viernes, 25 de diciembre de 2015

# 5

CAPITULO # 5.-
Raven despertó poco a poco del profundo sueño, trabajosamente, con la
misma sensación de estar hundiéndose en arenas movedizas.
- ¡Volviste a hacerlo! -Fue la rabia, simple y llanamente, la que consiguió
despertarla e hizo que se sentara inmediatamente. Estaba sola en la
habitación. La habitación de Tom.
Su sonrisa burlona y masculina resonaba en la cabeza de Raven. Arrojó la
almohada contra la pared deseando poder tirársela a la cabeza. Había
desaprovechado otro día. ¿En qué se estaba convirtiendo? ¿En su esclava
sexual?
- Esa idea tiene muchas posibilidades-se burlo él.
- ¡Sal de mi mente! , -le gritó indignada para después desperezarse
lánguidamente con un movimiento felino y perezoso. Su cuerpo estaba
deliciosamente dolorido por todos sitios, un íntimo recuerdo de que él la
poseyó. Era incapaz de enfadarse con él, la hacía reír con su
comportamiento agresivo. ¿Cómo le iba a importar cuando su cuerpo
reaccionaba de aquella manera?
Cuando se incorporó para darse una ducha, vio ropa para ella al pie de la
cama. Tom ya había salido de compras. Se encontró sonriendo,
tontamente complacida de que él lo hubiera recordado. Cogió la falda y tocó
la tela con los dedos, suave y de color azul profundo como la camisa que
hacía juego.
- No me compraste unos vaqueros -No pudo resistir el impulso de tomarle el
pelo.
- Las mujeres no deben vestirse con ropa de hombre, -contestó sin
inmutarse.
Raven se metió en la ducha, y deshizo la gruesa trenza para enjabonarse el
cabello.
- ¿No te gusta cómo me quedan los vaqueros?
Le contestó la profunda risa de Tom, se estaba divirtiendo.
- Esa pregunta tiene truco.
- ¿Dónde estás? -Raven le mandaba una provocativa invitación
inconscientemente. Se tocó la marca del pecho con un roce de sus dedos. El
contacto le hizo hervir la sangre y la marca empezó a latir.
- Tu cuerpo necesita descanso, pequeña. No he sido exactamente el más
delicado de los amantes ¿verdad? -Su voz reflejaba una burla hacia sí
mismo, pero en su mente se sentía culpable.
Raven rió suavemente.
- No es que yo tenga mucha experiencia para poder asegurarlo ¿no crees?
En mi vida no ha habido un desfile de hombres -Tom sintió que su risa lo
envolvía en un tierno abrazo- Si quieres, siempre puedo encontrar a alguien
para hacer la comparación -Sugirió dulcemente.
Sintió el roce de unos fuertes dedos alrededor de la garganta, rodeando su
frágil cuello. ¿Cómo podía hacerlo?
- Estoy tan asustada, machote. Alguien tiene que empujarte a este siglo a
base de patadas y chillidos.
Los dedos acariciaron su rostro, su labio inferior.
- Me amas tal y como soy.
Amor. La sonrisa se desvaneció del rostro de Raven al escuchar la palabra.
No quería amarlo. Ya tenía demasiado poder sobre ella.
- No puedes encerrarme aquí, Tom. -Amor no, obsesión era la palabra
adecuada.
- Dulzura, no hay candados en las puertas y el teléfono funciona
correctamente. Y sí me amas, no puedes evitarlo. Soy perfecto para ti. Date
prisa. Necesitas alimentarte.
- Eres un absoluto coñazo.
Mientras se cepillaba el pelo cayó en la cuenta de lo sencilla que resultaba
su conexión telepática. ¿Por la práctica? No le dolían las sienes por el
esfuerzo. Ladeó la cabeza un instante, para escuchar los ruidos procedentes
de la casa. Tom estaba llenando un vaso con algún tipo de bebida, podía
escucharlo con total nitidez.
Se vistió despacio, pensativamente. Sus habilidades telepáticas estaban
aumentando. Sus sentidos eran más perceptivos. ¿Se debía simplemente a la
compañía de Tom o quizás había algo en el brebaje que él la forzaba a
beber? Había tantas cosas que quería aprender de él. Tenía enormes
cualidades psíquicas.
La falda flotó alrededor de sus tobillos sensualmente, la camisa se adhirió a
sus curvas. Debía admitir que el atuendo la hacía sentirse femenina, igual
que las finas medias de encaje y el sujetador.
- ¿Vas a quedarte ahí sentada pensando en mí toda la noche?
- ¡Toda la noche! Que no sea de nuevo de noche, Tom. Me estoy
convirtiendo en una especie de topo. Y no te pongas muy ancho, no estaba
pensando en ti -Le costó un enorme esfuerzo mentir tan descaradamente.
Estaba orgullosa de sí misma.
- ¿Y crees que me voy a tragar esa mentira? -De nuevo se reía a carcajadas
y Raven no tuvo más remedio que unirse al ambiente relajado.
Dio una vuelta por la casa, observando maravillada las esculturas y los
grabados del lugar. El sol desaparecía tras las montañas. Raven suspiró con
resignación. Tom había dispuesto en el porche trasero de la cocina una
antigua mesa hermosamente tallada. Giró la cabeza cuando la oyó
aproximarse, su mirada se volvió cálida y una sonrisa bañó su rostro,
disipando las sombras. Raven se humedeció nada más verlo.
