miércoles, 23 de marzo de 2016

12

12:
El dormitorio de Tom estaba situado bajo el subsuelo de la casa,
todo estaba silencioso y oscuro como una tumba. Tom y Raven
yacían juntos en la enorme cama, sus cuerpos entrelazados. Una
pierna de Tom descansaba sobre el muslo de Raven y su enorme
cuerpo la protegía, manteniéndola abrazada muy cerca de su
corazón. El silencio en la alcoba era sepulcral, ni siquiera podían oírse
sus respiraciones. Sus cuerpos parecían carecer de vida.
La misma casa parecía estar inerte, silenciosa como si contuviera la
respiración, esperando a que llegara la noche. Los rayos del sol
penetraban a través de las ventanas y esparcían su luz sobre los
viejos grabados y los libros encuadernados en piel; el sol arrancaba
destellos a los mosaicos del suelo en la entrada, creando una neblina
dorada sobre la madera.
Sin advertencia previa, la respiración de Tom comenzó a oírse en
un siseo lento y largo, recordando el sonido de una serpiente
venenosa preparada para atacar. Los ojos oscuros se abrieron de par
en par, malévolos, brillando con hambre de depredador, con la furia
de un lobo atrapado. Los movimientos de su cuerpo eran lentos,
necesitaba reponer su enorme fuerza con un profundo sueño. Unido
como estaba al ciclo de la noche y el día, supo de inmediato que era
mediodía y que el duro e implacable sol estaba en su punto más
álgido y letal.
Algo andaba mal; algo había conseguido penetrar en las
profundidades de su sueño y lo había despertado, aunque necesitara
seguir dormido. Sus dedos se crisparon y unas largas uñas
semejantes a garras rasgaron el colchón. Faltaban demasiadas horas
hasta la puesta de sol; escudriñó los alrededores en una meticulosa
búsqueda. La casa vibraba con la repentina tensión y el aire se
agitaba de inquietud; los mismos cimientos parecían encogerse de
terror ante una amenaza invisible.
Más allá de la verja de hierro, en el exterior de la casa, Rudy
Romanov se paseaba inquieto arriba y abajo, su corazón estaba
ennegrecido por la furia, al igual que su mente. Cada cuatro pasos
golpeaba los gruesos y retorcidos barrotes de la verja, furioso y
frustrado, con un bate de béisbol.
- ¡Demonio! ¡No-muerto! - El viento arrastraba las palabras hacia la
casa.
Tom gruñó por lo bajo, su cuerpo estaba atrapado aún en las
neblinas del sueño, pero sus instintos estaban plenamente alerta. Sus
labios se contrajeron en un silencioso gruñido, dejando a la vista los
colmillos; se oyó otro largo siseo.
En su cabeza resonaban las acusaciones lanzadas con furia por Rudy.
- Encontré las pruebas reunidas por mi padre durante años. ¡Todo!
Todo está ahí. La lista de tus sirvientes; eres malvado, la cabeza del
monstruo. ¡Asesino! ¡Impío! ¡Transformaste a esa hermosa mujer en
tu pervertida esclava! Me habría usado para sumarme a tus huestes.
Era la locura provocada por el sufrimiento y la ira, mezclados con un
deseo fanático de venganza. Rudy Romanov creía en todo lo que su
padre había atesorado como pruebas en su contra y había venido a
matar al vampiro que gobernaba sobre todos los demás. Tom
comprendió de inmediato el peligro; el aire se hizo espeso. Llamó a
Raven, rozando su mente en una caricia tierna y dulce.
- Despierta, mi amor. Estamos en peligro.
Raven comenzó a respirar, despacio y de forma irregular. Con la
advertencia de Tom en la cabeza, comprobó la amenaza
automáticamente en el interior del dormitorio. Sentía su cuerpo lacio
y sin vida, necesitaba urgentemente seguir durmiendo. Su cerebro
parecía estar embotado y no entender nada.
-Romanov está junto a la verja.
Raven parpadeó, intentando despejar la neblina.
- Hans Romanov está muerto.
- Su hijo vive. Está fuera, y siento su ira y su odio. Es peligroso. El
sol está en su punto álgido, estamos muy débiles. No puede entrar,
pero tampoco podemos salir.
Le costó un considerable esfuerzo y una enorme concentración el
simple hecho de frotar el rostro contra el velludo pecho de Tom.
Intentó aclararse la garganta.
- Puedo abrir la puerta y ver lo que quiere. Le diré que estás
trabajando; se sentirá como un imbécil y se marchará.
Tom acunó la cabeza de Raven; ella aún pensaba como una
humana, inconsciente del terrible precio que pagaban por ser
inmortales.
- Aún estás demasiado aturdida, no le escuchas. Su estado mental es
terriblemente peligroso.
Raven no tenía ni la más ligera idea del precio que tendría que pagar
por amarle. El sol la destruiría si encontraba la fuerza para salir de la
cama.
Se acurrucó junto al cuerpo de Tom como una gata, su necesidad
de dormir era sobrecogedora.
- Escúchame, pequeña. ¡Debes permanecer despierta! - La orden fue
imperiosa; Tom la abrazaba con toda la fuerza de su amor y de la
necesidad de protegerla.
Raven alzó el cuerpo lo justo para poder escudriñar los alrededores.
La oscura ira de Rudy Romanov parecía tener vida propia y exigía su
muerte; Raven sintió como golpeaba con fuerza en su cabeza.
- Está desquiciado, Tom – dijo alzando una mano con un
movimiento difícil y lento, intentando poner en orden su espesa
melena. El aire era demasiado denso o ella estaba excesivamente
débil; el caso es que este simple gesto le exigió una intensa
concentración.
– Anoche fue tan dulce, sufría por la muerte de su madre; ahora está
convencido de que somos sus enemigos. Es un hombre culto, Tom.
¿Es por mi culpa que estamos ahora en peligro, por haberme
acercado a él? quizás hice algo, o dije algo que le hizo sospechar – la
mente de Raven estaba nublada por la culpabilidad.
Tom frotó su barbilla contra el cabello de Raven.
- No, Rudy encontró algo entre los papeles de su padre. Anoche no
sospechaba nada; tan sólo sufría. Algo lo ha convencido de que las
acusaciones de su padre eran ciertas. Cree que somos vampiros.
- No creo que nadie le crea, aunque muestre las evidencias que
supuestamente tiene. Pensarán que aún está aturdido por el dolor –
Raven temía por la seguridad de Rudy tanto como por la de Tom y
ella.
Tom le acarició la barbilla con dedos tiernos. Era característico de
ella sentir pena por un hombre que lo único que tenía en la mente era
acabar con sus vidas. Súbitamente, el cuerpo de Tom se sacudió al
lado de Raven. La casa se encogió de miedo y chilló silenciosamente
una milésima de segundo antes de que la primera explosión resonara
en sus oídos. Sobre ellos, en el primer piso, los cristales de las
ventanas estallaron en pedazos; los antiguos muebles se hicieron
astillas; unos instantes después otra explosión hizo temblar la casa,
destrozando la pared del ala norte.
Los colmillos de Tom brillaron en la oscuridad; el silbido de su
respiración era una promesa de venganza. El olor acre y rancio del
humo se introdujo a través del techo, inundando la habitación,
girando y haciéndose cada vez más espeso hasta formar una nube
que hacía que sus ojos ardieran y lloraran. En el primer piso, las
llamas comenzaron a lamer y crepitar con avidez sobre los libros y los
cuadros, el presente y el pasado de Tom; unas lenguas rojas y
anaranjadas que consumían vorazmente las pertenencias que Tom
había atesorado durante los largos siglos de su existencia. Rudy
quería destruirlo todo, sin saber que Tom tenía muchas casas con
muchos más tesoros.
- ¡Tom! – Raven sentía la angustia de su compañero al presenciar
la muerte de su casa predilecta, devorada por las llamas. Los pútridos
olores del odio, el miedo y el humo se mezclaban en la habitación.
- Debemos bajar. La casa acabará por caerse – en la mente de Raven
resonaba con dureza la frialdad de Tom.
Raven intentó incorporarse para sentarse, pero sus movimientos eran
penosamente torpes.
- Tenemos que salir de la casa. Si bajamos quedaremos atrapados
entre el suelo y las llamas.
- El sol está demasiado alto; tenemos que enterrarnos – su abrazo se
hizo perceptiblemente más intenso, en un intento de darle el valor
que Raven necesitaba para afrontar lo que tenían que hacer – No
tenemos otra elección.
