viernes, 8 de enero de 2016

# 8

CAPITULO # 8.-
Raven dudó. La idea de saber más sobre Tom era tentadora, muy
tentadora.
- Ahora que creo saber lo que me está ocurriendo es posible que sea capaz
de manejarlo por mi cuenta. Es muy tarde, Padre, y ya me siento muy mal
por haberlo hecho vigilarme sentado ahí fuera, con el frío de la noche.
El Padre Hummer le dio una palmadita en la mano.
- Tonterías, niña. Me divierte hacer estos pequeños recados. A mi edad, uno
está deseando que ocurran cosas imprevisibles. Al menos, ven a la planta
baja y pasa un rato en mi compañía. La Sra. Galvenstein dejó el fuego
encendido en la salita.
Raven agitó la cabeza con vehemencia, protegiendo instintivamente a
Tom. La pensión albergaba entre muros a muchos de sus enemigos. Jamás
pondría en peligro a Tom, sin importar las dificultades que ella estuviera
pasando. Edgar Hummer suspiró.
- No puedo dejarte sola, Raven. Le di mi palabra a Tom. Él ha hecho
mucho por mi congregación y por la gente de este pueblo, y pide muy poco a
cambio -El párroco se frotó el mentón pensativo- Debo quedarme contigo,
niña, por si la cosa se pone peor.
Raven tragó saliva. Margaret Summer estaba dormida, en algún lugar del
edificio. Raven podía ocultarse, incluso podía ocultarle el sufrimiento más
intenso, pero Margaret sería capaz de leer con facilidad la preocupación
natural del Padre Hummer. Si ella podía hacerlo, entonces Margaret
también lo haría. Aclarando sus ideas, Raven cogió su cazadora, se limpió los
restos de lágrimas de la cara y bajó las escaleras delante del párroco antes
de cambiar de opinión. Lo más importante para ella en esos momentos era
proteger a Tom, era una necesidad que se había convertido en parte de
su propia alma.
Una vez en el exterior, Raven subió la cremallera de la cazadora hasta la
barbilla. Se había cambiado de ropa nada más llegar a la pensión, ahora
llevaba los vaqueros desgastados y una sudadera. La niebla lo cubría todo,
era una capa espesa que se elevaba a un metro del suelo. Hacía mucho frío.
Miró al párroco con atención, su inglés podía ser un poco titubeante, pero su
rostro y sus descoloridos ojos azules mostraban inteligencia e integridad.
Estaba helado por el tiempo que había permanecido en el balcón y era
demasiado mayor para hacerlo salir de la calidez de su casita para llevar a
cabo esta tarea en mitad de la noche.
Tenía el pelo despeinado, se apartó unos mechones de la cara mientras se
esforzaba por caminar con tranquilidad atravesando el pueblo. Debería ser
un lugar pacífico, pero no era así, ella sabía que había un grupo de fanáticos
que asesinaban a todo aquel que tomaban por vampiro. Sentía un profundo
dolor en el pecho, en el corazón. Su mente necesitaba asegurarse, con un
ligero roce, que Tom estaba bien. Se quedó mirando de nuevo al anciano
que caminaba a su lado. Su paso era vigoroso, se veía que era una persona
sosegada y que infundía calma a los demás. Era un hombre en paz consigo
mismo y con los que le rodeaban, desde hacía muchos años.
- ¿Está seguro de que está vivo? -la pregunta salió de sus labios antes de
que pudiera detenerla, en el preciso momento en que empezaba a sentirse
orgullosa por lograr un apariencia normal.
- Absolutamente, niña. Me dio la impresión de que pasaría este día en algún
lugar donde no podría ponerse en contacto con nosotros de la forma
habitual hasta el anochecer -Le envió una sonrisa cómplice- Yo utilizo su
busca. Los chismes electrónicos me fascinan. Cuando voy a su casa de visita,
juego con el ordenador todo lo que puedo. En una ocasión lo bloqueé, y le
llevó un buen rato averiguar qué le había hecho -Le complacía todo aquello-
Por supuesto que se lo podría haber dicho, ya sabes, pero le hubiera quitado
toda la gracia.
Raven se rió sin poder evitarlo.
- Al fin, un hombre que piensa como yo. Me alegra encontrar a alguien que
también le causa ese tipo de problemas. Lo necesita, usted lo sabe. Toda esa
gente haciéndole reverencias y metiéndose en líos, no es bueno para él -
tenía las manos tan frías que tuvo que metérselas en los bolsillos.
- Lo hago lo mejor que puedo, Raven -admitió el párroco- pero no tenemos
que contárselo a él, algunas cosas deben ser un secreto entre nosotros.
Ella le sonrió, relajándose un poco.
- Estoy de acuerdo con usted. ¿Cuánto hace que conoce a Tom?- si no
podía ponerse en contacto con él, tocarlo mentalmente, quizás hablar de él
calmara la herida abierta que le provocaba ese vacío. Descubrió que
empezaba a enfadarse con Tom. Debería haberla preparado para esto.
El párroco miró hacia el bosque, hacia el lugar donde estaba la casa de
Tom, después elevó los ojos hacia el cielo. Conocía a Tom desde que él
mismo era un joven sacerdote, recién salido del seminario, enviado a este
pequeño pueblo en mitad de la nada, lejos de su tierra natal. Por supuesto
que se había movido por las cercanías, pero ahora estaba casi retirado y le
estaba permitido ir donde quería y quedarse en aquel lugar que había llegado
a amar.
Cuando Raven lo miró, sus ojos azules tenían una mirada cruel.
