sábado, 12 de marzo de 2016

11

11:-
Tom llevaba fuera dos horas y Raven vagaba por la casa
familiarizándose con las habitaciones. Le gustaba la soledad y estaba
agradecida por disponer de tiempo para entenderlo todo con lógica.
Por mucho que lo intentara, no podía creer en lo que se había
convertido. La única imagen cuerda en la mente de Raven era
Tom. Estaba continuamente con ella, invadiendo sus pensamientos
y ahuyentando los desvaríos que cruzaban por su cabeza dejando
espacio tan sólo para él.
La sangre de Tom corría por sus venas, su olor impregnaba su
cuerpo y llevaba su marca en el pecho y en la garganta. A cada paso
que daba, el movimiento de su cuerpo le recordaba que Tom la
había poseído. Se envolvió aún más en la camisa para tener más
cerca su presencia. Raven sabía que él se encontraba bien, que
estaba vivo; se ponía en contacto a menudo, reconfortándola con su
calidez. Se dio cuenta que recibía con agrado el roce de su mente,
más aún, lo anhelaba y estaba segura que a Tom le sucedía lo
mismo, que sentía la misma necesidad imperiosa de unir sus mentes.
Raven se envolvió en la larga y cálida capa de Tom con un suspiro.
La casa se le hizo de repente demasiado agobiante, una prisión en
lugar de un hogar. El gran porche la llamaba, la noche parecía
pronunciar su nombre, invitándola a salir. Agarró el pomo de la
puerta y lo giró. Súbitamente, el aire nocturno pasó a su lado,
refrescándola y rodeándola de misteriosos aromas. Vagó por el
porche, se apoyó en una alta columna y llenó sus pulmones con el
aire de la noche. Sintió una llamada que la atraía e,
inconscientemente, se alejó del porche, caminando despacio por el
sendero.
La noche cantaba y susurraba en su oído, invitándola a adentrarse en
el bosque. Un búho silbó mientras cruzaba el cielo; tres ciervos
salieron cautelosamente de su refugio para beber el agua fría del
arroyo. Raven percibió su alegría de estar vivos, aceptaban su lucha
diaria en el ciclo de la vida y la muerte. Podía escuchar la savia
corriendo por los árboles como la ida y venida de la marea. Sus pies
desnudos siempre encontraban la tierra más blanda, evitando las
ramas, las espinas y las rocas. El sonido del agua, del viento y el
latido de la tierra, la llamaban.
Sumida en una especie de trance, Raven vagó sin rumbo, envuelta en
la capa negra de Tom, su pelo suelto, negro como la noche, caía en
cascada más abajo de las caderas. Era una figura etérea, con su
pálida piel casi transparente a la luz de la luna y sus enormes ojos de
un azul tan profundo que era casi violeta. La capa se abría de vez en
cuando, dejando entrever la piel desnuda de sus torneadas piernas.
Su mente percibió una alteración que estropeaba la serena belleza de
la noche. Sufrimiento. Lágrimas. Raven se detuvo en seco,
parpadeando con rapidez mientras intentaba escudriñar sus
alrededores. Había estado vagando en una especie de hermoso
sueño. Se dio la vuelta, mirando hacia el lugar de donde procedían
las intensas emociones. Inconscientemente, sus pies empezaron a
moverse y su mente comenzó a analizar la información.
Un humano, un hombre de veintipocos años. Daba rienda suelta a un
profundo sufrimiento. Había odio hacia su padre, confusión y
culpabilidad por haber llegado demasiado tarde. Algo en lo profundo
de Raven respondió a la sobrecogedora necesidad del muchacho.
Estaba agazapado junto a un enorme árbol en la linde del bosque,
tenía las piernas encogidas y ocultaba el rostro entre las manos.
Deliberadamente, Raven hizo ruido al aproximarse. El muchacho alzó
el rostro surcado de lágrimas, al verla, los ojos se le agrandaron de la
impresión. Intentó ponerse en pie torpemente.
- Por favor, no te levantes – dijo Raven en voz baja y suave como la
misma noche – no pretendía molestarte. No podía dormir y salí a
pasear. ¿Te gustaría que me fuera?
Rudy Romanov se encontró mirando fijamente, con temor
reverencial, a una figura de ensueño que parecía haber surgido de la
niebla. Jamás había visto a una criatura como ella, tan envuelta en
misterio como el mismo bosque. Las palabras se le atragantaron.
¿Acaso fue su sufrimiento el que la convocó? Apenas podía creer las
supersticiosas y ridículas historias que su padre le había contado.
Historias de vampiros y mujeres de la oscuridad, de sirenas que
atraían a los hombres causándoles la muerte.
El muchacho la miraba fijamente, como si se tratara de un fantasma.
- Lo siento – murmuró Raven dulcemente y se dio la vuelta para
dejarlo a solas.
- ¡No! No te vayas – hablaba inglés con un fuerte acento – Por un
instante, cuando surgiste entre la niebla no parecías un ser real.
Recordando que apenas estaba vestida bajo la capa, se envolvió en el
grueso tejido aún más.
- ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a alguien para que te ayude? ¿Al
párroco, quizás? ¿A tu familia?
- Ya no tengo a nadie. Soy Rudy Romanov. Debes haber oído las
noticias sobre mis padres.
Una imagen atroz inundó su mente. Vio a los lobos salir en tropel del
bosque con los ojos rojos brillando con ferocidad y un enorme lobo
negro dirigiendo la manada y tirando al suelo a Hans Romanov. De la
cabeza del muchacho, Raven captó la imagen de su madre, Heidi,
tumbada en la cama con los dedos de su marido alrededor de la
garganta. Se quedó sin respiración por un instante. ¡Este muchacho
había sufrido atrozmente! Le habían arrebatado a sus padres en
pocas horas. El fanático de su padre había asesinado a su madre.
- He estado enferma. Es la primera vez que salgo desde hace días –
dijo acercándose a él, bajo las extensas ramas de los árboles. No
podía decirle la verdad, que ella había estado involucrada en los
horribles hechos.
