martes, 12 de enero de 2016

# 9

CAPITULO # 9.-
La tierra retumbó, agitándose y temblando. El puñal de Jacob se clavó
profundamente por segunda vez. El viento desató su poder letal, enviando
hojas, y ramas pequeñas que atravesaban el aire como dagas. El puñal la
atravesó por tercera vez. Un rayo brilló una, dos, tres veces y golpeó el
suelo mientras retumbaba el trueno, sacudiendo la tierra con su atroz
sonido. El puñal la encontró por cuarta vez. Los cielos se abrieron y la lluvia
cayó en una tromba, como si hubieran reventado las compuertas de una
presa. Jacob estaba cubierto de sangre. Se apartó de ella, volviendo la
cabeza mientras el cielo se oscurecía. Podía oír a los otros gritar de miedo.
- Maldita seas.
Hizo ademán de apuñalarla una quinta vez en un gesto de furia y desafío.
Una mano invisible lo atrapó por la muñeca antes de que la hoja pudiera
hundirse en el cuerpo de Raven, unos dedos se cerraron con dureza
alrededor, en un apretón ineludible. El cuchillo giró hacia la garganta de
Jacob, y por un instante, largo y eterno, vio horrorizado como la hoja
sangrienta se acercaba poco a poco hacia su propia carne, clavándose en ella
súbitamente, enterrándose hasta la empuñadura.
Los lobos surgieron del bosque, rodearon el prado, sus ojos brillantes fijos
en las tres personas que trataban de esquivar las ramas que volaban por el
aire. Margaret gritó y salió corriendo. Harry la imitó ciegamente y Hans
tropezó y cayó de rodillas cuando la tierra volvió a temblar y a sacudirse.
- Raven.
Tom se materializó junto a su cuerpo, mientras el miedo por ella le
atenazaba las entrañas. Le arrancó los vaqueros para poder apreciar la
gravedad de sus heridas.
La tierra volvió a temblar, abriendo una hendidura en el prado. Tom
presionó sus manos sobre las heridas pulsantes en un intento de frenar el
horrible flujo de sangre. Jacques se hizo visible emitiendo un vago
resplandor, después Eric y Byron. Tienn llegó, junto con Vlad. Gregori se
precipitó desde los cielos hacia los tres asesinos humanos rodeados por la
manada de lobos. Allí, en el prado, con el mundo derrumbándose a su
alrededor, tomó la forma de un enorme lobo negro, un lobo de mirada
enloquecida y hambrienta, que prometía venganza.
- Dios mío - Jacques estaba de rodillas junto a Tom, reuniendo puñados
de tierra fértil.
- Ve, Byron, busca las hierbas. ¡Date prisa!
En cuestión de minutos cubrieron las heridas de Raven con sus cataplasmas.
Tom los ignoró, acunando a Raven en sus brazos, su enorme cuerpo
inclinado de forma protectora para protegerla de la fuerte lluvia. Todo su
ser estaba concentrado, enfocado en una sola cosa.
- No debes dejarme – ordenó - No te lo permitiré.
El relámpago brilló, restallando como un látigo en el cielo para después
golpear la tierra. Pisándole los talones retumbó el trueno, sacudiendo las
montañas.
- ¡Jaques! ¡Eleanor va a dar a luz! - Vlad estaba desesperado.
- Llévala dentro de la casa. Llama a Celeste y a Deirdre - Jacques empujó
desdeñosamente de una patada el cuerpo de Jacob, mientras colocaba su
corpulenta figura para resguardar también a Raven.
- No está muerta - siseó Tom al leer la compasión en los ojos de su
hermano.
- Se está muriendo, Tom - La certeza inundó de dolor el pecho de
Jacques.
Tom la acercó hacia él e inclinó la cabeza hasta apoyar su mejilla contra
la de ella.
- Sé que puedes oírme; debes beber, Raven. Bebe todo lo que puedas.
Sintió la débil señal en su mente. Calidez, arrepentimiento. Tanto dolor.
- Déjame ir.
- ¡No! ¡Jamás! No hables. Tan sólo bebe. Si me amas hazlo por mí, por mi
vida, bebe lo que te ofrezco.
Antes de que Jacques pudiera adivinar sus intenciones e intentara
detenerlo, Tom se hizo un profundo corte en su propia yugular. La
sangre oscura se derramó a borbotones, Tom la obligó a aceptarla, usó
todo el poder que poseía para lograr su sumisión. Su voluntad se doblegó;
pero su cuerpo estaba demasiado débil para imitarla. Tragó lo que fluía
hacia su boca, pero era incapaz de succionar por si misma. Los relámpagos se
abatían sin cesar sobre la tierra. Un árbol explotó, provocando una violenta
lluvia de astillas. La tierra volvió a sacudirse y agrietarse.
Gregori apareció sobre ellos, el más oscuro de los hombres de los Cárpatos,
sus pálidos ojos, fríos como el hielo, con una promesa de muerte escrita en
ellos.
- Los lobos han hecho su trabajo - dijo Eric con tono grave - Los relámpagos
y terremotos harán el resto.
Jacques lo ignoró, agarrando el hombro de Tom.
- Ya basta Tom. Te estás debilitando demasiado. Ha perdido demasiada
sangre. Tiene heridas internas.
Una rabia negra inundó a Tom. Echó hacia atrás la cabeza y rugió su
negativa, el eco retumbando entre el bosque y las montañas como el
estallido de un trueno. Los árboles circundantes se incendiaron, explotando
como dinamita.
- Tom - Jacques no aflojó su apretón - Detenla ahora.
- Ahora tiene mi sangre, la ayudará a sanar. Si logramos que la sangre
permanezca en su cuerpo, la metemos bajo tierra y realizamos el ritual de
cura, ella vivirá.
- ¡Ya está bien, maldita sea! - la voz de Jacques dejaba ver auténtico pánico.
Gregori tocó a Tom con suavidad - Si tú mueres, viejo amigo, no
tendremos ninguna oportunidad de salvarla. Debemos cooperar todos.
La cabeza de Raven cayó, sin vida, hacia atrás, su cuerpo estaba lacio, como
el de una muñeca de trapo. La sangre de Tom se deslizaba desde la
herida del cuello, cayendo libremente por su pecho. Jacques se agachó hacia
el cuerpo de su hermano, pero Gregori llegó antes que él y cerró la herida
con un lametón.