Tom inclinó la cabeza para besarla tiernamente en los labios. “Buenas
noches”. Le tocó el pelo y pasó la mano rozando su rostro en una delicada
caricia. Raven permitió que la ayudara a sentarse a la mesa, asombrándose
de su anticuada galantería. Dejó un vaso de zumo delante de ella. “Antes de
que me vaya a trabajar, creo que podemos ir a recoger tus cosas a la
pensión”. Sus largos dedos eligieron cuidadosamente un pastelito de
arándanos para depositarlo en un antiguo plato. Era exquisito, pero Raven
estaba demasiado asombrada por sus palabras y no pudo más que mirarlo
fijamente durante un segundo con los ojos azules totalmente abiertos.
- ¿Qué quieres decir con recoger mis cosas? -Ni siquiera se le había
ocurrido que él pudiese esperar que fueran a vivir juntos en la misma casa.
En su casa.
Tom sonrió de forma malvada, lenta y provocativamente.
- Puedo conseguirte cosas nuevas.
La mano de Raven tembló. La bajó a su regazo, fuera de la vista.
- No voy a mudarme aquí contigo, Tom -La idea era terrorífica. Ella
necesitaba su privacidad, necesitaba largos periodos de soledad. Y él era el
ser más sobrecogedor y embriagador que ella jamás había encontrado.
¿Cómo iba a ser capaz de resolver las cosas con él todo el rato a su lado?
Tom alzó las cejas.
- ¿No? Aceptaste nuestras costumbres, realizamos el ritual. Para mí, para
los ojos de mi gente, eres mi compañera, mi mujer. Mi esposa. ¿Es
costumbre de las americanas vivir separadas de sus maridos?
Su voz dejaba ver aquella pizca de humor masculino que siempre la hacía
desear arrojarle algo a la cabeza. Raven pensaba que se burlaba de ella,
divertido por su cautela.
- No estamos casados -dijo ella resueltamente. Le resultó muy difícil
ignorar el vuelco de su corazón al oír sus palabras.
El bosque aparecía cubierto de jirones de niebla que flotaban alrededor de
los troncos de los árboles, extendiéndose hasta casi rozar el suelo. El
efecto era espectral pero muy hermoso.
- Lo estamos a los ojos de los míos, a los ojos de Dios -Había una resolución
implacable en su voz, una especie de ‘mi palabra es la ley’ que hizo que se
mordiera el labio.
- ¿Y a mis ojos qué, Tom? ¿Y mis creencias? ¿Acaso no importan? -
preguntó beligerante.
- Veo la respuesta en tus ojos y la siento en tu cuerpo. Estás luchando
inútilmente, Raven. Sabes que eres mía…
Se puso de pie de un brinco, empujando la silla al hacerlo.
- ¡Yo no pertenezco a nadie, y menos a ti, Tom! No puedes esperar
decidir qué va a ser de mi vida y esperar que caiga rendida en tus brazos.
Raven bajó corriendo los tres escalones que llevaban hasta el camino del
bosque.
- Necesito un poco de aire. Me sacas de quicio.
Tom se rió suavemente.
- ¿Tienes miedo de ti misma?
- ¡Vete al diablo, Tom! -Raven puso el pie en el camino y empezó a caminar
rápidamente antes de él pudiera hechizarla. Y podía hacerlo, ella lo sabía.
Eran sus ojos, su boca y la pequeña sonrisa que le salía cuando la provocaba
deliberadamente.
La niebla era muy densa y el aire estaba cargado de humedad. Con su agudo
sentido del oído, podía escuchar el susurro de los arbustos, las ramas de los
árboles mecidas por el viento y el batir de unas alas en el cielo.
Tom apareció detrás de ella.
- Quizás yo soy el diablo, pequeña. Estoy seguro de esa idea ha pasado por
tu cabeza.
Lo miró ferozmente por encima del hombro.
- ¡Deja de seguirme!
- ¿Acaso no soy un caballero obligado a acompañar a su dama hasta la casa?
- ¡Deja de burlarte! Si te ríes de mí tan sólo una vez más, juro que no seré
responsable de mis actos -Raven tomó conciencia de las sombras que se
movían furtivamente, de los ojos brillantes que la perseguían. Casi se le paró
el corazón para después martillear con fuerza en el pecho de nuevo.
- ¡Estupendo! -Se giró abruptamente y lo miró con enfado- ¡Esto es genial!
Simplemente genial, Tom. Llama a los lobos para que me devoren viva.
Encuentro esa idea muy típica de ti. Tan tuya.
Dejó que sus dientes blancos fueran visibles, como los de un depredador
hambriento y se rió burlonamente de ella mientras le tomaba el pelo.
- No son los lobos los que te encontrarían deliciosa.
Raven cogió una rama del suelo y se la arrojó.
- ¡Deja de reírte de mí, hiena! Esto no es para nada divertido. Tu arrogancia
me da ganas de vomitar -Le costó horrores no reírse. Él era un animal,
demasiado encantador para ser bueno.
-Tu jerga americana es muy descriptiva, pequeña.
Le arrojó otra rama seguida de una pequeña piedra.
-Alguien tiene que enseñarte una buena lección.
Parecía un hermoso diablillo travieso, todo fuego y chispas. Tom inspiró
muy despacio. Era suya, toda fuego y furia, toda independencia y valor, llena
de una pasión abrasadora. Con su suave risa, Raven fundió su corazón junto
al de Tom penetrando en su mente y en su alma. Él lo sintió en la mente
de Raven, aunque estaba siendo extremadamente cuidadosa para que él no lo
notara.