- Ve tú, Tom – dijo Raven mientras el miedo la atenazaba. En su
estado era una inutilidad; aún intentando moverse para descender
más allá del sótano, no podría nunca acurrucarse bajo el suelo,
enterrarse viva. Estaría desquiciada cuando volviera a la superficie;
definitivamente, no podía comprometerse a hacerlo, pero tenía que
animar a Tom para que él sí lo hiciera. Él era muy importante, su
gente lo necesitaba.
- Vamos los dos juntos, mi amor – introdujo su fuerza en su voz, una
fuerza que sus músculos no dejaban ver en esos momentos; sus
extremidades parecían pesar como el plomo. Le costó un tremendo
esfuerzo levantarse de la cama; su cuerpo se plantó en el suelo
pesadamente – Vamos, podemos hacerlo.
El humo era ahora más espeso y la habitación estaba tan caliente
como un horno. El techo empezó a ennegrecerse de forma
amenazante; tenían los ojos doloridos por el humo, llorosos.
- ¡Raven! – la orden fue rotunda.
Raven salió de la cama haciendo rodar el cuerpo, cayendo al suelo
con tal fuerza que se quedó sin aire en los pulmones.
- Avanza de forma muy rápida – sentía en su cabeza miles de
alarmas sonando a la vez; había demasiado humo; la casa rugía
sobre sus cabezas.
Raven se movió, centímetro a centímetro, siguiendo los adormecidos
movimientos de Tom sobre el suelo. Apenas podían arrastrarse,
estaban demasiado débiles, les resultaba imposible usar las rodillas o
las manos. Tendidos completamente sobre el suelo y usando los
brazos para arrastrase, llegaron a la entrada oculta del sótano. Raven
habría hecho lo que fuera para llevar a Tom a un sitio seguro.
El calor del incendio succionaba el aire de la habitación de modo que
sus cuerpos estaban bañados en sudor; sus pulmones ardían y
trabajaban con sumo esfuerzo. Aún uniendo sus fuerzas, parecía
imposible poder levantar la trampilla.
- Concéntrate – dijo Tom, instruyéndola – utiliza tu voluntad.
Raven dejó a un lado todo: el miedo, el humo, el fuego, la agonía y la
ira de Tom por el incendio de su hogar, la bestia que se alzaba en
su interior. Concentró sus pensamientos, centrándose en la pesada
trampilla. Con infinita lentitud, empezó a moverse, al principio fue un
leve crujido de metal y madera, una especie de protesta; Tom
alimentó su fuerza y poder con los de Raven y finalmente, la trampilla
se abrió a duras penas. Una vez quedó a la vista el enorme precipicio
que bajaba hasta el sótano, se dejaron caer exhaustos, uno sobre el
otro, abrazándose durante un instante con los corazones latiendo
frenéticamente y los pulmones abrasados por las nubes de humo que
giraban a su alrededor.
Los escombros del tejado comenzaron a caer sobre el techo que aún
se mantenía intacto sobre sus cabezas. El fuego rugía como un
monstruo gigantesco, un incendio dantesco y temible. Raven deslizó
la mano en la de Tom; él la rodeó con sus dedos.
- El tejado se ha venido abajo; el techo del primer piso no tardará en
hacerlo.
- Baja tú, Tom; esperaré aquí todo el tiempo que pueda – el
abismo bajo sus pies era tan terrorífico como el incendio.
- Los dos juntos – las órdenes de Tom eran ley. Raven sintió el
cambio que se produjo en él; ya no era un hombre cariñoso, era un
dominante hombre de los Cárpatos, una bestia que reunía todas sus
fuerzas y esperaba. Un enemigo estaba destrozando su hogar, sus
pertenencias; amenazando la vida de su compañera. Tom dejó
escapar el aire entre sus dientes en un siseo mortal y lento que hizo
que el corazón de Raven latiera desbocado. Con ella siempre era
dulce, tierno y amoroso. Ante ella estaba ahora la bestia liberada.
Raven se tragó el miedo, cerró los ojos y calmó su mente. Tenía que
encontrar la forma de descender hacia ese tenebroso lugar bajo el
sótano, por Mikhail. Como siempre, él se introdujo en su mente de
forma poderosa.
- Puedes hacer esto, amor mío. Eres ligera, como una pluma, tan
ligera que flotas en el aire – construyó la sensación para ella; y
Raven sintió su cuerpo liviano como el mismo aire, incorpóreo.
Manteniendo los ojos cerrados, notó como el aire se agitaba
suavemente a su alrededor, refrescando su piel. Sentía a Tom en
su mente, no obstante su cuerpo no era más que un efímero vestigio
entrelazado al suyo.
La oscuridad los envolvió, acariciándolos y guiándolos hasta el fértil
suelo. Raven abrió entonces los ojos, atónita y encantada de verse
pisando la tierra del sótano; había flotado en el aire como una pluma.
Era una experiencia estimulante, y durante un instante, el placer que
sintió alejó el miedo y el horror del fuego. Había movido un objeto
pesado tan sólo con la mente, y ahora, acababa de traspasar el aire,
flotando como la misma brisa. Casi como si hubiera volado. Se apoyó
en Tom, estaba exhausta.
- No puedo creer lo que acabamos de hacer. Hemos bajado flotando
de verdad – en un abrir y cerrar de ojos, apartó la destrucción que la
rodeaba y se deleitó en la maravilla sensación de haberse convertido
en un nuevo ser.
Tom la acercó más en repuesta, rodeando con los brazos su
esbelto cuerpo para protegerla con el suyo, mucho más poderoso. La
sensación de júbilo se desvaneció. Estaba en el interior de Tom
igual que él estaba dentro de ella; y percibió el frío helado de su
amargo y despiadado propósito. No se parecía en nada al fuego
ardiente de su rabia negra, era mucho, mucho peor. Este Tom era
un hombre de los Cárpatos en todo su poder, mortífero como
cualquier mítico vampiro. La total falta de emoción, la enorme fuerza
de su voluntad de acero y su firme determinación resultaban
terroríficas. Se vengaría rápida y brutalmente. No había término
medio; Romanov había pasado a ser su enemigo y sería destruido.
-Tom – dijo inundando la mente de Tom de suave paz y
compasión – Perder tu hogar de esta forma, todas las cosas que te
han rodeado y reconfortado durante tanto tiempo, debe ser como
perder parte de ti mismo – lo consoló frotando su rostro sobre el
poderoso pecho – Es un momento terrible para los dos, un momento
terrible en nuestras vidas, pero podemos reconstruirlo todo, de modo
que sea más fuerte que nunca.
Tom apoyó la barbilla en la cabeza de Raven, enviando ola tras ola
de amor y calidez con su mente. Pero en su interior, aún anidaba
aquella intensa frialdad que las palabras de Raven no habían logrado
disipar. Sólo ella despertaba su ternura, con el resto del mundo no
había más ley que matar o morir.
Raven lo intentó de nuevo.
- El sufrimiento consigue que las personas hagan cosas extrañas.
Rudy Romanov perdió a sus padres; su padre asesinó brutalmente a
su propia esposa. Cualquier cosa que Rudy haya hallado, ha hecho
que te encuentre culpable de lo que sucedió. Probablemente se
reproche el haber pensado que su padre estaba loco; lo que está
haciendo es terrible, pero no es peor que lo que tú hiciste a los
asesinos de tu hermana.
- No estaba pensando en mi hermana cuando luché contra los
asesinos – los pensamientos de Tom eran crudos - No puedes
comparar; los asesinos nos atacaron en primer lugar. Los habría
dejado tranquilos si no hubieran venido tras los míos. Te fallé una
vez, pequeña; hoy no volveré a fallarte.
- Aquí estamos a salvo. La gente del pueblo vendrá a apagar el
incendio; probablemente internen a Rudy en un hospital, o se lo
lleven a la cárcel. Pensarán que está loco; y no te preocupes por el
hecho de que la gente piense que morimos en el incendio, no
encontrarán nuestros cuerpos. Podemos decir que fuimos a visitar a
Celeste y Eric, organizando los preparativos para la boda.
Ella no lo entendía y Tom no encontraba valor para decírselo; no
estaban a salvo, el fuego rugía sobre sus cabezas, consumiendo el
suelo del piso inferior tan rápidamente como lo había hecho con los
pisos superiores. En poco tiempo se verían obligados a buscar refugio
en las profundidades de la tierra; y tampoco tenía la seguridad de
que, aunando sus fuerzas, pudieran abrir un hueco para los dos. Y si
sucedía así, tampoco podía forzarla a dormir profundamente. Sus
poderes estaban muy mermados, eran casi inexistentes a esta hora
día.