- No quiero ponerlo en un aprieto, Padre, no quiero que tenga que mentirme.
Me encontré en esa misma posición por proteger a Tom y no sé muy bien
por qué lo hice. Sólo Dios lo sabe, Tom no me lo pidió -Había dolor en su
voz, odio y confusión.
- No te mentiría, Raven -dijo.
- ¿Omitir una verdad es igual que mentir, Padre? -las lágrimas brillaban de
nuevo en sus ojos y en sus pestañas- Me está sucediendo algo que no
entiendo y me aterroriza.
- ¿Lo amas?
Podía oír el sonido de sus pasos en el silencio que precede al amanecer. Sus
corazones latían sin interrupción y la sangre corría por sus venas. Mientras
pasaba por las puertas de las casas, podía escuchar ronquidos, crujidos,
susurros y los gemidos de una pareja haciendo el amor. Sus dedos buscaron
el anillo de Tom como si fuera un talismán. Lo cogió en la palma de la
mano, de esta forma parecía tenerle más cerca.
¿Lo amaba? Se sentía fascinada, estimulada por Tom. La química entre
ellos era explosiva y muy poderosa. Pero Tom seguía siendo un misterio,
un hombre peligroso que vivía en un mundo de sombras que ella era incapaz
de comprender.
- ¿Cómo se puede amar lo que no se conoce, lo que no se comprende? -Podía
ver la sonrisa de Tom mientras se hacía esta pregunta, la ternura de sus
ojos, escuchar sus carcajadas, las conversaciones de horas entre ellos, los
silencios que los unían cada vez más.
- Conoces a Tom. Eres una mujer extraordinaria, puedes percibir su
bondad y su compasión.
- Pero tiene una parte celosa… y posesivo es un adjetivo que le queda
pequeño -señaló Raven. Lo conocía, sí. Conocía lo bueno y lo malo que había
en él, y lo había aceptado. Pero ahora se daba cuenta de que aunque le había
abierto su mente, ella sólo había visto retazos de él.
- No olvides su vena protectora, y su profundo sentido del deber -
contraatacó el Padre Hummer con una pequeña sonrisa.
Raven se encogió de hombros, estaba a punto de llorar de nuevo. Era
humillante no poder controlarse cuando sabía que el párroco tenía toda la
razón. Tom no estaba muerto; estaba en algún lugar, drogado, dormido, y
se pondría en contacto con ella en cuanto fuese capaz.
- La intensidad de lo que siento por él me aterroriza, padre. No es normal.
- Él daría su vida por ti. Tom sería incapaz de hacerte daño. Si lo
conozco, un poco aunque sea, sé que puedes iniciar una relación con él
sabiendo que nunca te sería infiel, que jamás te levantaría la mano y que
serías siempre lo primero para él -Edgar Summer lo dijo completamente
convencido. Sabía que era cierto, de la misma forma que sabía que había un
Dios en el cielo. Raven se limpió las lágrimas con el dorso de la mano.
- Creo que él no me haría daño; lo sé. Pero, ¿y a los demás? Tiene tantos
dones, tanto poder. La oportunidad de usarlo de forma incorrecta es
tremenda.
El Padre Hummer abrió la puerta de su casita y con un gesto de la mano la
invitó a pasar.
- ¿Crees que eso es lo que ha hecho? Él es su líder por derecho de sangre,
su línea dinástica se pierde en el tiempo. Le llaman Príncipe, aunque jamás lo
admitiría delante de ti. Buscan su guía y su liderazgo, de la misma forma que
mi congregación hace conmigo.
Raven necesitaba hacer algo, encendió el fuego en la chimenea de piedra
mientras el párroco ponía a hervir el té.
- ¿De verdad es un príncipe? -por alguna razón, aquello la agobiaba. Dejando
a un lado todo lo demás, estaba a punto de comprometerse con la realeza.
Esas cosas nunca funcionaban.
- Me temo que sí, niña -admitió el Padre Hummer tristemente- Él es quien
decide, la suya es siempre la última palabra. Quizás por eso tiende a actuar
como si fuera una persona tremendamente importante. Tiene muchas
responsabilidades, y desde que yo lo conozco, jamás ha eludido ninguna de
ellas.
Raven se sentó en el suelo, apartándose la larga melena de la cara, surcada
de lágrimas.
- A veces, cuando Tom y yo estamos juntos, siento que somos dos
mitades de un mismo ser. Puede ser tan serio, tan pensativo, y tan solitario.
Me encanta hacerle reír a carcajadas, devolver la vida a sus ojos. Pero
entonces, hace cosas que… -su voz se desvaneció.
El Padre Hummer le tendió una taza de té, sentándose en su sillón favorito.
- ¿Qué tipo de cosas? -pregunto de forma educada.
Raven soltó el aire muy lentamente, sollozando.
- He estado sola la mayor parte de mi vida. Siempre he hecho lo que he
querido. Cuando quiero, hago las maletas y me mudo a otro lugar. Viajo
mucho y valoro mucho mi libertad. Jamás he tenido que responder ante
nadie.
- ¿Y prefieres ese tipo de vida a la que podrías compartir con Tom?
Le temblaron las manos al rodear la taza con los dedos para absorber el
calor.
- Hace preguntas muy difíciles, Padre. Pensaba que Tom y yo podíamos
llegar a algún tipo de relación, de compromiso. Pero todo sucedió demasiado
rápido y ahora, no sé si todo lo que siento es cierto. Él siempre está
conmigo. Ahora, de repente, no está y no puedo soportarlo. Míreme, soy un
desastre. Usted no me conocía antes, pero solía estar sola frecuentemente;
soy completamente independiente. ¿Puede Tom haber hecho algo para
que todo esto me esté sucediendo?