Tom no prestaba atención a nada de lo que sucedía a su alrededor, todo
su ser, toda su fuerza estaba concentrada en Raven. Ella se alejaba, se
apagaba poco a poco. Su corazón latía con un ritmo irregular, un latido, una
pausa, un solo latido. El silencio alrededor de ellos era irreal y opresivo.
Con una maldición, Tom dejó a Raven tendida en el suelo, para hacerle la
respiración boca a boca y estimular su corazón con un masaje cardiaco. Su
mente buscaba el camino para llegar a la de Raven y encontró una pequeña
luz, vacilante y pequeña, muy difuminada. Ella flotaba en un mar de dolor.
Estaba mucho más débil de lo que él imaginaba. Respirar por ella, hacerle el
masaje. Llamarla, obligarla a volver con una orden. Y vuelta a repetir el
proceso.
Un torrente de agua cayó por el barranco rocoso que estaba a sus espaldas,
era un muro sólido con enorme velocidad y fuerza. La tierra volvió a
temblar. Dos árboles estallaron en enormes llamas, a pesar de la fuerte
lluvia.
- Déjanos ayudar - ordenó Gregori con voz suave.
Jacques apartó a su hermano con mucho cuidado y se encargó él mismo de
continuar con el masaje cardiaco mientras Gregori insuflaba aire en los
pulmones de Raven. Inspirar, expirar. Jacques obligaba al corazón de Raven
a continuar bombeando. Y Tom se vio libre para poder concentrarse en su
mente. Percibió una ligera agitación, era el más ligero de los roces pero supo
que era ella y se agarró a aquel camino, siguiéndolo resueltamente.
- No me abandonarás.
Raven intentó apartarse de él, alejándose hacia arriba. Había mucho dolor si
seguía la voz de Tom.
Aterrorizado, Tom gritó su nombre.
- No puedes dejarme, Raven. No podré seguir viviendo sin ti. Vuelve a mí,
vuelve a mí, o te seguiré donde quiera que vayas.
- Tengo su pulso - dijo Jacques - es débil pero está aquí. Necesitamos un
medio de transporte.
Algo brilló, emitiendo pequeños destellos en la creciente oscuridad. Eric
apareció al lado de donde ellos se encontraban.
- Eleanor ha dado a luz, el bebé vive – anunció - es un varón.
Tom dejó que el aire saliera entre sus dientes y con un siseo dijo:
- Ella traicionó a Raven.
Jacques advirtió a Eric con un movimiento de cabeza que no debía hablar,
que no debía defender a la mujer. Tom hervía con una furia asesina. El
más ligero error podría provocarle. Era la furia que sentía la que estaba
desencadenando el mal tiempo, la tormenta y los terremotos.
Tom volvió a hundirse en su mente, sosteniendo a Raven y absorbiendo
parte de su dolor. El viaje hasta su casa pasó en una especie de bruma, llovía
a cántaros, los relámpagos rasgaban el cielo y hacían un ruido seco al caer a
la tierra. El pueblo estaba desierto y a oscuras, no había electricidad debido
a la intensidad de la tormenta. Dentro de sus casas, la gente rezaba y se
acurrucaban unos contra otros, deseando poder sobrevivir al temporal, sin
entender que sus vidas dependían de la valentía y la tenacidad de una
menuda mujer.
El cuerpo de Raven, tan lacio e inerte, fue despojado de toda la ropa
manchada de sangre y colocado en la cama de Tom. Estrujaron las
hierbas sanadoras, quemando algunas de ellas en los mismos cuencos. Le
cambiaron los emplastos de las heridas por otros más fuertes, intentando
detener la pérdida de sangre. Con dedos temblorosos, Tom rozó los
moratones de su rostro y las marcas oscuras que destacaban sobre sus
blancos pechos, donde Jacob la había herido, rabioso de celos y cegado por
la droga. La ira atravesó a Tom y deseó poder romper el cuello de Jacob
con sus propias manos.
- Necesita sangre - dijo súbitamente.
- Tú también - Jacques esperó a que Tom tapara el cuerpo de Raven con
una sábana antes de ofrecerle su muñeca - Bebe todo lo que puedas.
Gregori le puso la mano en el hombro.
- Perdóname Jacques, pero mi sangre es más fuerte, tiene un inmenso
poder. Permíteme ayudar de esta forma a mi amigo.
Jacques asintió con un movimiento de cabeza y Gregori se abrió una herida
sobre la vena de su muñeca. Todo permaneció en silencio mientras Tom
bebía la poderosa sangre de Gregori. Jacques soltó un suave suspiro.
- ¿Raven ha tomado tu sangre tres veces? - Intentó que su voz sonara
casual, no quería que hubiera ningún tono de reproche hacia su líder y
hermano.
Los oscuros ojos de Tom parpadearon en advertencia.
- Sí. Si sobrevive, será probablemente uno de los nuestros.
Estaba de más el decir que existía la posibilidad de que sobreviviera para
ser asesinada por el mismo que la había convertido.
- No podemos buscar ayuda médica humana para ella. Si nuestros métodos
no funcionan, Tom, sus doctores tampoco serán de utilidad - advirtió
Jacques.
- Maldita sea, ¿acaso crees que no me doy cuenta de lo que he hecho, que no
sé que le he fallado, que no la he protegido? ¿Crees que no sé que fueron
mis acciones egoístas las que pusieron su vida en peligro? - Tom se
desgarró la camisa manchada de sangre, la arrugó en una bola y la arrojó al
rincón más apartado de la habitación.
- Es absurdo mirar atrás - dijo Gregori con calma.
Las botas y los calcetines de Tom cayeron al suelo. Se tumbó en la cama
al lado de Raven.
- No puede tomar directamente mi sangre, está demasiado débil. No
tenemos más remedio que usar el primitivo método de la transfusión.
- Tom… - advirtió Jacques.
- No tenemos otra opción. No bebió toda la que necesitaba, ni mucho menos.
No podemos perder tiempo en discusiones. Te pido, hermano, y a ti, Gregori,
como amigo, que hagáis esto por nosotros - Tom acunó la cabeza de Raven
en su regazo, se recostó sobre las almohadas y cerró los ojos con cansancio
cuando comenzaron con el anticuado proceso.
