11:-
Tom llevaba fuera dos horas y Raven vagaba por la casa
familiarizándose con las habitaciones. Le gustaba la
soledad y estaba
agradecida por disponer de tiempo para entenderlo todo
con lógica.
Por mucho que lo intentara, no podía creer en lo que se
había
convertido. La única imagen cuerda en la mente de Raven
era
Tom. Estaba continuamente con ella, invadiendo sus
pensamientos
y ahuyentando los desvaríos que cruzaban por su cabeza
dejando
espacio tan sólo para él.
La sangre de Tom corría por sus venas, su olor impregnaba
su
cuerpo y llevaba su marca en el pecho y en la garganta. A
cada paso
que daba, el movimiento de su cuerpo le recordaba que Tom
la
había poseído. Se envolvió aún más en la camisa para
tener más
cerca su presencia. Raven sabía que él se encontraba
bien, que
estaba vivo; se ponía en contacto a menudo,
reconfortándola con su
calidez. Se dio cuenta que recibía con agrado el roce de
su mente,
más aún, lo anhelaba y estaba segura que a Tom le sucedía
lo
mismo, que sentía la misma necesidad imperiosa de unir
sus mentes.
Raven se envolvió en la larga y cálida capa de Tom con un
suspiro.
La casa se le hizo de repente demasiado agobiante, una
prisión en
lugar de un hogar. El gran porche la llamaba, la noche
parecía
pronunciar su nombre, invitándola a salir. Agarró el pomo
de la
puerta y lo giró. Súbitamente, el aire nocturno pasó a su
lado,
refrescándola y rodeándola de misteriosos aromas. Vagó
por el
porche, se apoyó en una alta columna y llenó sus pulmones
con el
aire de la noche. Sintió una llamada que la atraía e,
inconscientemente, se alejó del porche, caminando
despacio por el
sendero.
La noche cantaba y susurraba en su oído, invitándola a
adentrarse en
el bosque. Un búho silbó mientras cruzaba el cielo; tres
ciervos
salieron cautelosamente de su refugio para beber el agua
fría del
arroyo. Raven percibió su alegría de estar vivos,
aceptaban su lucha
diaria en el ciclo de la vida y la muerte. Podía escuchar
la savia
corriendo por los árboles como la ida y venida de la
marea. Sus pies
desnudos siempre encontraban la tierra más blanda,
evitando las
ramas, las espinas y las rocas. El sonido del agua, del viento
y el
latido de la tierra, la llamaban.
Sumida en una especie de trance, Raven vagó sin rumbo,
envuelta en
la capa negra de Tom, su pelo suelto, negro como la
noche, caía en
cascada más abajo de las caderas. Era una figura etérea,
con su
pálida piel casi transparente a la luz de la luna y sus
enormes ojos de
un azul tan profundo que era casi violeta. La capa se
abría de vez en
cuando, dejando entrever la piel desnuda de sus torneadas
piernas.
Su mente percibió una alteración que estropeaba la serena
belleza de
la noche. Sufrimiento. Lágrimas. Raven se detuvo en seco,
parpadeando con rapidez mientras intentaba escudriñar sus
alrededores. Había estado vagando en una especie de
hermoso
sueño. Se dio la vuelta, mirando hacia el lugar de donde
procedían
las intensas emociones. Inconscientemente, sus pies
empezaron a
moverse y su mente comenzó a analizar la información.
Un humano, un hombre de veintipocos años. Daba rienda
suelta a un
profundo sufrimiento. Había odio hacia su padre,
confusión y
culpabilidad por haber llegado demasiado tarde. Algo en
lo profundo
de Raven respondió a la sobrecogedora necesidad del
muchacho.
Estaba agazapado junto a un enorme árbol en la linde del
bosque,
tenía las piernas encogidas y ocultaba el rostro entre
las manos.
Deliberadamente, Raven hizo ruido al aproximarse. El
muchacho alzó
el rostro surcado de lágrimas, al verla, los ojos se le
agrandaron de la
impresión. Intentó ponerse en pie torpemente.
- Por favor, no te levantes – dijo Raven en voz baja y
suave como la
misma noche – no pretendía molestarte. No podía dormir y
salí a
pasear. ¿Te gustaría que me fuera?
Rudy Romanov se encontró mirando fijamente, con temor
reverencial, a una figura de ensueño que parecía haber
surgido de la
niebla. Jamás había visto a una criatura como ella, tan
envuelta en
misterio como el mismo bosque. Las palabras se le
atragantaron.
¿Acaso fue su sufrimiento el que la convocó? Apenas podía
creer las
supersticiosas y ridículas historias que su padre le
había contado.
Historias de vampiros y mujeres de la oscuridad, de
sirenas que
atraían a los hombres causándoles la muerte.
El muchacho la miraba fijamente, como si se tratara de un
fantasma.
- Lo siento – murmuró Raven dulcemente y se dio la vuelta
para
dejarlo a solas.
- ¡No! No te vayas – hablaba inglés con un fuerte acento
– Por un
instante, cuando surgiste entre la niebla no parecías un
ser real.
Recordando que apenas estaba vestida bajo la capa, se
envolvió en el
grueso tejido aún más.
- ¿Estás bien? ¿Quieres que llame a alguien para que te
ayude? ¿Al
párroco, quizás? ¿A tu familia?
- Ya no tengo a nadie. Soy Rudy Romanov. Debes haber oído
las
noticias sobre mis padres.
Una imagen atroz inundó su mente. Vio a los lobos salir
en tropel del
bosque con los ojos rojos brillando con ferocidad y un
enorme lobo
negro dirigiendo la manada y tirando al suelo a Hans
Romanov. De la
cabeza del muchacho, Raven captó la imagen de su madre,
Heidi,
tumbada en la cama con los dedos de su marido alrededor
de la
garganta. Se quedó sin respiración por un instante. ¡Este
muchacho
había sufrido atrozmente! Le habían arrebatado a sus
padres en
pocas horas. El fanático de su padre había asesinado a su
madre.
- He estado enferma. Es la primera vez que salgo desde
hace días –
dijo acercándose a él, bajo las extensas ramas de los
árboles. No
podía decirle la verdad, que ella había estado
involucrada en los
horribles hechos.