Para Rudy, Raven era un hermoso ángel enviado para darle consuelo.
Ansiaba tocar su piel para comprobar si realmente era tan suave
como parecía a la luz de la luna. Su voz, provocativa y relajante,
parecía un dulce susurro que calmaba y sanaba su mente. Se aclaró
la garganta.
- Mi padre asesinó a mi madre hace un par de noches. Si hubiera
vuelto a casa un poco antes… Mi madre me llamó y me contó no sé
qué tonterías de que iba a matar a una mujer. Mi padre imaginaba
que había vampiros en el pueblo que se alimentaban de nuestros
vecinos. Siempre había sido un hombre supersticioso, pero nunca
pensé que se iba a volver completamente loco. Madre me dijo que él,
junto con un grupo de fanáticos estaban persiguiendo y cazado
vampiros, y que señalaban a importantes miembros de la comunidad
como objetivos. Pensé que solo estaba exagerando, como él hacía
siempre – bajó la mirada hacia sus manos – Debería haberla
escuchado, pero dijo que nadie más parecía haberse enterado del
asesinato de la mujer. Asumí que mi padre había mentido, que no era
verdad que la hubieran asesinado. ¡Demonios! Quizás no lo hicieran,
pero él estaba loco. Estranguló a mi madre. Murió con su rosario
entre las manos.
Rudy se secó los ojos con dedos temblorosos. De alguna manera que
él no lograba comprender, esta mujer estaba en su mente, dándole
cariño e intentando que comprendiera. La ilusión era tan real que su
cuerpo se agitaba y fue muy consciente de que estaban
completamente solos. Sin pensarlo, se le ocurrió que nadie sabía que
ella estaba con él. La idea era perturbadoramente excitante en mitad
de su dolor.
- Me quedé un día más en la Universidad porque tenía que hacer un
examen muy importante para mí. No me creía que mi padre tuviera
intención de matar a nadie, y menos a una mujer. Mi madre era
comadrona. Ella trajo a muchos niños al mundo y ayudó a mucha
gente. Le dije que iría a casa y que me haría cargo de todo. Quería
pedir ayuda al Padre pero yo la disuadí.
- Me gustaría haberla conocido – dijo Raven con sinceridad.
- Te habría gustado, todos la apreciaban. Ella debió intentar detener
a mi padre. La noche de la tormenta, salió con un grupo de
forasteros. Fue entonces cuando debió asesinar a mi madre, antes de
abandonar la casa. Se aseguró que ella no dijera nada ni lo detuviera.
Murió al caer un relámpago en el árbol donde había buscado refugio.
Estaba irreconocible, igual que los demás, totalmente calcinado.
- ¡Qué horrible para ti! – Raven se pasó una mano por el pelo,
entrelazando los dedos en la sedosa cascada de mechones para
apartarlos de la cara. Un gesto provocativo e inocente. Una
combinación poderosa.

La niebla se extendió desde el bosque hasta la casa que estaba
alejada de los precipicios. Se infiltró por la verja de hierro,
esparciéndose por el patio de entrada. Se condensó en una alta
columna, emitiendo destellos y uniéndose hasta que el sólido cuerpo
de Tom se materializó delante de la puerta de entrada.
Murmurando una orden mientras alzaba la mano, deshizo el hechizo
de seguridad y entró a la casa. Supo de inmediato que Raven se había marchado.
Sus ojos eran hielo negro. Mostró los colmillos blancos que brillaron
bajo la luz. Reprimió un gruñido. Lo primero que se le ocurrió es que
alguien se la había llevado, que estaba en peligro. Mandó una orden a
sus centinelas, los lobos, para que le ayudaran en su búsqueda.
Inspirando profundamente para calmarse, permitió que su mente la
localizara, identificando el lugar donde se encontraba. No fue difícil
seguir su rastro, pero no estaba sola. Un humano, un hombre.
Fue incapaz de respirar y su corazón estuvo a punto de detenerse.
Cerró las manos en dos apretados puños. La lámpara que estaba a su
lado estalló en pedazos. En el exterior, el viento empezó a soplar,
formando minúsculos tornados que se deslizaban entre los árboles.
Tom salió de la casa y saltó, desplegando unas enormes alas para
surcar el cielo. Muy por debajo de él, los lobos aullaron y empezaron
a correr en cerrada formación.
Planeó en silencio, posándose sobre las grandes ramas de los árboles,
justo encima de Raven. Estaba apartándose el cabello de la cara de
aquella forma tan suya, tan provocativa y femenina. Tom sintió su
compasión y la necesidad de consolar al chico. También percibió que
estaba exhausta. El humano estaba sufriendo, de eso no había duda;
pero también estaba excitado, podía escuchar su corazón latiendo
desenfrenado y la sangre agolpándose y empujando su masculinidad.
Tom leyó sus pensamientos con facilidad, no eran nada inocentes.
Tom se impulsó para saltar, estaba furioso, mucho más furioso que
preocupado por ella. Se posó en el suelo, a una distancia prudente de
donde ellos se encontraban, fuera de su vista; y entonces, empezó a
acercarse a grandes zancadas, era una figura poderosa y enorme que
surgía de la noche, apareciendo entre los árboles. Lo vieron surgir
amenazante, formidable, los duros ángulos de su rostro eran
despiadados. Sus ojos brillaban sin parpadear, oscuros y mortíferos,
con destellos rojos que añadían un toque feroz bajo la luz de la luna.
Rudy se sintió amenazado y cayó al suelo, intentando agarrar a su
misteriosa dama con la vaga idea de protegerla. Aunque Tom
estaba a cierta distancia de ambos, aumentó la velocidad hasta
convertirse en una mancha borrosa, y agarró a Raven antes que
Rudy, atenazando su frágil muñeca para encadenarla a él, mientras la
ocultaba con su cuerpo,
- Buenas noches, Sr. Romanov – dijo Tom afablemente, su tono de
voz era bajo y sedoso y tanto Raven como Rudy sintieron un
escalofrío – Quizás sería tan amable de explicarme qué hace solo en
esta parte del bosque, a estas horas, con mi mujer.