Si vivía durante mil años más, Tom jamás olvidaría aquel pequeño aleteo
en su mente cuando yacía como un muerto bajo la tierra. Cuando su cerebro
cayó en la cuenta de lo que significaba, su corazón se aterrorizó y la furia
inundó su alma. Había percibido el creciente miedo de Raven, la mano de
Jacob sobre su precioso cuerpo, los brutales golpes, y la desgarradora
sensación del puñal mientras se abría paso por su piel y sus entrañas. Tanto
dolor y miedo…tanta culpa por sentir que había fallado al proteger a Eleanor
y a su bebé.
El ligero roce de la mente de Raven había penetrado en su conciencia en un
susurro lleno de dolor y remordimiento.
- Lo siento, Tom. Te he fallado.
Su último pensamiento coherente había sido para él. Tom se aborrecía,
aborrecía a Eleanor por no haber tenido la disciplina necesaria en su
contacto telepático, por no haber aprendido a canalizar sus pensamientos
hacia una sola mente.
En ese segundo, cuando Tom lo comprendió todo mientras yacía
indefenso, encerrado en la tierra, los cimientos de su existencia, su propia
vida y sus creencias se sacudieron. Cuando salió de la tierra junto a
Jacques, alcanzó la mente de Jacob y hundió el puñal en su garganta hasta
la empuñadura.
La tormenta había impedido a Vlad salir de su enterramiento y sacar
también a Eleanor, temiendo que un momento de desorientación o ceguera,
diera a los asesinos la oportunidad de acabar con su mujer.
Tom buscó la mente de Raven, penetrando muy despacio en ella, con amor
y calor, usando sus brazos como refugio. Tenía la aguja clavada en su brazo,
igual que Raven. No tenía duda de que su hermano vigilaría el monitor
atentamente. Jacques tenía la vida de Tom y la de Raven en sus manos. Si
ella moría, Tom la seguiría. Él sabía que la negra furia que permanecía
agazapada en el fondo de su corazón pondría en peligro a cualquiera que
estuviera cerca de él, ya fuese humano o de su estirpe. Sólo le cabía
esperar que Gregori administrara la justicia de los suyos con él, rápido y
preciso, si Raven moría.
- No. Incluso inconsciente, Raven intentaba salvarlo.
Mikhail le acarició el pelo.
- Duerme, pequeña. Necesitas curarte, y el sueño te ayudará.
Usando su mente, la ayudó a respirar, inspirar, soltar el aire. Obligaba a los
pulmones de Raven a llenarse de oxígeno a la par que los suyos lo hacían.
Acompasó el ritmo de sus corazones. Se hizo cargo de todas las funciones
vitales del cuerpo de Raven, para asegurar su supervivencia.
Jacques sabía que Tom lo tenía muy claro, si Raven moría, también
perderían a Tom. En ese mismo momento, su hermano estaba usando todo
su poder para que la sangre de Raven corriera por sus venas, su corazón
siguiera latiendo y sus pulmones trabajaran. Era un proceso agotador.
Gregori buscó los ojos de Jacques por encima de la cabeza de Tom. Él no
permitiría que la pareja muriera. Era su trabajo sanarlos.
- Yo lo haré, Jacques - y no era una petición.
El aire se agitó en la habitación y Celeste y Eric se materializaron.
- Él ha elegido seguirla - dijo la mujer con suavidad - la ama hasta ese punto.
- ¿Lo saben todos? - preguntó Jacques.
- Tom se aleja - contestó Eric - todos los miembros de nuestra estirpe
pueden sentirlo. ¿Hay alguna posibilidad de salvarlos?
Jacques miró hacia arriba, tenía profundas ojeras, y sus ojos oscuros, tan
parecidos a los de Tom, estaban llenos de sufrimiento.
- Ella lucha por él. Ya sabe que ha elegido seguirla.
- ¡Ya está bien! - siseó Gregori, captando la atención de todos - Nuestra
única opción es salvarlos a ambos. Es lo único que debemos tener en mente.
Celeste se acercó a Raven.
- Déjame hacer esto por ella, Jacques. Soy una mujer; llevo un bebé en mi
vientre. No cometeré ningún error.
- Gregori es un sanador, Celeste. Estás embarazada y es muy difícil - le
negó Jacques.
- Los dos les estáis dando vuestra sangre. Podéis cometer un error - Celeste
apartó la sábana del cuerpo de Raven. Su jadeo fue audible, el horror que
reflejaba su rostro era muy real. Inconscientemente, dio un paso atrás.
- Dios mío, Jacques. Es imposible.
Furioso, Jacques la apartó de un codazo. Gregori se interpuso entre ellos,
con los pálidos ojos derramando su mirada sobre Celeste. Brillaban con una
fría amenaza y una terrible reprimenda.
- Nadie duda que seré yo quien se ocupe de curar a Raven. Y ella sanará.
Mientras realizo mi labor quiero a mi alrededor solo a aquellos que tengan fe
en ello. Vete ahora si no puedes ayudarme. Debo estar plenamente
convencido, igual que los que se queden a mi lado. Ella vivirá puesto que no
tiene otra alternativa.
Gregori colocó las manos sobre las heridas del abdomen de Raven, cerró los
ojos y salió de su cuerpo para entrar en aquel que yacía, horriblemente
mutilado, tan quieto que parecía no tener vida.
Tom sintió como Raven se agitó de dolor. Intentaba alejarse,
desvanecerse para que esta nueva y dolorosa sensación no la alcanzase.
Tom la rodeó con más fuerza, la sostuvo para que Gregori completara el
intrincado trabajo de reparar todos los daños internos.
- Relájate, pequeña. Estoy aquí contigo.
- No puedo aguantarlo. Más que palabras, Raven le transmitía sensaciones. Y
mucho dolor.
- Elige pues por los dos, Raven. No te irás sola.
- ¡No! - gritó Jacques en aguda protesta - Sé lo que estás haciendo, Tom.
Bebe ahora o no continuaré con la transfusión.
La ira consiguió sacar a Tom de su estado semi-inconsciente. Jacques
enfrentó la furia que ardía en sus ojos con fría calma.
- Estás demasiado débil por la pérdida de sangre como para desobedecerme.
