CAPITULO 16
Raven fue consciente poco a poco del lugar donde se
encontraba.
Estaba en una cama, desnuda; Tom estaba a su lado y
enredaba
los dedos en su pelo húmedo. Reconoció el tacto de sus
manos
trenzándole la melena con movimientos tranquilos y
sosegados, de
forma práctica haciendo que se sintiera cómoda a pesar de
su mente
nublada. Parecía estar en un viejo castillo, pequeño e
inevitablemente
construido para resistir un ataque. La habitación estaba
caldeada, y
Tom había estrujado y quemado hierbas aromáticas que
esparcían
su olor añadiendo un toque de romanticismo a la ya de por
sí
romántica luz de las velas. Se había bañado, y también la
había
bañado a ella, de modo que sus cuerpos olían al jabón de
hierbas que
él usaba; se tomó su tiempo para trenzar el cabello
mientras Raven
trataba de orientarse en la desconocida estancia. Tom
rozó su
mente, encontró confusión, y una firme decisión de
permanecer
cuerda; se sentía atemorizada por su presencia, y aún le
asustaba
más el hecho de confiar en su propia visión de lo
sucedido. Raven
estudió con detenimiento cada rincón de la habitación,
cada muro,
cada detalle, mientras su corazón latía frenético a sus
propios oídos;
era un lugar hermoso. El fuego ardía alegre en la
chimenea; unas
largas velas puntiagudas desprendían una ligera fragancia
que se
mezclaba con el relajante aroma de las hierbas sanadoras.
Una Biblia
hermosamente encuadernada yacía en la pequeña mesita de
noche,
junto a la cama. No reconoció nada, pero todo le
resultaba
vagamente familiar.
El edredón era grueso y cálido, muy suave sobre su piel
desnuda;
entonces cayó en la cuenta de que no tenía nada de ropa.
En un
principio se sintió vulnerable y tímida; al rato, volvió
a percibir la
sensación de estar en el lugar apropiado, de pertenecer a
ese lugar y
a ese hombre. Sus caricias le eran familiares, y
despertaban
alarmantes sensaciones en su cuerpo.
- ¿Qué le hiciste a Monique y a su marido? –preguntó
aferrando con
fuerza el edredón entre sus dedos. Intentó ignorar el
calor que
desprendía el cuerpo masculino al acercarse a ella y
rozar su piel, al
sentir el áspero roce de su velludo pecho contra su
espalda, al sentir
su miembro endurecido contra sus nalgas. Él se sentía a
gusto; se
sentía parte de ella.
Tom depositó un beso en un moratón de su cuello,
deslizando la
lengua en una sedosa caricia hasta el lugar donde latía
el pulso. El
cuerpo de Raven se tensó por la anticipación; su mente
parecía
confusa.
- Están a salvo, en su casa, amándose el uno al otro como
debe ser.
No recuerdan nada de lo sucedido con André, ni las
atrocidades que
cometió con ellos. Creen que somos amigos, buenos amigos
–dijo
besándole otro moratón, una caricia ligera como el roce
de una pluma
que hizo que la sangre de Raven se encendiera. Tom movió
entonces las manos hacia la estrecha cintura,
deslizándose por el
talle hasta aprisionar los pechos entre sus manos. Volvió
a rozar su
mente, y al contacto, Raven se alejó de él.
- ¿Por qué me temes, Raven? Has visto lo peor de mí, me
has visto
como un asesino, como el brazo que imparte la justicia de
nuestra
gente –sus dedos acariciaban los pezones en un roce lento
y sensual
que hacía que oleadas de calor ascendieran por el cuerpo
de Raven-
¿Crees que hay maldad en mí? Sumérgete en mi mente,
pequeña;
me resulta imposible esconderte nada. Jamás te he
ocultado mi
verdadera naturaleza; antes me veías con compasión y me
mirabas
con amor; me aceptabas. ¿Acaso lo has olvidado todo?
Raven cerró los ojos; la sombra de sus largas pestañas
cayó sobre
sus pómulos.
- Ya no sé qué creer.
- Bésame, Raven. Une tu mente a la mía; une tu cuerpo al
mío para
que seamos un solo ser. Antes confiabas en mí; hazlo de
nuevo.
