lunes, 30 de mayo de 2016

16 - FINAL

CAPITULO 16
Raven fue consciente poco a poco del lugar donde se encontraba.
Estaba en una cama, desnuda; Tom estaba a su lado y enredaba
los dedos en su pelo húmedo. Reconoció el tacto de sus manos
trenzándole la melena con movimientos tranquilos y sosegados, de
forma práctica haciendo que se sintiera cómoda a pesar de su mente
nublada. Parecía estar en un viejo castillo, pequeño e inevitablemente
construido para resistir un ataque. La habitación estaba caldeada, y
Tom había estrujado y quemado hierbas aromáticas que esparcían
su olor añadiendo un toque de romanticismo a la ya de por sí
romántica luz de las velas. Se había bañado, y también la había
bañado a ella, de modo que sus cuerpos olían al jabón de hierbas que
él usaba; se tomó su tiempo para trenzar el cabello mientras Raven
trataba de orientarse en la desconocida estancia. Tom rozó su
mente, encontró confusión, y una firme decisión de permanecer
cuerda; se sentía atemorizada por su presencia, y aún le asustaba
más el hecho de confiar en su propia visión de lo sucedido. Raven
estudió con detenimiento cada rincón de la habitación, cada muro,
cada detalle, mientras su corazón latía frenético a sus propios oídos;
era un lugar hermoso. El fuego ardía alegre en la chimenea; unas
largas velas puntiagudas desprendían una ligera fragancia que se
mezclaba con el relajante aroma de las hierbas sanadoras. Una Biblia
hermosamente encuadernada yacía en la pequeña mesita de noche,
junto a la cama. No reconoció nada, pero todo le resultaba
vagamente familiar.
El edredón era grueso y cálido, muy suave sobre su piel desnuda;
entonces cayó en la cuenta de que no tenía nada de ropa. En un
principio se sintió vulnerable y tímida; al rato, volvió a percibir la
sensación de estar en el lugar apropiado, de pertenecer a ese lugar y
a ese hombre. Sus caricias le eran familiares, y despertaban
alarmantes sensaciones en su cuerpo.
- ¿Qué le hiciste a Monique y a su marido? –preguntó aferrando con
fuerza el edredón entre sus dedos. Intentó ignorar el calor que
desprendía el cuerpo masculino al acercarse a ella y rozar su piel, al
sentir el áspero roce de su velludo pecho contra su espalda, al sentir
su miembro endurecido contra sus nalgas. Él se sentía a gusto; se
sentía parte de ella.
Tom depositó un beso en un moratón de su cuello, deslizando la
lengua en una sedosa caricia hasta el lugar donde latía el pulso. El
cuerpo de Raven se tensó por la anticipación; su mente parecía
confusa.
- Están a salvo, en su casa, amándose el uno al otro como debe ser.
No recuerdan nada de lo sucedido con André, ni las atrocidades que
cometió con ellos. Creen que somos amigos, buenos amigos –dijo
besándole otro moratón, una caricia ligera como el roce de una pluma
que hizo que la sangre de Raven se encendiera. Tom movió
entonces las manos hacia la estrecha cintura, deslizándose por el
talle hasta aprisionar los pechos entre sus manos. Volvió a rozar su
mente, y al contacto, Raven se alejó de él.
- ¿Por qué me temes, Raven? Has visto lo peor de mí, me has visto
como un asesino, como el brazo que imparte la justicia de nuestra
gente –sus dedos acariciaban los pezones en un roce lento y sensual
que hacía que oleadas de calor ascendieran por el cuerpo de Raven-
¿Crees que hay maldad en mí? Sumérgete en mi mente, pequeña;
me resulta imposible esconderte nada. Jamás te he ocultado mi
verdadera naturaleza; antes me veías con compasión y me mirabas
con amor; me aceptabas. ¿Acaso lo has olvidado todo?
Raven cerró los ojos; la sombra de sus largas pestañas cayó sobre
sus pómulos.
- Ya no sé qué creer.
- Bésame, Raven. Une tu mente a la mía; une tu cuerpo al mío para
que seamos un solo ser. Antes confiabas en mí; hazlo de nuevo.