- Entonces, deja que beba - Dijo con palabras llena de una ira helada y negra
como la noche que llevaban implícita una amenaza de muerte.
Jacques dejó su garganta al alcance de Tom sin dudar, intentando no
emitir un gruñido de dolor mientras su hermano le clavaba profundamente
los dientes y bebía con avidez, como un animal salvaje. Jacques no luchó ni
dejó escapar sonido alguno, ofreció su vida a cambió de la de Raven y
Tom. Eric se acercó a ellos cuando las rodillas de Jacques se doblaron y
cayó sentado sobre la cama, pero Jacques lo apartó sin moverse siquiera.
Tom alzó súbitamente la cabeza, su rostro reflejaba tanto sufrimiento y
se veía tan atormentado que a Jacques le dolió el alma.
- Perdóname, Jacques. No hay ninguna excusa para la forma en que te he
tratado.
Eric se acercó rápidamente a Jacques para darle su sangre.
- ¿Cómo pudo hacerle alguien esto? Ella es tan bondadosa, tan valiente.
Arriesgó su vida para ayudar a una extraña. ¿Cómo puede alguien querer
hacerle daño? - preguntó Tom alzando su mirada al cielo.
El silencio fue la única respuesta. Tom fijó su mirada en Gregori. Lo
observó trabajar totalmente concentrado en el ritual de sanación. La letanía
que murmuraba lo apaciguaba, aliviando en gran parte el tormento de su
alma. Podía sentir a Gregori con ellos, dentro del cuerpo del Raven,
trabajando, conjurando la magia para reparar sus entrañas en un proceso
lento y extremadamente doloroso.
- No más sangre - susurró Jacques con voz ronca mientras encendía las
velas de incienso y comenzaba otra letanía.
Gregori se movió, asintió con la cabeza aún teniendo los ojos cerrados.
- El cuerpo de Raven está sufriendo los cambios de la conversión. Nuestra
sangre humedece sus órganos y trabaja para transformar todos sus tejidos
y repararlos. El proceso requiere tiempo.
Volvió a sumergirse en las profundas heridas. El útero de Raven estaba
maltrecho y era muy importante, demasiado importante que estuviera en
perfectas condiciones. Debería quedar totalmente restaurado.
- Su ritmo cardíaco es muy lento - dijo Jacques débilmente mientras se
deslizaba del borde de la cama hasta el suelo, cuando se dio cuenta que
estaba sentado allí, se quedó perplejo.
- Su cuerpo necesita más tiempo para completar el cambio y sanarse -
añadió Celeste, observando como trabajaba Gregori. Sabía que estaba
presenciando un milagro. Nunca había estado tan cerca del legendario
hombre de los Cárpatos del que todos hablaban en susurros. De hecho,
pocos de los suyos estaban alguna vez cerca de Gregori. El poder y la fuerza
emanaban de cada poro de su cuerpo.
- Ella está bien - confirmó Tom cansado - Continuaré respirando por ella
y asegurándome que su corazón siga latiendo. Eric, debes cuidar a Jacques.
- Descansa, Tom y cuida a tu mujer. Jacques estará bien. Tienn está aquí
por si se presentara algún problema. Gregori aún tiene por delante muchas
horas de trabajo - contestó Eric - Si es necesario, podemos llamar a los
demás para que nos ayuden.
Jacques alzó la mano hacia su hermano. Tom la tomó.
- Debes aplacar tu ira, Tom. La tormenta es demasiado fuerte. Las
montañas rugen contigo - Cerró los ojos y dejó que su cabeza descansara
sobre el borde de la cama, Tom aún agarraba su mano.
Raven se sentía casi ajena a lo que sucedía en el interior de su cuerpo. A
través de Tom era consciente de la presencia de los demás en la
habitación y de sus movimientos. De alguna forma, Tom estaba con ella en
el interior de su cuerpo, respirando con ella. Y había alguien más, alguien que
no conocía pero que también hurgaba en su interior, trabajando como lo
haría un cirujano, reparando las enormes heridas de su cuerpo, sus órganos
internos, especialmente, sus órganos reproductores. Sólo quería que se
detuviera, dejaría que el dolor la sumergiera y la llevara a un lugar donde no
sintiera nada. Sólo quería marcharse. Estaba cansada, muy cansada. Sería
tan fácil, lo deseaba, lo anhelaba.
Rechazó la paz, tan seductora, y luchó por aferrarse a la vida. A la vida de
Tom. Quería pasar sus dedos por las arrugas de dolor que seguramente
mostraría su boca. Quería aliviar su culpa y su rabia, asegurarle que ella
había elegido hacer las cosas de ese modo. Casi era incapaz de hacer frente
al amor que Tom le demostraba, total, incondicional, infinito. Y sobre
todo lo demás, percibía y era totalmente consciente de los extraños
cambios que sufría su cuerpo.
Ninguno de los que estaban en la habitación la tocó, estaba envuelta y
totalmente protegida en el refugio del amor de Tom. Él respiraba, ella
respiraba. El corazón de Tom latía, el suyo latía.
- Duerme, pequeña. Yo cuidaré de los dos.

Tras largas y agotadoras horas, Gregori se irguió; su cabello estaba
empapado en sudor tenía el rostro ceniciento y surcado de arrugas y el
cuerpo dolorido y fatigado.
- Lo he hecho lo mejor que he podido. Si vive, podrá quedarse embarazada.
La sangre de Tom y la tierra completarán el proceso de cura. El cambio
se está produciendo rápidamente, ella no lo entiende y no está luchando en
contra - Se pasó una mano, cubierta por la sangre de Raven, por el pelo -
Sólo lucha por la vida de Tom, sólo piensa en que él no muera, en la forma
en que le afectaría su propia muerte. Creo que es mucho mejor que no
comprenda nada de lo que le está ocurriendo realmente. No sabe la
enormidad de sus heridas. Sufre mucho dolor, pero no es una cobarde esta
mujer, no huye de él.
Jacques ya estaba preparando nuevas cataplasmas para cambiar las que ya
estaban empapadas de sangre.
- ¿Podemos darle más sangre? Todavía pierde más de la que me gustaría y
está tan débil que temo que no sobreviva a esta noche.