Mírame con los ojos del amor, con los ojos del perdón por
las cosas
que estuve obligado a hacer, por la bestia que habita en
mí. No me
mires a través de los ojos de alguien que deseaba
destruirnos, a
nosotros y a los nuestros. Entrégate a mí –su voz era
seductora, un
hechizo de magia negra. Sus manos acariciaban cada
centímetro de
su adorable piel; se conocía de memoria cada curva, cada
hoyuelo.
Su cuerpo ardía de necesidad y su hambre despertaba. Y la
de ella
junto a la de él. Muy suavemente, para no alarmarla, Tom
aprisionó el esbelto cuerpo de Raven contra el edredón,
cubriéndolo
con su cuerpo mucho más musculoso y grande. Era pequeña y
demasiado frágil bajo sus caricias.
- ¿Por qué te has convertido en mi vida, Tom? Siempre he
estado
sola, he sido fuerte y he tenido confianza en mí misma;
tú te has
apropiado de todo.
Sus manos resbalaron por los contornos del cuerpo de
Raven hasta
llegar a su rostro y enmarcarlo entre ellas.
- Eres mi única y verdadera vida, Raven. He de reconocer
que te
arranqué de todo lo que te era familiar, pero jamás pensé
en
mantenerte aislada. Sé lo que la soledad conlleva, lo que
es una vida
solitaria; ellos te usaban Raven, te utilizaban, habrían
acabado
contigo. ¿No sientes que eres mi otra mitad, que yo soy
tu otra
mitad? –La besó en los párpados, en las mejillas, en las
comisuras de
los labios- Bésame, Raven. Recuérdame.
Raven abrió los ojos, alzando sus largas pestañas para
buscar con los
ojos azules la negra y hambrienta mirada de Tom. El azul
era
oscuro, casi púrpura. La intensa mirada de Tom era
ardiente,
apasionada, como su cuerpo.
- Si te beso, Tom, no seré capaz de detenerme.
La boca de Tom encontró su garganta, el valle entre sus
pechos, y
se detuvo por un instante en el lugar donde latía su
corazón,
mordisqueando la sensible piel antes de volver a su boca.
- Soy un hombre de los Cárpatos que ha vivido mucho
tiempo en la
oscuridad. Es verdad que mi capacidad de sentir es
pequeña, que mi
naturaleza se deleita en el placer de la caza, en el
placer de matar.
Para imponernos a la bestia que llevamos dentro, debemos
encontrar
a nuestra compañera, a nuestra otra mitad, a la luz que
ilumina
nuestra oscuridad. Tú eres mi luz, Raven, eres mi vida.
Pero eso no
significa que tenga que abandonar mis obligaciones para
con mi
pueblo. Debo cazar a aquellos que se ceban en los
humanos, a
aquellos que matan a nuestra gente. No puedo permitirme
ningún
sentimiento mientras lo hago, o la locura me estaría
esperando al
final del camino; bésame, une tu mente a la mía. Ámame
por lo que
soy.
El cuerpo de Raven ardía en deseos, hambriento y febril
por sus
caricias. El corazón de Tom latía con fuerza; su piel
abrasaba y sus
músculos aparecían duros sobre la suavidad del cuerpo de
Raven.
Cada roce de sus labios hacía que saltaran chispas de su
cuerpo,
crujiendo el aire a su alrededor.
- No puedo mentirte –susurró Tom- Conoces mis
pensamientos;
conoces la bestia que habita en mí. Intento ser dulce
contigo y
escucharte cada vez que esa bestia lucha por liberarse,
pero tú
consigues domarla, Raven. Por favor, te necesito. Y tú me
necesitas.
Tu cuerpo está débil, percibo tu hambre. Tu mente está
fragmentada;
déjame que te cure. Tu cuerpo llama a gritos al mío.
Bésame, Raven.
No nos abandones a ambos.
Los ojos azules continuaron estudiando el rostro de Tom,
deteniéndose sobre los sensuales labios, de los que brotó
un
repentino suspiro. Esperando su respuesta, Tom unió sus
labios a
los de Raven.
Raven lo reconoció entonces, sus ojos se lo dijeron. Y
después sus
manos, que acariciaron su cabeza mientras la ternura
bañaba su
delgado cuerpo por completo.