Al pronunciar la última palabra, un lobo aulló de forma siniestra, muy
cerca de ellos y el eco resonó a través del bosque, flotando con la
brisa nocturna como una amenaza.
Raven se movió inquieta, pero los dedos de Tom en su muñeca
amenazaban con romperle los huesos.
- No hables, pequeña. Si quieres que este humano vea la luz del sol,
me obedecerás. Es el hijo de Hans Romanov. En su mente están las
semillas que su padre plantó.
Raven estaba muy pálida.
- Tom, sus padres…
- Mi control pende de un hilo. ¡No lo rompas!
- Sr. Dubrinsky – Rudy lo había reconocido, lo había visto con
anterioridad en su casa del pueblo, podía ser un enemigo implacable
o un valioso amigo. La voz de Tom sonó tranquila, calmada pero
aún así, parecía capaz de asesinar a cualquiera – No planeamos esto.
Vine aquí porque… - su voz se desvaneció. Juraría que había visto a
los lobos merodeando entre los árboles, sus ojos brillaban con la
misma fiereza que los del cazador que estaba plantado delante de él.
Con una sola mirada a ese rostro despiadado, Rudy olvidó su propio
orgullo – Estaba sufriendo. Ella estaba paseando y me escuchó.
Las silenciosas figuras de los lobos se iban acercando, Tom sintió
su avidez, la llamada de la sangre. Empapándose en esta sensación y
mezclándola con los celos, la manada le susurró, llamándole; y la
bestia del interior de Tom se alzó, rugiendo por ser liberada. El
humano proclamaba su inocencia, pero la lujuria recorría su cuerpo y
su deseo sexual podía olerse. Era sencillo para Tom descubrir la
sombra de la locura en el hijo, dejada allí por el padre.
La oscura mirada de Tom recorrió la pequeña figura de Raven.
Podía hacer que su corazón dejara de latir, dejarlo sin aliento. Raven
jamás miraba más allá de la superficie de las personas, se había
entrenado para no buscar en las profundidades. Tom vio su
compasión, su tristeza, su falta de fuerzas y algo más. Él le había
hecho daño. Lo vio en lo profundo de los sus grandes ojos. El dolor
estaba allí junto a un miedo muy real, sabía que los lobos andaban
cerca, Raven escuchaba cómo los lobos instaban a Tom para que
protegiera a su compañera. Para ella había sido un golpe terrible
darse cuenta de lo susceptible que Tom era a la lógica primitiva de
los animales, darse cuenta de que había una parte animal muy
desarrollada en Tom. En ese mismo instante, Tom la atrajo
hacia su lado, rodeándola con un brazo, acercándola al calor de su
cuerpo. Envió una silenciosa orden a los lobos, percibiendo su
resistencia, su renuencia a obedecer porque sentían el antagonismo
de Tom hacia el humano, su propia ansia de sangre, su necesidad
de eliminar un enemigo que podía amenazar la seguridad de su
compañera.
- Me enteré de la muerte de sus padres – se obligó a pronunciar las
palabras mientras protegía a Raven con su abrazo – Su madre era
una gran mujer. Su muerte es una pérdida irreparable para nuestra
comunidad. Su padre y yo teníamos nuestras diferencias, pero jamás
desearía la muerte de un hombre.
Raven temblaba por el frío y por la revelación de la intensa
animosidad que Tom era capaz de experimentar hacia cualquier
persona. Ella era la luz que despejaba su oscuridad, y no entendía
que Tom fuera, ante todo, un depredador. La acarició con la mano,
subiendo y bajando por el brazo para reconfortarla. Aumentó la orden
que había dado a los lobos.
- Es mejor que vuelva a su casa, Sr. Romanov. Necesita descansar, y
el bosque no es un lugar seguro. La tormenta dejó a los animales
inquietos.
- Gracias por ser tan amable – dijo Rudy a Raven, con pocas ganas
de dejarla junto a un hombre capaz de la mayor violencia.
Tom observó como el joven regresaba a la seguridad del pueblo,
más allá del claro.
- Estás helada, pequeña – dijo suavemente.
Raven parpadeó para alejar las lágrimas, obligando a sus trémulas
piernas a seguir andando, un paso tras otro. No podía mirar a
Tom, no se atrevía. Sólo había salido a disfrutar de la noche y
entonces había oído a Romanov. Su naturaleza la obligaba a ayudar a
los demás siempre que fuera posible. Ahora, ella había puesto en
movimiento algo oscuro y mortífero en Tom, algo que la
preocupaba profundamente. Tom caminaba intranquilo a su lado,
observando el rostro que ella mantenía a conciencia apartado de su
vista.
- Vas por el camino equivocado, Raven – le dijo apoyando la mano en
su estrecha espalda para guiarla.
Raven se tensó e inmediatamente se alejó de él y de su mano.
- Quizás no quiero volver, Tom. Quizás no te conozco en absoluto.
Había mucho más dolor que ira en sus palabras. Tom suspiró de
forma audible y la alcanzó, tomándola de la mano con fuerza.
- Hablaremos en casa, cómodos y calentitos, no aquí fuera, donde te
estás congelando – y sin esperar su respuesta, la cogió en brazos y
se movió con enorme velocidad. Raven se apretó contra él,
enterrando la cara en su hombro. Tiritaba de frío y de miedo, miedo
de Tom, de su futuro y del ser en el que se había convertido.
Tom la llevó directamente al dormitorio, encendió el fuego con un
movimiento de su mano y dejó a Raven sobre la cama.
- Por lo menos te podías haber puesto unos zapatos.
Raven se envolvió en la protección de la capa de Tom y lo miró con
los ojos entornados.
- ¿Por qué? Y no me refiero a los zapatos.
Tom encendió las velas y estrujó una variedad de hierbas que
llenaron el dormitorio de un dulzor calmante y reconfortante.