- Sí – contestó Gregori con cansancio y muy seriamente – pero no más de un
litro o dos. Debemos hacerlo muy despacio o la alarmaremos. Lo que ella
aceptaría que hiciéramos con Tom no va a aceptarlo en su cuerpo. Dadle
mi sangre. Es fuerte como la de Tom, y él ya está demasiado débil
intentando mantener sus pulmones y su corazón en funcionamiento.
- Estás cansado, Gregori – protestó Jacques – Aquí hay más gente.
- Pero su sangre no es como la mía. Haz lo que te digo – Gregori se sentó
tranquilamente y observó como le clavaban la aguja en la vena. Nadie
discutió con él. Era la ley y sólo Tom podía considerarlo como un
verdadero amigo.
Celeste inspiró una bocanada de aire profundamente, quería decir algo a
Gregori que mostrara la admiración que sentía por él, pero la mirada que le
lanzó, la detuvo. Gregori era la calma en el ojo del huracán, pero su frialdad
era letal.
Jacques dejó que el preciado líquido vital de Gregori fluyera en las venas de
Raven. No era ni la forma más rápida ni la mejor para asegurar una rápida
recuperación, pero las sugerencias de Gregori calmaron las preocupaciones
de Jacques. Sólo cuando hubo comprobado que la sangre fluía sin problemas,
se sentó. Tenían que organizarse y dejar claros todos los detalles que
debían ser tomados en cuenta con precisión. Tom creía que esos detalles
salvaban vidas.
- Necesitamos evaluar los daños que hayan podido sufrir los nuestros. Todos
los asesinos murieron ¿o alguno escapó?
- Hans, la pareja americana y el hombre que atacó a Raven – Eric los fue
nombrando – Sólo murieron los que estaban presentes. Ningún humano
podría sobrevivir a la intensidad de la tormenta junto a la rabia asesina de
los lobos. Si hubiera habido algún observador inesperado, Tom o los lobos
lo habrían sabido.
Gregori se movió, estaba muy cansado y su enorme fuerza comenzaba a
desvanecerse debido a los continuos esfuerzos.
- No había nadie más – dijo de forma arrogante como si nadie fuera a
cuestionar su palabra, y por supuesto, nadie lo hizo.
Jacques notó que una pequeña sonrisa asomaba a sus labios por primera vez
durante toda la noche.
- Pero, ¿dejaste toda la zona limpia, Eric?
- Por completo. Los cuerpos fueron quemados, todos juntos bajo un árbol,
como si hubieran buscado refugio y un rayo los hubiera alcanzado. No hay
rastro de heridas en los cuerpos – informó Eric.
- Mañana enviarán un equipo de rescate en busca de Hans y los turistas.
Byron, tu casa está cerca del lugar, los otros asesinos sospecharán de ti. No
te acerques allí. Vlad debe sacar a Eleanor y al niño de esta zona.
- ¿Están en condiciones de viajar? – preguntó Gregori.
- En coche sí.
- Lo haremos durante lo que queda de noche. Tengo una casa que uso a veces
durante el invierno, no mucho, la verdad. Está muy bien protegida y el
acceso es difícil, - la sonrisa que curvó sus labios no llegó a sus ojos
plateados – me gusta la privacidad y en este momento no está ocupada. La
ofrezco libremente para proteger a la mujer y al bebé durante todo el
tiempo que la necesiten. La casa está a más de cien millas de este lugar y en
este momento me dedico a vagar por el mundo, no os molestaré.
Antes que Vlad pudiera protestar, Jacques dejó el asunto concluido.
- Excelente idea. Eso soluciona uno de nuestros problemas. Byron tiene sus
propios refugios. Márchate ahora, Vlad. Protege bien a Eleanor. Ella es muy
valiosa para todos nosotros, igual que el bebé.
- Debo hablar con Tom. Eleanor está muy perturbada por haber puesto
en peligro la vida de Raven.
- Tom en este momento está fuera de sí – dijo Jacques sacando la aguja
del cuerpo inerte de Raven y del brazo de Gregori. La respiración de Raven
era tan imperceptible que Jacques se preguntaba cómo era posible que
Tom la mantuviera con vida – tendrás que aclarar las cosas en otra
ocasión. Se está viendo forzado a usar todas sus energías para salvar a
Raven. Su mujer no puede respirar por sí misma en este momento.
Vlad frunció el ceño, pero se sometió cuando Gregori lo despidió con un
gesto de su mano. Debería haberse quedado a discutir la decisión con
Jacques, tenía que ayudar a su compañera a liberarse del sentimiento de
culpabilidad, pero todos obedecían a Gregori. Era la mano derecha de
Tom y el más implacable de sus cazadores, el verdadero sanador de su
gente. Además, custodiaba a Tom como si se tratara de un tesoro.
- Ninguno de los nuestros se habrá alimentado esta noche – señaló Eric,
observando atentamente los pálidos rasgos de su mujer – Ningún humano se
habrá atrevido a salir.
- Es demasiado arriesgado entrar en una casa – suspiró Jacques, deseando
poder consultar con Tom.
- No lo molestes – dijo Gregori – ella lo necesita más que nosotros. Si ella
muere, lo perderemos y nuestra raza no tendrá ningún futuro. Noelle fue la
última mujer que sobrevivió a la infancia, y de eso hace ya quinientos años.
Necesitamos a esta mujer para que perpetúe nuestra especie. Debemos
tener toda nuestra fuerza. Todavía no hemos acabado con nuestros
enemigos.
Tom se movió, abriendo los ojos, el tormento continuaba allí.
- No hemos acabado aún. Hay por lo menos otros dos, aunque posiblemente
sean cuatro. Eugene Slovensky, Kurt Von Halen. No conozco la identidad de
los dos restantes o si realmente están implicados. En la pensión sabrán sus
nombres; la Sra. Galvenstein nos los proporcionará – bajó las largas
pestañas. Los dedos de Tom se enterraron en el cabello de Raven,
intentando de esta forma arrancarla de las garras de la muerte.
Jacques observó esos largos dedos acariciar con amor el cabello.
- ¿Podemos enterrarla unas hora, Gregori?
- Sin duda aceleraría el proceso.
Eric y Jacques bajaron para preparar el sótano, abriendo la tierra con una
simple orden. En el agujero entraban dos cuerpos pegados uno al otro.