- Tom nunca te obligaría a amarlo. No estoy seguro de que tenga la
habilidad de hacer tal cosa.
Tomó un sorbo del relajante té.
- Lo sé. Pero y esto de ahora ¿qué es? ¿Por qué no puedo estar lejos de él?
Me gusta estar sola, valoro mucho mi privacidad, pero aún así, sin su
contacto me estoy cayendo a pedazos, me desmorono, Padre. ¿Tiene usted
idea de lo humillante que es para alguien como yo?
El Padre Hummer dejó la taza de té sobre el plato y la observó preocupado.
- No tienes que sentirte humillada, Raven. Tom me contó una vez que
cuando el hombre de su especie encuentra a su verdadera compañera, puede
decir unas palabras rituales, un voto, para unirlos como se supone que deben
estar. Si ella no es la compañera adecuada, la verdadera, ese voto no afecta
a ninguno de los dos, pero si la mujer lo es, no pueden vivir el uno sin el otro.
Raven se llevó una mano a la garganta de forma defensiva.
- ¿Qué palabras? ¿Le dijo cuáles eran esas palabras?
El Padre Hummer movió la cabeza, negándolo apenado.
- Sólo me dijo que una vez pronunciadas a la mujer adecuada, ella está
vinculada, unida a él y no puede escapar. Las palabras son como nuestros
votos matrimoniales. La Estirpe de los Cárpatos tiene valores diferentes a
los nuestros. Para lo bueno y para lo malo. No existe el divorcio entre ellos,
no pronuncian ni siquiera el término porque no lo conocen. Las dos personas
que conforman una pareja son realmente dos mitades de un mismo ser.
- ¿Y qué ocurre si uno de ellos no es feliz? -se retorcía los dedos nerviosa.
Recordaba haber oído a Tom decir algo extraño. Pero el recuerdo era
muy vago, como el de un sueño.
- El hombre de los Cárpatos hará todo lo que sea necesario para asegurar la
felicidad de su compañera. Ni sé ni entiendo de qué forma actúa ese vínculo,
pero Tom me dijo que la unión era tan fuerte que no puede hacer otra
cosa que no sea procurarle felicidad a su mujer.
Raven se tocó el cuello, deteniéndose en el lugar donde latía el pulso, bajo la
oreja.
- Lo que fuera que hiciese, funcionó, Padre, porque yo no soy de la clase de
mujeres que se tiran desde una ventana porque no pueden ver a su pareja
durante un par de horas.
- Supongo que ambos deberíamos darnos por satisfechos si Tom está
sufriendo un poco de su poca medicina -dijo el Padre Hummer con una
pequeña sonrisa.
El corazón de Raven golpeó con fuerza en su pecho y su cuerpo se agitó en
repentina protesta. La simple idea de que Tom pudiera sufrir era
terriblemente perturbadora. Intentó forzar una sonrisa como respuesta.
- Creo que de alguna manera está a salvo de sentir nada.
El párroco estudió sus rasgos sombríos, desfigurados por el sufrimiento,
mientras tomaba un sorbo de té.
- Creo que Tom ha tenido mucha suerte al encontrarte. Eres muy fuerte,
igual que él.
- Entonces es que estoy disimulando muy bien -dijo frotándose los ojos con
los nudillos- porque me siento morir por dentro. Y no estoy muy contenta
que digamos con Tom.
- No creo que debieras estarlo, pero, aún así, tu primer instinto es
protegerlo. Te horrorizó la idea de que él sufriera lo que tú estás sufriendo.
- No me gusta ver sufrir a nadie. Hay algo muy triste en Tom, como si
hubiera llevado el peso del mundo sobre sus hombros durante demasiado
tiempo. A veces, contemplo su rostro y hay tanto sufrimiento allí… no sólo
en sus ojos, sino en la expresión de su rostro, en sus rasgos -Raven dijo
suspirando- Supongo que no tiene sentido, pero necesita a alguien que
aparte las sombras de su vida.
- Esa es una afirmación muy interesante, niña. Y debo decir que te entiendo
perfectamente, sé lo que quieres decir. Yo veo lo mismo en él. Apartar las
sombras de su vida -repitió las palabras en voz alta, murmurando al
respecto- Esa es la idea, exactamente eso.
Raven asintió con la cabeza.
- Es como si hubiese visto demasiada violencia, demasiadas cosas horribles
que le empujaran cada vez más hacia la oscuridad. Cuando estoy cerca de él
tengo esa sensación. Él es el guardián que permanece firme delante de una
puerta diabólica y malévola y mantiene a los monstruos bajo control, para
que el resto de nosotros podamos continuar con nuestras vidas y ni siquiera
seamos conscientes de que estamos amenazados.
El Padre Hummer se quedó sin respiración.
- ¿Así es como lo ves? ¿Como el guardián de la puerta?
Raven asintió de nuevo con la cabeza.
- Es una imagen muy real en mi mente. Sé que probablemente le parecerá
muy melodramático.
- Me gustaría haberle podido decir esas palabras yo mismo -murmuró el
párroco- Ha venido muchas veces en busca de consuelo y nunca he sabido
con exactitud qué decirle. Rezaba para que Dios le enviara ayuda y
encontrara la respuesta a sus preguntas, Raven, y quizás te envió a ti.