- ¿Y crees que eres la indicada para hacerlo?- se burló.
Otra piedra vino volando hacia su pecho. La cogió con facilidad.
- ¿Crees que me asustan tus lobos? –Preguntó- El único lobo enorme y malo
que hay por aquí eres tú. Llama a todos tus lobos ¡Vamos! -Fingía estar
mirando hacia el oscuro y secreto corazón del bosque -Ven a cogerme. ¿Qué
les has dicho?
Tom le aflojó los dedos que sostenían la rama dejando que ésta cayera al
suelo. Pasó un brazo por su estrecha cintura atrayendo su suave cuerpo
hasta la solidez del suyo.
- Les dije que sabías a miel templada -Susurró con esa voz aterciopelada de
hechicero oscuro. Girándola entre sus brazos para tenerla de frente, tomó
su hermoso rostro entre las manos -¿Dónde está todo ese maravilloso
respeto que se merece un hombre tan poderoso como yo?
Su pulgar se movió sobre el labio inferior de Raven en una sensual caricia.
Raven cerró los ojos ante lo inevitable. Tenía ganas de llorar. Sus
sentimientos hacia él eran tan fuertes que tenía un nudo ardiente en la
garganta. Tom rozó sus ojos con los labios, saboreó una lágrima y buscó
refugio en la dulzura de su boca.
- ¿Por qué llorarías por mí, Raven? -murmuró sobre su garganta -¿Es que
todavía quieres huir de mí? ¿Tan terrible soy? Jamás permitiría, si
estuviera en mi mano, que ninguna criatura, hombre o animal, te hiciera
daño. Pensaba que nuestros corazones y nuestras almas estaban conectados.
¿No estoy en lo cierto? ¿Es que ya no me quieres?
Sus palabras le desgarraban el corazón.
- No es eso, Tom, por supuesto que no -se apresuró a negar temerosa de
haberlo herido –Echas abajo todos mis planes -Le acarició el rostro con los
dedos, adorándolo -Eres el hombre más fascinante que he conocido. Tengo
la sensación de que este es mi lugar, contigo, como si te conociera de toda la
vida y te perteneciera. Es imposible en el poco tiempo que hace que nos
conocemos. Sé que si pudiera alejarme un poco de ti, poner un poco de
distancia entre nosotros, sería capaz de pensar con más claridad. Todo ha
sucedido tan rápido. Es como si estuviese obsesionada contigo. No quiero
cometer un error que nos cause daño a cualquiera de los dos.
Sus manos abarcaron sus pómulos.
- Me causaría un enorme dolor si me abandonaras, dejándome solo de nuevo
ahora que te he encontrado.
- Tan sólo necesito un poco de tiempo, Tom, para pensar las cosas con
cuidado. Me aterroriza lo que siento por ti. Pienso en ti constantemente,
quiero tocarte, saber simplemente que si alargo la mano puedo hacerlo,
sentir tu piel bajo mis dedos. Es como si te hubieras metido, arrastrándote,
en mi cabeza y en mi corazón, incluso en mi cuerpo, y no soy capaz de
sacarte -Lo dijo avergonzada, con la cabeza gacha, confesándose ante él.
Tom le tomó la mano y tiro de ella para que comenzara a caminar a su
lado.
- Son los sentimientos de mi gente hacia su compañero, así es como nosotros
sentimos. No es sencillo, ¿verdad? Somos apasionados por naturaleza,
enormemente sexuales y muy posesivos. Lo que tú sientes, es lo mismo que
siento yo.
Raven estrechó los dedos alrededor de los de Tom y le dirigió una
pequeña e insegura sonrisa.
- ¿Me equivoco al pensar que me estás manteniendo aquí deliberadamente?
Tom encogió los anchos hombros.
- Sí y no. No quiero obligarte en contra de tu voluntad, pero es mi necesidad
la que hace que te obligue, creo que somos compañeros y estamos
irrevocablemente unidos mucho más que con una simple ceremonia de
matrimonio. Yo me sentiría profundamente trastornado, de cuerpo y de
mente, sin ti a mi lado. No sé cómo reaccionaría si otro hombre te tocara, y
si te soy sincero, tengo miedo de mí mismo ante esa situación.
- Realmente pertenecemos a mundos distintos, ¿no es así? -preguntó con
tristeza Raven.
Tom se llevó la mano de Raven a los labios.
- Existe una cosa llamada compromiso, pequeña. Podemos movernos entre
ambos mundos o crear uno para nosotros.
Los ojos azules lo miraron sin detenerse mientras una débil sonrisa curvaba
sus labios.
- Eso suena muy bien, Tom, muy del siglo veinte, pero creo que, de alguna
manera, me tocaría a mi comprometerme a adaptarme.
Tom apartó una rama para que ella pasara, con esa cortesía tan pasada de
moda. El camino giraba hasta llegar a su casa.
- Quizás tengas razón –de nuevo se percibía el humor masculino en su voz –
pero entonces, como mi naturaleza me obliga, yo te cuidaría y te protegería.
No tengo la menor duda de que tú eres mucho más que una pareja para mí-
Entonces, ¿por qué vamos de regreso a tu casa en lugar de dirigirnos a la
pensión? -preguntó con una mano sobre la cadera y una sonrisa bailando en
sus ojos.
- ¿Y qué ibas a hacer allí con lo tarde que es? -de nuevo esa voz
aterciopelada, mucho más seductora que nunca -Quédate conmigo esta
noche. Puedes leer mientras trabajo, y te enseñaré como protegerte mejor
de las emociones indeseadas de los que te rodean.
