte o a vivir a
medias en el mejor de los
casos -Jacques se tragó la ira, respirando
profundamente- Toma mi
sangre. Te la doy libremente, sin reservas. Mi vida
es tuya; juntos seremos
fuertes -Usó las palabras rituales sintiendo cada
una de ellas. Habría dado
su vida por la de su líder. El resto comenzó la
letanía sanadora, el
ritual para sanarlo. Hablaban siguiendo un ritmo
hipnótico en su antigua
lengua.
A su espalda, Jacques
podía oír el murmullo de sus voces, olía el dulce aroma
de las hierbas sanadoras.
La tierra de los Cárpatos, con grandes
propiedades curativas, fue
mezclada con las hierbas y la saliva de todos
ellos, formando un
emplasto que colocaron sobre las heridas. Jacques
sostenía a su hermano en
sus brazos, sentía como su fuerza y su vida fluían
hacia el cuerpo de Tom, y
dio gracias a Dios por ser capaz de curarlo.
Tom era un buen hombre, un
gran hombre y su gente no podía perderlo.
Tom sentía como la fuerza
volvía su cuerpo, a sus músculos agotados, a su
cerebro y a su corazón. El
musculoso cuerpo de Jacques tembló mientras se
dejaba caer en el borde de
la cama, acunando aún a Tom entre sus
brazos, sosteniendo
todavía la cabeza de su hermano para ayudarlo a beber
su sangre y recuperar así
toda la que había perdido.
Tom se resistió, sorprendido
por la fuerza que Jacques aún tenía y por lo
débil que él se sentía a
pesar de la cantidad de sangre que había bebido.
- ¡No! ¡Estoy poniendo en peligro
tu vida! -Le habló precipitadamente de
forma telepática puesto
que Jacques se negaba a soltarlo.
- Aún no es suficiente,
hermano. Toma lo que se te ofrece libremente sin
pensar en otra cosa que no
sea recuperarte -Jacques continuó con la letanía
tanto tiempo como le fue
posible, hasta que, demasiado débil para seguir, le
hizo un gesto a Eric.
Eric se hizo un corte en
la muñeca sin pensarlo, sin pestañear ante la
dolorosa herida abierta.
Le ofreció la muñeca a Jacques que continuaba
alimentando a Tom con su
sangre. Eric y Byron continuaron con la rítmica
letanía, pronunciando las
palabras mientras Jacques se alimentaba a sí
mismo y a su hermano.
Toda la habitación estaba
inundada con los sentimientos de los que allí
estaban, amor y cariño, se
respiraba limpieza y frescura. El ritual sanatorio
comenzó de nuevo. Ahora
fue Eric el que necesitó una pausa cuando vio que
el color volvía al rostro
de Tom y pudo escuchar el potente latido de su
corazón y la sangre correr
por sus venas.
Byron pasó un brazo
alrededor de Jacques para sostenerlo, ayudándolo a
sentarse en una silla. Sin
decir una palabra tomó el lugar de Eric, dando a
Jacques el fluido vital.
Tom se movió, aceptaba el
dolor de la herida como parte del proceso de
cura, como parte de los
mecanismos de la vida. Volvió la cabeza buscando a
Jacques con su oscura
mirada, lo encontró descansando sobre él, ligero
como una pluma.
- ¿Está bien?- su voz era
suave, pero al mismo tiempo exigente. Tom era
autoritario en cualquier
circunstancia. Jacques miró hacia arriba, pálido y
macilento, sonrió y guiñó
un ojo.
- Me paso demasiado tiempo
salvando tu pellejo, hermano mayor. Cualquiera
pensaría que un hombre con
doscientos años más que yo, tendría más
sentido común y vigilaría
mejor su espalda.
Tom sonrió con cansancio.
- Te pones muy gallito
cuando estoy tumbado.
- Tenemos cuatro horas
hasta el amanecer, Tom -Dijo Eric con seriedad-
Byron y yo debemos
alimentarnos. Necesitas ir bajo tierra. Dentro de poco,
la separación de tu mujer
empezará a pasarte factura. No puedes
permitirte malgastar
energías contactando con ella. Tienes que ir bajo
tierra ahora que puedes
soportarlo.
- Yo conjuraré los
hechizos de protección y dormiré unos metros por encima
de ti para asegurar tu
protección -dijo Jacques suavemente. Ya había
perdido a su hermana a
manos de los asesinos, no iba a perder a su hermano.