Para Rudy, Raven era un hermoso ángel enviado para darle
consuelo.
Ansiaba tocar su piel para comprobar si realmente era tan
suave
como parecía a la luz de la luna. Su voz, provocativa y
relajante,
parecía un dulce susurro que calmaba y sanaba su mente.
Se aclaró
la garganta.
- Mi padre asesinó a mi madre hace un par de noches. Si
hubiera
vuelto a casa un poco antes… Mi madre me llamó y me contó
no sé
qué tonterías de que iba a matar a una mujer. Mi padre
imaginaba
que había vampiros en el pueblo que se alimentaban de
nuestros
vecinos. Siempre había sido un hombre supersticioso, pero
nunca
pensé que se iba a volver completamente loco. Madre me
dijo que él,
junto con un grupo de fanáticos estaban persiguiendo y
cazado
vampiros, y que señalaban a importantes miembros de la
comunidad
como objetivos. Pensé que solo estaba exagerando, como él
hacía
siempre – bajó la mirada hacia sus manos – Debería
haberla
escuchado, pero dijo que nadie más parecía haberse
enterado del
asesinato de la mujer. Asumí que mi padre había mentido,
que no era
verdad que la hubieran asesinado. ¡Demonios! Quizás no lo
hicieran,
pero él estaba loco. Estranguló a mi madre. Murió con su
rosario
entre las manos.
Rudy se secó los ojos con dedos temblorosos. De alguna
manera que
él no lograba comprender, esta mujer estaba en su mente,
dándole
cariño e intentando que comprendiera. La ilusión era tan
real que su
cuerpo se agitaba y fue muy consciente de que estaban
completamente solos. Sin pensarlo, se le ocurrió que
nadie sabía que
ella estaba con él. La idea era perturbadoramente
excitante en mitad
de su dolor.
- Me quedé un día más en la Universidad porque tenía que
hacer un
examen muy importante para mí. No me creía que mi padre
tuviera
intención de matar a nadie, y menos a una mujer. Mi madre
era
comadrona. Ella trajo a muchos niños al mundo y ayudó a
mucha
gente. Le dije que iría a casa y que me haría cargo de
todo. Quería
pedir ayuda al Padre pero yo la disuadí.
- Me gustaría haberla conocido – dijo Raven con
sinceridad.
- Te habría gustado, todos la apreciaban. Ella debió
intentar detener
a mi padre. La noche de la tormenta, salió con un grupo
de
forasteros. Fue entonces cuando debió asesinar a mi
madre, antes de
abandonar la casa. Se aseguró que ella no dijera nada ni
lo detuviera.
Murió al caer un relámpago en el árbol donde había
buscado refugio.
Estaba irreconocible, igual que los demás, totalmente
calcinado.
- ¡Qué horrible para ti! – Raven se pasó una mano por el
pelo,
entrelazando los dedos en la sedosa cascada de mechones
para
apartarlos de la cara. Un gesto provocativo e inocente.
Una
combinación poderosa.
La niebla se extendió desde el bosque hasta la casa que
estaba
alejada de los precipicios. Se infiltró por la verja de
hierro,
esparciéndose por el patio de entrada. Se condensó en una
alta
columna, emitiendo destellos y uniéndose hasta que el
sólido cuerpo
de Tom se materializó delante de la puerta de entrada.
Murmurando una orden mientras alzaba la mano, deshizo el
hechizo
de seguridad y entró a la casa. Supo de
inmediato que Raven se había marchado.
Sus ojos eran hielo negro. Mostró los colmillos blancos
que brillaron
bajo la luz. Reprimió un gruñido. Lo primero que se le
ocurrió es que
alguien se la había llevado, que estaba en peligro. Mandó
una orden a
sus centinelas, los lobos, para que le ayudaran en su
búsqueda.
Inspirando profundamente para calmarse, permitió que su
mente la
localizara, identificando el lugar donde se encontraba.
No fue difícil
seguir su rastro, pero no estaba sola. Un humano, un
hombre.
Fue incapaz de respirar y su corazón estuvo a punto de
detenerse.
Cerró las manos en dos apretados puños. La lámpara que
estaba a su
lado estalló en pedazos. En el exterior, el viento empezó
a soplar,
formando minúsculos tornados que se deslizaban entre los
árboles.
Tom salió de la casa y saltó, desplegando unas enormes
alas para
surcar el cielo. Muy por debajo de él, los lobos aullaron
y empezaron
a correr en cerrada formación.
Planeó en silencio, posándose sobre las grandes ramas de
los árboles,
justo encima de Raven. Estaba apartándose el cabello de
la cara de
aquella forma tan suya, tan provocativa y femenina. Tom
sintió su
compasión y la necesidad de consolar al chico. También
percibió que
estaba exhausta. El humano estaba sufriendo, de eso no
había duda;
pero también estaba excitado, podía escuchar su corazón
latiendo
desenfrenado y la sangre agolpándose y empujando su
masculinidad.
Tom leyó sus pensamientos con facilidad, no eran nada
inocentes.
Tom se impulsó para saltar, estaba furioso, mucho más
furioso que
preocupado por ella. Se posó en el suelo, a una distancia
prudente de
donde ellos se encontraban, fuera de su vista; y
entonces, empezó a
acercarse a grandes zancadas, era una figura poderosa y
enorme que
surgía de la noche, apareciendo entre los árboles. Lo
vieron surgir
amenazante, formidable, los duros ángulos de su rostro
eran
despiadados. Sus ojos brillaban sin parpadear, oscuros y
mortíferos,
con destellos rojos que añadían un toque feroz bajo la
luz de la luna.
Rudy se sintió amenazado y cayó al suelo, intentando
agarrar a su
misteriosa dama con la vaga idea de protegerla. Aunque
Tom
estaba a cierta distancia de ambos, aumentó la velocidad
hasta
convertirse en una mancha borrosa, y agarró a Raven antes
que
Rudy, atenazando su frágil muñeca para encadenarla a él,
mientras la
ocultaba con su cuerpo,
- Buenas noches, Sr. Romanov – dijo Tom afablemente, su
tono de
voz era bajo y sedoso y tanto Raven como Rudy sintieron
un
escalofrío – Quizás sería tan amable de explicarme qué
hace solo en
esta parte del bosque, a estas horas, con mi mujer.