Vivirían o morirían juntos; estarían obligados a permanecer acostados
en el suelo. Raven tendría que soportar el hecho de estar enterrada
con vida, durantes las horas que restaban hasta la puesta de sol, y
aún quedaban muchas horas. Rudy Romanov infligiría una
insoportable tortura a Raven; Tom conocía su más profundo
temor: la asfixia. Separó los labios, en otro silencioso gruñido. La
muerte de su hogar, que él tanto amaba, podría ser perdonada, pero
yacer sin poder hacer nada junto a una atormentada Raven, durante
la angustia del enterramiento, no tenía perdón posible.
Los pensamientos de Raven se centraban en Tom, en la pérdida
que estaba sufriendo; sentía compasión por Romanov, y le
preocupaba la posibilidad de que otras personas estuvieran en peligro
a causa de las pruebas que Rudy poseía. Si Tom tuviera la
suficiente fuerza, la habría besado; pero lo hizo con la mente, en su
beso psíquico conjuró todo su amor y su admiración por la
compasión, el amor incondicional y la generosidad de Raven.
Los ojos azules se agrandaron, con matices de profundo violeta y
dulcemente soñolientos, al sentir los besos de Tom. Enterró la
mano en la sedosa melena azabache, sentía tanto amor… cerró los
ojos durante un instante, saboreando el momento, Raven conseguía
que se sintiese amado y cuidado; no se había sentido así durante
siglos, y se sentía profundamente agradecido de haber vivido tantos
años para poder encontrar una verdadera compañera.
El rugido del incendio se hizo aún más fuerte. Una viga cayó sobre el
techo de la estancia donde se encontraba, y las chispas se
esparcieron sobre ellos a través de la trampilla; junto a ellas se
introdujo también el humo y el apestoso olor de la muerte. La muerte
de su hogar.
- No tenemos otra opción, amor mío – Tom supo ser muy tierno –
Debemos enterrarnos.
Raven cerró los ojos, en su interior, surgió el pánico.
- Tom, te amo.
Sus palabras estaban llenas de sufrimiento, de aceptación de lo
inevitable. Y lo inevitable era la muerte, no suelo. Quería hacer todo
lo que él necesitara pero estaba más allá de sus fuerzas; la tierra no
se la tragaría estando aún con vida.
Tom no podía perder tiempo en discusiones.
- Aumenta mi orden con las fuerzas que aún te quedan. Deja que
fluyan hacia mí, o seré incapaz de abrir la tierra.
Raven haría cualquier cosa por salvarlo; si necesitaba sus últimas
fuerzas, que así fuera. Y aumentó su orden sin ninguna duda, con un
amor total y generoso.
La tierra se abrió al lado de Tom, dejando un hueco que parecía
haber sido excavado con limpieza. El olor del suelo era fresco y
relajante, y Tom se sentía profundamente atraído; sin embargo,
Raven sentía auténtico terror subiendo en espiral por su cuerpo, ante
la húmeda oscuridad. Intentó que su mente permaneciera calmada.
- Tú primero – sabía de sobra que no podría seguirle, y que era
esencial que Tom creyera lo contrario, de otra forma no habría
modo de salvarle.
En un abrir y cerrar de ojos, Tom giró sobre su cuerpo, llevando a
Raven encerrada entre sus brazos, y se arrastró hasta el borde de la
abertura, dejándose envolver en los amorosos brazos de la tierra.
Sintió el mudo grito de Raven resonando en su propia mente;
endureció su corazón para no ceder ante el violento miedo que
atenazaba a Raven, y usó sus últimas fuerzas para cerrar el suelo
sobre ellos. Ser una tenue sombra en la mente de Raven le permitía
conocer todas y cada una de sus intenciones, no tenía pensado
enterrarse con él.
Raven gritaba una y otra vez; Tom la sentía salvaje y fuera de
control en su mente. Era un terror ancestral, inherente al ser
humano. Raven le suplicaba, le rogaba; pero él se limitaba a
mantenerla cautiva entre sus brazos, absorbiendo las oleadas de
pánico. La mente de Raven era una maraña de pánico y caos; Tom
estaba exhausto, había usado las pocas fuerzas que le quedaban para
ponerlos a ambos a salvo.
Durante todos los siglos de su vida, jamás había conocido el
significado de la palabra odio; lo aprendió allí tendido, sintiéndose
incapaz de enviar a Raven al olvido, con su casa ardiendo sobre su
cabeza y viendo a Raven encaminarse hacia el borde de la locura. De
nuevo había vuelto a elegir la vida para los dos, y esa decisión había
supuesto un enorme sufrimiento a Raven. Si quería ayudarla, tenía
que reunir fuerzas, y la única forma de lograrlo era desconectarse por
completo de ella y caer en el rejuvenecedor sueño de los inmortales,
permitiendo que la tierra lo revigorizara. Una nueva ola de odio le
llegó de lleno.
- Raven – incluso su fuerte vínculo psíquico era ahora difícil de poner
en práctica – Pequeña, ralentiza tu corazón, únete a mis latidos. No
necesitas aire, no intentes respirar.
Pero Raven no lo escuchaba, luchaba desesperadamente por
conseguir un poco de aire donde no había ninguno. La sensación de
haber sido traicionada se unió al pánico y a la histeria, Tom usaría
su mente para doblegarla, decidiría por ella.
Tom decidió no sumirse en el sueño; al contrario, se mantuvo
alerta con las manos entrelazadas en el cabello de Raven y el cuerpo
relajado, absorbiendo las propiedades curativas del suelo. No la
dejaría enfrentarse sola a lo que ella consideraba un enterramiento;
estaba decidido a compartir su terrible carga tanto tiempo como
durara su tormento. El caos mental de Raven siguió en lo que pareció
durar una eternidad; cuando su cuerpo se agotó por completo,
quedándose totalmente exhausta, comenzó a asfixiarse, y de su
garganta brotó un horrible borboteo.
- ¡Raven! – la voz de Tom fue imperiosa, una orden ineludible. Sus
poderes eran una mera sombra y el miedo de ella excesivamente
grande; Tom podía sentir cómo la garganta de Raven se cerraba,
lo sentía como si fuera la suya propia, y escuchaba los terribles
estertores de la muerte.
Selló su mente un instante, permitiendo que la tierra lo abrazara, que
lo bañara en su bálsamo curativo. La tierra le susurraba suavemente,
le tarareaba una especie de nana que se introducía en su cuerpo,
revitalizándole y devolviéndole la energía. Le proveyó de la
tranquilidad necesaria para enfrentar el tormento de Raven.
- Siénteme aquí a tu lado, pequeña, siénteme.
Su mente aún era un caos, y la sensación de asfixia continuaba
- Siénteme Raven, conéctate conmigo – estaba siendo muy paciente,
era la calma en el ojo del huracán – Raven, no estás sola, estoy en tu
mente, contigo. Tranquilízate y conecta conmigo tan solo un
momento. Bloquea tu mente y búscame.
- Tom – estaba furiosa, herida, hecha pedazos – No puedo soportar
esto; ayúdame. De verdad, ni siquiera por ti.
- Entrégate a mí.
Le dijo refiriéndose al rico suelo, sin mencionar el lugar donde se
encontraban. Envió a la mente de Raven la sensación de sus
crecientes fuerzas y la promesa de ayuda y descanso; su mente no
tenía más que calidez, amor y poder. Ella necesitaba creer en él,
necesitaba unir su mente a la suya para poder percibir los poderes
curativos del suelo como él estaba haciendo.
Raven sabía que se volvería loca; siempre le habían aterrorizado los
lugares cerrados. No importaba que Tom asegurara que no
necesitaba aire, ella lo necesitaba. Bloquear el miedo, el terror de
saberse enterrada en las profundidades de la tierra, le llevó varios
intentos y toda la disciplina que fue capaz de convocar. Se arrastró
hasta la mente de Tom en un último intento y se aisló de la
realidad, de aquello en lo que se había convertido, de lo que tenía que hacer para sobrevivir.
Tom la mantenía a flote a duras penas; la notaba liviana y ligera
en su mente. Demasiado tranquila, sin aceptar los poderes curativos
de la tierra, pero sin luchar contra la situación en la que se
encontraba. No respondió a sus suaves preguntas; él la percibía como
un pequeño copo de nieve acurrucado en un rincón de su mente.