- Soy un hombre de los Cárpatos. Por mis venas corre la sangre de la
tierra. He esperado a mi compañera durante siglos. A los hombres de
los Cárpatos no les gusta que ningún otro hombre se acerque a sus
mujeres. Estoy luchando con emociones desconocidas para mí,
Raven. No son fáciles de controlar; y tú no te comportas como lo
haría una mujer de los Cárpatos – sus labios se curvaron en una
pequeña sonrisa mientras se apoyaba de forma indolente sobre la
pared – No esperaba volver a casa y encontrarme con el hecho de
que te habías marchado. Tú misma te pones en peligro, Raven, y eso
es algo que los hombres de mi estirpe no podemos permitir. Y para
colmo te encuentro con un humano, con un hombre.
- Estaba sufriendo – dijo Raven en voz baja.
Tom dejó escapar un sonido de sorpresa.
- Él se sentía atraído por ti.
Raven parpadeó con un aleteo de pestañas, buscando la mirada de
Tom con los ojos azules perplejos e inseguros. - Pero… no, Tom, estás equivocado; debes estar equivocado. Yo
sólo trataba de darle consuelo. Ha perdido a sus padres – parecía
estar a punto de llorar.
Tom la silenció con un gesto de su mano.
- Y tú querías estar en su compañía. No buscabas un encuentro
sexual, pero necesitabas compañía humana; no lo niegues. Pude
sentir esa necesidad en ti.
Raven se pasó la lengua por los labios en un gesto nervioso. No podía
negarlo. Había sido un acto inconsciente por su parte, pero ahora que
Tom lo expresaba con palabras, supo que era cierto. Había sentido
la necesidad de tener compañía humana. Tom era tan arrollador,
tan intenso y su mundo tan extraño. Raven odiaba hacerle daño,
odiaba haberlo llevado al límite de su control.
- Lo siento. No pretendía más que dar un corto paseo. Cuando lo
escuché, sentí la necesidad de asegurarme que estaba bien. No lo
sabía, Tom, no sabía que inconscientemente buscaba compañía
humana.
- No te estoy culpando, pequeña, ni mucho menos – su voz era tan
tierna que Raven sintió derretirse su corazón – Puedo leer tus
recuerdos con facilidad. Sé cuales eran tus intenciones. Y jamás te
culparía por tener una naturaleza compasiva.
- Supongo que ambos tenemos dificultades con las que enfrentarnos
– dijo Raven con suavidad – No puedo ser lo que tú quieres que sea,
Tom. Usas la palabra “humano” como si fuera una maldición, los
consideras inferiores a ti. ¿Alguna vez se te ha ocurrido que tienes
prejuicios en contra de mi raza? Puede que por mis venas corra la
sangre de los Cárpatos, pero mi mente y mi corazón son humanos.
No tenía intención de traicionarte, sólo salí a pasear; eso es todo. Lo
siento, Tom, pero toda mi vida he conocido la libertad, y que mi
sangre sea diferente no va a hacer que yo sea distinta.
Tom se paseaba de un lado a otro con energía contenida,
exudando poder y coordinación, con movimientos rápidos.
- No tengo ningún prejuicio – negó.
- Por supuesto que sí. Miras a mi raza con odio. ¿Habrías estado
contento si hubiera usado la sangre de Romanov para alimentarme?
¿Es aceptable usarlo como alimento pero no para mantener una
conversación amable?
- No me gusta la imagen que tienes de mí, Raven – dijo Tom
cruzando la habitación para sacar a Raven de debajo de la capa. El
ambiente del dormitorio era cálido y olía a naturaleza, a bosques y
prados.
Raven se quitó la capa de los hombros de mala gana. Tom frunció
el ceño al ver que sólo llevaba su camisa blanca. Aunque los bordes
le llegaban a las rodillas, cubriendo su trasero, una generosa porción
de los muslos quedaba a la vista por debajo de la abertura que
alcanzaba las caderas. El efecto era increíblemente provocativo,
sumado a la larga melena que caía en desordenadas ondas alrededor
de su esbelto cuerpo, rozando la cama. Tom soltó un juramento en
voz baja, unas pocas palabras en su propia lengua, dando gracias por
no haberse percatado que debajo de la capa tan sólo llevaba la
camisa. Probablemente habría despedazado la garganta de Romanov
de haberlo sabido. La idea de Raven acercándose al muchacho,
sonriéndole, hipnotizándolo con sus ojos de sirena para inclinar la
cabeza sobre su cuello, rozarlo con su boca, su lengua, sus dientes…
las entrañas de Tom se retorcieron rebelándose.
Se pasó una mano por el pelo, colgó la capa en el armario y llenó el
antiguo lavamanos y la jarra con agua templada. Cuando tuvo su
imaginación bajo control, fue capaz de contestarle con su habitual
ternura.
- No pequeña, después de pensarlo, no puedo decir que hubiera
estado muy contento si te hubieras alimentado de él.
- ¿No se supone que eso es lo que debo hacer? Una mujer de los
Cárpatos convierte a los humanos desprevenidos en sus presas – dijo
al borde del llanto.
Tom llevó el agua hasta el borde la cama y se arrodilló delante de
ella.
- Estoy intentado comprender mis sentimientos, Raven, porque no
tienen ningún sentido – y empezó a lavarle los pies con suavidad –
Quiero tu felicidad por encima de cualquier cosa, pero siento la
necesidad de protegerte – sus manos eran tiernas, igual que sus
caricias al quitar todo rastro de tierra.
Raven agachó la cabeza, frotándose las sienes.
- Lo sé, Tom, e incluso entiendo que lo necesites; es sólo que
siempre voy a ser así, soy impulsiva, se me ocurren cosas de
repente. En un momento decido que quiero hacer volar una cometa y
es lo siguiente que me verás hacer.
- ¿Por qué no te quedaste en casa? Te pedí tiempo para luchar contra
el miedo que tengo a perderte – su voz era tan suave que los ojos de
Raven se llenaron de lágrimas.
Le acarició el pelo castaño oscuro con las puntas de los dedos,
sintiendo un sordo dolor en la garganta.
- Quería salir al porche para tomar aire fresco. No tenía ninguna otra
idea, pero la noche me llamó, así de sencillo.