Trasladaron a Raven con mucho cuidado, Tom se mantuvo a su lado, sin
hablar, totalmente concentrado en su corazón y sus pulmones, en la tenue
luz que contenía todos sus deseos de vivir.
Se sumergió en las profundidades de la tierra y de inmediato comenzó a
sentir las propiedades curativas del fértil suelo mientras rodeaba su cuerpo
como si de un lecho se tratase. Acomodó el cuerpo de Raven al suyo,
manteniéndola abrazada, era tan ligera.
Con un movimiento de sus manos, Tom formó un pequeño túnel sobre sus
cabezas y ordenó a la tierra que los cubriera por completo. Sintió como la
tierra se apelmazaba contra sus piernas y las de Raven, cubría sus cuerpos y
los presionaba hacia las profundidades.
El corazón de Raven dio un brinco, perdiendo por completo el ritmo a pesar
del control de Tom.
- ¡Estoy viva! ¡Nos están enterrando vivos!
- Cálmate, pequeña. Procedemos de la tierra, ella nos cura. No estás aquí
sola, estoy contigo.
- No puedo respirar.
- Yo respiro por los dos.
- No lo soporto. Detenlos.
- La tierra posee propiedades curativas. Déjalos que trabajen. Soy un
hombre de los Cárpatos, soy de la tierra. No hay nada que temer, ni el
viento, ni la tierra, ni el agua, nosotros los dominamos.
- Yo no soy una mujer de los Cárpatos. Su mente estaba totalmente
embargada por un profundo terror.
- Dominamos la Naturaleza. Nada puede hacerte daño.
Raven cerró su mente a Tom y comenzó una lucha frenética que solo
conseguiría acabar con su vida. Tom reconoció que discutir sería inútil,
ella no aceptaba el hecho de sentirse rodeada por la tierra, de estar
enterrada. Salió de inmediato llevándola en brazos, flotando, forzando su
corazón a llevar un ritmo más lento, más normal.
- Temía que ocurriera esto – le dijo a Jacques que todavía se encontraba en
el sótano – nuestra sangre corre fuerte por sus venas, pero su mente aún
está encerrada en los límites humanos. Enterrarse significa la muerte para
ella. No tolera la profundidad de la tierra.
- Entonces debemos traer la tierra a la superficie – dijo Jacques.
- Está tan débil, Jacques – dijo Tom apretando a Raven contra su pecho.
Su rostro se contrajo por el sufrimiento – no encuentro el sentido de lo que
le han hecho.
- No lo tiene, Tom – contestó Jacques.
- He sido tan egoísta con ella, aún soy egoísta. Debería haberla dejado
morir, pero no pude. Debería haberla seguido, pero no sé si me habría ido de
este mundo de forma pacífica.
- Y si lo hubieras hecho, ¿qué hubiera pasado con todos nosotros? Ella
representa la esperanza para nosotros, es nuestra única oportunidad.
Debemos tener esperanza, Mikhail. Sin ella, sin tener esperanza, ninguno de
los nuestros podrá seguir viviendo mucho más – Jacques se detuvo en la
puerta del sótano – conseguiré un colchón. Byron, Eric y yo lo cubriremos
con la tierra más rica que podamos encontrar.
- ¿Se han alimentado?
- Aún es de noche, tenemos muchas horas por delante.
Dispusieron una especie de cama en el sótano, usaron hierbas e incienso y
cubrieron el colchón con una gruesa capa de tierra. De nuevo, Tom y
Raven yacieron juntos, la cabeza de Raven sobre el pecho de Tom,
mientras él la rodeaba con sus brazos. Jacques prensó la tierra alrededor
del cuerpo de Raven, para que llegara a todos los contornos de su cuerpo.
Los cubrieron con una delgada capa de tierra, a modo de manta, y echaron
una sábana encima para que Raven sintiera el tacto reconfortante del
algodón en el cuello y en la cara.
- Mantenla tranquila, Tom – lo animó Jacques – las heridas están
cicatrizando, pero aún pierde sangre. No es mucha y podemos darle más en
un par de horas.
Tom rozó su mejilla con la sedosa cabeza de Raven, cerrando los ojos.
- Ve a alimentarte, Jacques, antes de que te desplomes – murmuró con
cansancio.
- Iré cuando los otros regresen. No os dejaremos desprotegidos.
Tom hizo un movimiento de protesta, pero entonces, una sonrisa suavizó
los duros contornos de su boca.
- Recuérdame que te saque a la parte de atrás y te de un par de lecciones
cuando recupere mi antiguo yo.
Se quedó dormido con el sonido de la risa de Jacques en sus oídos y con
Raven envuelta en sus brazos.
En el exterior, la lluvia se había convertido en una fina llovizna y el viento
había amainado, las nubes se alejaban. La tierra estaba tranquila tras la
serie de terremotos. Los gatos, los perros y los animales de granja
normalizaron su comportamiento y los animales salvajes salieron de los
refugios que los cobijaban de la tormenta.

Raven se despertó poco a poco, se sentía muy dolorida. Antes de abrir los
ojos, evaluó la situación. Estaba herida; debería estar muerta. Estaba en los
brazos de Tom y su vínculo mental era más fuerte que nunca. Él la había
rescatado de la muerte, y entonces, se ofreció a morir con ella si ella
decidía marcharse. Podía escuchar los crujidos de la casa sobre su cabeza,
el relajante sonido de la lluvia sobre el tejado y en los cristales. Alguien se
movía en la casa. Si lo intentaba sabría con exactitud quién era y en qué
lugar de la casa se encontraba, pero era demasiado agotador concentrarse
tanto.
Muy despacio, permitió que el horror de lo que había sucedido volviera a su
cabeza. La mujer atrapada dando a luz, el horrible fanatismo que había
llevado a ese brutal asesinato, a la locura. El rostro de Jacob mientras la
golpeaba y le arrancaba la ropa.
El pequeño grito de alarma hizo que Tom estrechara su abrazo,
acariciándola con la barbilla en la cabeza.
- No pienses en eso. Déjame que te ayude a dormir de nuevo.
Raven cerró los dedos alrededor del cuello de Tom, necesitaba sentir la
seguridad del pulso que latía firme en la vena.
- No. Quiero recordarlo para superar lo que pasó.
El fastidio de Tom fue instantáneo y la perturbó enormemente.