Al pronunciar la última palabra, un lobo aulló de forma
siniestra, muy
cerca de ellos y el eco resonó a través del bosque,
flotando con la
brisa nocturna como una amenaza.
Raven se movió inquieta, pero los dedos de Tom en su
muñeca
amenazaban con romperle los huesos.
- No hables,
pequeña. Si quieres que este humano vea la luz del sol,
me obedecerás. Es
el hijo de Hans Romanov. En su mente están las
semillas que su
padre plantó.
Raven estaba muy pálida.
- Tom, sus padres…
- Mi control pende
de un hilo. ¡No lo rompas!
- Sr. Dubrinsky – Rudy lo había reconocido, lo había
visto con
anterioridad en su casa del pueblo, podía ser un enemigo
implacable
o un valioso amigo. La voz de Tom sonó tranquila, calmada
pero
aún así, parecía capaz de asesinar a cualquiera – No
planeamos esto.
Vine aquí porque… - su voz se desvaneció. Juraría que
había visto a
los lobos merodeando entre los árboles, sus ojos
brillaban con la
misma fiereza que los del cazador que estaba plantado
delante de él.
Con una sola mirada a ese rostro despiadado, Rudy olvidó
su propio
orgullo – Estaba sufriendo. Ella estaba paseando y me
escuchó.
Las silenciosas figuras de los lobos se iban acercando,
Tom sintió
su avidez, la llamada de la sangre. Empapándose en esta
sensación y
mezclándola con los celos, la manada le susurró,
llamándole; y la
bestia del interior de Tom se alzó, rugiendo por ser
liberada. El
humano proclamaba su inocencia, pero la lujuria recorría
su cuerpo y
su deseo sexual podía olerse. Era sencillo para Tom
descubrir la
sombra de la locura en el hijo, dejada allí por el padre.
La oscura mirada de Tom recorrió la pequeña figura de
Raven.
Podía hacer que su corazón dejara de latir, dejarlo sin
aliento. Raven
jamás miraba más allá de la superficie de las personas,
se había
entrenado para no buscar en las profundidades. Tom vio su
compasión, su tristeza, su falta de fuerzas y algo más.
Él le había
hecho daño. Lo vio en lo profundo de los sus grandes
ojos. El dolor
estaba allí junto a un miedo muy real, sabía que los
lobos andaban
cerca, Raven escuchaba cómo los lobos instaban a Tom para
que
protegiera a su compañera. Para ella había sido un golpe
terrible
darse cuenta de lo susceptible que Tom era a la lógica
primitiva de
los animales, darse cuenta de que había una parte animal
muy
desarrollada en Tom. En ese mismo instante, Tom la atrajo
hacia su lado, rodeándola con un brazo, acercándola al
calor de su
cuerpo. Envió una silenciosa orden a los lobos,
percibiendo su
resistencia, su renuencia a obedecer porque sentían el
antagonismo
de Tom hacia el humano, su propia ansia de sangre, su
necesidad
de eliminar un enemigo que podía amenazar la seguridad de
su
compañera.
- Me enteré de la muerte de sus padres – se obligó a
pronunciar las
palabras mientras protegía a Raven con su abrazo – Su
madre era
una gran mujer. Su muerte es una pérdida irreparable para
nuestra
comunidad. Su padre y yo teníamos nuestras diferencias,
pero jamás
desearía la muerte de un hombre.
Raven temblaba por el frío y por la revelación de la
intensa
animosidad que Tom era capaz de experimentar hacia
cualquier
persona. Ella era la luz que despejaba su oscuridad, y no
entendía
que Tom fuera, ante todo, un depredador. La acarició con
la mano,
subiendo y bajando por el brazo para reconfortarla.
Aumentó la orden
que había dado a los lobos.
- Es mejor que vuelva a su casa, Sr. Romanov. Necesita
descansar, y
el bosque no es un lugar seguro. La tormenta dejó a los
animales
inquietos.
- Gracias por ser tan amable – dijo Rudy a Raven, con
pocas ganas
de dejarla junto a un hombre capaz de la mayor violencia.
Tom observó como el joven regresaba a la seguridad del
pueblo,
más allá del claro.
- Estás helada, pequeña – dijo suavemente.
Raven parpadeó para alejar las lágrimas, obligando a sus
trémulas
piernas a seguir andando, un paso tras otro. No podía
mirar a
Tom, no se atrevía. Sólo había salido a disfrutar de la
noche y
entonces había oído a Romanov. Su naturaleza la obligaba
a ayudar a
los demás siempre que fuera posible. Ahora, ella había
puesto en
movimiento algo oscuro y mortífero en Tom, algo que la
preocupaba profundamente. Tom caminaba intranquilo a su
lado,
observando el rostro que ella mantenía a conciencia
apartado de su
vista.
- Vas por el camino equivocado, Raven – le dijo apoyando
la mano en
su estrecha espalda para guiarla.
Raven se tensó e inmediatamente se alejó de él y de su
mano.
- Quizás no quiero volver, Tom. Quizás no te conozco en
absoluto.
Había mucho más dolor que ira en sus palabras. Tom
suspiró de
forma audible y la alcanzó, tomándola de la mano con
fuerza.
- Hablaremos en casa, cómodos y calentitos, no aquí
fuera, donde te
estás congelando – y sin esperar su respuesta, la cogió
en brazos y
se movió con enorme velocidad. Raven se apretó contra él,
enterrando la cara en su hombro. Tiritaba de frío y de
miedo, miedo
de Tom, de su futuro y del ser en el que se había
convertido.
Tom la llevó directamente al dormitorio, encendió el
fuego con un
movimiento de su mano y dejó a Raven sobre la cama.
- Por lo menos te podías haber puesto unos zapatos.
Raven se envolvió en la protección de la capa de Tom y lo
miró con
los ojos entornados.
- ¿Por qué? Y no me refiero a los zapatos.
Tom encendió las velas y estrujó una variedad de hierbas
que
llenaron el dormitorio de un dulzor calmante y
reconfortante.