Mírame con los ojos del amor, con los ojos del perdón por las cosas
que estuve obligado a hacer, por la bestia que habita en mí. No me
mires a través de los ojos de alguien que deseaba destruirnos, a
nosotros y a los nuestros. Entrégate a mí –su voz era seductora, un
hechizo de magia negra. Sus manos acariciaban cada centímetro de
su adorable piel; se conocía de memoria cada curva, cada hoyuelo.
Su cuerpo ardía de necesidad y su hambre despertaba. Y la de ella
junto a la de él. Muy suavemente, para no alarmarla, Tom
aprisionó el esbelto cuerpo de Raven contra el edredón, cubriéndolo
con su cuerpo mucho más musculoso y grande. Era pequeña y
demasiado frágil bajo sus caricias.
- ¿Por qué te has convertido en mi vida, Tom? Siempre he estado
sola, he sido fuerte y he tenido confianza en mí misma; tú te has
apropiado de todo.
Sus manos resbalaron por los contornos del cuerpo de Raven hasta
llegar a su rostro y enmarcarlo entre ellas.
- Eres mi única y verdadera vida, Raven. He de reconocer que te
arranqué de todo lo que te era familiar, pero jamás pensé en
mantenerte aislada. Sé lo que la soledad conlleva, lo que es una vida
solitaria; ellos te usaban Raven, te utilizaban, habrían acabado
contigo. ¿No sientes que eres mi otra mitad, que yo soy tu otra
mitad? –La besó en los párpados, en las mejillas, en las comisuras de
los labios- Bésame, Raven. Recuérdame.
Raven abrió los ojos, alzando sus largas pestañas para buscar con los
ojos azules la negra y hambrienta mirada de Tom. El azul era
oscuro, casi púrpura. La intensa mirada de Tom era ardiente,
apasionada, como su cuerpo.
- Si te beso, Tom, no seré capaz de detenerme.
La boca de Tom encontró su garganta, el valle entre sus pechos, y
se detuvo por un instante en el lugar donde latía su corazón,
mordisqueando la sensible piel antes de volver a su boca.
- Soy un hombre de los Cárpatos que ha vivido mucho tiempo en la
oscuridad. Es verdad que mi capacidad de sentir es pequeña, que mi
naturaleza se deleita en el placer de la caza, en el placer de matar.
Para imponernos a la bestia que llevamos dentro, debemos encontrar
a nuestra compañera, a nuestra otra mitad, a la luz que ilumina
nuestra oscuridad. Tú eres mi luz, Raven, eres mi vida. Pero eso no
significa que tenga que abandonar mis obligaciones para con mi
pueblo. Debo cazar a aquellos que se ceban en los humanos, a
aquellos que matan a nuestra gente. No puedo permitirme ningún
sentimiento mientras lo hago, o la locura me estaría esperando al
final del camino; bésame, une tu mente a la mía. Ámame por lo que
soy.
El cuerpo de Raven ardía en deseos, hambriento y febril por sus
caricias. El corazón de Tom latía con fuerza; su piel abrasaba y sus
músculos aparecían duros sobre la suavidad del cuerpo de Raven.
Cada roce de sus labios hacía que saltaran chispas de su cuerpo,
crujiendo el aire a su alrededor.
- No puedo mentirte –susurró Tom- Conoces mis pensamientos;
conoces la bestia que habita en mí. Intento ser dulce contigo y
escucharte cada vez que esa bestia lucha por liberarse, pero tú
consigues domarla, Raven. Por favor, te necesito. Y tú me necesitas.
Tu cuerpo está débil, percibo tu hambre. Tu mente está fragmentada;
déjame que te cure. Tu cuerpo llama a gritos al mío. Bésame, Raven.
No nos abandones a ambos.
Los ojos azules continuaron estudiando el rostro de Tom,
deteniéndose sobre los sensuales labios, de los que brotó un
repentino suspiro. Esperando su respuesta, Tom unió sus labios a
los de Raven.
Raven lo reconoció entonces, sus ojos se lo dijeron. Y después sus
manos, que acariciaron su cabeza mientras la ternura bañaba su
delgado cuerpo por completo.