También él necesitaba el
poder sanador de la tierra. Incluso con la sangre
de Eric y Byron sabía que
estaba todavía débil y necesitaba el sueño
reparador de la tierra.
Tom alzó una ceja.
- Cinco minutos en
compañía de Raven y estás a punto de provocar un motín -
Una pequeña sonrisa suavizó
el rictus severo de sus labios.
Cerró los ojos con
cansancio, se sentía muy culpable. Sería Raven quien
llevaría el peso de la
noche que les esperaba. Él estaría profundamente
enterrado, muy lejos del
dolor y sin percibir la separación. Muy lejos del
horror y del odio de
aquellos que despreciaban a los de su estirpe. Raven
estaría rodeada por los
asesinos, en peligro. Y lo que era peor, tendría que
soportar la pérdida de su
conexión psíquica.
- Pequeña -La
convocó mandándole todo su amor.
- ¿Estás mejor?
-Preguntó Raven con alivio.
- Iré a por ti muy pronto. ¿Estás
acostada?
- Siempre pensando en la cama,
Mikhail. Te escuché antes, tu temor por la
vida de Jacques. Sé que era por
Jacques. Tus pensamientos por él están
llenos de cariño. ¿Está bien?
- Está cansado. Me dio sangre
-Mantener el contacto y salvar la distancia
era agotador, pero era
necesario por el bien de los dos.
- Puedo sentir tu debilidad.
Duerme ahora. No tienes que preocuparte por
mí -Le
ordenó Raven con suavidad. Le dolía el cuerpo necesitando el roce de
sus dedos, ansiaba verlo.
- Tom, estás hablando con
ella -la voz de Eric resonó como un trueno- No
puedes hacerlo.
Jacques hizo un gesto a
Eric con la mano, dando por concluido el asunto.
- Deberías haber sabido
que iba a hacerlo. Tom, si lo deseas, cualquiera
de nosotros puede
ordenarle que duerma.
- Será muy incómodo para ti. Te
resultará muy difícil dormir o comer.
Necesitarás constantemente estar
a mi lado. Tu mente buscará la mía pero
no podrás contactar conmigo. No
tengo la fuerza suficiente para ayudarte a
dormir esta noche. ¿Permitirías
que Eric o Byron te dieran la orden?
A Tom no le gustaba la
idea. Raven se encontró sonriendo. Él no tenía ni
idea de lo mucho que podía
percibir de sus pensamientos. Quería que
estuviera a salvo, durmiendo
mientras él dormía, pero no le gustaba la idea
de que otro hombre hiciera
algo tan íntimo como enviarla a dormir.
- Estaré bien, Tom. La verdad es
que ya me resulta muy duro aceptar eso
de ti, imagínate de otro, sería
incapaz de aceptarlo. Estaré bien, te lo
prometo.
- Te amo, pequeña. Te lo digo con
las palabras que vosotros usáis y salen de
lo profundo de mi corazón.
Tom usó las últimas
fuerzas que le quedaban para pedir un gran favor al
único humano en el que
confiaba, para asegurarse que Raven estaría segura.
Raven cerró los ojos,
sabiendo que tenía que dejar que él se marchara antes
de que agotara todas sus
fuerzas.
- Duerme, Tom. Con las palabras
de tu gente, eres mi compañero.
Se quedó mirando al techo
hasta mucho después que Tom se marchara.
Jamás se había sentido tan
sola, tan absolutamente abandonada y fría. Se
envolvió en sus propios
brazos, abrazándose fuerte, sentada en mitad de la
cama y meciéndose en un
esfuerzo por relajarse. Había pasado sola toda su
vida, había aprendido a
disfrutar de sí misma, de su propia compañía desde
que era niña.
Raven suspiró. Era tan
absurdo. Tom estaría perfectamente. Tendría
oportunidad de leer un
libro o continuar aprendiendo el idioma. El idioma de
Tom. Caminó descalza por
la habitación. De un lado a otro. Estaba helada
y se frotaba los brazos
con las manos para entrar en calor.
Encendió la lámpara con un
manotazo y sacó de la maleta un libro de bolsillo,
decidida a sumergirse en
las redes de desengaños y asesinatos amenizados
con una pizca de amor.
Estuvo pegada al libro más de una hora, leyendo el
mismo párrafo dos y tres
veces. Pero continuó empeñada hasta que cayó en
la cuenta de que no había
entendido ni una sola palabra. Frustrada, arrojó el
libro al otro lado de la
habitación.