- Soy un hombre de los Cárpatos. Por mis venas corre la
sangre de la
tierra. He esperado a mi compañera durante siglos. A los
hombres de
los Cárpatos no les gusta que ningún otro hombre se
acerque a sus
mujeres. Estoy luchando con emociones desconocidas para
mí,
Raven. No son fáciles de controlar; y tú no te comportas
como lo
haría una mujer de los Cárpatos – sus labios se curvaron
en una
pequeña sonrisa mientras se apoyaba de forma indolente
sobre la
pared – No esperaba volver a casa y encontrarme con el
hecho de
que te habías marchado. Tú misma te pones en peligro,
Raven, y eso
es algo que los hombres de mi estirpe no podemos
permitir. Y para
colmo te encuentro con un humano, con un hombre.
- Estaba sufriendo – dijo Raven en voz baja.
Tom dejó escapar un sonido de sorpresa.
- Él se sentía atraído por ti.
Raven parpadeó con un aleteo de pestañas, buscando la
mirada de
Tom con los ojos azules perplejos e inseguros. - Pero… no, Tom, estás equivocado; debes estar
equivocado. Yo
sólo trataba de darle consuelo. Ha perdido a sus padres –
parecía
estar a punto de llorar.
Tom la silenció con un gesto de su mano.
- Y tú querías estar en su compañía. No buscabas un
encuentro
sexual, pero necesitabas compañía humana; no lo niegues.
Pude
sentir esa necesidad en ti.
Raven se pasó la lengua por los labios en un gesto
nervioso. No podía
negarlo. Había sido un acto inconsciente por su parte,
pero ahora que
Tom lo expresaba con palabras, supo que era cierto. Había
sentido
la necesidad de tener compañía humana. Tom era tan
arrollador,
tan intenso y su mundo tan extraño. Raven odiaba hacerle
daño,
odiaba haberlo llevado al límite de su control.
- Lo siento. No pretendía más que dar un corto paseo.
Cuando lo
escuché, sentí la necesidad de asegurarme que estaba
bien. No lo
sabía, Tom, no sabía que inconscientemente buscaba
compañía
humana.
- No te estoy culpando, pequeña, ni mucho menos – su voz
era tan
tierna que Raven sintió derretirse su corazón – Puedo
leer tus
recuerdos con facilidad. Sé cuales eran tus intenciones.
Y jamás te
culparía por tener una naturaleza compasiva.
- Supongo que ambos tenemos dificultades con las que
enfrentarnos
– dijo Raven con suavidad – No puedo ser lo que tú
quieres que sea,
Tom. Usas la palabra “humano” como si fuera una
maldición, los
consideras inferiores a ti. ¿Alguna vez se te ha ocurrido
que tienes
prejuicios en contra de mi raza? Puede que por mis venas
corra la
sangre de los Cárpatos, pero mi mente y mi corazón son
humanos.
No tenía intención de traicionarte, sólo salí a pasear;
eso es todo. Lo
siento, Tom, pero toda mi vida he conocido la libertad, y
que mi
sangre sea diferente no va a hacer que yo sea distinta.
Tom se paseaba de un lado a otro con energía contenida,
exudando poder y coordinación, con movimientos rápidos.
- No tengo ningún prejuicio – negó.
- Por supuesto que sí. Miras a mi raza con odio. ¿Habrías
estado
contento si hubiera usado la sangre de Romanov para
alimentarme?
¿Es aceptable usarlo como alimento pero no para mantener
una
conversación amable?
- No me gusta la imagen que tienes de mí, Raven – dijo
Tom
cruzando la habitación para sacar a Raven de debajo de la
capa. El
ambiente del dormitorio era cálido y olía a naturaleza, a
bosques y
prados.
Raven se quitó la capa de los hombros de mala gana. Tom
frunció
el ceño al ver que sólo llevaba su camisa blanca. Aunque
los bordes
le llegaban a las rodillas, cubriendo su trasero, una
generosa porción
de los muslos quedaba a la vista por debajo de la
abertura que
alcanzaba las caderas. El efecto era increíblemente
provocativo,
sumado a la larga melena que caía en desordenadas ondas
alrededor
de su esbelto cuerpo, rozando la cama. Tom soltó un
juramento en
voz baja, unas pocas palabras en su propia lengua, dando
gracias por
no haberse percatado que debajo de la capa tan sólo
llevaba la
camisa. Probablemente habría despedazado la garganta de
Romanov
de haberlo sabido. La idea de Raven acercándose al
muchacho,
sonriéndole, hipnotizándolo con sus ojos de sirena para
inclinar la
cabeza sobre su cuello, rozarlo con su boca, su lengua,
sus dientes…
las entrañas de Tom se retorcieron rebelándose.
Se pasó una mano por el pelo, colgó la capa en el armario
y llenó el
antiguo lavamanos y la jarra con agua templada. Cuando
tuvo su
imaginación bajo control, fue capaz de contestarle con su
habitual
ternura.
- No pequeña, después de pensarlo, no puedo decir que
hubiera
estado muy contento si te hubieras alimentado de él.
- ¿No se supone que eso es lo que debo hacer? Una mujer
de los
Cárpatos convierte a los humanos desprevenidos en sus
presas – dijo
al borde del llanto.
Tom llevó el agua hasta el borde la cama y se arrodilló
delante de
ella.
- Estoy intentado comprender mis sentimientos, Raven,
porque no
tienen ningún sentido – y empezó a lavarle los pies con
suavidad –
Quiero tu felicidad por encima de cualquier cosa, pero
siento la
necesidad de protegerte – sus manos eran tiernas, igual
que sus
caricias al quitar todo rastro de tierra.
Raven agachó la cabeza, frotándose las sienes.
- Lo sé, Tom, e incluso entiendo que lo necesites; es
sólo que
siempre voy a ser así, soy impulsiva, se me ocurren cosas
de
repente. En un momento decido que quiero hacer volar una
cometa y
es lo siguiente que me verás hacer.
- ¿Por qué no te quedaste en casa? Te pedí tiempo para
luchar contra
el miedo que tengo a perderte – su voz era tan suave que
los ojos de
Raven se llenaron de lágrimas.
Le acarició el pelo castaño oscuro con las puntas de los
dedos,
sintiendo un sordo dolor en la garganta.
- Quería salir al porche para tomar aire fresco. No tenía
ninguna otra
idea, pero la noche me llamó, así de sencillo.