- Me temo que estoy asustada de ser esa parte que te
completa
Tom. No puede ser real, no puede ser tan perfecto. No
quiero que
te conviertas en lo que soñé, no quiero que esa pesadilla
se haga
realidad –entonces, atrajo el rostro de Tom hacia el suyo
y se
fundió en un apasionado beso. El trueno resonó en su
cabeza, en la
de él. Un calor abrasador los consumía a ambos; la mente
de Tom
rozó por un instante la de Raven, tentadora, y no
encontró
resistencia; se fundió con ella sin reservas y su febril
necesidad junto
con la salvaje y desbocada pasión que sentía se
convirtieron en las de
su compañera, alimentándola, haciéndole saber que él era
real y que
jamás la abandonaría, que jamás podría dejarla sola.
Tom bebió de su dulzura mientras exploraba con la lengua
cada
rincón de la suave boca de Raven, haciendo que las llamas
de la
pasión ardieran y crepitaran en torno a ellos. La cogió
de las caderas,
tan pequeñas entre sus manos, y la acercó para poder
separarle con
facilidad los muslos. La boca de Raven, húmeda y ansiosa,
acariciaba
los fuertes músculos del pecho de Tom, su lengua rozaba
el pulso
en el cuello y él sentía como sus entrañas se contraían,
su cuerpo
ardía y su miembro se inflamaba hasta tal extremo que
temía estallar
y escapar de los confines de sus límites físicos. Tom
aferró la
trenza por la nuca, acercándola aún más a él, mientras
con la otra
mano se internaba en el suave triángulo de rizos; estaba
húmeda y
ardiente por la necesidad. Murmuró el nombre de Raven en
voz
queda, mientras la penetraba con fuerza y rapidez. La
lengua de
Raven se detuvo en una lenta caricia sobre la piel del
cuello,
mordisqueando mientras el corazón de Tom saltaba de
placer, y su
miembro se hundía en el pasadizo húmedo y estrecho, ardiente
como
el fuego, suave como el terciopelo. Los dientes se
clavaron aún más,
con urgencia, y Tom gritó sumido en el más profundo
éxtasis,
presionando la cabeza de Raven con fuerza sobre su pecho
mientras
con certeros envites la penetraba cada vez más
profundamente,
mientras su sangre, rica, cálida y poderosa alimentaba su
hambriento
cuerpo.
Tom sabía que su control pendía de un hilo, con ambas
manos
elevaba las caderas de Raven para conseguir que la
fricción fuera aún
más salvaje, haciendo que ella se aproximara al borde del
abismo,
presionando con fiereza el rígido miembro de Tom con su
vagina,
hasta que, dulcemente, Tom la alejó de su cuello y ella
lo dejó que
hundiera sus dientes en la suave curva de su pecho. Raven
jadeó y
acunó la cabeza de su compañero mientras él se alimentaba
con
voracidad, con el cuerpo rígido y tomando posesión del
suyo. Las
secuelas de su miedo a perderla y de la violencia que lo
había poseído
esa noche dejaban huella en el cuerpo de Raven. La pasión
aumentaba, las llamas los consumían, los cuerpos bañados
en sudor
mientras Tom aferraba a Raven elevándola hasta su boca,
lánguida
y sedosa, enfebrecida. Y entonces fueron un solo ser, un
solo cuerpo,
una sola mente y un único corazón que bombeaba la misma
sangre.
El grito de Tom fue áspero y entrecortado, y se mezcló
con los
suaves gemidos guturales de Raven mientras estallaban en
pedazos
hundiéndose en oleadas de placer.
- No puedo perderte, pequeña. Eres la parte
buena que hay en mí. Te
amo mucho más de lo que jamás pueda expresar
con palabras –le
dijo Tom con la mente, mientras depositaba pequeños besos
sobre
su rostro y su pelo, aún húmedo.
Raven lamió una pequeña gota de sudor sobre el pecho de Tom,
y
le sonrió con cansancio.
- Creo que siempre te reconocería, Tom, sin importar lo
dañada
que pudiera estar mi mente.
Tom se giró sobre la cama, llevando a Raven consigo para
no
descargar su peso sobre ella.
- Así es como ha de ser, Raven. Has sufrido demasiado
durante los
últimos días, y jamás podré olvidarlo, lo guardaré en mi
mente para
toda la eternidad. Mañana al anochecer nos iremos de esta
región. El
vampiro está muerto, pero ha dejado tras él un rastro que
puede
poner en peligro a todos los nuestros. Debemos mudarnos a
un lugar
mucho más aislado, donde nuestra gente quizás pueda
sobrevivir a la
persecución que estar por venir –le confesó mientras le
alzaba el
brazo para examinar las cicatrices que André le causó.