¿Qué iba a hacer con Tom?
No tenía familia en los Estados Unidos, nadie
que pudiera importarle si
volvía o se quedaba allí para siempre. Después de
todo lo que había
sucedido, aún necesitaba estar con Tom, tenía que
estar con él. El sentido
común le decía que debía marcharse antes de que las
cosas llegaran más lejos.
Pero ya no había espacio ni en su cabeza ni en su
corazón para el sentido
común. Se pasó una mano por el pelo, estaba tan
cansada. No tenía ganas de
regresar para perseguir asesinos en serie.
Entonces ¿Qué iba a hacer
con Tom? Todavía no había aprendido a
decirle que no. Ella sabía
lo que era el amor. Había conocido a varias parejas
que se profesaban
verdadero amor. Pero lo que ella sentía por Tom iba
más allá de todo eso. Era
mucho más que simple pasión y afecto, rayaba en la
obsesión. Tom estaba
dentro de ella, fluía junto con su sangre, envolvía
sus entrañas y su corazón.
Había penetrado de alguna manera en su mente
robando los secretos de su
alma.
No era sólo que su cuerpo
ansiara el suyo, ardiera por el suyo, que su piel
hirviera de necesidad por
él, es que se sentía como una drogadicta. ¿Eso era
amor o una obsesión
enfermiza? Y además estaban los sentimientos de
Tom hacia ella. Sus
emociones eran tan intensas y encarnizadas. La forma
en que él sentía hacía
palidecer sus propios sentimientos. Su relación la
asustaba. Él era tan
territorial, tan posesivo, fiero y salvaje. Era un hombre
peligroso, que ordenaba a
los demás y estaba acostumbrado a una
obediencia absoluta. Era
juez, jurado y verdugo. Dependía tanta gente de él.
Raven se tapó la cara con
las manos, él la necesitaba. Él no tenía a nadie más.
La necesitaba realmente.
Lo veía en sus ojos. Eran fríos e inexpresivos
cuando miraban a los
demás, pero se derretían cuando la miraban a ella. Su
boca podía tener un rictus
cruel y duro hasta que se suavizaba cuando se
reía con ella, le hablaba,
la besaba. Él la necesitaba.
Volvió a pasearse nerviosa.
Las costumbres de Tom, su forma de vivir,
eran tan diferentes a las
suyas. Estás asustada, Raven, se castigó a sí
misma. Presionó la frente
contra el cristal de la ventana. Estás tan asustada
que jamás serás capaz de
abandonarlo. Él poseía demasiado poder y lo usaba
sin pararse a pensar. No,
no era eso lo que la ataba, si era justa. Ella
también lo necesitaba. Su
risa, la ternura de sus caricias. La forma en que
su cuerpo ardía por ella,
su mirada hambrienta y posesiva, abrasadora, la
urgencia de su necesidad
lo volvía salvaje. Su conversación, su inteligencia,
su sentido del humor tan
parecido al suyo. Se pertenecían el uno al otro.
Eran dos mitades de un
mismo ser.
Raven se quedó de pie en
el centro de la habitación, sorprendida por el
rumbo de sus pensamientos.
¿Por qué creía que estaban hechos el uno para
el otro? Su mente estaba
en un estado caótico, tremendamente aturdida.
Ella solía ser siempre
fría, pensaba de forma racional y ahora parecía ser
incapaz de lograr un solo
pensamiento coherente. Todo en ella llamaba a
voces a Tom, solo para
sentir su presencia, para saber que estaba cerca.
Sin pensarlo, intentó
alcanzar su mente y solo encontró el vacío. O Tom
estaba demasiado lejos, o
dormía inducido por alguna droga. Empezó a
temblar y se sintió más
sola que nunca. Le faltaba algo. Se mordió los
nudillos, estaba
histérica.
Su cuerpo se movía porque
tenía que hacerlo. A un lado y a otro de la
habitación, una vez y otra
hasta que estuvo totalmente exhausta. El peso
que sentía en el corazón
parecía aumentar a cada paso que daba. Era incapaz
de razonar con coherencia,
de respirar, incluso. Totalmente desesperada
intentó tocar de nuevo la
mente de Tom, para saber que estaba a salvo.
Encontró de nuevo el
vacío.