Tom elevó la mirada con los ojos negros cálidos por los
sentimientos que ella le despertaba.
- Fue por mi culpa, debería haber dispuesto hechizos de
protección en
las puertas.
- Tom, soy capaz de cuidarme sola – los ojos azules eran
serios,
transluciendo la verdad de sus palabras. Realmente, Tom
no debía
preocuparse.
Hizo lo que pudo para ocultar una sonrisa. Raven era
demasiado
cándida, siempre pensaba bien de los demás. Rodeó sus
pantorrillas
con ambas manos.
- Eres la mujer más hermosa del mundo, Raven. No existe
ni un solo
átomo de mezquindad en ti. ¿Verdad?
Raven lo miró indignada.
- Por supuesto que sí. No sonrías de esa forma, Tom.
Puedo ser
tan mezquina como resulte necesario. De cualquier forma,
¿qué tiene
que ver eso con lo que estábamos hablando?
Tom subió la mano por el talle de Raven, por debajo de la
seda de
su camisa.
- Estábamos hablando de que necesito proteger a la única
persona
que me importa, a la única que sólo ve bondad en los
demás.
- No todo el mundo es bueno – negó ella, asombrada por el
hecho de
que Tom tuviera esa imagen de ella – Sabía que Margaret
Summers era una fanática.
La mano de Tom subió aún más para acariciar la suave piel
del
pecho de Raven, para rodearlo con la palma. Tenía los
ojos
totalmente negros y con una profunda mirada por la
emoción que lo
embargaba.
- Recuerdo que la defendiste.
Raven no podía apenas respirar a causa de la ociosa e
indolente
exploración que Tom estaba llevando a cabo en su cuerpo.
Iba más
allá del hecho físico, lo sentía en su interior,
admirándola aunque
quisiera doblegar su voluntad. Lo sentía en su cuerpo,
rozando su
mente y acariciando su corazón. Raven notaba como los
sentimientos
que Tom albergaba por ella, crecían y crecían hasta casi
consumirlo.
Tom dejó escapar un ligero suspiro.
- No llegaré a ningún sitio de esta forma ¿verdad?
Siempre consigues
desarmarme. Soy el líder de mi gente, Raven. No puedo
consentir
esto. No tengo otra opción que impartir órdenes.
Raven alzó las cejas.
- ¿Órdenes? – Repitió - ¿Crees que vas a darme órdenes?
- Por supuesto. Es el único recurso que me queda para no
convertirme en el hazmerreír de los míos. A menos, claro,
que tengas
una idea mejor – la risa se percibía en las profundidades
de sus ojos.
- ¿Qué tengo que hacer para divorciarme de ti?
- Lo siento, pequeña – contestó suavemente – No sé lo que
significa
esa palabra. Dilo en mi idioma, por favor.
- Sabes muy bien que tu inglés es mucho mejor que mis
conocimientos de tu idioma – dijo Raven - ¿Cómo se separa
un
compañero de otro? Irse cada uno por su lado. Separarse.
No seguir
viviendo juntos.
El brillo de diversión en sus ojos se convirtió en total
regocijo.
- No existe eso, y si existiera, Raven – dijo
inclinándose para
acercarse hasta que Raven sintió su aliento en la mejilla
– jamás te
dejaría marchar.
Raven parecía muy inocente, con los ojos abiertos de par
en par. La
mano de Tom sobre su pecho y su pulgar acariciando un
pezón
hacían que respirar le resultara complicado.
- Sólo estaba intentando ayudarte. La realeza tiene muy
pocas
opciones estos días; tienes que tener en cuenta la
opinión de la
gente. Puedes confiar en que yo te ayudaré a reflexionar
sobre estos
asuntos, Tom.
La suave risa de Tom fue socarrona y muy masculina.
- Supongo que debo estar agradecido por tener una
compañera tan
lista – dijo mientras sus dedos desabrochaban un botón de
la camisa
de Raven. Sólo uno, para abrir un pequeño hueco por donde
continuar su perezosa exploración.
Raven se quedó sin aliento. Realmente Tom no estaba
haciendo
nada que no fuera tocarla, pero sus caricias eran tan
tiernas y
dejaban ver tanto amor, que Raven se derretía.
- De verdad que intento comprender tu estilo de vida, Tom,
pero
creo que mi corazón aún no lo capta – dijo intentado ser
sincera – No
sé nada de vuestras leyes o de vuestras costumbres. Ni
siquiera sé
que eres en realidad, ni lo que yo soy ahora. Aún me veo
como una
humana. Ni siquiera estamos casados a los ojos de Dios o
de la
gente.
Esta vez, Tom echó la cabeza hacia atrás y soltó una
estruendosa
carcajada.
- ¿Crees que esa frágil ceremonia humana es un vínculo
más
profundo que un verdadero ritual de los Cárpatos? Aún
tienes mucho
que aprender de nosotros.
Raven se mordió el labio inferior.
- ¿Se te ha pasado por la cabeza que quizás yo no sienta
ningún
vínculo mediante ese ritual? Tienes muy poca
consideración por las
cosas que para mí son sagradas.
- ¡Raven! – Estaba atónito y se le notaba mucho - ¿Eso es
lo que
piensas? ¿Que no tengo respeto por tus creencias? No es
cierto.
Raven agachó la cabeza, de modo que su sedoso cabello
ocultó la
expresión de su rostro.
- Sabemos tan poco el uno del otro. No sé nada del ser en
que me he
convertido. ¿Cómo puedo satisfacer tus necesidades o las
mías si ni
siquiera sé qué o quién soy?
Tom permaneció en silencio, sus insondables ojos oscuros
estudiaban el rostro triste y el sufrimiento en los ojos
de Raven.
- Quizás haya algo de verdad en tus palabras, pequeña –
dijo
mientras seguía con una mano los contornos de su cuerpo,
el
estrecho talle, la pequeña cintura, hasta llegar a su
rostro – Te miro y
contemplo un milagro. El tacto de tu piel, suave y
tentador, la forma
en que te mueves, como el agua cuando fluye, el roce de
tu pelo
como la seda, el modo en que tu cuerpo rodea al mío,
llenándome
por completo, dándome la fuerza que necesito para
continuar con una
tarea que parece inútil pero aún así es necesaria. Te
contemplo, tan
hermosa, con un cuerpo tan perfecto hecho para mí…
Raven se movió inquieta, pero Tom la mantuvo donde estaba
elevándole la barbilla para que no tuviera más remedio
que enfrentar
sus ojos negros.