Tom elevó la mirada con los ojos negros cálidos por los
sentimientos que ella le despertaba.
- Fue por mi culpa, debería haber dispuesto hechizos de protección en
las puertas.
- Tom, soy capaz de cuidarme sola – los ojos azules eran serios,
transluciendo la verdad de sus palabras. Realmente, Tom no debía
preocuparse.
Hizo lo que pudo para ocultar una sonrisa. Raven era demasiado
cándida, siempre pensaba bien de los demás. Rodeó sus pantorrillas
con ambas manos.
- Eres la mujer más hermosa del mundo, Raven. No existe ni un solo
átomo de mezquindad en ti. ¿Verdad?
Raven lo miró indignada.
- Por supuesto que sí. No sonrías de esa forma, Tom. Puedo ser
tan mezquina como resulte necesario. De cualquier forma, ¿qué tiene
que ver eso con lo que estábamos hablando?
Tom subió la mano por el talle de Raven, por debajo de la seda de
su camisa.
- Estábamos hablando de que necesito proteger a la única persona
que me importa, a la única que sólo ve bondad en los demás.
- No todo el mundo es bueno – negó ella, asombrada por el hecho de
que Tom tuviera esa imagen de ella – Sabía que Margaret
Summers era una fanática.
La mano de Tom subió aún más para acariciar la suave piel del
pecho de Raven, para rodearlo con la palma. Tenía los ojos
totalmente negros y con una profunda mirada por la emoción que lo
embargaba.
- Recuerdo que la defendiste.
Raven no podía apenas respirar a causa de la ociosa e indolente
exploración que Tom estaba llevando a cabo en su cuerpo. Iba más
allá del hecho físico, lo sentía en su interior, admirándola aunque
quisiera doblegar su voluntad. Lo sentía en su cuerpo, rozando su
mente y acariciando su corazón. Raven notaba como los sentimientos
que Tom albergaba por ella, crecían y crecían hasta casi
consumirlo.
Tom dejó escapar un ligero suspiro.
- No llegaré a ningún sitio de esta forma ¿verdad? Siempre consigues
desarmarme. Soy el líder de mi gente, Raven. No puedo consentir
esto. No tengo otra opción que impartir órdenes.
Raven alzó las cejas.
- ¿Órdenes? – Repitió - ¿Crees que vas a darme órdenes?
- Por supuesto. Es el único recurso que me queda para no
convertirme en el hazmerreír de los míos. A menos, claro, que tengas
una idea mejor – la risa se percibía en las profundidades de sus ojos.
- ¿Qué tengo que hacer para divorciarme de ti?
- Lo siento, pequeña – contestó suavemente – No sé lo que significa
esa palabra. Dilo en mi idioma, por favor.
- Sabes muy bien que tu inglés es mucho mejor que mis
conocimientos de tu idioma – dijo Raven - ¿Cómo se separa un
compañero de otro? Irse cada uno por su lado. Separarse. No seguir
viviendo juntos.
El brillo de diversión en sus ojos se convirtió en total regocijo.
- No existe eso, y si existiera, Raven – dijo inclinándose para
acercarse hasta que Raven sintió su aliento en la mejilla – jamás te
dejaría marchar.
Raven parecía muy inocente, con los ojos abiertos de par en par. La
mano de Tom sobre su pecho y su pulgar acariciando un pezón
hacían que respirar le resultara complicado.
- Sólo estaba intentando ayudarte. La realeza tiene muy pocas
opciones estos días; tienes que tener en cuenta la opinión de la
gente. Puedes confiar en que yo te ayudaré a reflexionar sobre estos
asuntos, Tom.
La suave risa de Tom fue socarrona y muy masculina.
- Supongo que debo estar agradecido por tener una compañera tan
lista – dijo mientras sus dedos desabrochaban un botón de la camisa
de Raven. Sólo uno, para abrir un pequeño hueco por donde
continuar su perezosa exploración.
Raven se quedó sin aliento. Realmente Tom no estaba haciendo
nada que no fuera tocarla, pero sus caricias eran tan tiernas y
dejaban ver tanto amor, que Raven se derretía.
- De verdad que intento comprender tu estilo de vida, Tom, pero
creo que mi corazón aún no lo capta – dijo intentado ser sincera – No
sé nada de vuestras leyes o de vuestras costumbres. Ni siquiera sé
que eres en realidad, ni lo que yo soy ahora. Aún me veo como una
humana. Ni siquiera estamos casados a los ojos de Dios o de la
gente.
Esta vez, Tom echó la cabeza hacia atrás y soltó una estruendosa
carcajada.
- ¿Crees que esa frágil ceremonia humana es un vínculo más
profundo que un verdadero ritual de los Cárpatos? Aún tienes mucho
que aprender de nosotros.
Raven se mordió el labio inferior.
- ¿Se te ha pasado por la cabeza que quizás yo no sienta ningún
vínculo mediante ese ritual? Tienes muy poca consideración por las
cosas que para mí son sagradas.
- ¡Raven! – Estaba atónito y se le notaba mucho - ¿Eso es lo que
piensas? ¿Que no tengo respeto por tus creencias? No es cierto.
Raven agachó la cabeza, de modo que su sedoso cabello ocultó la
expresión de su rostro.
- Sabemos tan poco el uno del otro. No sé nada del ser en que me he
convertido. ¿Cómo puedo satisfacer tus necesidades o las mías si ni
siquiera sé qué o quién soy?
Tom permaneció en silencio, sus insondables ojos oscuros
estudiaban el rostro triste y el sufrimiento en los ojos de Raven.
- Quizás haya algo de verdad en tus palabras, pequeña – dijo
mientras seguía con una mano los contornos de su cuerpo, el
estrecho talle, la pequeña cintura, hasta llegar a su rostro – Te miro y
contemplo un milagro. El tacto de tu piel, suave y tentador, la forma
en que te mueves, como el agua cuando fluye, el roce de tu pelo
como la seda, el modo en que tu cuerpo rodea al mío, llenándome
por completo, dándome la fuerza que necesito para continuar con una
tarea que parece inútil pero aún así es necesaria. Te contemplo, tan
hermosa, con un cuerpo tan perfecto hecho para mí…
Raven se movió inquieta, pero Tom la mantuvo donde estaba
elevándole la barbilla para que no tuviera más remedio que enfrentar
sus ojos negros.