- ¿Estás seguro de que habrá una persecución?
Una amarga sonrisa cruzó por el rostro de Tom mientras
con un
movimiento de la mano apagaba las velas.
- Ya he presenciado los indicios muchas veces en mi vida.
Vendrán,
los asesinos vendrán y sufrirán tanto los humanos como la
raza de
los Cárpatos por igual. Nos alejaremos de aquí durante
veinticinco
años, medio siglo quizás, y nos daremos tiempo para
reorganizarnos
–buscó las cicatrices con la boca, bañándolas en sus
caricias
curativas. Era reconfortante y Raven se dejó hacer. Bajó
los
párpados, los olores de ambos y de su reciente unión aún
flotaban en
la estancia, era una fragancia relajante.
- Te amo, Tom; todo lo que eres, incluso amo a la bestia
que hay
en ti. No sé por qué estuve tan confusa, no eres malvado;
lo veo con
claridad.
- Duerme en mis brazos, pequeña, el lugar que te pertenece
–Tom
levantó el edredón para cubrir sus cuerpos y rodeó con
brazos
protectores a Raven, enviando la orden de dormir a ambos.
Un reducido grupo de personas se congregó en la oscuridad
del
pequeño cementerio. Jacques se veía pálido y macilento,
la herida del
cuello aún no había curado del todo, y todavía se podía
ver una
horrible cicatriz. Pasó el brazo sobre los delgados
hombros de Raven,
tambaleándose un poco al sentirse inseguro. Raven le
dirigió una
rápida y reconfortante sonrisa. Detrás de ellos, Byron se
mantenía
alerta, asegurándose de que su amigo no se cayera. En el
exterior del
recinto sagrado, Aidan permanecía solo, alto y con el
cuerpo tenso,
con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. El
cementerio
estaba en los dominios del castillo, era antiguo, de
exquisita
arquitectura y la capilla era pequeña pero muy hermosa.
Las vidrieras
y la alta torre del campanario arrojaban una sombra
oscura que
atravesaba el camposanto. Lápidas de piedra hechas
pedazos,
ángeles y cruces fueron los testigos de la orden que Tom
dio a la
tierra para que se abriera. Por consideración al Padre
Hummer,
Gregori había hecho un ataúd de madera, delicadamente
tallado con
antiguas figuras religiosas. Depositó la caja muy
despacio en brazos
de la tierra y se retiró. Tom hizo la señal de la cruz,
recitó las
palabras rituales del enterramiento, y derramó agua
bendita sobre el
ataúd del Padre.
- Él fue mi amigo, mi guía en mis horas funestas, y un
profundo
creyente en la necesidad de que nuestra raza continuara
su
existencia. Jamás conocí a un hombre, ni humano, ni de mi
estirpe,
con más bondad y luz en su interior. Dios brillaba en su
corazón y en
sus ojos.
Tom volvió a mover la mano y la tierra se cerró, sin
dejar huella de
lo sucedido. Inclinó la cabeza, y luchó contra el
repentino dolor,
sintiendo como unas inesperadas lágrimas bajaban por sus
mejillas,
manchando su rostro con un rastro rojizo. Fue Gregori
quien aseguró
la lápida, y fue Gregori, un escéptico y un no-creyente,
quien dirigió
la oración final. Su voz se alzaba hermosa e hipnótica,
mientras
rezaba en latín la antigua plegaria en honor al Padre
Hummer.
Tom aspiró el aire de la noche, transmitiendo su pesar a
los lobos,
que respondieron con un coro de dolorosos aullidos que se
extendieron por el lúgubre bosque.
El cuerpo de Gregori fue el primero en contraerse y las
plumas
emitieron destellos brillantes a la luz de la luna. Las
alas de metro y
medio de longitud se extendieron en el aire mientras
planeaba hasta
posarse en la rama más alta de un árbol cercano,
asegurándose
firmemente con las garras. El cuerpo del búho permaneció
completamente inmóvil, fundido con la oscuridad de la
noche, en
espera. Aidan fue el siguiente, dando forma a un enorme
ejemplar
con un característico color dorado, poderoso y letal, e
igual de
silencioso que Gregori. El cuerpo alado de Byron era más
pequeño,
más compacto, sus plumas blancas como la nieve. Tom se
agitó en
las sombras mientras tomaba impulso para ascender en el
cielo, con
los otros tres búhos a su estela. En perfecta
sincronización, se
alzaron sobre el cielo, con las plumas brillantes al
batir de las alas,
volando en silencio hacia las nubes que cubrían el
bosque. El viento
pasaba veloz alrededor de sus cuerpos, bajo sus alas,
llevándose
cualquier vestigio de tristeza y violencia que el vampiro
hubiera
podido dejar.