- Me temo que estoy asustada de ser esa parte que te completa
Tom. No puede ser real, no puede ser tan perfecto. No quiero que
te conviertas en lo que soñé, no quiero que esa pesadilla se haga
realidad –entonces, atrajo el rostro de Tom hacia el suyo y se
fundió en un apasionado beso. El trueno resonó en su cabeza, en la
de él. Un calor abrasador los consumía a ambos; la mente de Tom
rozó por un instante la de Raven, tentadora, y no encontró
resistencia; se fundió con ella sin reservas y su febril necesidad junto
con la salvaje y desbocada pasión que sentía se convirtieron en las de
su compañera, alimentándola, haciéndole saber que él era real y que
jamás la abandonaría, que jamás podría dejarla sola.
Tom bebió de su dulzura mientras exploraba con la lengua cada
rincón de la suave boca de Raven, haciendo que las llamas de la
pasión ardieran y crepitaran en torno a ellos. La cogió de las caderas,
tan pequeñas entre sus manos, y la acercó para poder separarle con
facilidad los muslos. La boca de Raven, húmeda y ansiosa, acariciaba
los fuertes músculos del pecho de Tom, su lengua rozaba el pulso
en el cuello y él sentía como sus entrañas se contraían, su cuerpo
ardía y su miembro se inflamaba hasta tal extremo que temía estallar
y escapar de los confines de sus límites físicos. Tom aferró la
trenza por la nuca, acercándola aún más a él, mientras con la otra
mano se internaba en el suave triángulo de rizos; estaba húmeda y
ardiente por la necesidad. Murmuró el nombre de Raven en voz
queda, mientras la penetraba con fuerza y rapidez. La lengua de
Raven se detuvo en una lenta caricia sobre la piel del cuello,
mordisqueando mientras el corazón de Tom saltaba de placer, y su
miembro se hundía en el pasadizo húmedo y estrecho, ardiente como
el fuego, suave como el terciopelo. Los dientes se clavaron aún más,
con urgencia, y Tom gritó sumido en el más profundo éxtasis,
presionando la cabeza de Raven con fuerza sobre su pecho mientras
con certeros envites la penetraba cada vez más profundamente,
mientras su sangre, rica, cálida y poderosa alimentaba su hambriento
cuerpo.
Tom sabía que su control pendía de un hilo, con ambas manos
elevaba las caderas de Raven para conseguir que la fricción fuera aún
más salvaje, haciendo que ella se aproximara al borde del abismo,
presionando con fiereza el rígido miembro de Tom con su vagina,
hasta que, dulcemente, Tom la alejó de su cuello y ella lo dejó que
hundiera sus dientes en la suave curva de su pecho. Raven jadeó y
acunó la cabeza de su compañero mientras él se alimentaba con
voracidad, con el cuerpo rígido y tomando posesión del suyo. Las
secuelas de su miedo a perderla y de la violencia que lo había poseído
esa noche dejaban huella en el cuerpo de Raven. La pasión
aumentaba, las llamas los consumían, los cuerpos bañados en sudor
mientras Tom aferraba a Raven elevándola hasta su boca, lánguida
y sedosa, enfebrecida. Y entonces fueron un solo ser, un solo cuerpo,
una sola mente y un único corazón que bombeaba la misma sangre.
El grito de Tom fue áspero y entrecortado, y se mezcló con los
suaves gemidos guturales de Raven mientras estallaban en pedazos
hundiéndose en oleadas de placer.
- No puedo perderte, pequeña. Eres la parte buena que hay en mí. Te
amo mucho más de lo que jamás pueda expresar con palabras –le
dijo Tom con la mente, mientras depositaba pequeños besos sobre
su rostro y su pelo, aún húmedo.
Raven lamió una pequeña gota de sudor sobre el pecho de Tom, y
le sonrió con cansancio.
- Creo que siempre te reconocería, Tom, sin importar lo dañada
que pudiera estar mi mente.
Tom se giró sobre la cama, llevando a Raven consigo para no
descargar su peso sobre ella.
- Así es como ha de ser, Raven. Has sufrido demasiado durante los
últimos días, y jamás podré olvidarlo, lo guardaré en mi mente para
toda la eternidad. Mañana al anochecer nos iremos de esta región. El
vampiro está muerto, pero ha dejado tras él un rastro que puede
poner en peligro a todos los nuestros. Debemos mudarnos a un lugar
mucho más aislado, donde nuestra gente quizás pueda sobrevivir a la
persecución que estar por venir –le confesó mientras le alzaba el
brazo para examinar las cicatrices que André le causó.