- Pero no es tu cuerpo lo que me cautiva, Raven, no es tu piel sin
mácula, ni la perfección de nuestros cuerpos cuando nos fundimos. Es
cuando me uno mentalmente a ti, cuando veo quién eres realmente,
entonces me doy cuenta del milagro que supone tenerte. Puedo
decirte quién eres. Eres la compasión personificada. Eres la ternura.
Eres una mujer tan valiente que estás deseosa de arriesgar tu vida
por un completo extraño. Eres una mujer deseosa de usar un don que
te causa un gran dolor, con tal de ayudar a los demás. No hay ni un
asomo de duda en tu entrega, tú eres así. Hay tanta luz en ti, brilla a
través de tus ojos, y tu piel la irradia por sus poros de tal manera que
cualquiera que te contempla puede ver fácilmente tu bondad.
Raven no pudo hacer otra cosa que mirarlo fijamente, perdida en sus
hipnóticos ojos negros. Tom la tomó de la mano, besándola en el
centro de la palma, para luego deslizarla, bajo su camisa y ponerla
sobre el lugar donde su corazón latía con fuerza.
- Mira debajo de mi piel, Raven. Mira en el interior de mi corazón y de
mi alma. Une tu mente a la mía; mírame como soy. Conoce cómo
soy.
Tom esperó en silencio. Un instante. Otro. Vio la repentina decisión
de Raven de conocer al ser al que se había unido, el que era su
pareja. Su mente hizo un pequeño intento al principio, un roce tan
ligero y delicado como el ala de una mariposa. Fue muy cuidadosa al
moverse a través de sus recuerdos, por si descubría algo que pudiera
herir a Tom. Él percibió su jadeo cuando vio la creciente
oscuridad. El monstruo que habitaba en su interior, la mancha de su
alma. Las muertes y las batallas de las que él era responsable. La
cruda fealdad de su existencia antes de que ella llegara a su vida. La
soledad que lo devoraba, que devoraba a todos los hombres de su
raza, el absoluto vacío que soportaban siglo tras siglo. Raven vio su
decisión de no perderla jamás. Su carácter posesivo, sus instintos
animales. Todo lo que era estaba allí, delante de ella. Tom no le
ocultó nada; ni las muertes que él había perpetrado ni las que había
ordenado, ni su completo convencimiento de que mataría a
cualquiera que la apartara de su lado.
Raven apartó su mente, sus ojos azules estaban clavados en los de
Tom, que sintió su corazón empezar a latir desbocado. No había
condena en los ojos de Raven, solo una serena calma.
- Así pues, has visto la bestia a la que estás atada para toda la
eternidad. Somos depredadores, después de todo, pequeña, y la
oscuridad que crece en nosotros sólo encuentra el equilibrio en la luz
de nuestras mujeres.
Las manos de Raven, suaves y amorosas, rodearon el cuello de
Tom.
- Qué lucha más terrible libráis todos vosotros, y especialmente tú.
Tener que tomar tantas decisiones de vida o muerte, sentenciar a
amigos, o incluso a miembros de tu familia a que sean destruidos,
debe ser una carga insoportable. Eres fuerte, Tom, y tu gente hace
bien en creer en ti. El monstruo con el que te enfrentas día a día es
parte de ti, quizás es lo que te hace tan fuerte y decidido. Tienes una
visión negativa, de esa parte de ti, piensas que es malvada, cuando
de hecho, es la que te da el poder, la habilidad y la fuerza que
necesitas para hacer lo que debes hacer por tu gente.
Tom agachó la cabeza, no quería que Raven viera la expresión de
sus ojos, lo que sus palabras significaban para él. Sentía algo que
atenazaba su garganta y amenazaba con asfixiarlo. No la merecía,
jamás la merecería. Era tan generosa… mientras que lo único que él
había hecho era mantenerla cautiva y obligarla a encontrar la forma
de vivir con él.
- Tom – dijo con voz queda mientras le rozaba la barbilla con los
labios – yo estaba sola hasta que tú apareciste en mi vida – su boca
encontró la comisura de los labios masculinos – Nadie me conocía,
nadie sabía quién era realmente y la gente me temía porque sabía
cosas de ellos y ellos no eran capaces de saber lo mismo de mí – lo
envolvió con sus brazos, reconfortándolo como si fuera un niño - ¿Tan
horrible fue querer tenerme para ti solo, sabiendo que junto a mí
acabaría tu terrible soledad? ¿Realmente crees que debes condenarte
por eso? Te amo. Sabes que te amo incondicional y totalmente.
Acepto lo que eres.
Tom se pasó una mano por el pelo.
- No puedo controlar mis emociones esta vez, Raven. No puedo
perderte. No tienes idea de cómo era mi vida, sin la luz del sol, sin
risas, siglos de completa soledad. Sé que un monstruo habita en mí.
Se vuelve más poderoso con cada año que vives. Temo por Gregori;
sólo es veinticinco años más joven que yo, pero lleva el peso de
siglos de cazar a los no-muertos. Se aísla conscientemente de los
suyos y a veces no lo veo en cincuenta años, ni me llegan noticias de
él. Su poder es inmenso y la oscuridad crece en él. Es una existencia
vacía, fría, dura e implacable, y el monstruo siempre lucha en el
interior para liberarse. Tú eres mi salvación. Es todo tan nuevo para
mí en este momento; el miedo de perderte está demasiado fresco. No
sé qué le haría a cualquiera que intentara alejarte de mi lado.
La mano de Raven encontró la suya, entrelazando los dedos.
- Noelle dio a luz a un niño. Eleanor también. No hay mujeres que
alivien el negro vacío de los hombres. Y Gregori es el que más lo
sufre. Vaga por la tierra aprendiendo sus secretos, llevando a cabo
experimentos que nadie se atreve a cuestionar. No se lo he dicho
nunca a nadie, pero posee mucho más poder y conocimientos que yo.