Raven temblaba de pies a cabeza, luchando continuamente contra el
tormento al que su mente estaba sometida, contra la necesidad de tocar a
Tom, contra la idea de que podía haber desaparecido de la faz de la
Tierra. Respiró profundamente, para tranquilizarse, estaba agradecida al
párroco.
- No creo ser la respuesta de Dios, Padre. En este mismo momento me
gustaría acurrucarme y llorar.
- Puedes superar esto, Raven. Sabes que él vive.
Raven tomó un sorbo de té. Estaba caliente y sabía delicioso. Le devolvió
algo de calidez a su cuerpo, pero no fue capaz de templar el terrible vacío,
helado y atenazante, que devoraba su alma. Muy despacio, centímetro a
centímetro, ese agujero negro iba creciendo. Intentó concentrarse en otras
cosas, disfrutar con la conversación con el párroco, un hombre que conocía a
Tom y que le tenía cariño y consideración. Tomó otro sorbo de té,
luchando desesperadamente por mantenerse cuerda.
- Tom es un hombre extraordinario -dijo el Padre Hummer, esperando
distraerla- Es uno de los hombres más amables que he conocido jamás. Tiene
un extraordinario sentido del bien y del mal; y una voluntad de acero.
- Ya lo he visto -asintió Raven.
- Apuesto a que sí. Tom es un hombre al que pocos querrían tener como
enemigo. Pero también es leal y afectuoso. Le he visto levantar este pueblo
casi con sus propias manos después de que ocurriera una catástrofe. Cada
persona que vive aquí es importante para él. Hay nobleza en Tom.
Raven se abrazaba las rodillas y se balanceaba hacia delante y hacia atrás.
Respirar era muy difícil, cada bocanada de aire que penetraba en sus
pulmones era una pura agonía.
- Mikhail. ¿Dónde estás? -El grito desgarrado salió de su corazón. Lo
necesitaba, necesitaba tocarlo, que le respondiera solo una vez. Sólo una
vez.
El vacío negro amenazaba con tragársela. Se mordió el labio inferior con
fuerza, deliberadamente, recibiendo con gusto el dolor, concentrándose en
él. ¡Ella era fuerte! Tenía cerebro. Aquello que la consumía, que la convencía
de que no podría seguir adelante sin Tom, no la vencería. No era real.
De repente, el Padre Hummer se puso en pie y levantó a Raven poniéndola a
su lado.
- Ya es suficiente, Raven. Vámonos al exterior y cuidemos mi jardín. Cuando
sientas la tierra entre tus dedos y respires el aire fresco te sentirás mucho
mejor- Si aquello no daba resultado, no le quedaba más que arrodillarse y
rezar.
Raven se las arregló para soltar una carcajada a través de las lágrimas.
- Padre, cuando me toca, leo sus pensamientos. ¿Está bien que un párroco
odie la idea de ponerse de rodillas?
Él la soltó como si su contacto le quemara, y después empezó también a
reírse.
- Querida, a mi edad, con mi artritis, maldigo más que rezo cuando me
arrodillo. Y has descubierto uno de mis grandes secretos.
A pesar de todo, los dos rieron de buena gana mientras salían a la luz del
sol. Los ojos de Raven se llenaron de lágrimas, protestando por el intenso
brillo de la luz del sol. Tuvo que cerrarlos para acabar con el dolor que
sentía y que se deslizaba hasta su cerebro. Se protegió con una mano.
- ¡El sol es demasiado brillante! Apenas veo y me duelen los ojos si los abro.
¿No le ocurre lo mismo, Padre?
- Puede que Tom haya dejado algunas gafas de sol por aquí. Suele hacer
esas cosas cuando pierde una partida de ajedrez.
El párroco revolvió en un cajón y regresó con unas gafas de sol, hechas
especialmente para Tom. Eran demasiado grandes para Raven, pero el
Padre Hummer se las sujetó con una goma. Raven abrió los ojos con cuidado.
Las gafas eran sorprendentemente ligeras, y los cristales muy oscuros. El
alivio que sintió en los ojos fue instantáneo.
- Son fantásticas, pero no conozco la marca.
- Se las hizo un amigo.
El jardín era hermoso. Raven hundió las manos en la rica tierra oscura. Sus
dedos se cerraban cogiéndola a puñados, y el peso que sentía en el corazón
desapareció, haciéndole más fácil respirar. Tenía una extraña urgencia por
tenderse en el suelo y cubrirse con la rica tierra, cerrar los ojos y absorber
las propiedades por los poros de su piel.
El jardín del Padre Hummer la ayudó a soportar las largas horas de la
mañana. El sol del mediodía la hizo buscar refugio en el santuario de la
casita. Aún con la protección de las gafas, a Raven le ardían los ojos, le
escocían y se le llenaban de lágrimas con la potente luz del sol. También su
piel se había vuelto ultra sensible, estaba enrojecida y quemada aunque
nunca le había sucedido aquello.
Volvieron al interior y se las arreglaron para jugar dos partidas de ajedrez,
una fue interrumpida mientras Raven se concentraba en luchar con sus
demonios. Estaba muy agradecida al Padre Hummer por su presencia, sin él
estaba segura de no haber sobrevivido a la separación de Tom. Bebió de
nuevo un poco de té para contrarrestar la terrible debilidad que invadía su
cuerpo por la falta de comida.