- ¿Y qué ocurre con mi sentido del oído? Tus pequeños brebajes han
aumentado mi oído hasta el absurdo -dijo arqueando una ceja -¿Tienes
alguna idea de lo que me ocurrirá a continuación?
Tom rozó la nuca de Raven con los dientes mientras acariciaba sus
pechos desde atrás de forma posesiva.
- Tengo todo tipo de ideas, pequeña.
- Apuesto a que sí. Creo que eres un adicto al sexo, Tom -Dijo escapando
a su abrazo- Creo que pusiste algo en ese brebaje para que yo también me
convirtiera en una adicta -Se sentó a la mesa, y cogió tranquilamente un
vaso de zumo, mientras lo miraba intencionadamente- ¿Lo hiciste?
- Bébete eso despacio -ordenó distraídamente- ¿De dónde sacas esas ideas?
Te he cuidado lo mejor que he podido. ¿Has sentido que te ordenara algo
mentalmente?
Se dio cuenta de que no podía beber.
- Siempre estás obligándome a dormir -Raven olió el zumo con cuidado.
Manzana, nada más. No había comido ni bebido nada desde hacía
veinticuatro horas, ¿por qué no podía tomarse el zumo entonces?
- Necesitas dormir -dijo sin ningún tipo de remordimiento. Tom la miraba
fijamente con ojos tristes- ¿Le pasa algo al zumo?
- No, no, nada en absoluto -Raven se llevó el vaso a los labios y sintió que el
estómago se le contraía protestando. Volvió a dejarlo en la mesa sin haber
probado ni un sorbo.
Tom suspiró suavemente.
- Sabes que debes alimentarte -Se acercó inclinándose- Lo más fácil que
sería que me permitieras ayudarte, pero dijiste que no debo hacerlo. ¿Tiene
esto sentido?
Raven apartó la mirada, sus dedos jugando nerviosamente con el vaso.
- Quizás he contraído la gripe. Me he estado sintiendo mareada desde hace
unos días, mareada y débil -Apartó el vaso.
Tom lo acercó de nuevo.
- Lo necesitas, pequeña -Tocó su delgado brazo- Ya eres demasiado frágil.
No creo que perder peso sea una buena idea. Toma un sorbo.
Raven se pasó una mano por el pelo, sabía que tenía razón y quería hacerle
caso. Pero su estómago insistía en rebelarse.
- No creo que sea capaz, Tom -Lo miró preocupada- No estoy intentando
ser difícil, es que creo que estoy enferma.
El rostro de Tom, oscuro y sensual, mostraba una determinación
implacable. Se plantó a su lado, cogiendo el vaso.
- Beberás -Su voz era profunda e intensa, no admitía protestas, era
imposible desobedecerle- El zumo se quedará en tu estómago, tu cuerpo lo
aceptará -Habló suavemente en voz alta, rodeando sus hombros de forma
protectora.
Raven parpadeó y lo miró, después miró el vaso vacío. Movió despacio la
cabeza.
- No puedo creer que seas capaz de hacer eso. No recuerdo haberlo bebido
y no tengo náuseas -Apartó la mirada de él para contemplar el oscuro
misterio del bosque. La niebla brillaba, emitiendo destellos al reflejar la luz
de la luna.
- Raven -Dijo Tom acariciándole la nuca.
Se apoyó contra él.
- Ni siquiera sabes lo verdaderamente especial que eres, ¿verdad? Las cosas
que eres capaz de hacer van más allá de lo imaginable. Me asustas de
verdad.
Tom se apoyó contra uno de los postes del porche, su rostro mostraba
una expresión de absoluta perplejidad.
- Es mi deber y mi derecho cuidarte. Si necesitas el reposo del sueño,
entonces, debo ver que lo tengas. Si tu cuerpo necesita beber, entonces,
¿por qué no puedo ayudarte? ¿Por qué debería asustarte esto?
- Realmente no lo entiendes ¿verdad? -Raven se quedó mirando a un jirón de
niebla en particular que se movía de forma extraña- Eres el líder aquí.
Obviamente, tus habilidades son infinitamente superiores a las mías. No
creo que encajara en tu vida. Soy un ser solitario, no sirvo para ser la
primera dama.
- Sí, tengo grandes responsabilidades. Los míos cuentan conmigo para dirigir
los negocios y que todo vaya bien, para atrapar a los asesinos que acaban con
los nuestros. Incluso están convencidos de que debería averiguar, yo mismo,
la causa de la muerte de nuestros bebés durante el primer año de vida. No
hay nada de especial en mí, Raven, excepto que tengo una voluntad de acero
y que estoy dispuesto a cargar sobre mis hombros con estas responsabilidades.
Pero no tengo nada, nunca tuve nada mío. Tú me diste una razón para continuar.
Eres mi corazón, mi alma, el aire que respiro. Sin ti, no tengo más que oscuridad
y soledad. El simple hecho de ser fuerte, de tener poder, no significa que no
me sienta completamente solo. Vivir en total soledad es una existencia fría y desagradable.
Raven se llevó una mano hacia el estómago, presionando su abdomen. Tom
parecía tan lejano, tan solo. Odiaba la manera en la que permanecía de pie en
silencio, orgulloso y derecho, esperando que ella le arrancara el corazón.