- ¿Estás seguro de que habrá una persecución?
Una amarga sonrisa cruzó por el rostro de Tom mientras con un
movimiento de la mano apagaba las velas.
- Ya he presenciado los indicios muchas veces en mi vida. Vendrán,
los asesinos vendrán y sufrirán tanto los humanos como la raza de
los Cárpatos por igual. Nos alejaremos de aquí durante veinticinco
años, medio siglo quizás, y nos daremos tiempo para reorganizarnos
–buscó las cicatrices con la boca, bañándolas en sus caricias
curativas. Era reconfortante y Raven se dejó hacer. Bajó los
párpados, los olores de ambos y de su reciente unión aún flotaban en
la estancia, era una fragancia relajante.
- Te amo, Tom; todo lo que eres, incluso amo a la bestia que hay
en ti. No sé por qué estuve tan confusa, no eres malvado; lo veo con
claridad.
- Duerme en mis brazos, pequeña, el lugar que te pertenece –Tom
levantó el edredón para cubrir sus cuerpos y rodeó con brazos
protectores a Raven, enviando la orden de dormir a ambos.

Un reducido grupo de personas se congregó en la oscuridad del
pequeño cementerio. Jacques se veía pálido y macilento, la herida del
cuello aún no había curado del todo, y todavía se podía ver una
horrible cicatriz. Pasó el brazo sobre los delgados hombros de Raven,
tambaleándose un poco al sentirse inseguro. Raven le dirigió una
rápida y reconfortante sonrisa. Detrás de ellos, Byron se mantenía
alerta, asegurándose de que su amigo no se cayera. En el exterior del
recinto sagrado, Aidan permanecía solo, alto y con el cuerpo tenso,
con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante. El cementerio
estaba en los dominios del castillo, era antiguo, de exquisita
arquitectura y la capilla era pequeña pero muy hermosa. Las vidrieras
y la alta torre del campanario arrojaban una sombra oscura que
atravesaba el camposanto. Lápidas de piedra hechas pedazos,
ángeles y cruces fueron los testigos de la orden que Tom dio a la
tierra para que se abriera. Por consideración al Padre Hummer,
Gregori había hecho un ataúd de madera, delicadamente tallado con
antiguas figuras religiosas. Depositó la caja muy despacio en brazos
de la tierra y se retiró. Tom hizo la señal de la cruz, recitó las
palabras rituales del enterramiento, y derramó agua bendita sobre el
ataúd del Padre.
- Él fue mi amigo, mi guía en mis horas funestas, y un profundo
creyente en la necesidad de que nuestra raza continuara su
existencia. Jamás conocí a un hombre, ni humano, ni de mi estirpe,
con más bondad y luz en su interior. Dios brillaba en su corazón y en
sus ojos.
Tom volvió a mover la mano y la tierra se cerró, sin dejar huella de
lo sucedido. Inclinó la cabeza, y luchó contra el repentino dolor,
sintiendo como unas inesperadas lágrimas bajaban por sus mejillas,
manchando su rostro con un rastro rojizo. Fue Gregori quien aseguró
la lápida, y fue Gregori, un escéptico y un no-creyente, quien dirigió
la oración final. Su voz se alzaba hermosa e hipnótica, mientras
rezaba en latín la antigua plegaria en honor al Padre Hummer.
Tom aspiró el aire de la noche, transmitiendo su pesar a los lobos,
que respondieron con un coro de dolorosos aullidos que se
extendieron por el lúgubre bosque.