Las horas del mediodía parecieron interminables. Raven soportó el vacío con
unos pocos ataques de llanto. A las cinco de la tarde estaba completamente
exhausta y decidida, para poder salvaguardar su orgullo, a pasar las pocas
horas que quedaban hasta el atardecer por su cuenta. Tom la buscaría en
dos horas, como mucho tres, si le había dicho la verdad. Si Raven quería
recuperar su orgullo, su independencia y su dignidad, tenía que afrontar
aquellas últimas horas sola. El sol aún le hacía daño en los ojos a pesar de las
oscuras gafas de sol y aunque estaba mucho más bajo en el cielo y
parcialmente tapado con unas tenues nubes. No habría podido volver a la
pensión andando por el pueblo sin la protección de las gafas.

Afortunadamente, la pensión estaba relativamente tranquila. La Sra.
Galvenstein y sus empleados estaban atareados preparando la cena y
acondicionando el comedor. No se veía a ninguno de los otros huéspedes y
Raven llegó a su habitación sin que nadie notara su presencia.
Tomó una larga ducha, dejando que el chorro de agua caliente golpeara su
piel, esperando que arrastrara la terrible necesidad que sentía por Tom.
Se trenzó la melena azabache y húmeda y se tumbó en la cama
completamente desnuda. El aire fresco refrescaba su piel, aún caliente por
la ducha, aliviándola. Raven cerró los ojos y fue consciente del sonido de las
vajillas al colocar las mesas. Inconscientemente se agarró a esa nueva
capacidad, explorando, parecía una buena manera de dejar a un lado el
sufrimiento y el dolor. Raven descubrió que si se concentraba un poco podía
aumentar o disminuir el volumen de los sonidos, incluso hacer que
desapareciera, o podía concentrarse en los insectos que zumbaban en la
despensa. También oía a los ratones corriendo a través de las paredes y a
unos cuantos en el ático. La cocinera y la doncella discutían acerca de las
obligaciones de esta última. La Sra. Galvenstein tarareaba una desafinada
canción mientras trabajaba en la cocina. Pero fueron unos susurros los que
llamaron la atención de Raven, los susurros de una conspiración.
- De ninguna manera Tom Dubrinsky o Raven Whitney son no-muertos -
discutía acaloradamente Margaret Summers- Puede que él conozca a esa
gente, pero no es un vampiro.
- Tenemos que marcharnos ahora -Era la voz de Hans- No volveremos a
tener otra oportunidad como esta. No podemos esperar a los demás. No
tengo intención de esperar a que oscurezca.
- Ya es demasiado tarde -La voz de Jacob era quejumbrosa- Sólo quedan un
par de horas hasta la puesta de sol. Nos llevará una hora llegar hasta allí.
- No si nos damos prisa. Está atrapado en el suelo -Insistió Hans- Mañana ya
estará libre.
- Aún creo que deberíamos esperar a Eugene y a los otros -se quejó Jacob-
Tienen experiencia.
- No podemos esperar -decidió Harry Summers- Hans tiene razón. Los
vampiros saben que vamos tras ellos y probablemente cambien sus ataúdes
de sitio cada noche. No podemos dejar escapar esta oportunidad. Coge las
herramientas, rápido.
- Todavía creo que el Dubrinsky ese es uno de ellos. Estoy convencido de que
era joven cuando mi padre nació -dijo Hans de forma inexorable.
- Te digo que no lo es -Margaret era inflexible.
- El efecto que tiene sobre las mujeres es extraño, y a los extremos que
llegan para protegerlo -dijo Hans, sospechando y silenciando a la anciana.
Raven podía oír los ruidos que hacían los asesinos mientras reunían sus
herramientas mortales. ¿Habían convencido Hans y Jacob a Harry para que
matara a Tom? ¿O a otro de la gente de Tom? Se levantó de la cama y
se puso unos vaqueros limpios, llamando a Tom con la mente mientras se
enfundaba unos gruesos calcetines y las botas de montaña. Encontró de
nuevo un negro vacío por respuesta.
Murmurando unos cuantos juramentos, Raven deslizó por su cabeza una
camisa de batista azul claro. No conocía a nadie de la policía local, ni sabía
donde podía encontrarlos. De todas formas, ¿quién iba a creer que había
cazadores de vampiros? Era ridículo. ¿Y el Padre Hummer? No, de ninguna
manera podía perseguir a nadie a su edad a través de las montañas.
- Meteré todo esto en el coche -decía Jacob.
- ¡No! Iremos más rápido a pie. Podemos acortar el camino por el bosque.
Metedlo todo en las mochilas -insistía Hans- Deprisa, deprisa, no tenemos
mucho tiempo. Debemos llegar antes de que despierten y recuperen todas
sus fuerzas.
Raven buscó algún tipo de arma por la habitación. Nada. Cuando ayudaba al
FBI en un caso, los agentes la acompañaban, ellos llevaban las armas. Inspiró
para relajarse, manteniendo afinada la conexión con el grupo mientras salían
de la pensión.
Estaba segura de que había cuatro personas: Margaret, Harry, Jacob y
Hans. Debería haber sospechado de Jacob. Se había puesto muy enferma la
noche que intentó cenar con ellos; debería haber notado las reacciones
naturales de su cuerpo ante un psicópata asesino. Pero lo había achacado a
un exceso de emociones por todo lo que le había ocurrido.
Y entonces, Jacob la tocó. No pudo tomar parte en el asesinato de Noelle o
ella lo habría sabido entonces. Harry y Margaret lo habrían convencido de
que había vampiros en los alrededores; ellos eran fanáticos, gente muy
peligrosa. Raven sabía ahora que Shelly era ajena a todo esto. Estaba
sentada en la cama, en su habitación, escribiendo notas para el trabajo. Es
posible que tuviera la oportunidad de suplicarle a Jacob, de hacerle
entender lo retorcido que era cazar vampiros, lo enfermos que estaban.