Le llevó un momento percibir una ligera oleada de poder, un
estremecimiento, como si un ojo, a través de una bola de cristal, los
observara justo a su lado. No estaban solos; la presencia agitó su
mente, contactando con él. Un hombre de los Cárpatos. Muy
poderoso. Gregori.
- Estás bien, amigo mío – Tom pudo percibir la fría amenaza.
Habían llegado a conocerse muy bien después de tantos siglos de
permanecer unidos contra la adversidad.
Gregori no lo había preguntado, y Tom estaba muy sorprendido,
realmente perplejo, ante la conexión mental de Gregori. Raven y él
estaban profundamente enterrados, el sol estaba en todo lo alto y
todos sus congéneres deberían estar débiles. ¿Cómo era capaz
Gregori de realizar esa hazaña? Nadie era capaz de hacerlo, ni en las
leyendas antiguas, de tiempos remotos.
- Tu mujer necesita dormir, Tom. Permíteme ayudarte.
Estaba muy lejos, Tom pudo detectarlo, pero aún así, la conexión
psíquica entre ellos era fuerte. Si Gregori obligaba a Raven a dormir,
le daría poder sobre ella; Tom estaba indeciso. ¿Podía confiar en
Gregori? Sus poderes eran tremendos.
Escuchó una risa carente de humor.
- No sobrevivirá, Tom. Aún contigo a su lado, sus limitaciones
humanas superan el deseo de ayudarte.
- ¿Y aún a esta distancia puedes hacerlo? ¿Es seguro? ¿La alejarás
del tormento sin cometer ningún error? – en el fondo, Tom
deseaba que fuese cierto; Gregori era su sanador, si decía que Raven
no sobreviviría a su entierro, tan sólo confirmaba sus peores
sospechas.
- Sí, a través de ti. Eres la única persona de este planeta a la que he
jurado fidelidad. Siempre has tenido mi lealtad; eres mi amigo y mi
familia. Hasta que tu compañera o cualquier otra me entregue a la
mía, eres la única persona que se interpone entre la oscuridad y yo.
Gregori jamás habría admitido tal cosa si la ocasión no fuese una
funesta emergencia. Le estaba dando la única razón que reafirmaba
la confianza de Tom, y en su interior se mezclaron el cariño y el
remordimiento.
- Gracias, Gregori, estoy en deuda contigo.
- Tengo la intención de que seas el padre de mi compañera.
Dijo con una tenue inflexión en la voz, desconocida para Tom, que dejaba
claro que Gregori ya se había asegurado que todo saliera según sus
deseos.
- Tengo la impresión de que la hija de Raven sería un pequeño diablo
– dijo Tom intentando captar el significado del enigma.
- No me cabe ninguna duda de que seré capaz de afrontar ese desafío
– respondió Gregori vagamente – obligaré a tu mujer a que duerma
el sueño de los inmortales, de esa forma, sus limitaciones humanas
no la atormentarán.
La orden de Gregori fue suave, pero clara, despótica e imposible de
ignorar. Raven dejó escapar un último suspiro y su respiración se
detuvo junto con su corazón. Su mente bloqueó el terror y su cuerpo
recibió los poderes curativos de la tierra.
- Duerme ahora, Tom. Si alguien te molesta, lo sabré enseguida.
- No tienes que protegerme, Gregori. Ya has hecho mucho por
nuestra gente, cosas que ellos no conocen. Jamás podré pagarte.
- No puedo hacer otra cosa, Tom, ni quiero – dijo mientras se
alejaba.
Tom se entregó al placer lujurioso del sueño, dejando que la tierra
le devolviera sus inmensos poderes; los necesitaría para llevar a cabo
la venganza. Envolvió a Raven con más fuerza en sus brazos
mientras tomaba su último aliento, seguro de que no existía ya
peligro.

El sol pareció tardar más de la cuenta en hundirse tras el horizonte.
El cielo tenía un color rojo sangre, con tenues matices de naranja y
rosa. Cuando apareció la luna, las nubes la cubrieron con un tenue
velo, y un anillo siniestro la rodeó a modo de mal presagio. Los
jirones de niebla se desplazaban por el suelo, alrededor de los árboles
y los arbustos. Una suave brisa empujaba perezosamente a las
nubes, acariciando las ramas de los árboles e intentando, en vano,
dispersar el olor a humo que persistía en el bosque. El viento rozó las
negras cenizas y las vigas quemadas, las piedras ennegrecidas y todo
lo que quedaba en pie de la que una vez fue la casa de Tom
Dubrinsky.
Dos lobos olían las ennegrecidas ruinas, elevando sus hocicos al cielo
y aullando de dolor. Otros lobos contestaron en el bosque, dando
rienda suelta a su tristeza. Tras unos instantes, el eco se desvaneció.
Los dos lobos rodearon las chamuscadas ruinas y olfatearon a los dos
centinelas, ocultos entre las sombras de la verja de hierro,
firmemente alertas.
Los lobos se marcharon con rapidez, volviendo a las sombras del
bosque, habían percibido una clara amenaza en las dos letales
figuras. El silencio envolvió de nuevo las montañas como una
mortaja. Las criaturas del bosque se acurrucaron en sus agujeros y
refugios para no enfrentar el olor de las cenizas y de la muerte del
que fuera el hogar de un ser que formaba parte de ellos.
Bajo la tierra, dos cuerpos yacían inmóviles, sin vida. En el silencio,
un corazón comenzó a latir, fuerte y rápido. La sangre comenzó a
circular por las venas y un largo silbido fue la señal del despertar de
los pulmones. Tom abrió los ojos de par en par, escudriñando los
alrededores. Pasaba la medianoche; el fuego se había extinguido
hacía mucho. Los bomberos, investigadores y los curiosos hacía rato
que habían vuelto a sus casas. Percibió a Jacques y a Gregori por
encima de su cabeza. Nadie más, ni humano ni de los suyos, andaba
cerca. Tom centró su atención en Raven; era una enorme tentación
pedir a Gregori que la despertara, pero sería egoísta y no beneficiaría
para nada a Raven. Era mejor que permaneciera dormida hasta que
estuviera en la superficie; no necesitaba ningún recuerdo de su
terrible tormento. Tom abrazó su cuerpo frío e inmóvil durante un
largo rato, acercándola a su corazón.
Después comenzó a arrastrarse hasta la superficie, y por un
momento, se quedó ligeramente desorientado al sentir el aire de la
noche. En cuanto fue capaz, se impulsó hacia el cielo, el mejor lugar
para proteger a Raven si fuera necesario. El aire se introducía en sus
pulmones y aliviaba su cuerpo. Las plumas brillaron a la luz de la
luna; unas enormes alas se expandieron y comenzaron a batirse en el
aire, elevando al gran búho sobre el cielo. Desde lo alto, comenzó a
dar vueltas sobre el bosque, buscando cualquier posible enemigo que
pudiera ser lo bastante imbécil para amenazarlos.
Tom necesitaba la libertad de volar por el cielo para alejar los
recuerdos del terror de Raven, cuyos gritos aún resonaban con fuerza
en su cabeza. Se lanzó en picado hacia el suelo, dejándose caer
libremente hasta disolverse en una neblina. Las pequeñas gotas de
agua se esparcieron entre los árboles y se reunieron de nuevo hasta
formar el cuerpo de un enorme lobo. Tom corrió entonces sin
esfuerzo, manteniendo la endemoniada velocidad mientras esquivaba
los arbustos, los árboles, saltaba sobre el prado y aterrizaba de
nuevo como si un arco lo hubiera impulsado.
Una vez calmó su mente, se dirigió en un ligero trote hacia las
ennegrecidas ruinas, volviendo a su musculosa forma humana,
vestido por completo, y se acercó a grandes zancadas a su hermano.
Era muy consciente de que toda la naturaleza a su alrededor, de la
que él formaba parte, podía percibir su helada ira. Estaba enterrada
muy profundamente, pero alteraba la armonía del bosque, del aire;
sus enemigos no escaparían.
Jacques se incorporó muy lentamente, como si llevara horas
esperando. Se llevó la mano a la nuca, frotándose el cabello rizado.
Tom y él se miraron fijamente con un profundo sufrimiento.
Jacques se acercó a Tom y lo abrazó en una muestra de
afecto totalmente extraña en él; el abrazo fue breve y rígido, dos
tiesos robles intercambiando un apretón. Tom sabía que Raven se
habría reído de ellos.