- Pero no es tu cuerpo lo que me cautiva, Raven, no es tu
piel sin
mácula, ni la perfección de nuestros cuerpos
cuando nos fundimos. Es
cuando me uno mentalmente a ti, cuando veo quién eres
realmente,
entonces me doy cuenta del milagro que supone tenerte.
Puedo
decirte quién eres. Eres la compasión personificada. Eres
la ternura.
Eres una mujer tan valiente que estás deseosa de
arriesgar tu vida
por un completo extraño. Eres una mujer deseosa de usar
un don que
te causa un gran dolor, con tal de ayudar a los demás. No
hay ni un
asomo de duda en tu entrega, tú eres así. Hay tanta luz
en ti, brilla a
través de tus ojos, y tu piel la irradia por sus poros de
tal manera que
cualquiera que te contempla puede ver fácilmente tu
bondad.
Raven no pudo hacer otra cosa que mirarlo fijamente,
perdida en sus
hipnóticos ojos negros. Tom la tomó de la mano, besándola
en el
centro de la palma, para luego deslizarla, bajo su camisa
y ponerla
sobre el lugar donde su corazón latía con fuerza.
- Mira debajo de mi piel, Raven. Mira en el interior de
mi corazón y de
mi alma. Une tu mente a la mía; mírame como soy. Conoce
cómo
soy.
Tom esperó en silencio. Un instante. Otro. Vio la
repentina decisión
de Raven de conocer al ser al que se había unido, el que
era su
pareja. Su mente hizo un pequeño intento al principio, un
roce tan
ligero y delicado como el ala de una mariposa. Fue muy
cuidadosa al
moverse a través de sus recuerdos, por si descubría algo
que pudiera
herir a Tom. Él percibió su jadeo cuando vio la creciente
oscuridad. El monstruo que habitaba en su interior, la
mancha de su
alma. Las muertes y las batallas de las que él era
responsable. La
cruda fealdad de su existencia antes de que ella llegara
a su vida. La
soledad que lo devoraba, que devoraba a todos los hombres
de su
raza, el absoluto vacío que soportaban siglo tras siglo.
Raven vio su
decisión de no perderla jamás. Su carácter posesivo, sus
instintos
animales. Todo lo que era estaba allí, delante de ella.
Tom no le
ocultó nada; ni las muertes que él había perpetrado ni
las que había
ordenado, ni su completo convencimiento de que mataría a
cualquiera que la apartara de su lado.
Raven apartó su mente, sus ojos azules estaban clavados
en los de
Tom, que sintió su corazón empezar a latir desbocado. No
había
condena en los ojos de Raven, solo una serena calma.
- Así pues, has visto la bestia a la que estás atada para
toda la
eternidad. Somos depredadores, después de todo, pequeña,
y la
oscuridad que crece en nosotros sólo encuentra el
equilibrio en la luz
de nuestras mujeres.
Las manos de Raven, suaves y amorosas, rodearon el cuello
de
Tom.
- Qué lucha más terrible libráis todos vosotros, y
especialmente tú.
Tener que tomar tantas decisiones de vida o muerte,
sentenciar a
amigos, o incluso a miembros de tu familia a que sean
destruidos,
debe ser una carga insoportable. Eres fuerte, Tom, y tu
gente hace
bien en creer en ti. El monstruo con el que te enfrentas
día a día es
parte de ti, quizás es lo que te hace tan fuerte y
decidido. Tienes una
visión negativa, de esa parte de ti, piensas que es
malvada, cuando
de hecho, es la que te da el poder, la habilidad y la
fuerza que
necesitas para hacer lo que debes hacer por tu gente.
Tom agachó la cabeza, no quería que Raven viera la
expresión de
sus ojos, lo que sus palabras significaban para él.
Sentía algo que
atenazaba su garganta y amenazaba con asfixiarlo. No la
merecía,
jamás la merecería. Era tan generosa… mientras que lo
único que él
había hecho era mantenerla cautiva y obligarla a
encontrar la forma
de vivir con él.
- Tom – dijo con voz queda mientras le rozaba la barbilla
con los
labios – yo estaba sola hasta que tú apareciste en mi
vida – su boca
encontró la comisura de los labios masculinos – Nadie me
conocía,
nadie sabía quién era realmente y la gente me temía
porque sabía
cosas de ellos y ellos no eran capaces de saber lo mismo
de mí – lo
envolvió con sus brazos, reconfortándolo como si fuera un
niño - ¿Tan
horrible fue querer tenerme para ti solo, sabiendo que
junto a mí
acabaría tu terrible soledad? ¿Realmente crees que debes
condenarte
por eso? Te amo. Sabes que te amo incondicional y
totalmente.
Acepto lo que eres.
Tom se pasó una mano por el pelo.
- No puedo controlar mis emociones esta vez, Raven. No puedo
perderte. No tienes idea de cómo era mi vida, sin la luz
del sol, sin
risas, siglos de completa soledad. Sé que un monstruo
habita en mí.
Se vuelve más poderoso con cada año que vives. Temo por
Gregori;
sólo es veinticinco años más joven que yo, pero lleva el
peso de
siglos de cazar a los no-muertos. Se aísla
conscientemente de los
suyos y a veces no lo veo en cincuenta años, ni me llegan
noticias de
él. Su poder es inmenso y la oscuridad crece en él. Es
una existencia
vacía, fría, dura e implacable, y el monstruo siempre
lucha en el
interior para liberarse. Tú eres mi salvación. Es todo
tan nuevo para
mí en este momento; el miedo de perderte está demasiado
fresco. No
sé qué le haría a cualquiera que intentara alejarte de mi
lado.
La mano de Raven encontró la suya, entrelazando los
dedos.
- Noelle dio a luz a un niño. Eleanor también. No hay
mujeres que
alivien el negro vacío de los hombres. Y Gregori es el
que más lo
sufre. Vaga por la tierra aprendiendo sus secretos,
llevando a cabo
experimentos que nadie se atreve a cuestionar. No se lo
he dicho
nunca a nadie, pero posee mucho más poder y conocimientos
que yo.