Tenía que consolarlo y él lo sabía. Él leía en su mente, sabía que no era capaz
de soportar la soledad en su mirada. Raven cruzó la distancia que los
separaba sin decir nada. ¿Qué podía decir? Se limitó a apoyar la cabeza
sobre su corazón mientras le rodeaba la cintura con los brazos.
Tom la abrazó. Él le había arrebatado la vida sin que ella lo supiera. Y
ahora lo consolaba, le decía que era un hombre especial, fascinante a sus
ojos, y aún no tenía ni idea del crimen que había cometido. Estaba unida a él,
no podría estar lejos de él durante mucho tiempo. No encontraba las
palabras para explicárselo sin dejar ver más cosas de su especie que no
sería seguro que ella conociera. Ella creía que no podía ser la compañera de
un hombre de tamaño dignidad. Lo hacía sentir miserable y avergonzado de
sí mismo.
Le rodeó el rostro con las manos, acariciando el delicado mentón.
- Escúchame, Raven -La besó en la cabeza- Sé que no te merezco. Crees que
eres inferior a mí, de alguna forma, pero honestamente, estás muy por
encima de mí, ni siquiera debería tocarte.
Cuando ella se movió para protestar, Tom la detuvo haciendo más fuerte
su abrazo.
- No, pequeña, sé que es verdad. Sé como eres realmente, veo tu interior
mientras que tú no tienes acceso a mis pensamientos ni a mis recuerdos. No
puedo dejarte ir. Ojalá fuera más fuerte, ojalá fuera un buen hombre y
dejara que te marcharas, pero no puedo hacerlo. Sólo puedo prometerte que
haré todo lo que esté en mi poder para hacerte feliz, para que jamás te
falte nada. Te pido tiempo para adaptarme a ti, a tus costumbres, y para
que comprendas mis errores. Si necesitas escuchar palabras de amor – dijo
rozando con su boca la comisura de los labios de Raven – entonces te las
diré con total honestidad. Jamás he querido a una mujer. Nunca he deseado
que alguien tuviera este poder sobre mí. No he compartido jamás con una
mujer lo que he compartido contigo -La besó tiernamente, con infinito amor
y dulzura- Estarás para siempre en mi corazón, Raven. Entiendo las
diferencias que hay entre nosotros mucho mejor que tú. Sólo te pido una
oportunidad.
Raven se dio la vuelta entre sus brazos para mirar al bosque, apoyándose
adorablemente contra su cuerpo.
- ¿De verdad piensas que podremos encontrar un término medio? ¿Crees que
seremos capaces?
No tenía ni la más remota idea del riesgo que Tom iba a asumir. Una vez
vivieran juntos, él jamás podría enterrarse profundamente en la tierra. No
podría dejarla sin protección ni un solo día. A partir del momento en el que
ella compartiera su vida, el peligro alrededor del Tom sería diez veces
mayor, y de ella también. Los asesinos no verían la diferencia entre ellos.
Raven estaría condenada. Y por encima del resto de sus faltas, arrastrarla a
ese mundo tan peligroso, era su mayor delito.
Subió la mano hasta la nuca de Raven. Era tan pequeña y tan delicada.
- No lo sabremos si no lo intentamos- La abrazó acercándola más a su
cuerpo, en un vano intento de no separarse de ella jamás.
Raven sintió la repentina tensión en el cuerpo de Tom. Había subido la
cabeza en alerta, como si olfateara el viento y escuchara los sonidos de la
noche. Se encontró haciendo exactamente lo mismo, inspirando
profundamente con los oídos en alerta penetrando el bosque. A lo lejos, los
aullidos de la manada de lobos se oyeron débiles y distantes, flotando en la
brisa, llamando a Tom.
Raven lo miró perpleja, girando la cabeza.
- ¡Te están hablando! ¿Cómo lo sé, Tom? ¿Cómo he podido saber tal cosa?
Tom le revolvió el pelo cariñosamente.
- Te mezclaste con la pandilla equivocada.
Raven lo recompensó con una burbujeante carcajada que llegó hasta su
corazón, dejándolo vulnerable y desarmado.
- ¿Qué es esto? ¿El señor del castillo hablando como la juventud de los
noventa?
Le sonrió como un chiquillo tras una travesura.
- Quizás sea yo el que no está con la pandilla adecuada.
- Y quizás aún hay esperanza para ti- Dijo besándole en la garganta, en la
barbilla y el la línea sombreada de azul de su mentón.
- ¿No te he mencionado lo hermosa que estás con esa ropa? -preguntó
mientras le pasaba el brazo sobre los hombros para acompañarla hasta la
mesa- En un momento tendremos visita -Con movimientos lentos y pausados,
llenó su copa de zumo hasta la mitad y la puso en su lado de la mesa, después
deshizo un trozo de pastel entre sus dedos y dejó las migas en ambos
platos.
- ¿Tom? -preguntó con cautela- Ten mucho cuidado si usas un contacto
psíquico. Creo que hay alguien más, aparte de mí, que tiene habilidades
telepáticas.
- Todos los míos las tienen -contestó con cuidado.
- No de los tuyos, Tom -Raven fruncía el ceño, arrugando la frente- De
los míos.
- ¿Por qué no me lo dijiste antes? -pregunto suavemente pero exigiendo una
respuesta- Sabes que acechan a mi gente y asesinan a nuestras mujeres.
Seguí el rastro de tres de los asesinos hasta la misma pensión donde te
alojas.
- Porque no lo sé con certeza, Tom. Intento no tocar a nadie. A lo largo
de los años me he obligado a no tener contacto con nadie, a no permitir que
nadie me toque -Se pasó la mano por el pelo, aún ceñuda- Lo siento. Debí
hablarte de mis sospechas, pero no estaba segura de ellas.