Jamás hemos tenido una razón para enfrentarnos, y él siempre viene
cuando se le necesita, pero percibo su distanciamiento – dijo
mientras se frotaba los ojos con cansancio - ¿Qué puedo hacer?
Tarde o temprano hará su elección. Y de cualquier forma lo
perderemos.
- No lo entiendo.
- Cuando nos alimentamos, la sensación de poder sobre la vida de
otro ser es muy adictiva, y resulta tan fácil seducir a nuestras
víctimas… Nadie puede sobrevivir a la oscuridad y a la desesperación
durante mil años. Gregori ha vivido desde las cruzadas hasta que el
hombre puso el pie en la luna, siempre luchando con el monstruo que
habita en él. La única salvación que tenemos es hallar a nuestra
compañera. Y si Gregori no la encuentra pronto, buscará el amanecer
o sucumbirá a la transformación. Me temo lo peor.
- ¿Qué es la transformación?
- Matar por el simple placer de hacerlo, por el poder que supone;
convertirse en el vampiro que los humanos reconocen. Utilizar a las
mujeres antes de alimentarse de ellas, obligándolas a convertirse en
esclavas – contestó Tom duramente. Gregori y él habían cazado
juntos en muchas ocasiones a aquellos de sus propios congéneres
que se habían transformado, y habían descubierto lo depravado que
podía ser un hombre de los Cárpatos transformado en vampiro.
- ¿Tendrías que detener a Gregori? – el miedo la traspasó como una
flecha ardiente. Empezaba a comprender la complejidad de la vida de
Tom – Dijiste que era más poderoso que tú.
- Sin duda. Tiene libertad de acción y mucha más experiencia en
cazar y perseguir a los no-muertos. Ha aprendido mucho, ha vivido
en todos los sitios a lo largo y ancho de la tierra. Su tremendo poder
solo es sobrepasado por su inmensa soledad. Gregori es para mí un
hermano más que un amigo, hemos estado juntos desde el principio.
No desearía fallarle o tener que cazarle, no me gustaría tener que
medir mis fuerzas con él. Ha luchado en numerosas batallas por mí, y
junto a mí. Hemos compartido nuestra sangre, nos hemos curado el
uno al otro, protegido el uno al otro cuando hemos tenido necesidad.
- ¿Y qué pasa con Jacques? – empezaba a sentir cariño por el hombre
que tanto se parecía a Tom.
Tom se levantó y el vertió el agua. Parecía cansado.
- Mi hermano es doscientos años más joven que yo. Es fuerte y
sabio; y muy peligroso bajo determinadas circunstancias. La sangre
de nuestros ancianos corre fuerte por sus venas. Jacques viaja,
estudia y si fuera necesario, no vacilaría en tomar a su cargo la
responsabilidad de los nuestros.
- Llevas el peso de tu gente sobre la espalda – la voz de Raven era
un murmullo. Acariciaba el cabello castaño oscuro con suavidad.
Tom se sentó con cuidado, observándola con ojos de anciano,
cansados.
- Somos una raza que desaparece, pequeña. Temo que sólo estoy
retrasando lo inevitable. Dos de los asesinos escaparon. Los otros dos
sospechosos, Antón Fabrezo y Dieter Hodkins también se marcharon
en el tren. Corrí la voz entre los nuestros, pero han desaparecido. He
oído rumores de un grupo organizado de cazadores de vampiros que
ha surgido recientemente. Si estos hombres engancharan alguna vez
a verdaderos científicos, serían aún más peligrosos.
- Sé que la Raza de los Cárpatos proviene de la tierra y que su forma
de sanar está basada en la tierra, en sus poderes naturales. Pero,
Tom, quizás el resentimiento y los prejuicios que tienes en contra
de la raza humana, te han hecho pasar por alto algunas de sus
ventajas.
- Insistes en creer que tengo prejuicios, pero no es así. Me gustan
muchos humanos – dijo Tom mientras se percataba que no podía
resistirse a desabrochar los botones de la camisa que cubría el cuerpo
desnudo de Raven. En su interior había algo profundo, primitivo, que
le hacía desear mirarla, saber que podía hacerlo cuando le viniera en
gana.
Raven le sonrió, apartándose el pelo de la cara con su provocativo
gesto. El movimiento abrió la camisa, y su piel desnuda atrajo a
Tom, sus redondeados pechos se alzaron apetitosamente para
desaparecer bajo una nube que seda color ébano. La visión lo dejó
sin aliento.
- Escúchame, mi amor. Tener unos cuantos amigos y sentir cariño
por ciertos individuos de una raza no implica que no tengas
prejuicios. Has vivido con tus habilidades tanto tiempo que las das
por hecho. Tan sólo por poder controlar la mente humana y usar a los
hombres como ganado…
Tom jadeó, perplejo ante el hecho de que pudiera pensar tal cosa.
Cerró la mano sobre el tobillo de Raven que estaba sobre la cama.
- Nunca he tratado a los humanos como si fueran ganado. Muchos de
ellos son mis amigos, aunque Gregori y algunos más piensen que
estoy loco. Los observo crecer y deseo poder sentir lo que ellos
sienten. No, pequeña, no creo que los trate como ganado.
Raven ladeó la cabeza, mirando atentamente con sus enormes ojos
de zafiro.
- Quizás no los tratas así, pero siento lo que tú sientes, Tom.
Puedes ocultártelo a ti mismo, pero yo lo veo con claridad – suavizó
sus palabras con una sonrisa – Sé que no quieres sentirte superior,
pero es excesivamente fácil controlarnos.
Tom expresó su desacuerdo con un bufido.
- He fallado cada vez que intentaba controlarte. No tienes ni idea de
la tentación que suponía forzar tu sumisión cada vez que te ponías en
peligro. Debía haber seguido mis instintos… pero no, te permití volver
a la pensión.