Se tumbó en la cama, en
posición fetal, abrazando la almohada. Allí, en la
oscuridad, dando vueltas
de un lado a otro el dolor la inundaba, la consumía
de tal manera que no podía
pensar en otra cosa que no fuera Tom. Él se
había ido. La había
abandonado y ahora estaba completamente sola, a
medias, una simple sombra.
Comenzó a llorar de forma desgarradora, las
lágrimas arrasaban sus
mejillas mientras aquel vacío se clavaba en sus
entrañas. No podría seguir
viviendo sin él.
Todos sus planes para
marcharse, calculados con meticulosidad no
importaban, no podían
importar. La parte cuerda de su mente le decía que
era imposible sentir lo
que estaba sintiendo. Tom no podía ser su otra
mitad; había sobrevivido
durante años sin él. No podía estar pensando en
tirarse por el balcón
simplemente porque no pudiera contactar con él.
Raven se encontró de
repente cruzando la habitación, muy lentamente, paso
a paso, como si alguien la
obligara. Abrió las ventanas del balcón de par en
par y entró una corriente
de aire frío y húmedo. La niebla cubría por
completo las montañas y el
bosque. Era todo tan hermoso, pero Raven era
incapaz de verlo. No podía
vivir sin Tom. Sus manos agarraron la
barandilla de madera, y
encontraron dos profundas marcas. Sus dedos las
acariciaron una y otra
vez, era la única cosa real en un mundo desnudo.
- ¿Señorita Whitney?
Envuelta en su dolor, no
había notado la presencia de otra persona. Se giró
llevándose la mano a la
garganta en un gesto protector.
- Perdóname por asustarte
-La voz del Padre Hummer era amable. Se
levantó de una silla
dispuesta en el extremo de su balcón. Tenía una manta
sobre los hombros, pero
Raven vio que estaba temblando a causa del frío de
la noche- No estás a salvo
aquí fuera, querida -La tomó del brazo y la llevó
de nuevo al interior de la
habitación, cerrando con llave la ventana. Raven
encontró de nuevo su voz.
- ¿Qué demonios estaba
haciendo usted ahí fuera? ¿Cómo llegó usted hasta
ahí?
El párroco sonrió con
presunción.
- No fue difícil. La Sra.
Galvenstein es un miembro de la Iglesia. Sabe que
Tom y yo somos grandes
amigos. Simplemente le dije que Tom era tu
prometido y que necesitaba
entregarte un mensaje. Y como soy lo
suficientemente mayor para
ser tu abuelo, pensó que no había ningún peligro
al permitirme esperar en
el balcón hasta que volvieras. Y, por supuesto, ella
jamás dejaría pasar la
oportunidad de hacer algo por Tom. Él es muy
generoso y pide poco a
cambio. Creo que el hizo la inversión inicial de la
pensión y permitió que la
Sra. Galvenstein se lo devolviera a plazos
razonables y cómodos.
Raven le dio la espalda,
incapaz de detener el mar de lágrimas.
- Lo siento, Padre. Ahora
no puedo hablar. No sé qué me está pasando.
El padre Hummer le alargó
un pañuelo por encima del hombro.
- Tom estaba preocupado,
sabía que esta noche iba a ser… difícil para ti.
Y mañana. Él esperaba que
pasaras el tiempo conmigo.
- Estoy tan asustada…
-confesó Raven- y sé que es una tontería. No hay
ninguna razón para tener
miedo. No sé por qué me estoy comportando de
esta forma.
- Tom está bien. Él es
indestructible, querida, un enorme gato de la selva
con nueve vidas. Lo
conozco desde hace muchos años. Nada acabará con
Tom.
El sufrimiento invadía
cada centímetro de su cuerpo, su mente y su alma.
Tom estaba fuera de su
alcance, perdido para ella. De alguna manera,
durante aquellas horas que
debían estar separados, había desaparecido.
Raven agitó la cabeza, su
dolor era tan profundo y salvaje que la
estrangulaba, era incapaz
de llenar de aire sus pulmones.
- ¡Raven, detén esto ahora
mismo! -El Padre Hummer empujó su menudo
cuerpo hasta el borde de
la cama, para que se sentara- Tom me pidió que
estuviera contigo. Dijo
que vendría a por ti mañana al caer la noche.
- Usted no sabe…
- ¿Para qué si no me
habría sacado de la cama a estas horas? Soy un anciano,
niña. Necesito descansar.
Tienes que pensar con claridad, usa tu cerebro.
- Pero todo es tan real,
como si estuviera muerto y lo hubiera perdido para
siempre.