Tom suavizó las arrugas de su frente con una caricia, le tocó los labios
con ternura.
- No pretendí atemorizarte ni presionarte, pequeña. Necesitamos discutir
esto a la primera oportunidad. ¿Puedes oírlo?
Se tensó escuchando la noche.
- Es un coche.
- Está a un kilómetro más o menos -Tom aspiró el aire de la noche,
introduciéndolo en sus pulmones- El padre Hummer y dos extraños. Mujeres.
Llevan perfume. Una de ellas es una anciana.
- Sólo hay ocho huéspedes aparte de mí en la pensión -A Raven le resultaba
difícil respirar- Vinieron todos juntos, en un viaje de agencia. Una pareja mayor de los Estados Unidos, Harry y Margaret Summers. Dos hermanos
belgas, Jacob y Shelly Evans. Y cuatro hombres de distintos lugares del
continente. No he hablado mucho con ellos a decir verdad.
- Cualquiera de ellos podrían ser los asesinos -dijo con severidad. Estaba
secretamente encantado de que Raven no hubiera prestado mucha atención
a los hombres. No quería que se fijara en ninguno, nunca más.
- Creo que yo lo habría sabido, ¿no? -preguntó a Tom- Trato con asesinos
más de lo que me gustaría. Sólo una de estas personas tiene habilidades
telepáticas aunque, realmente, no son tan fuertes como las mías.
Ahora escuchaba el coche con total claridad, pero la niebla les impedía
verlo. Tom le elevó la barbilla con dos dedos.
- Ya nos hemos unido según nuestra costumbre. ¿Pronunciarás los votos,
según tu tradición?
Los ojos azules, en los que un hombre podría ahogarse, se abrieron con total
asombro. Podía pasarse una eternidad mirando esos ojos. Una pequeña
sonrisa arrogante curvaba sus labios. Había logrado dejarla perpleja.
- Tom, ¿me estás pidiendo que me case contigo?
- Sinceramente, no estoy seguro de saber hacerlo. ¿Debería ponerme de
rodillas? -le sonreía abiertamente.
- ¿Me propones matrimonio con un coche lleno de asesinos acercándose?
- Probables asesinos -Sonrió de tal forma que a Raven se le encogió el
corazón.- Di que sí. Sabes que no serás capaz de resistirte a mí. Di que sí.
- ¿Después de obligarme a beber ese asqueroso zumo de manzana? Me
echaste encima a todos tus lobos, Tom. Y todavía hay una larga lista de
pecados que podía recitarte ahora mismo -Le brillaban los ojos
traviesamente.
Tiró de ella hasta hacerla chocar con los poderosos músculos de su pecho, y
contra sus caderas.
- Ya veo que necesitaré aplicar una buena dosis de persuasión -Sus labios
dejaron un rastro de fuego en su rostro hasta cubrir su boca y hacerle
sentir la tierra temblar bajo sus pies.
- Nadie debería ser capaz de besar así -Susurró Raven.
La besó de nuevo, seduciéndola con dulzura lamiendo sus labios
sensualmente, prometiendo mucho más, hechizándola.
- Di que sí, Raven. Siente cuánto te necesito.
Tom la acercó aún más hasta que Raven sintió sobre su vientre la dura
evidencia de su deseo. Tomándola de la mano, la guió hasta el palpitante
bulto, haciendo que lo frotara con palma de la mano lentamente, arriba y
abajo, atormentándolos a ambos. Abrió su mente para que ella pudiera
entrar y sentir la voracidad de su deseo, de su hambre por ella, su pasión y
la corriente de calidez y amor que los rodeaba.
- Di que si, Raven -susurró en su cabeza, necesitándola para que lo llevara de
vuelta, para que lo aceptara con lo bueno y con lo malo que había en su
interior.
- Llevas ventaja, eso no es justo -Su respuesta fue como la miel tibia,
derramándose por su cabeza con amor y una pizca de diversión.
El coche salió de la niebla, hasta detenerse junto a un grupo de árboles.
Tom se volvió para saludar a los visitantes, colocando de forma instintiva
su cuerpo para proteger a Raven de sus miradas.
- Padre Hummer, qué sorpresa tan agradable -Tom extendió la mano en
señal de bienvenida, pero su voz sonó brusca.
- ¡Raven! -Shelly Evans pasó junto al sacerdote empujándole de forma
grosera y corrió hacia Raven, devorando a Tom con los ojos.
Tom vio el temblor y la consternación en los ojos de Raven, antes de que
Shelly la alcanzara extendiendo los brazos y estrechándola fuertemente.
Shelly no tenía ni idea de que Raven percibía la envidia que sentía en esos
momentos y el deseo sexual que le despertaba Tom. Por su parte, Tom
podía sentir la repulsión que Raven sentía ante el abrazo y ante la
preocupación de la chica, y sobre todo por sus fantasías con él, pero logró
sobreponerse, sonreír y devolver el abrazo.
- ¿Qué es todo esto? ¿Algo va mal? -Preguntó Raven dulcemente,
apartándose educadamente de la mujer más alta.
- Bueno, querida -dijo Margaret Summers severamente, mirando a Tom y
llegando hasta Raven- Insistimos hasta que el Padre Hummer nos trajo para
comprobar que estás bien.