- Estás débil, Raven. Necesitarás más sangre y tienes que dormir mucho
más. Tus heridas eran muy serias.
Entonces, se movió, elevando un poco el cuerpo. El dolor la atenazó.
- No pude contactar contigo. Lo intenté, Tom, para ayudar a la mujer.
Acercó los dedos de Raven a sus labios y los apretó en un dulce beso.
- Nunca más volveré a fallarte, Raven.
Había mucho más dolor en la mente y el corazón de Tom que en el cuerpo
de Raven.
- Yo decidí seguirlos, Tom. Yo decidí implicarme y ayudar a la mujer. Yo
sabía exactamente de lo que eran capaces todos ellos. No ignoraba lo que
pasaba. No te culpo, por favor no pienses que me fallaste.
Era tan difícil hablar, costaba demasiado trabajo. Quería dormir, quería el
bendito alivio de tener la mente y el cuerpo entumecidos.
- Déjame que te ayude a dormir – susurró Tom con suavidad, su voz era
una caricia, sus dedos rozando su mano, un hechizo.
Raven se tragó el sí que luchaba por salir de sus labios; no iba a ser una
cobarde. ¿Cómo era siquiera posible que todavía estuviera viva? ¿Cómo?
Recordaba el terrible momento en el que Jacob le apretó los pechos. Todo
fue tan sucio. Su piel se erizó con el recuerdo. Quería frotarse hasta que no
quedara recuerdo de aquel roce. Su rostro, tan malvado y desencajado por
la locura. Cada estocada del puñal abriendo una herida mortal.
La tormenta, los terremotos, el trueno y los relámpagos. Los lobos saltando
sobre los Summers y sobre Hans. ¿Cómo era capaz de verlo todo de forma
tan clara en su mente?
La ira de Tom. Más allá de cualquier medida, más allá de los límites de un
cuerpo físico. Nada era capaz de contener una furia tan turbulenta. Salía de
su cuerpo y alimentaba la tormenta, hasta la misma tierra temblaba y se
sacudía, los relámpagos caían a la tierra y la lluvia lo anegaba todo.
¿Todo esto era real, había ocurrido, o era una horrenda pesadilla? No, ella
sabía que era real, y estaba muy cerca de descubrir una verdad horrible.
Había mucho dolor, estaba muy cansada y Tom era su único consuelo.
Quería volver a refugiarse en él y dejar que la protegiera y la mantuviera a
salvo hasta recobrar las fuerzas. Tom simplemente se mantenía atento,
esperando, la dejaba elegir. Le insuflaba calor, amor y cercanía, pero aún
así, ocultaba algo en su interior, algo a lo que ella no podía acceder.
Raven cerró los ojos y se concentró. Empezó a recordar.
Tom apareció repentinamente a su lado, sus negros ojos hipnotizadores
cubiertos de miedo y dolor, sus brazos sosteniéndola con fuerza, su mente
buscando y encontrando la suya, ordenándole que se quedara allí, que se
anclara a la tierra aunque su cuerpo estuviera muriéndose. Su hermano
estaba allí, y había más de los suyos presentes. Pusieron algo sobre su
abdomen, algo que parecía penetrar en su cuerpo, cálido y lleno de vida. Una
letanía relajante la rodeaba.
El miedo y la perplejidad emanaban de los congéneres de Tom. La sangre
de Tom, dulce, cálida y revitalizante inundó su cuerpo, llenó sus órganos,
volviendo a dar forma a sus músculos y a sus tejidos. No a través de las
venas, sino…
Raven se quedó rígida, el sobresalto dejó su cerebro embotado. Le era
imposible respirar. No es la primera vez que sucede. Y afloraron otros
recuerdos: la frenética voracidad de Tom, su boca apretada sobre el
pecho de él, hambrienta…
- ¡Oh, Dios!
Las palabras salieron en forma de estrangulada protesta.
Era verdad, no una alucinación. Pero su cerebro humano rechazaba esa
verdad. Era imposible; no podía ser posible. Estaba inmersa en una pesadilla
y en cualquier momento se despertaría. Eso era lo que estaba sucediendo. Lo
estaba mezclando todo, la creencia fanática en los vampiros que los asesinos
practicaban, junto con los poderes de Tom. Pero sus agudizados sentidos
le decían otra cosa, le decían la verdad. Estaba tumbada en alguna cámara
subterránea, con tierra bajo su cuerpo, rodeada de tierra por todos lados.

Tom simplemente esperaba, permitiendo que la mente de Raven reuniera
la información y la analizara, no le ocultaba nada, incluso cuando se sumergió
en sus propios recuerdos. La reacción de Raven lo tomó por sorpresa. Había
esperado chillidos, lágrimas e histeria.
Raven casi saltó del colchón, dejando escapar un pequeño grito de dolor. Se
apartó de él, sin importarle las consecuencias que el movimiento tendría en
su mortalmente herido cuerpo.
Tom habló de forma severa, su voz sonó mucho más brusca de lo que él
hubiera deseado, el temor por su seguridad era mucho más importante que
sentir compasión por ella. Su orden la paralizó, atrapándola indefensa en el
suelo. Solo sus ojos estaban vivos, llenos de terror mientras él se agachaba
a su lado, pasando las manos sobre sus heridas, buscando la extensión del
daño ocasionado.
- Relájate, pequeña. Sé que todo esto es muy traumático para ti – murmuró
frunciendo el ceño al ver la preciada sangre que manaba de tres de las
cuatro heridas. La alzó en brazos, acunándola cerca de su corazón.
-Deja que me vaya.
Su ruego sonó en su mente e hizo eco en su corazón.
- Jamás – los rasgos marcados del rostro de Tom eran una implacable
máscara de granito. Echó un vistazo a las puertas del sótano, sobre sus
cabezas. Las puertas respondieron, abriéndose de par en par al rozarlas con
su mente.
Raven cerró los ojos.
- Tom, por favor, te lo ruego. No puedo ser como tú.
- No tienes idea de cómo soy yo – dijo suavemente, elevándose en el aire
hasta el piso superior, con cuidado de que nada tocara el cuerpo de Raven –
los humanos mezclan la verdad sobre mi raza con historias de no-muertos,
raptos de bebés, asesinatos y víctimas sometidas a torturas. No podría
haberte salvado si hubieras muerto. Somos una raza que pertenece a la
tierra, al cielo, al viento y al agua. Como cualquier otra, tenemos dones y
limitaciones.