Gregori permanecía agazapado en el suelo, su amplia silueta
rivalizaba con los enormes troncos de los árboles. Estaba totalmente
inmóvil, y su sombrío rostro carecía de emoción; sus ojos eran dos
ranuras plateadas, como el mercurio, moviéndose sin descanso en el
rostro de granito. Se alzó muy despacio, exudaba poder y peligro.
- Gracias por venir – dijo Tom simplemente. Gregori. Su viejo
amigo. Su mano derecha. El sanador de los suyos, el implacable
cazador de los no-muertos.
- Han trasladado a Romanov al hospital y lo mantienen sedado – dijo
Jacques en voz baja – Les dije a los vecinos del pueblo que Raven y
tú os habíais ausentado durante unos días. Eres muy conocido y
todos ellos se sienten ultrajados por lo que ha ocurrido.
- ¿Podemos neutralizar la amenaza que supone para los nuestros? –
preguntó Tom.
- Podemos minimizarla – dijo Gregori convencido – Pero Romanov ya
ha enviado la maldita evidencia a todos los demás. Debemos
prepararnos para el asedio. Nuestro modo de vida deberá cambiar
por completo durante un tiempo – y alzó los hombros
despreocupadamente.
- ¿Qué evidencia?
- Huellas dactilares, fotos. Ya estaba drogado, Tom. Los médicos
creen que está completamente loco y que es un peligro para él
mismo y para los demás. Las imágenes que capté de su mente eran
muy confusas. Sus padres, principalmente su madre. Evidentemente,
él descubrió el cadáver. Tu casa. Culpabilidad. Y el incendio – Gregori
barrió el cielo con una lenta mirada de sus pálidos ojos grises. Sus
marcadas facciones permanecían totalmente inexpresivas.
El peligro emanaba de Gregori; su cuerpo, cada gesto que hacía
hablaba de poder, de amenaza. Y aunque su expresión era neutra,
vacía, Tom sentía la bestia en el interior del cuerpo de su amigo,
salvaje e indomable, arrastrándose bajo la superficie, luchando por su
liberación. Sus miradas se encontraron, Tom lo entendía muy bien.
No había esperanza, era otra guerra. Más muertes; y para un hombre
de los Cárpatos, cada muerte significaba un susurro más poderoso, la
puerta a la transformación en un vampiro. La violencia era lo único
que sentía un hombre de los Cárpatos de cientos de años, una breve
sensación, pero existente. Y en sí misma, la sensación llevaba a un
mundo oscuro y sin esperanza.
Gregori apartó la mirada, no quería ver compasión en los ojos de Tom.
- No tenemos otra opción más que desacreditarle.
- Antes de nada, Raven debe estar a salvo y protegida mientras nos
hacemos cargo de este problema – dijo súbitamente Tom.
- El estado de tu mujer es muy delicado – le advirtió Gregori con
suavidad – Tráela a la superficie y vístela antes de que la despierte.
Tom asintió con la cabeza; Gregori leía claramente sus intenciones.
De ningún modo la habría despertado en el interior de lo que para
ella era una tumba fría. Jacques y Gregori se internaron en el bosque,
respetando la intimidad del momento. Cuando tuvo a Raven en sus
brazos, Tom pensó en ataviarla con un atuendo americano. Algo de
fibra natural, fácil de conjurar para un hombre de los Cárpatos, unos
vaqueros y camisa de manga larga.
- Gregori.
Raven despertó tosiendo, llevándose las manos a la garganta,
desesperada por introducir aire en sus ardientes pulmones. Estaba
muy confusa, aterrada y luchaba desesperadamente.
- Siente el aire sobre tu piel – le ordenó Tom con suavidad,
acariciando el lóbulo de la oreja de Raven con sus labios – Siente la
noche, el viento. Estás a salvo en mis brazos. La noche es hermosa,
mírala, los olores y los colores nos hablan.
Los ojos azul-violeta de Raven lo miraban todo sin ver nada.
Respiraba profundamente e intentaba hacerse lo más pequeña
posible. El aire fresco de la noche estaba obrando magia, aliviando la
sensación de ahogo en su garganta. Las lágrimas brillaban como
diamantes en sus ojos, humedeciendo sus largas pestañas.
- Estoy aquí contigo, Raven – dijo deliberadamente en voz alta para
parecer lo más humano posible – La noche nos llama dándonos la
bienvenida; ¿la escuchas? Hay una enorme belleza en el murmullo de
los insectos y de todas las criaturas nocturnas. Escúchalo, Raven –
dijo usando una rítmica entonación, sugerente, casi hipnótica.
Raven encogió las piernas y apoyó la frente sobre las rodillas,
acurrucándose. Se mecía sobre sí misma, su cordura pendía de un
tenue hilo; se limitaba a respirar, a alegrarse de poder hacerlo
mientras se concentraba en el complejo funcionamiento de sus
pulmones.
- Quiero llevarte a un lugar más seguro, a cualquier sitio que esté
lejos de aquí – y señaló con un gesto de la mano las chamuscadas
ruinas de lo que una vez fue su hermoso hogar.
Raven permaneció con la cabeza gacha. Continuaba respirando y
Tom se adentró de nuevo en su mente; no había ningún
pensamiento de culpa o de traición, la mente de Raven estaba
fragmentada, herida, rota; intentaba simplemente sobrevivir. Se
sentía cómoda vestida con sus ropas habituales y con la presencia de
Tom. La furia helada y la necesidad de vengarse de forma violenta,
cobraron vida en él.
- Hermana – dijo Jacques surgiendo de la linde del bosque junto a
Gregori. Se sentó al lado de Raven al ver que ella no alzaba la cabeza
y le acarició el hombro – Los lobos están tranquilos esta noche. ¿Los
oíste antes? Lloraban por la pérdida de la casa de Tom. Ahora
están en silencio.
Raven parpadeó, fijando la mirada perdida en Jacques. No dijo nada,
parecía buscar entre sus recuerdos la identidad del hombre. Su
pequeña figura temblaba, encerrada entre los tres poderosos
cuerpos.
- Puedes hacer desaparecer sus recuerdos – sugirió Gregori.
Ciertamente, sin entender por qué, Tom no hacía lo que era más
obvio para él.
- A Raven no le gustaría.
- No se enteraría – contestó Gregori con un poco de impaciencia en la
voz. Al ver que Tom no contestaba, suspiró – Permíteme curarla,
entonces. Ella es muy importante para todos nosotros. Y está
sufriendo innecesariamente.
- Ella querría que se hiciera a su modo – Tom era consciente de
que Gregori lo creía desquiciado, pero él conocía a Raven. Tenía su
propio genio, y sus propias ideas acerca del bien y del mal; no le
sentaría nada bien que él le quitara sus recuerdos. Y entre
compañeros no podían existir mentiras, Tom estaba decidido a
darle tiempo para asimilar lo que habían tenido que soportar. Acarició
la piel aterciopelada del rostro de Raven, siguiendo la línea de los
pómulos con dedos tiernos.
- Tenías razón, pequeña. Construiremos nuestro hogar juntos, más
fuerte que nunca. Buscaremos un lugar, en lo profundo del bosque, y
lo llenaremos con nuestro amor, tanto amor que salpicará incluso a
nuestros lobos.
Los ojos azul-violeta parpadearon con repentina comprensión,
buscando el rostro de Tom. Raven se humedeció los labios con la
punta de la lengua, e intentó un asomo de sonrisa.
- No creo que esté hecha para ser una mujer de los Cárpatos – dijo
con un hilo de voz.
- Eres todo lo que una mujer de los Cárpatos debería ser – dijo
Gregori solícitamente con un tono de voz bajo y armónico, y una
cadencia relajante y curativa. Tanto Tom como Jacques se
encontraron escuchando extasiados la irresistible modulación – Eres
perfecta para ser la compañera de nuestro príncipe y, libremente, te
ofrezco mi fidelidad y mi protección como hice con Tom – usó una
inflexión de voz muy baja que se introdujo que la destrozada mente
de Raven como un bálsamo.
La mirada perdida de Raven voló hacia Gregori. Sus largas pestañas
revolotearon y sus ojos se mostraron tan oscuros que parecían de
color púrpura.
- Tú nos ayudaste – buscó los dedos de Tom para entrelazarlos con
los suyos, sin apartar la mirada del rostro de Gregori – Estabas muy
lejos y el sol muy alto, y aún así supiste lo que ocurría y pudiste
ayudarnos. Tuvo que ser tremendamente difícil para ti; incluso percibí
que llegabas hasta mí y apartabas lo que era incapaz de soportar.