El cuerpo de Gregori fue el primero en contraerse y las plumas
emitieron destellos brillantes a la luz de la luna. Las alas de metro y
medio de longitud se extendieron en el aire mientras planeaba hasta
posarse en la rama más alta de un árbol cercano, asegurándose
firmemente con las garras. El cuerpo del búho permaneció
completamente inmóvil, fundido con la oscuridad de la noche, en
espera. Aidan fue el siguiente, dando forma a un enorme ejemplar
con un característico color dorado, poderoso y letal, e igual de
silencioso que Gregori. El cuerpo alado de Byron era más pequeño,
más compacto, sus plumas blancas como la nieve. Tom se agitó en
las sombras mientras tomaba impulso para ascender en el cielo, con
los otros tres búhos a su estela. En perfecta sincronización, se
alzaron sobre el cielo, con las plumas brillantes al batir de las alas,
volando en silencio hacia las nubes que cubrían el bosque. El viento
pasaba veloz alrededor de sus cuerpos, bajo sus alas, llevándose
cualquier vestigio de tristeza y violencia que el vampiro hubiera
podido dejar.
En lo alto del cielo, giraron y se inclinaron súbitamente, la
sincronización de los cuatro era perfecta. La alegría borraba la
tristeza y el pesado fardo de las responsabilidades del corazón de
Tom, aligeraba el sentimiento de culpa sustituyéndolo por el
deleite. Las poderosas alas batían con fuerza mientras atravesaban el
cielo y Tom compartía su regocijo con Raven simplemente porque
le resultaba demasiado guardárselo para sí mismo en el interior del
cuerpo del búho. Repentinamente, Raven lo sintió, recorrió su cuerpo,
una invitación, una poderosa necesidad de compartir el placer de la
vida de los que ahora eran su familia. La vida de la Estirpe de los
Cárpatos.
- Piensa mi amor, visualiza la imagen que voy a introducir en tu
mente. Confía en mí como nunca antes lo has hecho. Déjame hacerte
este regalo.
Raven no dudó ni un solo instante; con una firme confianza en
Tom, se entregó a su cuidado, y alcanzó ansiosa la visión. La ligera
inquietud, la extraña desorientación que su cuerpo físico sufrió al
desintegrarse, no la hicieron flaquear. Las plumas crecieron con
rapidez y emitieron brillantes destellos.
Junto a ella, Jacques dio un paso atrás, permitiendo a la pequeña
hembra de búho que saltara hasta la cabeza de un enorme ángel de
piedra, antes de que su poderoso cuerpo se doblara y cambiara de
forma. Se lanzaron al vuelo a la par, maravillándose al unirse a los
cuatro poderosos búhos que volaban en círculos sobre ellos.
Uno de los machos rompió la formación y rodeó a la pequeña
hembra, colocándose sobre ella para cubrir su cuerpo con una de sus
alas. De forma juguetona, la hembra descendió para alejarse del
protector macho y los otros la rodearon limitando sus travesuras
mientras aprendía el placer de volar con total libertad. Mantuvieron a
la hembra en el centro del grupo, girando sobre el bosque, y
ascendiendo cada vez más, internándose en la niebla. Durante un
rato, se dedicaron a juguetear girando y bajando, para ascender muy
alto y descender en picado hacia la tierra, alzándose en el último
momento para sobrevolar los árboles y el espeso manto de niebla.
Más tarde, adoptaron un ritmo placentero, con la hembra aún en el
centro. Tom sentía como la noche se llevaba todo rastro de
tensión, esparciéndola a los cuatro vientos. Se llevaría muy lejos a
Raven, lejos del pueblo, y le daría tiempo para aprender todas sus
costumbres; ella representaba el futuro de su estirpe, su futuro. Era
su vida, su alegría, su razón de vivir. Era su punto de unión a la
bondad del mundo. Y tenía la intención de que la vida de Raven
estuviera rebosante de felicidad. Tom descendió un poco y cubrió
el cuerpo de Raven con el suyo, sumergiéndose en su mente,
compartiendo su alegría. Raven respondió inundando la mente de
Tom de amor y calidez, y de una maravillosa risa infantil ante los
nuevos sonidos, olores y visiones que estaba experimentando. Se
unió a él en veloz carrera sobre el cielo, con su risa resonando en la
mente de todos ellos. Ella era la esperanza para el futuro.

FIN

HOLA!! BUENO AQUI ACABA EL PRIMER LIBRO ... ESPERO Y LES HAYA GUSTADO ... BUENO CONTINUA DESEO OSCURO.

AUTORA: CHRISTINE FEEHAN 
TOM DUBRINSKY: MIKHAIL DUBRINSKY

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