- Pero sabes que no es así
-Dijo intentando razonar- Tom te eligió por sí
mismo. Lo que compartes
con él es lo que comparten sus congéneres con sus
compañeras. Ellos dan por
sentada la unión física y mental. Cuidan tanto esta
unión tan fuerte que,
según he aprendido a lo largo de los años, ninguno de
ellos suele sobrevivir
cuando el otro desaparece. La gente de Tom
procede de la tierra, son
salvajes y libres como los animales pero tienen
enormes habilidades y por
supuesto tienen conciencia.
Estudió el rostro de
Raven, estaba surcado por las lágrimas y en sus ojos
podía verse un gran
sufrimiento. Aún respiraba trabajosamente, pero vio
que el llanto disminuía.
- ¿Me estás escuchando,
Raven?
Afirmó con la cabeza,
luchando desesperadamente por agarrarse a sus
palabras para recobrar la
cordura. Este hombre conocía a Tom desde
hacía años. Podía sentir el
cariño que sentía por Tom, y estaba
totalmente seguro de su
fortaleza para superar esto.
- Por alguna razón, Dios
te ha dado el don de poder establecer una unión
física y mental con Tom.
Eso conlleva una imponente responsabilidad.
Tienes literalmente su
vida en tus manos. Debes sobreponerte a este
sentimiento y usar tu
inteligencia. Sabes que no está muerto. Te dijo que
volvería. Me envió a ti,
temeroso de que te hicieras daño a ti misma. Piensa,
razona. Eres humana, no un
animal que llama a gritos a su compañero.
Raven intentó aferrarse a
lo que el Padre le decía. Sentía que estaba en un
pozo profundo y no era
capaz de volver a la luz. Se concentró en cada una de
sus palabras, obligándolas
a que penetraran en su mente. Inspiraba el aire
profundamente, los
pulmones le ardían. ¿Era todo aquello posible?
Maldito sea por hacerla
pasar por esto, por saber lo que iba a ocurrir y no
evitarlo. ¿Tan cercana al
cambio está?
Raven se secó las lágrimas
dispuesta a reponerse. Dispuesta a expulsar
aquel sufrimiento para
poder pensar con lógica. Podía sentir como el dolor la
carcomía y esperaba en los
bordes de su inconsciencia para devorarla.
- ¿Y por qué no puedo
comer ni beber otra cosa que no sea agua? -se
masajeó las sienes, no vio
la expresión de angustia que cruzó por el curtido
rostro del párroco. El
Padre Hummer se aclaró la garganta.
- ¿Cuánto hace que te
ocurre esto? ¿Tu apellido es Whitney, verdad?
Aquel terrible vacío
permanecía agazapado en sus entrañas, en su mente,
dispuesto a saltar y
hundir sus dientes en ella de nuevo. Raven luchó para
controlarse. Alzó la
barbilla.
- Raven, por favor,
llámeme Raven. Ya parece saber todo sobre mí -Estaba
intentando controlar el
temblor. Alargando las manos, las contempló
mientras temblaban- ¿No es
absurdo?
- Ven a mi casa, niña.
Pronto amanecerá. Puedes pasar el día conmigo. Lo
consideraría un gran
honor.
- Él sabía lo que iba a
ocurrirme, ¿verdad? -preguntó en voz baja,
empezando a entenderlo
todo- Por eso le envió. Tenía miedo de que
consiguiera hacerme daño a
mí misma.
Edgar Summer dejó salir el
aire de sus pulmones lentamente.
- Me temo que sí, niña.
Ellos no son como nosotros.
- Intentó decírmelo. Pero
yo no soy como ellos. ¿Por qué tendría que
ocurrirme esto? -preguntó
de nuevo Raven- No tiene ningún sentido. ¿Por
qué pensaba Tom que me iba
a ocurrir esto?
- Completasteis el ritual.
Eres su otra mitad. La luz que ilumina su oscuridad.
No podéis estar el uno sin
el otro. Ven conmigo, Raven, volvamos a mi casa.
Nos sentaremos y
hablaremos de Tom hasta que venga a buscarte.
HOLA!!! AQUI ESTA EL PRIMER CAPITULO DEL AÑO ... GRACIAS POR EMPEZAR CONMIGO OTRO AÑO .. HASTA PRONTO Y DISFRUTEN :))
Feliz añoo!
ResponderEliminarSiguelaa :)
Feliz día de los reyes magos!!!
ResponderEliminarSigueeeee