Los pálidos ojos grises, casi del mismo tono que la plata, se
convirtieron en dos estrechas ranuras brillantes. Esos ojos
hipnotizaban. El tono de voz bajó aún una octava más.
- Tom y yo estamos unidos por un vínculo especial; los largos y
oscuros años de vacío y soledad sin esperanza. Quizás tú eres la
esperanza para los dos.
Raven le miró seria, sosteniéndole la mirada.
- Eso me complacería muchísimo.
Tom sintió una oleada de amor y orgullo hacia Raven; había tanta
compasión en ella. Aunque su mente estaba herida y magullada, y
Gregori ocultaba sus pensamientos a todos ellos, Raven se había
dado cuenta que luchaba para sobrevivir y necesitaba que alguien lo
acercara hacia la luz, hacia la esperanza. Tom podía haberle dicho
que Gregori era un ser escurridizo, como el agua entre los dedos,
nadie era capaz de mantenerlo bajo control; tenía su propia ley y era
un hombre oscuro, peligroso, al borde de un inmenso abismo que
conducía a la locura.
Tom rodeó a Raven por los hombros.
- Vamos a llevarte a un lugar seguro – dijo hablándole como si fuera
una niña.
Ella lo miro un largo instante y sonrió de forma genuina, la sonrisa
alcanzó sus ojos y los iluminó por primera vez aquella noche.
- Si pudierais veros a vosotros mismos, los tres. Es muy tierno que
me tratéis como si fuera una frágil muñeca de porcelana,
especialmente cuando me siento casi como si lo fuera, pero Tom
está dentro de mí, y yo dentro de él. Siento lo que él siente y conozco
sus pensamientos aunque trate de ocultármelos – dijo mientras se
inclinaba sobre el pecho de su compañero, alzando la cabeza para
besar la oscura línea de su mentón – Os quiero por intentar
protegerme, pero no soy débil. Simplemente tengo que llegar a un
acuerdo con las barreras humanas que mi mente insiste en levantar.
Ninguno de vosotros puede ayudarme, tengo que hacerlo yo misma.
Jacques tendió la mano a Raven, en un gesto de anticuada
caballerosidad. Ella la tomó y se levantó del suelo. Tom también se
puso a su lado, acercándola con un brazo hacia su cuerpo, para
protegerla. Ella necesitaba ese contacto, el del fornido cuerpo de
Tom, a su lado. Gregori hacía las veces de guardaespaldas,
comprobando los alrededores, el aire, el suelo; se movía de tal forma
que su cuerpo protegía continuamente a su príncipe y su compañera.
Las tres imponentes siluetas rodeaban a la más pequeña, moviéndose
al unísono, como si fueran la guardia de honor, con pasos lentos y
acompasados y mentes serenas, sin asomo de impaciencia o avidez
por continuar con la tarea que tenían por delante. El hambre
atenazaba a Tom, pero de momento, había que dejarlo a un lado.
Cuando Raven rozó su mente, sintió tan solo amor y preocupación; y
un enorme deseo de complacerla.
Raven disfrutaba al sentir el suave tacto de las hojas bajo sus pies
mientras caminaba por el bosque. Alzó el rostro para recibir el roce
del viento e inspirar profundamente, descubriendo todos los secretos
que la brisa transportaba. Cada insecto, cada susurro de las hojas de
los setos, cada movimiento de las ramas de los árboles, aliviaba el
miedo que su corazón albergaba, expulsando los terroríficos
recuerdos.
- Yo puedo hacer que desaparezcan por completo – ofreció Tom
suavemente.
Raven le dedicó una pequeña sonrisa tranquilizadora y se movió
ligeramente para acercarse más a él. Era consciente que para Tom,
aquello debía haber sido una enorme tentación, y que los otros dos
hombres debían pensar que estaba perdiendo el juicio al no haberlo
hecho.
- Sabes que prefiero conservar mis recuerdos. Todos y cada uno de
ellos.
Caminaron durante una hora; mientras Tom los guiaba por un
camino ascendente y serpenteante, muy estrecho, internándose cada
vez más en el bosque. La cabaña estaba escondida detrás de un
risco. La arboleda era espesa y llegaba hasta los mismos muros de la
construcción. Desde fuera, parecía pequeña, oscura y abandonada.
Jacques y Gregori se encargaron de transformar el interior. La capa
de polvo desapareció con un movimiento de manos, los leños
crepitaron en la chimenea al encenderse el fuego, las velas
chisporrotearon y el aroma del bosque penetró en el interior.
Raven entró sin protestar. Gregori y Jacques se movían de un lado a
otro del pequeño edificio, proveyéndolos de todas las comodidades de
las que eran capaces en tan poco tiempo. Después, regresaron a la
protección del bosque, dejando a solas a Tom y Raven.
Raven paseaba de un lado a otro, manteniéndose a cierta distancia
de Tom. Aún estaba muy delicada y quería prescindir de él tanto
como le fuera posible. Agarró el respaldo de una silla, buscando de
esta forma ayudar a que sus manos dejaran de temblar al asirse al
familiar tacto de la madera.
- Gracias por los vaqueros, Tom – le dedicó una tenue sonrisa por
encima del hombro.
Era tan inocente y a la vez tan provocativa. Y tan frágil. En las
profundidades de sus ojos azules, Tom no vio ira, ni acusaciones,
solo el amor que sentía por él.
- Me alegro de que te gusten, aunque sigo diciendo que es un
atuendo masculino poco apropiado para una mujer hermosa.
Esperaba que te hicieran sonreír.
- Sólo sonrío para apartar esa mirada dolorida de tus ojos – Raven
miraba por la ventana, escudriñando fácilmente la oscuridad – No
quiero volver a hacerlo jamás – dijo sinceramente, completamente
convencida, para que él supiera que hablaba en serio.
Tom tomó aire profundamente, tragándose la primera respuesta
que le vino a los labios y eligiendo cuidadosamente las palabras.
- Nuestra sangre, y por consiguiente, nuestro cuerpo, necesitan la
tierra. En una sola noche, la herida de mi pierna desapareció; tus
heridas, mortales y profundas, sanaron en seis días.
Raven contemplaba las hojas que el viento arrastraba por el suelo.
- Soy muy inteligente, Tom. Puedo ver por mí misma que lo que
dices es cierto; intelectualmente incluso puedo maravillarme y
aceptar este hecho; pero no quiero volver a hacerlo. No puedo. No lo
haré, y te pido que aceptes este defecto en mí.
Tom cruzó la distancia que los separaba y, entrecerrando los dedos en la
nuca de Raven, la atrajo hacia sus brazos. Allí la sostuvo, en el
interior de una vieja cabaña, en lo profundo del bosque y de las
montañas. Sufría por la pérdida de su hogar, de sus libros, de su
pasado, pero sobre todo, sufría por su incapacidad de prescindir de
Raven. Podía gobernar la tierra, los animales y el cielo, pero no podía
obligarse a borrar los recuerdos de la mente de Raven, porque ella le
había pedido que no lo hiciera. Una petición inocente e insignificante.
Raven alzó la cabeza y estudió sus sombrías facciones con ojos
serios. Muy suavemente, trazó con los dedos cada arruga de
preocupación que surcaba la frente de Tom.
- No estés triste por mi culpa, y deja de cargar con todo. Los
recuerdos son cosas útiles; cuando sea más fuerte, podré examinar
todo esto, estudiarlo desde cualquier ángulo y quizás conseguir estar
totalmente cómoda con las cosas que debemos hacer para
protegernos – una pizca de humor y de escepticismo pasó por sus
cabezas.
Raven lo tomó de la mano.
- Sabes, amor mío, que no eres responsable de mi felicidad ni de mi
salud. He elegido todos los pasos en el camino hasta llegar aquí,
desde que nos encontramos por vez primera. Yo te elegí. Con total
claridad, en mi corazón y en mi mente, yo te elegí. Si tuviera que
hacerlo de nuevo, aún sabiendo por lo que tendría que pasar, lo haría
sin dudar.
La sonrisa de Tom le derritió el corazón. Él acunó su rostro entre
sus manos, y bajando la cabeza, la besó en los labios; en ese
instante, la electricidad vibró entre ellos, y sonó un chasquido. Raven
percibía todo su amor en los labios húmedos de Tom. Un hambre
profunda y punzante se alzó en ellos. Para ambos, el sonido de la
sangre, el latido de los corazones y la explosiva química que surgía
cada vez que se tocaban, se tornó insoportable. Los tiernos labios de
Raven llevaban el sabor de un amor intenso, aunque Tom tirara de
ella con rudeza para acercarla aún más a su cuerpo, enredado los
dedos en su cabello para mantenerla a su lado durante toda la
eternidad.