Cogiendo las gafas oscuras, salió de su habitación y atravesó el recibidor sin
que nadie la viera. Era necesario ocultar sus pensamientos y sus emociones
con Margaret Summers tan cerca. Desde que conoció a Tom y comenzó a
usar la telepatía para comunicarse con él, cada vez encontraba más sencillo
enfocar sus pensamientos.
Esperó hasta que el grupo desapareció en el camino que llevaba al bosque.
Se le detuvo el corazón un instante en el pecho, y de nuevo volvió a latir con
fuerza. Se le secó la boca; el camino llevaba hasta la casa de Tom; estaba
segura de que era el mismo que el había seguido la primera vez que la llevó a
su casa. Tom estaba indefenso, herido y dormido gracias a las drogas que
le habían dado.
Raven empezó a correr, con cuidado de que los asesinos no la descubrieran
al acercarse demasiado. Si era necesario, defendería a Tom con su propia
vida, pero no quería forzar un enfrentamiento si podía evitarlo.
Unas nubes más oscuras y amenazadoras cruzaban ahora el cielo. El viento
comenzó a levantarse, clara señal de que se aproximaba una tormenta,
arrastrando las hojas secas por el camino mientras que las ramas más
ligeras de los árboles se balanceaban sobre Raven. Al bajar la temperatura,
Raven tembló, el miedo la atenazaba.
-¡Mikhail! ¡Escúchame! -Envió desesperada la imperiosa orden mientras
rezaba y rogaba poder penetrar, ahora que se encontraba más cerca,
cualquier tipo de barrera psíquica que las drogas hubieran erigido.
Escuchó el sonido de una respiración irregular y se detuvo, ocultándose tras
un enorme árbol. Harry Summers se había quedado atrás incapaz de seguir
la marcha impuesta por el grupo, intentaba recuperar el aliento. Raven lo
observó mientras resoplaba y jadeaba al llenar de aire sus pulmones.
Se internaban cada vez más en las montañas. Con un suspiro aliviado, Raven
se dio cuenta de que habían tomado una bifurcación del camino y ahora se
alejaban de Tom. Envió una silenciosa oración dando gracias y empezó a
caminar rápido tras Harry. Se movía con el sigilo de uno de los lobos de
Tom, y esto la dejó totalmente pasmada. Ni una sola rama crujía bajo sus
pies, ni una sola piedra se movía bajo sus pasos. Si pudiera también tener su
misma fuerza; estaba muy débil por la falta de alimento, y se encontraba
exhausta por la falta de sueño.
Raven elevó la barbilla en un gesto desafiante. Esta gente no cometería otro
asesinato sin sentido. No importaba que la víctima elegida no fuera Tom;
tenía que intentar evitar lo que se proponían hacer, fuera lo que fuera.
Harry la hacía ir mucho más despacio de lo que le gustaría ya que se paraba
a descansar cada pocos minutos. Sopesó la idea de adelantarlo internándose
en los árboles paralelos al camino pero la desechó, de esa manera los
enemigos la rodearían.
Media hora más tarde Raven miró nerviosa al cielo. Los árboles formaban
densos grupos en algunos lugares mientras que en otros aparecían grandes
claros, lo que la obligaba a ir aún más despacio. No se atrevía a ser vista en
los lugares más abiertos. Y ahora el viento soplaba en rachas aún más
fuertes y cada vez más frío. Con las prisas de no perder al grupo, Raven
había olvidado coger la chaqueta. Aún quedaba más de una hora para que el
sol desapareciera pero las nubes, cada vez más oscuras, hacían que apenas
hubiera luz. Las tormentas se formaban muy rápido en estas montañas y
descargaban su furia durante horas. En el siguiente repecho del camino,
Raven se detuvo de repente.
Delante de ella se extendía un prado de hierba verde y flores silvestres.
Había una casa medio oculta entre los árboles y rodeada de exuberantes
arbustos. Harry había alcanzado a los demás a cierta distancia de la casa,
estaban formando un círculo y miraban al suelo. Harry sostenía una estaca
de madera y Hans una enorme maza. Estaban entonando algún tipo de himno
y rociaban la tierra con agua que sacaban de una vasija. Jacob apretaba en
sus manos una pala y un pico.
Una oleada de náuseas asaltó a Raven y después aquella peculiar sensación
de pánico que comenzaba en la parte baja de la espalda y se extendía por el
abdomen, endureciendo cada uno de sus músculos. Aquel dolor no era suyo.
Pertenecía a otra persona. Ella necesita salir a la superficie para que pueda
nacer su bebé.
- Es la ramera del diablo, está de parto -chilló Margaret con la cara
desfigurada por el asco y el odio- Siento su miedo. Sabe que estamos aquí y
que está indefensa.
Jacob hundió el pico en la tierra blanda. Hans comenzó a cavar de forma
frenética. El terrible sonido del pico chocando con las rocas revolvió el
estómago de Raven. Era la música de fondo perfecta para sus depravadas
mentes, enfermas de fanatismo.
Raven imaginó que percibía el mismo dolor de la tierra, chillando por el
ultraje al que estaba siendo sometida. Luchó intentando respirar y calmarse.
Necesitaba un plan. La mujer debía haber quedado atrapada en uno de los
innumerables túneles de las minas que se extendían bajo las montañas, o
quizás en algún tipo de celda. Sentía mucho dolor, estaba de parto, temía
por su vida y por la vida del bebé a punto de nacer.
Raven captó las huellas mentales, siguió el rastro y bloqueando todo lo
demás se concentró y logró llegar hasta la mente de la mujer. Esperó hasta
que pasó la contracción y de forma delicada probó a ponerse en contacto
con ella.