En lo alto del cielo, giraron y se inclinaron
súbitamente, la
sincronización de los cuatro era perfecta. La alegría
borraba la
tristeza y el pesado fardo de las responsabilidades del
corazón de
Tom, aligeraba el sentimiento de culpa sustituyéndolo por
el
deleite. Las poderosas alas batían con fuerza mientras
atravesaban el
cielo y Tom compartía su regocijo con Raven simplemente
porque
le resultaba demasiado guardárselo para sí mismo en el
interior del
cuerpo del búho. Repentinamente, Raven lo sintió,
recorrió su cuerpo,
una invitación, una poderosa necesidad de compartir el
placer de la
vida de los que ahora eran su familia. La vida de la
Estirpe de los
Cárpatos.
- Piensa mi amor, visualiza la imagen que voy
a introducir en tu
mente. Confía en mí como nunca antes lo has
hecho. Déjame hacerte
este regalo.
Raven no dudó ni un solo instante; con una firme
confianza en
Tom, se entregó a su cuidado, y alcanzó ansiosa la
visión. La ligera
inquietud, la extraña desorientación que su cuerpo físico
sufrió al
desintegrarse, no la hicieron flaquear. Las plumas
crecieron con
rapidez y emitieron brillantes destellos.
Junto a ella, Jacques dio un paso atrás, permitiendo a la
pequeña
hembra de búho que saltara hasta la cabeza de un enorme
ángel de
piedra, antes de que su poderoso cuerpo se doblara y
cambiara de
forma. Se lanzaron al vuelo a la par, maravillándose al
unirse a los
cuatro poderosos búhos que volaban en círculos sobre
ellos.
Uno de los machos rompió la formación y rodeó a la
pequeña
hembra, colocándose sobre ella para cubrir su cuerpo con
una de sus
alas. De forma juguetona, la hembra descendió para
alejarse del
protector macho y los otros la rodearon limitando sus travesuras
mientras aprendía el placer de volar con total libertad.
Mantuvieron a
la hembra en el centro del grupo, girando sobre el
bosque, y
ascendiendo cada vez más, internándose en la niebla.
Durante un
rato, se dedicaron a juguetear girando y bajando, para
ascender muy
alto y descender en picado hacia la tierra, alzándose en
el último
momento para sobrevolar los árboles y el espeso manto de
niebla.
Más tarde, adoptaron un ritmo placentero, con la hembra
aún en el
centro. Tom sentía como la noche se llevaba todo rastro
de
tensión, esparciéndola a los cuatro vientos. Se llevaría
muy lejos a
Raven, lejos del pueblo, y le daría tiempo para aprender
todas sus
costumbres; ella representaba el futuro de su estirpe, su
futuro. Era
su vida, su alegría, su razón de vivir. Era su punto de
unión a la
bondad del mundo. Y tenía la intención de que la vida de
Raven
estuviera rebosante de felicidad. Tom descendió un poco y
cubrió
el cuerpo de Raven con el suyo, sumergiéndose en su
mente,
compartiendo su alegría. Raven respondió inundando la
mente de
Tom de amor y calidez, y de una maravillosa risa infantil
ante los
nuevos sonidos, olores y visiones que estaba
experimentando. Se
unió a él en veloz carrera sobre el cielo, con su risa
resonando en la
mente de todos ellos. Ella era la esperanza para el
futuro.
FIN
HOLA!! BUENO AQUI ACABA EL PRIMER LIBRO ... ESPERO Y LES HAYA GUSTADO ... BUENO CONTINUA DESEO OSCURO.
AUTORA: CHRISTINE FEEHAN
TOM DUBRINSKY: MIKHAIL DUBRINSKY
...
Sigueee
ResponderEliminarHermoso final!
ResponderEliminarSiguelaa ;)