No entró en detalles sobre la procedencia de los vampiros. Ella tenía que
saber la verdad, pero no todo de golpe.
Tom la llevó a una habitación de invitados, dejándola con sumo cuidado
sobre la cama.
- No somos los vampiros de vuestros relatos de terror, no somos los
muertos andantes, por amor de Dios. Nosotros amamos, creemos en Dios,
trabajamos y prestamos servicio a nuestros países. Nos parece repugnante
que los humanos peguen a sus mujeres y a sus niños, que una madre
abandone a un bebé. Nos repugna que los humanos puedan comer la carne de
los animales. Para nosotros, la sangre da vida, es sagrada. Jamás
deshonraríamos al ser humano hiriéndolo o matándolo. Está prohibido
mantener relaciones sexuales con un humano y después beber su sangre, ya
sea hombre o mujer. Sé que nunca debería haber tomado tu sangre, eso
estuvo mal, pero fue un error porque no te expliqué lo que podía suceder. Yo
sabía que tú eras mi verdadera compañera y que sin ti, mi vida no podría
continuar. Debería haber tenido más control. Pagaré toda la eternidad por
ello, pero ya está hecho. No podemos deshacer lo que ya se ha hecho.
Tom elaboró algunas cataplasmas más y las colocó de forma precisa sobre
las heridas para cerrarlas. El miedo de Raven, su repulsión, la idea de que la
había traicionado, le mordían las entrañas y le empujaban a llorar por ella,
por los dos.
- Lo que hice contigo no fue lo mismo que tener relaciones sexuales con una
mujer. No tuvimos simplemente sexo, mi cuerpo te reconoció como mi
compañera. No había manera de ignorar la llamada. Debería haber elegido
acabar con mi vida. El ritual exige el intercambio de sangre. No es apetito,
es un intercambio sensual, erótico y hermoso, que reafirma el amor y la
fidelidad. La primera vez que bebí tu sangre, tomé mucha sin pretenderlo
debido al éxtasis en el que me sumergí. Estaba totalmente fuera de control.
No estuvo bien atarte a mí sin que entendieras por completo lo que
significaba. Pero permití que eligieras. No puedes negar eso.
Raven contemplaba su rostro y veía el sufrimiento en sus ojos negros, el
miedo que sentía por ella. Quería tocarlo, borrar las arrugas de
preocupación, asegurarle que ella era capaz de afrontar todo lo que él le
estaba pidiendo, pero que su cerebro no aceptaba sus palabras.
- Habría elegido la muerte si me hubieras permitido marcharme contigo – le
apartó el pelo de la cara con dedos tiernos y gentiles – tú lo sabes, Raven. El
único modo de salvarte era convertirte en uno de nosotros. Tú elegiste vivir.
- Yo no sabía lo que estaba haciendo.
- Si lo hubieras sabido, ¿habrías elegido la muerte para mí?
Sus ojos azules, tan confundidos y desconcertados, buscaron el rostro de
Tom con una mirada obsesiva.
- Libérame, Tom. No quiero estar tumbada de esta forma tan indefensa.
Tom cubrió el cuerpo de Raven con una ligera sábana.
- Tus heridas son graves; necesitas sangre, y necesitas el sueño reparador
para sanar. No te muevas.
Sus ojos lo castigaban. Tom tocó la barbilla de Raven con suavidad. La
liberó mientras la miraba atentamente.
- Contéstame, pequeña. Sabiendo lo que somos, ¿me habrías enviado a la
eterna oscuridad?
Raven hizo un esfuerzo supremo para mantenerse calmada. Parte de ella aún
no podía creer lo que estaba sucediendo, mientras que otra parte luchaba
por entenderlo y ser justa.
- Te dije que podía aceptarte, incluso amarte como eres, Tom. Y sabía lo
que decía, lo dije en serio. Ahora sigo pensando lo mismo.
Estaba tan débil que apenas podía hablar.
- Sé que eres un buen hombre; no hay maldad en ti. El Padre Hummer dijo
que yo no podía juzgarte según nuestros esquemas y no lo haré. No, habría
elegido la vida para ti. Te amo.
Había demasiada tristeza en sus ojos para que él se sintiera aliviado.
- ¿Pero? – preguntó con suavidad.
- Puedo aceptarlo en ti, Tom, pero no en mí. No podría nunca beber
sangre. Me pongo enferma con el simple hecho de pensarlo – se humedeció
los labios secos con la lengua - ¿Puedes volver a hacerme humana? ¿Quizás
con una transfusión?
Tom, apesadumbrado, negó con la cabeza.
- Entonces, déjame morir. Sólo yo, no tú. Si me amas, deja que me marche.
Los ojos de Tom se convirtieron en dos oscuras brasas.
- No lo entiendes. Tú eres mi vida. Mi corazón. No existe Tom sin Raven.
Si deseas buscar la eterna oscuridad, debo ir contigo. Jamás conocí el dolor
y el éxtasis del amor de mi gente hasta que te conocí. Eres el aire que
respiro, la sangre que corre por mis venas, mi alegría, mis lágrimas, mis
sentimientos. No desearía seguir viviendo una existencia desnuda y vacía.
Sería imposible. El tormento que sentiste durante esas pocas horas en las
que no pudimos contactar mentalmente, no sería nada comparado con el
infierno al que me estarías condenando.
- Tom – susurró angustiada – Yo no pertenezco a la Estirpe de los
Cárpatos.
- Sí, pequeña. Por favor, date tiempo para sanar, para absorber todo lo que
te ha ocurrido y adaptarte - Le estaba rogando con voz suave y persuasiva.
Raven cerró los ojos para impedir que brotaran las lágrimas.
- Quiero dormir.
Necesitaba más sangre. La transfusión sería más sencilla si ella no era
consciente de lo que le ocurría. El reparador sueño de la tierra la
reconfortaría, en cualquier caso, aceleraría el proceso curativo de su
cuerpo. Misericordiosamente, Tom obedeció su petición y la envió a un

profundo sueño.




HOLA!!! AQUI ESTA EL CAPS DE HOY TRES O MAS Y AGREGO ADIOS :))

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