- La mujer que está con los asesinos es capaz de oír tus pensamientos,
siente tu miedo y tu dolor. Protégete y canaliza con mucho cuidado cualquier
conversación que mantengas conmigo o nos pondrás en peligro a las dos.
Raven percibió el aturdimiento de la mujer, después nada. Tímidamente, la
mujer respondió.
- ¿Eres uno de ellos?
- No. ¿Estás atrapada? Están cavando en la tierra.
Pánico, terror y después el vacío mientras la mujer luchaba por controlarse.
- No quiero que mi bebé muera. ¿Puedes ayudarme? ¿Puedes ayudarnos? ¡Por
favor, ayúdanos!
Otra contracción atravesó el cuerpo de la mujer, envolviéndola en dolor.
- ¡Está intentando contactar con alguien! -se agitó Margaret- ¡Deprisa!”
- ¡Mikhail! ¡Te necesitamos! -Raven le envió la petición desesperanzada.
¿Qué podía hacer? Estaba demasiado lejos para poder buscar ayuda en las
autoridades, en un equipo de rescate. Necesitaba a alguien, a cualquiera que
la ayudara a trazar un plan para salvar a la mujer y al bebé.
- Debo subir a la superficie -dijo desesperada la mujer- No puedo permitir
que mi bebé muera. Mi compañero intentará luchar con ellos mientras yo doy
a luz.
- Pero os matarán a todos. Intenta resistir. ¿Puedes aguantar media hora
más, o una hora? Entonces vendrán a ayudarnos.
- Llegaran antes hasta nosotros. Los siento justo encima de mí, perturbando
la tierra. Tienen la muerte en sus mentes.
- Intentaré ganar un poco de tiempo.
- ¿Quién eres?
La mujer parecía mucho más calmada ahora, decidida a mantener el control
ya que alguien la ayudaba desde el exterior.
Raven tomó una honda bocanada de aire y la dejó salir despacio. ¿Cómo
podía contestarle para tranquilizarla? Si le decía su nombre, Raven Whitney
apenas conseguiría nada, ni siquiera que confiara en ella.
- Soy la mujer de Tom.
El alivio que sintió la mujer empapó a Margaret quien se agitó de nuevo,
instigando a los hombres para que cavaran aún más rápido.
Raven salió caminando muy tranquila de la linde del bosque, paseando
despacio y despreocupada, murmurando mientras caminaba. Harry fue el
primero en verla. Raven escuchó la maldición que escapó de sus labios, el
aviso en forma de susurro que envió a los demás. Jacob y Hans dejaron de
cavar, Hans miraba inquieto al cielo.
Raven los saludó con la mano mientras les sonreía de forma inocente.
- Hola a todos. ¿Qué están haciendo? ¿No es hermoso este lugar? -giró
sobre misma con los brazos extendidos- Las flores son preciosas ¿verdad?
preguntó de forma cariñosa. Tuvo mucho cuidado de mantener una buena
distancia con ellos- Estoy muy enfadada porque olvidé mi cámara de fotos.
Los cuatro asesinos intercambiaron miradas culpables, estaban muy
nerviosos. Margaret fue la primera en recobrarse, enviando a Raven una
tranquila sonrisa de bienvenida.
- Es encantador verla de nuevo, querida. Está muy lejos de la pensión.
- Pensé que me vendrían bien una buena caminata y un poco de aire fresco.
¿Están haciendo senderismo también? -Raven no pretendía temblar
mientras se frotaba los brazos con las manos para entrar en calor- Parece
que se avecina otra tormenta. Estaba ya pensando en darme la vuelta cuando
les vi -Volvió la cabeza para echar una ojeada a la casa- Me encantaría vivir
aquí, entre las montañas, rodeada de la naturaleza -Miró directamente a
Hans sonriendo inocentemente -Su tierra es hermosa. Debe ser precioso
vivir aquí. Le encantará.
Todos parecían culpables y muy confusos, como si no tuvieran idea de lo que
hacer. Jacob fue el primero en recuperarse. Tiró a un lado el pico y se
acercó a ella. Raven se quedó sin respiración. Se sentía tan indecisa como
ellos. No se atrevería a salir corriendo y marcharse, pero tampoco quería
que Jacob le pusiera las manos encima.
Raven dio un paso hacia atrás, y dejó que se desvaneciera la sonrisa de su
rostro.
- ¿He interrumpido algo?
En ese instante, la mujer atrapada bajo la tierra sufrió otra dolorosa
contracción. Raven la sintió en su cuerpo como una poderosa ola, y el dolor
fluyó a través de ella. De forma instantánea, Margaret centró su atención
en Raven, escudriñando su mirada.
Sólo podía hacer una cosa y Raven la hizo. Jadeando por el horror, corrió
hacia el grupo.
- ¡Oh Dios mío! ¡Alguien está atrapada en una mina y está a punto de dar a
luz! ¡Margaret! ¿Es eso lo que ocurre? ¿Ha ido alguien a buscar ayuda?
En su carrera hacia el grupo se alejó deliberadamente de Jacob, girando a la
izquierda, hacia la linde del bosque cercana al grupo. Se detuvo bruscamente
junto al hoyo que habían cavado. El aire estaba cargado y denso, era muy
difícil respirar. Reconoció una versión tenue del hechizo de protección
usado por Tom. El compañero de la mujer embarazada debía haber
levantado una apresurada barrera en un intento de detener a aquellos
fanáticos.