En el instante en el que la arrugada mano tocó su brazo, Raven notó el
empujón en su mente. Al mismo tiempo su estómago se reveló, sintió unas
profundas náuseas y un dolor agudo le atravesó la cabeza, destrozando su
mente. Era incapaz de respirar. Había tocado a la muerte. Se echó hacia
atrás instintivamente, secándose la palma de la mano sobre el muslo.
- ¡Tom! –Canalizó sus pensamientos enviándoselos por completo a él- Voy a
Vomitar.
- ¿No les aseguró la Sra. Galvenstein que Raven estaría bien conmigo?
Ton se colocó resueltamente, pero de forma educada entre Raven y la
anciana. Había sentido el torpe intento de la mujer de penetrar en su mente
cuando lo rozó al pasar. Sus dientes blancos refulgieron en una forzada
sonrisa- Por favor, entren en mi casa y pónganse cómodos. Está haciendo
frío aquí fuera.
Margaret Summers lo inspeccionaba todo, observaba los dos platos y los
vasos de la mesa, las migas del pastel en ambos servicios. Sus ojos
atravesaban a Raven intentando ir más allá de la tela de su blusa y mirarle el
cuello.
Tom rodeó los hombros de Raven con un brazo para protegerla en el
refugio de su cuerpo. Ocultó una sonrisa al ver que la Sra. Summers
agarraba a Shelly para dejar que el padre Hummer entrara en primer lugar.
Eran tan predecibles. Bajó la cabeza.
- ¿Te sientes bien?
- Voy a vomitar. El zumo de manzana -Lo miró con reproche.
- Deja que te ayude. No lo notarán -Se dio la vuelta y la ocultó con su
inmenso cuerpo. Pronunció una orden suave y la besó dulcemente- ¿Mejor
ahora?
Raven le acarició el mentón, contestando con sus dedos.
- Gracias -Se volvieron juntos para mirar a los invitados.
Margaret y Shelly contemplaban maravilladas la casa de Tom. Tenía
mucho dinero y el interior de su casa lo reflejaba; mármol y maderas
preciosas; colores cálidos y acogedores; antigüedades y grabados. Era obvio
que Margaret se sentía impresionada y sorprendida.
El padre Hummer se sentó cómodamente en su sillón favorito.
- Creo que hemos interrumpido algo importante -Parecía encantado consigo
mismo e interiormente divertido. Los ojos apagados brillaban cada vez que
se cruzaban con la mirada oscura e insondable de Tom.
- Raven ha consentido en convertirse en mi esposa -Tom se llevó la mano
de Raven a los labios- No tuve tiempo de darle el anillo. Ustedes llegaron
antes de que pudiera ponérselo en el dedo.
Margaret tocó la Biblia hermosamente encuadernada que descansaba sobre
la mesa.
- ¡Qué romántico, Raven! ¿Os casaréis por la Iglesia?
- Por supuesto que los jóvenes deben casarse en la Iglesia. Tom es
creyente y no haría nada inapropiado -contestó el Padre Hummer como
ligera reprimenda.
Raven dejó su mano entrelazada entre la de Tom, mientras se sentaban
en el sofá. Los descoloridos ojos de Margaret eran afilados como garras.
- ¿Por qué ha estado escondiéndose, querida? -Su mirada lo analizaba todo,
intentando descubrir todos los secretos.
Tom se movió, inclinándose sobre el respaldo perezosamente.
- Ni siquiera nos hemos escondido. Telefoneamos a la Sra. Galvenstein, la
dueña de la pensión, para comunicarle que Raven se quedaría aquí.
Seguramente se lo dijo a ustedes.
- Lo último que oí de Raven es que había ido al bosque para merendar con
usted -aseguró Margaret- Sabía que estaba enferma y me preocupé, por eso
averigüé su nombre y le pedí al párroco que nos acompañara hasta aquí -Su
aguda mirada se detuvo en un antiguo espejo de plata.
- Siento haberla preocupado, Sra. Summers -dijo Raven con voz dulce- He
tenido una gripe horrible. Si hubiese sabido que se preocupaban por mí,
habría llamado yo misma -Señaló.
- Quería verla con mis propios ojos -Margaret apretó los labios en señal de
tozudez- Las dos somos Americanas, y me siento responsable de usted.
- Le agradezco su preocupación. Raven es la luz de mi vida -Tom se
incorporó un poco con su sonrisa de depredador- Soy Tom Dubrinsky. No
creo que hayamos sido presentados formalmente.
Margaret dudó, y elevando la barbilla, tendió la mano a Tom murmurando
su nombre. Tom dejó que percibiera su buena voluntad y el amor,
condimentado traviesamente con una saludable lujuria, que sentía por Raven.
Shelly se presentó ávidamente.
- ¿Sr. Dubrinsky?
- Por favor, llámenme Tom -Su encanto era tan intenso que Shelly casi se
cayó de la silla. Se contoneaba y cruzaba las piernas para que Tom
tuviera una mejor vista- Tom entonces -Shelly dibujó una coqueta
sonrisa- El padre Hummer nos contó que usted es una especie de historiador
y que conoce todas las tradiciones de la región. Estoy haciendo una
investigación sobre folklore. Más concretamente, me interesa si existe
algún tipo de verdad sobre las leyendas locales. ¿Sabe usted algo sobre
vampiros?
Raven parpadeó, intentando no soltar una carcajada. Shelly hablaba
totalmente en serio y había caído bajo el hechizo de Tom. Sería muy
embarazoso si ella se riera. Se concentró en el pulgar de Tom que estaba
acariciando la parte interna de su muñeca ayudándola a sentirse más fuerte.