Jamás hemos tenido una razón para enfrentarnos, y él
siempre viene
cuando se le necesita, pero percibo su distanciamiento –
dijo
mientras se frotaba los ojos con cansancio - ¿Qué puedo
hacer?
Tarde o temprano hará su elección. Y de cualquier forma
lo
perderemos.
- No lo entiendo.
- Cuando nos alimentamos, la sensación de poder sobre la
vida de
otro ser es muy adictiva, y resulta tan fácil seducir a
nuestras
víctimas… Nadie puede sobrevivir a la oscuridad y a la
desesperación
durante mil años. Gregori ha vivido desde las cruzadas
hasta que el
hombre puso el pie en la luna, siempre luchando con el
monstruo que
habita en él. La única salvación que tenemos es hallar a
nuestra
compañera. Y si Gregori no la encuentra pronto, buscará
el amanecer
o sucumbirá a la transformación. Me temo lo peor.
- ¿Qué es la transformación?
- Matar por el simple placer de hacerlo, por el poder que
supone;
convertirse en el vampiro que los humanos reconocen.
Utilizar a las
mujeres antes de alimentarse de ellas, obligándolas a
convertirse en
esclavas – contestó Tom duramente. Gregori y él habían
cazado
juntos en muchas ocasiones a aquellos de sus propios
congéneres
que se habían transformado, y habían descubierto lo depravado
que
podía ser un hombre de los Cárpatos transformado en
vampiro.
- ¿Tendrías que detener a Gregori? – el miedo la traspasó
como una
flecha ardiente. Empezaba a comprender la complejidad de
la vida de
Tom – Dijiste que era más poderoso que tú.
- Sin duda. Tiene libertad de acción y mucha más
experiencia en
cazar y perseguir a los no-muertos. Ha aprendido mucho,
ha vivido
en todos los sitios a lo largo y ancho de la tierra. Su
tremendo poder
solo es sobrepasado por su inmensa soledad. Gregori es
para mí un
hermano más que un amigo, hemos estado juntos desde el
principio.
No desearía fallarle o tener que cazarle, no me gustaría
tener que
medir mis fuerzas con él. Ha luchado en numerosas
batallas por mí, y
junto a mí. Hemos compartido nuestra sangre, nos hemos
curado el
uno al otro, protegido el uno al otro cuando hemos tenido
necesidad.
- ¿Y qué pasa con Jacques? – empezaba a sentir cariño por
el hombre
que tanto se parecía a Tom.
Tom se levantó y el vertió el agua. Parecía cansado.
- Mi hermano es doscientos años más joven que yo. Es
fuerte y
sabio; y muy peligroso bajo determinadas circunstancias.
La sangre
de nuestros ancianos corre fuerte por sus venas. Jacques
viaja,
estudia y si fuera necesario, no vacilaría en tomar a su
cargo la
responsabilidad de los nuestros.
- Llevas el peso de tu gente sobre la espalda – la voz de
Raven era
un murmullo. Acariciaba el cabello castaño oscuro con
suavidad.
Tom se sentó con cuidado, observándola con ojos de
anciano,
cansados.
- Somos una raza que desaparece, pequeña. Temo que sólo
estoy
retrasando lo inevitable. Dos de los asesinos escaparon.
Los otros dos
sospechosos, Antón Fabrezo y Dieter Hodkins también se
marcharon
en el tren. Corrí la voz entre los nuestros, pero han
desaparecido. He
oído rumores de un grupo organizado de cazadores de
vampiros que
ha surgido recientemente. Si estos hombres engancharan
alguna vez
a verdaderos científicos, serían aún más peligrosos.
- Sé que la Raza de los Cárpatos proviene de la tierra y
que su forma
de sanar está basada en la tierra, en sus poderes
naturales. Pero,
Tom, quizás el resentimiento y los prejuicios que tienes
en contra
de la raza humana, te han hecho pasar por alto algunas de
sus
ventajas.
- Insistes en creer que tengo prejuicios, pero no es así.
Me gustan
muchos humanos – dijo Tom mientras se percataba que no
podía
resistirse a desabrochar los botones de la camisa que
cubría el cuerpo
desnudo de Raven. En su interior había algo profundo,
primitivo, que
le hacía desear mirarla, saber que podía hacerlo cuando
le viniera en
gana.
Raven le sonrió, apartándose el pelo de la cara con su
provocativo
gesto. El movimiento abrió la camisa, y su piel desnuda
atrajo a
Tom, sus redondeados pechos se alzaron apetitosamente
para
desaparecer bajo una nube que seda color ébano. La visión
lo dejó
sin aliento.
- Escúchame, mi amor. Tener unos cuantos amigos y sentir
cariño
por ciertos individuos de una raza no implica que no
tengas
prejuicios. Has vivido con tus habilidades tanto tiempo
que las das
por hecho. Tan sólo por poder controlar la mente humana y
usar a los
hombres como ganado…
Tom jadeó, perplejo ante el hecho de que pudiera pensar
tal cosa.
Cerró la mano sobre el tobillo de Raven que estaba sobre
la cama.
- Nunca he tratado a los humanos como si fueran ganado.
Muchos de
ellos son mis amigos, aunque Gregori y algunos más
piensen que
estoy loco. Los observo crecer y deseo poder sentir lo
que ellos
sienten. No, pequeña, no creo que los trate como ganado.
Raven ladeó la cabeza, mirando atentamente con sus
enormes ojos
de zafiro.
- Quizás no los tratas así, pero siento lo que tú sientes,
Tom.
Puedes ocultártelo a ti mismo, pero yo lo veo con
claridad – suavizó
sus palabras con una sonrisa – Sé que no quieres sentirte
superior,
pero es excesivamente fácil controlarnos.
Tom expresó su desacuerdo con un bufido.
- He fallado cada vez que intentaba controlarte. No
tienes ni idea de
la tentación que suponía forzar tu sumisión cada vez que
te ponías en
peligro. Debía haber seguido mis instintos… pero no, te
permití volver
a la pensión.