Raven se fundió en su abrazo, por un instante se sintió lánguida, una
sensación de abandono, que la convirtió en un dulce calor que templó
a Tom. Ella fue la primera en apartarse. Era muy sencillo percibir el
hambre que aguijoneaba a Tom porque a ella le sucedía lo mismo.
Su cuerpo necesita alimentarse después del penoso sufrimiento del
día anterior. Miró a través de las largas pestañas sus encantadores
rasgos masculinos, quedando extasiada en el rasgo sensual de su
boca y en la soñolienta y provocativa mirada de sus ojos oscuros.
Raven besó su garganta mientras sus manos se afanaban en
desabrochar los botones de la camisa. Sentía como su propio cuerpo
se contraía, el hambre y la pasión latiendo en su interior. Deslizó los
labios sobre su piel; aspiró su aroma, que traía el salvaje misterio de
la noche. El ansia creció dentro de ella, extendiéndose como el fuego.
Probó con la lengua la textura de su piel, siguiendo los contornos de
los fuertes músculos y subiendo de nuevo hacia la garganta para
acariciar el lugar donde el pulso latía con rapidez.
- Te amo, Tom – susurró contra su cuello. El susurro de una sirena
que traía imágenes de seda y velas, satén y pasión. Un cuerpo de
satén, húmedo y ardiente.
Los músculos de Tom se contrajeron con la anticipación; su
necesidad de ella aumentaba. Raven era un milagro, su belleza y su
mezcla de fragilidad, valentía y compasión. La mano que se aferraba
a su cabello, la atrajo aún más. La boca de Raven era una llama que
se movía por su pecho, abrasándolo con sus besos hasta que la
mente de Tom no distinguió más que una neblina rojiza, el hambre
lo aguijoneaba.
- Esto es peligroso, pequeña – la rudeza de sus palabras encerraban
una aterciopelada seducción.
- Te necesito – susurró Raven mientras su aliento bañaba los
pequeños pezones de Tom y trazaba extraños dibujos sobre su
pecho.
Realmente lo necesitaba. La dureza del cuerpo de Tom había
desterrado el recuerdo de la tierra cerrándose sobre su cabeza.
Raven se movía inquieta y de forma sugerente contra él; deslizando
las manos para abrir la camisa y bajar aún más buscando la
cremallera que oprimía el miembro de Tom, bajándola para dejarlo
libre. El jadeo de Tom fue brusco cuando los dedos de Raven se
cerraron sobre él.
- Necesito sentirte en mi interior, Tom, vivo y real. Necesito esto
como jamás lo he necesitado. Tócame, Tom. Tócame por todos
lados. Te necesito muy dentro de mí.
Tom le quitó la camisa, pasándosela por encima de la cabeza para
después arrojarla a un lado. Rodeó con las manos el talle estrecho
mientras Raven se arqueaba para que él pudiera pasar su rostro
entre sus cremosos pechos. El roce áspero de la barba envió
pequeñas llamas a todos las terminaciones nerviosas. Tom acarició
con la lengua la delicada mandíbula, la garganta y el cuello; muy
despacio, con mucho cuidado, atormentándola deliberadamente, bajó
de forma perezosa hasta un pezón. Raven sintió que una oleada de
humedad bajaba por su cuerpo y que un salvaje dolor la consumía.
Cuando la boca de Tom se cerró sobre su objetivo, caliente y
erótica, Raven gritó y echó la cabeza hacia atrás, arqueando su
cuerpo aún más, ofreciéndose a las exigencias de los abrasadores
labios.
Sin previo aviso, el monstruo que habitaba en Tom se liberó,
gruñendo de forma posesiva y arrancando los ofensivos vaqueros.
Arañó con los dientes el vientre liso mientras se arrodillaba para
probar, a través de las finas medias, el sabor de la piel. Raven lo
sentía salvaje y apenas podía respirar. De un tirón, Tom desgarró
las medias para atacar con delicadas caricias.
Raven volvió a gritar, dando la bienvenida a la bestia salvaje que
crecía en él, dejando crecer su lado salvaje para igualar sus ansias.
Cuando se vio libre de las medias, Raven presionó su cuerpo contra la
ávida boca de Tom que dejó escapar un gruñido posesivo. Tom
se maravillaba en la salvaje respuesta de Raven a su repentino
ataque. Necesitaba sentir sus manos, agarrándolo desinhibida del
pelo para acercarlo aún más; y los bruscos e inarticulados gemidos
que salían de su garganta. Raven contrajo los músculos mientras
ardía por sentir el alivio que tanto necesitaba; sus gemidos se
convirtieron en una súplica.
Gruñendo de placer, con su propio cuerpo enfebrecido e
insoportablemente tenso, la llevó hasta el borde del placer. La
poderosa sensación del suave interior de Raven, tan húmedo, junto a
los olores de sus cuerpos se mezclaron para pasar a formar parte del
insaciable deseo de Tom. Quería que ella supiera que era solo
suya, quería hacerla arder, quería verla locamente desesperada,
como él se sentía en esos mismos momentos.
Los inarticulados gemidos de Raven, suplicando y pronunciando su
nombre, resonaron en su mente, tensando su cuerpo
insoportablemente. El poder de hacerla sentir de aquella forma
agudizó su ansia y su hambre física y sexual le hicieron querer
devorarla por completo. Su cuerpo exigía las caricias de Raven, la
seda de su boca sobre su piel, la sensación de sus dientes. La piel de
Tom ansiaba su tacto.
Aún gruñendo, Tom siguió acariciándola con la boca, acercándola
cada vez más al abismo, para detenerse en el último momento y
dejar que el menudo cuerpo se convulsionara espasmo tras espasmo,
necesitando mucho más, necesitando el duro miembro de Tom
llenándola por completo.
Raven se puso de rodillas para bajar los pantalones de Tom hasta
las rodillas, dejándolo libre y totalmente expuesto a sus caricias.
Volvió a levantarse arañando mientras tanto las firmes nalgas y
buscando con la lengua los poderosos músculos del pecho.
En la mente de Tom resonó la risa burlona de Raven, seductora y
sensual. La larga melena azabache rozaba sus muslos haciendo que
la caricia resultara casi dolorosa. Ahora le tocaba sufrir a él, y se lo
hizo saber con un gemido suplicante y después con una arrogante
orden. Cuando Raven le obedeció, bajando su boca para saborearlo,
humedeciendo toda la extensión de su miembro, Tom estuvo a
punto de perder el sentido. Si antes se había deleitado en la
sensación de poder que tenía sobre el cuerpo de Raven, ahora era
ella la que disfrutaba, la que se recreaba en lo que podía hacer a su
cuerpo.
Los gruñidos de Tom se hicieron aún más salvajes, casi
amenazantes. Movía las caderas, introduciéndose en la boca de
Raven frenéticamente. Cuando no pudo soportarlo por más tiempo, la
apartó de él, levantándola por los brazos y la dejó sobre el suelo; en
un segundo apartó sus muslos y la dejó totalmente expuesta a su
mirada. Se introdujo en ella con un firme y brusco movimiento,
llenándola por completo tan profundamente como podía.
Raven gritaba cada vez que Tom la penetraba más
poderosamente, casi con agresividad, cada embestida de su cuerpo
mucho más profunda y poderosa que la anterior, ahondando en su
estrecho y aterciopelado pasadizo. Raven lamió el cuello de Tom.
- Aliméntame, Tom. Aliméntame mientras me posees y después te
daré todo lo que necesitas – susurró como una hechicera, añadiendo
la voz a la seducción de su tentador cuerpo. Nunca antes había
suplicado su sangre, el líquido vital de Tom; y la idea era tan
provocativa como su boca sobre su piel.
El cuerpo de Tom se endureció y aunque fue incapaz de ralentizar
el ritmo de sus caderas, sintió la anticipación del placer cuando Raven
volvió a lamerle el cuello. Mientras en una poderosa embestida, se
hundía en su cuerpo, Raven le hincó los dientes profundamente. Y
entonces, un calor abrasador junto con un relámpago de luz azul
atravesaron su cuerpo. Tom echó la cabeza hacia atrás,
deleitándose en la exquisita mezcla de dolor y placer.