- El amor que sientes por mí, te hacía retroceder – dijo mientras se
estiraba para tocar el cabello de Tom - ¿No debería ser siempre así
entre dos personas? Si realmente amas lo que soy y quieres verme
feliz, entonces debes saber que tengo que hacer lo que surge en mí
de forma natural, lo que creo que es correcto.
Tom le acarició el cuello con un dedo, descendiendo por la
garganta hasta el profundo valle entre sus pechos, haciéndola
estremecer con el repentino calor de su roce.
- Eso es cierto, pequeña, pero a mí también me ocurre lo mismo con
mis necesidades. No puedes hacer más que conseguir que sea feliz. Y
mi felicidad depende completamente de tu seguridad.
Raven no pudo evitar sonreír.
- Creo que eso demuestra tu naturaleza taimada. Es posible que
necesites examinar atentamente la ingenuidad de los humanos.
Confías tanto en tus dones, Tom, pero los humanos deben
encontrar otras formas de hacer las cosas. Estamos uniendo dos
mundos. Si decidimos tener un bebé…
Se movió inquieto, los ojos oscuros emitían destellos.
Raven captó el decreto implacable del hombre de los Cárpatos antes
de que Tom pudiera ocultárselo.
- Debes tenerlo.
- Si decidimos tener un bebé algún día – insistió ignorando su
autoridad – y si es un varón, lo educaremos en los dos mundos. Y si
es una niña, será educada con libertad de pensamiento, para que
desarrolle sus propias ideas. Estoy hablando en serio, Tom. Jamás,
óyeme, jamás consentiré traer un bebé a este mundo para que se
convierta en una yegua de cría para cualquiera de esos hombres. Ella
será consciente de su propio poder y elegirá su propia vida.
- Nuestras mujeres toman sus propias decisiones – dijo Tom en
voz baja.
- Estoy segura de que existe algún tipo de ritual que asegura que ella
elige al hombre adecuado – imaginó Raven – Me darás tu palabra de
que estás de acuerdo conmigo o jamás llevaré un bebé en mi seno.
Tom acarició su rostro con las puntas de los dedos en un roce
increíblemente tierno.
- Quiero tu felicidad ante todo, y también quiero que mi bebé sea
feliz. Tenemos años para pensar en todo esto, vidas enteras, pero sí, cuando hayamos aprendido a mantener el equilibrio entre los dos
mundos y sepamos que ha llegado la hora, estaré absolutamente de
acuerdo contigo.
- Sabes que te tomo la palabra – le advirtió.
Tom se rió suavemente, acunando el rostro de Raven entre sus
manos.
- Según pasen los años, tu fuerza y tu poder aumentarán. Ya me
aterrorizas, Raven, no sé si mi corazón aguantará los años que nos
quedan por delante.
Ella rió y su carcajada sonó como una melodía. Las manos de Tom
acunaron sus pechos, abarcándolos mientras inclinaba la cabeza ante
tan tentadora oferta. Su boca estaba húmeda, caliente y necesitada,
sus dientes mordieron la piel sensible. El cabello de Tom acarició el
torso de Raven como cientos de pequeñas lenguas que lamieran sus
costillas. Se echó hacia atrás, para apoyarse sobre la cabecera de la
cama, y pasó los brazos alrededor de Tom.
Tom se estiró en la cama con la cabeza sobre el regazo de Raven.
- Vas a volver mi ordenado mundo del revés ¿verdad?
Entrelazando los dedos entre sus cabellos y disfrutando del tacto
sedoso de su espesor sobre la piel desnuda de sus caderas y sus
muslos, Raven se burló;
- Realmente, tengo intención de hacerlo lo mejor que pueda. Tu
gente está en celo, necesitáis entrar en este siglo.
Tom sintió como su cuerpo se relajaba y lo invadía la paz,
suavizando la terrible tensión. La belleza del alma de Raven penetró
en él. ¿Cómo podía echarle en cara su necesidad de llegar hasta
alguien que sufría, cuando había sido esa misma compasión la que lo
había arrastrado lejos de las oscuras sombras, hasta un mundo lleno
de luz y alegría? Podía sentir dolor e ira, pero al menos, era capaz de
sentir algo. Una emoción inmensa. Alegría. Lujuria. Deseo sexual.
Amor.
- Eres mi vida, pequeña. Pediremos al Padre Hummer que nos case
según vuestra costumbre – sus dientes blancos brillaron al sonreír,
los ojos oscuros estaban cálidos por el regocijo – Aceptaré el
matrimonio como un vínculo y tú borrarás la palabra “divorcio”, junto
a su significado, de tu memoria. Eso me hará feliz – dijo sonriéndole
con aquella socarronería masculina, burlándose de ella.
Raven siguió la dura línea de su mandíbula muy suavemente.
- ¿Cómo te las arreglas para que todo se solucione a tu favor?
La mano de Tom encontró la suave piel del muslo.
- No tengo la respuesta, pequeña. Quizás sea puro talento – dijo
volviendo la cabeza para separar con la boca la abertura de la
camisa, acurrucándose sobre la piel desnuda del cuerpo de Raven.
Un gemido muy quedo escapó de la garganta de Raven al sentir la
lengua de Tom sobre su piel. Movió las piernas para que él pudiera
acomodarse y hundió los dedos en el cabello castaño oscuro.
Tom ahondó su caricia, consiguiendo que Raven se estremeciera
de placer. Podía sentir su propia sangre arder en llamaradas, correr
mucho más rápida con salvaje excitación, podía sentir la alegría
cantando por sus venas. Rodeó con sus brazos las caderas de modo
que pudo tirar de ella para acercarla aún más, hundiendo su lengua
más profundamente. Pretendía tomarse su tiempo, darle mucho
placer. Ella era su mujer, su compañera y nadie podía proporcionarle
el éxtasis que él le daba.



HOLA!!! EH VUELTO CON LA NOVELA ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO ... HASTA PRONTO :))

2 comentarios:

  1. Muchas gravias por volver á publicar en esta novelaaaaaaa
    Sigueeee

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  2. Ese Tom todo un posesivo!
    Me encanta que hayas publicado. :)

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