- El amor que sientes por mí, te hacía retroceder – dijo
mientras se
estiraba para tocar el cabello de Tom - ¿No debería ser
siempre así
entre dos personas? Si realmente amas lo que soy y
quieres verme
feliz, entonces debes saber que tengo que hacer lo que
surge en mí
de forma natural, lo que creo que es correcto.
Tom le acarició el cuello con un dedo, descendiendo por
la
garganta hasta el profundo valle entre sus pechos, haciéndola
estremecer con el repentino calor de su roce.
- Eso es cierto, pequeña, pero a mí también me ocurre lo
mismo con
mis necesidades. No puedes hacer más que conseguir que
sea feliz. Y
mi felicidad depende completamente de tu seguridad.
Raven no pudo evitar sonreír.
- Creo que eso demuestra tu naturaleza taimada. Es
posible que
necesites examinar atentamente la ingenuidad de los
humanos.
Confías tanto en tus dones, Tom, pero los humanos deben
encontrar otras formas de hacer las cosas. Estamos
uniendo dos
mundos. Si decidimos tener un bebé…
Se movió inquieto, los ojos oscuros emitían destellos.
Raven captó el decreto implacable del hombre de los
Cárpatos antes
de que Tom pudiera ocultárselo.
- Debes tenerlo.
- Si decidimos tener un bebé algún día – insistió
ignorando su
autoridad – y si es un varón, lo educaremos en los dos
mundos. Y si
es una niña, será educada con libertad de pensamiento,
para que
desarrolle sus propias ideas. Estoy hablando en serio,
Tom. Jamás,
óyeme, jamás consentiré traer un bebé a este mundo para
que se
convierta en una yegua de cría para cualquiera de esos
hombres. Ella
será consciente de su propio poder y elegirá su propia
vida.
- Nuestras mujeres toman sus propias decisiones – dijo
Tom en
voz baja.
- Estoy segura de que existe algún tipo de ritual que
asegura que ella
elige al hombre adecuado – imaginó Raven – Me darás tu
palabra de
que estás de acuerdo conmigo o jamás llevaré un bebé en
mi seno.
Tom acarició su rostro con las puntas de los dedos en un
roce
increíblemente tierno.
- Quiero tu felicidad ante todo, y también quiero que mi
bebé sea
feliz. Tenemos años para pensar en todo esto, vidas
enteras, pero sí, cuando hayamos aprendido a mantener el equilibrio entre
los dos
mundos y sepamos que ha llegado la hora, estaré
absolutamente de
acuerdo contigo.
- Sabes que te tomo la palabra – le advirtió.
Tom se rió suavemente, acunando el rostro de Raven entre
sus
manos.
- Según pasen los años, tu fuerza y tu poder aumentarán.
Ya me
aterrorizas, Raven, no sé si mi corazón aguantará los
años que nos
quedan por delante.
Ella rió y su carcajada sonó como una melodía. Las manos
de Tom
acunaron sus pechos, abarcándolos mientras inclinaba la
cabeza ante
tan tentadora oferta. Su boca estaba húmeda, caliente y
necesitada,
sus dientes mordieron la piel sensible. El cabello de Tom
acarició el
torso de Raven como cientos de pequeñas lenguas que
lamieran sus
costillas. Se echó hacia atrás, para apoyarse sobre la
cabecera de la
cama, y pasó los brazos alrededor de Tom.
Tom se estiró en la cama con la cabeza sobre el regazo de
Raven.
- Vas a volver mi ordenado mundo del revés ¿verdad?
Entrelazando los dedos entre sus cabellos y disfrutando
del tacto
sedoso de su espesor sobre la piel desnuda de sus caderas
y sus
muslos, Raven se burló;
- Realmente, tengo intención de hacerlo lo mejor que
pueda. Tu
gente está en celo, necesitáis entrar en este siglo.
Tom sintió como su cuerpo se relajaba y lo invadía la
paz,
suavizando la terrible tensión. La belleza del alma de
Raven penetró
en él. ¿Cómo podía echarle en cara su necesidad de llegar
hasta
alguien que sufría, cuando había sido esa misma compasión
la que lo
había arrastrado lejos de las oscuras sombras, hasta un
mundo lleno
de luz y alegría? Podía sentir dolor e ira, pero al
menos, era capaz de
sentir algo. Una emoción inmensa. Alegría. Lujuria. Deseo
sexual.
Amor.
- Eres mi vida, pequeña. Pediremos al Padre Hummer que
nos case
según vuestra costumbre – sus dientes blancos brillaron
al sonreír,
los ojos oscuros estaban cálidos por el regocijo –
Aceptaré el
matrimonio como un vínculo y tú borrarás la palabra
“divorcio”, junto
a su significado, de tu memoria. Eso me hará feliz – dijo
sonriéndole
con aquella socarronería masculina, burlándose de ella.
Raven siguió la dura línea de su mandíbula muy
suavemente.
- ¿Cómo te las arreglas para que todo se solucione a tu
favor?
La mano de Tom encontró la suave piel del muslo.
- No tengo la respuesta, pequeña. Quizás sea puro talento
– dijo
volviendo la cabeza para separar con la boca la abertura
de la
camisa, acurrucándose sobre la piel desnuda del cuerpo de
Raven.
Un gemido muy quedo escapó de la garganta de Raven al
sentir la
lengua de Tom sobre su piel. Movió las piernas para que
él pudiera
acomodarse y hundió los dedos en el cabello castaño
oscuro.
Tom ahondó su caricia, consiguiendo que Raven se
estremeciera
de placer. Podía sentir su propia sangre arder en
llamaradas, correr
mucho más rápida con salvaje excitación, podía sentir la
alegría
cantando por sus venas. Rodeó con sus brazos las caderas
de modo
que pudo tirar de ella para acercarla aún más, hundiendo
su lengua
más profundamente. Pretendía tomarse su tiempo, darle
mucho
placer. Ella era su mujer, su compañera y nadie podía
proporcionarle
el éxtasis que él le daba.
HOLA!!! EH VUELTO CON LA NOVELA ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO ... HASTA PRONTO :))
Muchas gravias por volver á publicar en esta novelaaaaaaa
ResponderEliminarSigueeee
Ese Tom todo un posesivo!
ResponderEliminarMe encanta que hayas publicado. :)