El dulzón aroma de la antigua sangre de Tom se mezclaba con los
olores almizclados de sus cuerpos, y cada succión de la boca de
Raven coincidía con una contracción de los músculos de su vagina
que aprisionaban cada vez más fieramente a Tom. Él acompasó
deliberadamente sus movimientos, deleitándose en la sensación de
Raven tomando su sangre, su semilla y la esencia de su vida para
guardarlas en el interior de su cuerpo. Ella seguía succionado, tirando
con los labios del poderoso cuerpo masculino, un dulce tormento, una
prisión de terciopelo entre sus piernas igualando el fuego que
provocaba su boca.
La caricia de la lengua de Raven al cerrar las heridas envió una última
oleada de placer a ambos mientras aún yacían unidos, Tom
cubriendo el cuerpo de Raven, apoyándose sobre los codos para no
dejar caer todo su peso encima de ella; cada uno de sus músculos
estaba tenso de necesidad, de desesperación, como si jamás la
hubiera tocado. Su hambre iba más allá de la imaginación, jamás
había experimentado un ansia similar.
Las manos de Raven acariciaron el cabello de Tom y su mentón.
Sonrió seduciéndole por completo, elevando las caderas y
contrayendo sus músculos para aumentar la presión sobre su
miembro. Atrajo la boca de Tom hacia la suya y la tomó con
avidez, compartiendo con él el dulce sabor de su sangre,
atormentándolo y burlándose de él, prolongando la tortura y haciendo
que Tom se abandonara salvajemente.
Pero él volvió a tomar el control, bebiendo ávidamente de la sedosa
boca de Raven, acariciando con la lengua su garganta, deteniéndose
por un instante sobre su pulso para mordisquear y atormentar
mientras seguía empujando con dureza y profundidad. Raven
murmuró su nombre, acercando la cabeza de Tom hasta su pecho,
elevando su cuerpo en suplicante invitación. Él frotó la cremosa piel
con su áspera barbilla, internándose en el profundo valle. Tomó
ambos pechos con las manos, a la vez que se hundía con un certero
envite y apresaba un pezón en un húmedo beso. El cuerpo de Raven
se tensó y el placer estalló instándola a seguir el ritmo que él
marcaba. Tom alzó el rostro, sus ojos estaban aturdidos por la
pasión, eran hipnóticos, provocativos y la atraían hacia su mente,
hacia su alma. Bajó la cabeza de nuevo para acariciar los pechos con
los labios y lamerlos suavemente, abriendo la boca por completo para
dejar besos ardientes sobre ellos. Sus caderas se hundieron de nuevo
en Raven y una vez más buscó su mirada con una clara petición.
- Sí, por favor – susurró con urgencia, mientras le instaba a bajar la
cabeza hasta su frenético cuerpo – quiero que lo hagas, Tom.
Los dientes de Tom rozaron un pecho enviando un calor candente
al cuerpo de Raven que se retorcía con los sucesivos espasmos de
placer. Entonces, hundió los colmillos con fiereza, con hambre
insaciable y siguió penetrándola porque necesitaba sentir la mezcla
de fuego y terciopelo que lo envolvía. Bebió de ella, tomando su vida
para guardarla dentro de su cuerpo, uniendo su mente a la de ella,
reclamando su cuerpo con una clara dominación masculina.
Aquello era peligroso. Dulcemente peligroso. Sexo ardiente
entrelazado con un amor puro y una completa fusión de almas y
mentes. Tom quería que ese momento durara para siempre,
ambos compartiendo un mismo cuerpo, la misma piel, la misma
mente. Certera y rápida, lenta y profunda, cada embestida proveía un
exquisito tormento; la sangre de Raven llegaba hasta cada una de
sus células, aumentando sus fuerzas y disminuyendo las de ella, igual
que el cuerpo de Raven agotaba el suyo. Tom sintió que su
miembro se endurecía aún más, de forma imposible, penetrando
hasta el fondo y llevándolos a ambos a un doloroso y placentero
abismo totalmente fuera de control, hasta explotar en un éxtasis que
los disolvió, convirtiéndolos en pequeños pedacitos que caían de
vuelta a la tierra.
Raven yacía debajo de Tom, escuchando los latidos de sus
corazones, con los dedos enredados en los mechones castaño oscuro
de Tom. Su cuerpo pertenecía a este hombre que aún la acariciaba
con la lengua mientras lamía una pequeña gota de sangre que se
deslizaba por la curva de su pecho. Dejó una lluvia de pequeños
besos hasta llegar a la garganta, subiendo para atrapar su boca en un
beso tierno y dulce mientras acariciaba el cuello con el pulgar,
maravillándose de la tersura de la piel.
Tom se sentía sorprendido por el momento en que Raven había
elegido para aceptar con totalidad su nueva vida. No tenía duda de
que lo amaba y que se sentía comprometida con él, pero sabía que le
asqueaba la forma en la que fue convertida. Y después de otra
experiencia traumática, se había entregado sin reservas a esta nueva
vida. Tom supo entonces que, por muy larga que fueran sus vidas,
Raven jamás sería una mujer predecible.
-¿Tienes una ligera idea de lo mucho que te amo? – le preguntó
Tom con suavidad.
Raven parpadeó, un aleteo de pestañas, y clavó los ojos violeta en
los de él mientras una encantadora sonrisa curvaba sus labios.
- Sí, una pequeña idea – dijo pasando un dedo por una arruga de
preocupación en la frente de Tom – Estaré bien esta noche; ve a
hacer lo que tengas que hacer y no te preocupes por mí.
- Preferiría que durmieras un rato – dijo levantándose para quitarle
su peso de encima, sorprendido al caer en la cuenta que aún llevaba
los pantalones.
- Eso es porque sientes tanta furia hacia Romanov que no quieres
que sepa lo que vas a hacer – comentó Raven mientras se ponía de
lado para apoyarse sobre un codo, haciendo que su larga melena se
derramara por su cuerpo y dejara un tenue velo sobre sus pechos.
Las entrañas de Tom se encogieron ante la visión y sus ojos
brillaron negros con la repentina llamarada de deseo. Raven se rió
suavemente, de forma burlona y él se inclinó para probar la dulce
tentación, endureciendo con la lengua un pezón.
Raven acarició la espesa melena de Tom.
- Estás pensando que si dejas a Jacques como mi guardián lo estarás
protegiendo – sus ojos reflejaron calidez al mirarlo – Crees que lo
que vas a hacer es inaceptable para mí, pero yo creo en ti, Tom.
Sé que eres un hombre bueno y justo. Tienes todo el derecho de
despreciar a Rudy Romanov, pero sé que eres capaz de dejar ese
desprecio de lado y hacer tan solo lo correcto. Es un muchacho,
confundido y enfadado, traumatizado y aterrado por las brutales
muertes de sus padres. Lo que quiera que encontrase que te
relaciona con aquellas muertes lo ha llevado hasta una crisis
nerviosa. Es una horrible tragedia.
Tom cerró los ojos y dejó escapar el aire de sus pulmones con
lentitud. Raven sabía cómo atarle las manos de forma efectiva.
¿Cómo podía ir a matar a un hombre por haber torturado a Raven
cuando ella se mostraba tan compasiva que hasta lo perdonaba?
- Ve a alimentarte antes de verlo. Me dejaste débil, y si no te molesta
un toque de crudo humor de los Cárpatos, espero que traigas la cena
cuando vuelvas a casa.
Tom la miró totalmente atónito, durante un instante no hubo más
que silencio, después, los dos rompieron en audibles carcajadas.
- Vístete – ordenó Raven con fingida dureza – no puedo permitir que
atormentes al pobre Jacques.
- Pretendo atormentarlo, ciertamente. Necesita ser un poco menos
serio.
- Jacques es el hombre de los Cárpatos menos formal. Ha retenido las
emociones mucho más tiempo que ningún otro, tan solo hace un par
de siglos que las perdió.
- Es serio cuando ordena a las mujeres lo que tienen que hacer. Tiene
unas ideas muy claras sobre cuál tendría que ser su comportamiento.
Voy a intentar que las olvide.
Tom alzó las cejas.
- Estoy seguro que lo mantendrás ocupado mientras estamos fuera.
Hazme un favor, pequeña: no seas muy dura con él.
Ambos se reían mientras se ponían la ropa.



HOLA!!! AQUI ESTA UN NUEVO CAP DE LA NOVELA ... HASTA PRONTO Y LEAN :)) COMENTEN :D ... HASTA PRONTO