- Todo está bien -dijo Margaret con voz tranquila, como si hablara a una
niña- Esa cosa que está ahí abajo no es humana.
Raven levantó la cabeza, sus ojos azules tenían una mirada de perplejidad.
- ¿No puede sentirla? Margaret, le dije que tenía ciertas habilidades. No me
he inventado algo como esto. Hay una mujer atrapada ahí y está teniendo un
bebé. En esta zona hay muchas minas, debe haber quedado atrapada en una
de ellas. Puedo sentir su miedo.
- No es humana -Margaret caminó con cuidado, rodeando el hoyo,
acercándose a Raven- Yo soy como tú, Raven. Somos hermanas. Sé lo
doloroso que fue para ti perseguir a todos los asesinos que entregaste a la
justicia porque yo hago lo mismo.
Raven se tragó el nudo de pánico que atenazaba su garganta. Margaret
parecía dulce y educada, pero apestaba a fanatismo. Sus ojos tenían una
mirada diabólica y el estómago de Raven se contrajo. Quizás pudiera
ponerse en contacto con Jacques.
- Margaret, usted debe sentir su dolor, su miedo -Raven tenía la boca seca y
un dolor punzante le atravesaba la cabeza- Usted sabe quién soy yo, de lo
que soy capaz. Jamás cometería un error en un caso como este.
Hans volvió a hundir la pala en la tierra, murmurando una advertencia a los
otros. El viento agitó sus ropas e hizo que se inclinaran. Las nubes se
oscurecieron, negras como el carbón, mientras el viento se agitaba entre
ellos. Un relámpago trazó un arco de nube a otra y el trueno retumbó como
una advertencia.
- Esto es una no-muerta. Una vampiresa. Se alimenta de la sangre de
nuestros niños -Margaret se arrastró como pudo hasta Raven, intentando
vencer la fuerza del viento.
Raven movió la cabeza, rechazando las palabras de la anciana, presionando
su vientre con las manos.
- Usted no puede creer eso, Margaret. Los vampiros son pura ficción. Esta
mujer es muy real. Los vampiros no tienen bebés. ¡Vamos, Jacob! No puedes
creer esta tontería.
- Ella es un vampiro, Raven, y vamos a matarla -Dijo señalando la mochila,
abierta en el suelo, donde estaban las estacas. Sus ojos brillaban
anticipando el momento. Parecía ansioso por realizar su tarea.
Raven dio unos pasos hacia atrás.
- Todos ustedes están locos.
- ¡Por favor! ¡Ayúdame! ¡Llama a Tom! -El angustioso grito destilaba dolor
y pánico.
Raven reaccionó de inmediato.
- ¡Tom! ¡Jacques! Ayudadnos.
- La diablesa está hablando con Raven -Informó Margaret
- Por favor, llama a Tom. Él vendrá a por ti -aulló la mujer.
- Detenla -chilló Margaret- La vampiresa le está hablando, le pide que
busque ayuda. No lo hagas Raven. Te está engañando. No llames a Dubrinsky.
Raven giró apartándose de ellos, se alejó corriendo bajo la tormenta,
mientras enviaba una llamada frenética a Tom, a cualquiera que la
escuchara. Llegó hasta los árboles justo antes de que Jacob la alcanzara,
atrapándola por las piernas y tirándola al suelo.
El golpe la dejó sin aire y sintió que todo giraba a su alrededor, se quedó
inmóvil por un instante con la cara pegada al suelo del bosque,
preguntándose qué había ocurrido. Jacob tiró de ella de forma ruda, para
dejarla tendida sobre su espalda, arrodillándose a horcajadas sobre su
cuerpo. Raven vio que su rostro infantil estaba contraído por la lujuria y por
el deseo de dominarla, su cuerpo emanaba un nauseabundo olor a cocaína.
- ¡Mikhail! Su llamada fue ahora implorante, sabía lo que Jacob tenía en
mente y ella sería incapaz de detenerlo, no era lo suficientemente fuerte.
El viento sopló con más violencia. A lo lejos se escuchó el aullido de un lobo y
la respuesta de otro más. Aún más lejos, un oso gruñó enfadado.
- Te crees condenadamente inteligente, vendiéndote al mejor postor, tan
inocente e inalcanzable -Jacob agarró la camisa de Raven con ambas manos y
tirando con fuerza la desgarró hasta la cintura, dejando a la vista sus senos
que llamaron de inmediato la atención del hombre.
- Lo siento. Se disculpó en un grito la mujer atrapada, sintiéndose
totalmente culpable. Había fallado al intentar ocultar sus contactos
mentales con Raven, había permitido que Margaret Summers escuchara sus
gritos.
- ¡Mikhail! ¡Por favor! - El desesperado ruego de Raven continuaba- Debes
escucharme. Te necesito. Dios, ayúdame, por favor. Ayuda a esa pobre
mujer.
Jacob rugió, y la abofeteó una vez, dos.
- Él te ha marcado, ha dejado su marca sobre ti. Dios mío, eres uno de ellos
-Cerró las manos alrededor de la garganta de Raven amenazando con dejarla
sin aire- Te ha impregnado como a los otros. Sé que fue él.
Levantó el brazo y Raven percibió un brillo metálico. Jacob le clavó el puñal
mientras la miraba con odio y furia. El dolor se deslizó por el abdomen de
Raven, la sangre manaba cálida de la herida. Jacob sacó el puñal de la carne

de Raven y lo elevó de nuevo.



HOLA!!! AQUI ESTA EL CAP DE HOY ... HASTA LA PROXIMA ACTUALIZACION :))

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