- Vampiros -Tom repitió el término de forma trivial- La zona más popular
para los vampiros es sin duda Transilvania, pero aquí también tenemos
nuestras propias historias. Hay muchos cuentos sobre vampiros a lo largo y
ancho de los Cárpatos. Incluso existe una ruta turística desde aquí hasta
Transilvania, la ruta de Jonathan Harper. Estoy seguro de que lo
encontraría la mar de divertido.
Margaret se inclinó hacia delante.
- ¿Cree usted en estas historias?
- ¡Sra. Summers! -exclamó Raven mostrando su asombro- No creerá usted
en eso ¿verdad?
El rostro de Margaret borró cualquier asomo de expresión, apretando los
labios de forma beligerante.
- Siempre he creído que existe una pizca de verdad en cualquier historia
que se ha mantenido a través de los años. Quizás sea eso lo que cree la Sra.
Summers -Dijo Tom amablemente.
Margaret asintió con la cabeza, visiblemente relajada, y dirigió una sonrisa
benevolente a Tom.
- Me alegra que estemos de acuerdo en esto, Sr. Dubrinsky. Un hombre de
su posición debe tener, ciertamente, una mente abierta. ¿Cómo es posible
que, a lo largo de los siglos, tanta gente cuente una y otra vez las mismas
historias sin que haya ni un ápice de verdad en estas leyendas?
- ¿Verdad en un cadáver viviente? -Raven arqueó las cejas- No sé nada
sobre lo que ocurrió en la Edad Media, pero supongo que me daría cuenta si
empezara a ver a mi alrededor muertos que raptan niños.
- Además está esa cuestión -añadió Tom- No hemos tenido una larga lista
de muertes inexplicables, por lo menos que yo sepa, en los últimos años.
- Pero algunos de los vecinos cuentan historias muy extrañas- Shelly estaba
poco dispuesta a abandonar sus ideas.
- Por supuesto -Tom sonrió contagiosamente- Es mucho mejor para
atraer a los turistas. Hace unos años… ¿cuándo sucedió Padre? Recuerde
cuando Swaney quería aumentar las ventas a los turistas y se pinchó él
mismo en el cuello con las agujas de hacer punto. Hasta el periódico local le
hizo fotos. Se colgó una ristra de ajos alrededor del cuello y se dedicó a
caminar por el pueblo afirmando que el ajo le ponía enfermo.
- ¿Cómo sabe usted que no fue real? -Preguntó Margaret.
- Las heridas se le infectaron. Resultó que era alérgico al ajo y no le quedo
más remedio que confesarlo todo -Tom sonrió traviesamente a las dos
mujeres- El Padre Hummer le puso la penitencia. Swaney rezó el rosario
treinta y siete veces seguidas.
El Padre Hummer echó la cabeza hacia atrás y rió de buena gana.
- En realidad, consiguió atraer la atención de todo el mundo durante un
tiempo. Los periodistas vinieron de todas partes. Fue un espectáculo
bastante entretenido.
Tom hizo una mueca.
- Si mal no recuerdo, tuve que pasar mucho tiempo alejado de mi oficina, me
vi obligado a trabajar noche y día durante una semana en consecuencia.
- Incluso tú te tomaste la pequeña aventura con buen sentido del humor,
Tom -Dijo el Padre Hummer- He estado por los alrededores muchos años,
señoras, y jamás he visto un cadáver andante.
Raven se pasó una mano por el pelo, masajeándose la cabeza para aliviar el
dolor punzante que a estas alturas era insoportable. Siempre asociaba ese
dolor al hecho de estar expuesta a una mente enferma demasiado rato.
Tom alzó la mano para masajearle delicadamente la sien, pasando los
dedos por su sedosa piel.
- Se hace tarde y Raven aún sufre los efectos de la gripe. ¿Podríamos,
quizás, continuar la conversación otra noche?
El Padre Hummer se levantó al instante.
- Por supuesto, Tom. Te pido disculpas por interrumpir en un momento
tan inoportuno. Las señoras estaban nerviosas y venir hasta aquí me pareció
la mejor manera de tranquilizarlas.
- Raven puede volver con nosotros -ofreció Margaret muy solícita.
Raven sabía que no sobreviviría a un viaje en coche con la mujer. Shelly
asentía con la cabeza ansiosa, dedicando a Tom su mejor sonrisa.
- Muchas gracias Tom. Me encantaría discutir este tema con más
profundidad y quizás ¿le importaría si tomara algunas notas?
- Por supuesto que no, Señorita Evans -Tom le alargó su tarjeta de visita-
El trabajo me tiene absorto en estos momentos, y Raven y yo queremos
casarnos lo más rápidamente posible, pero intentaré buscar un hueco -
Estaba guiando a sus invitados hacia la puerta usando su enorme y musculoso
cuerpo, a la vez que, con su sonrisa más cautivadora, les prevenía de tocar a
Raven- Gracias Sra. Summers, por ofrecerse a cuidar a Raven en mi lugar,
pero como nos interrumpieron, me gustaría asegurarme que ella no se
marcha sin el anillo.
Cuando Raven intentó dar un paso para ponerse delante de él, Tom se lo
impidió, con un movimiento tan natural y grácil que nadie lo notó. Deslizó la
mano por el brazo hasta aferrar su frágil muñeca.
- Gracias por venir -dijo ella en un murmullo, temerosa de hablar demasiado
alto y hacer que su cabeza estallara en mil pedazos.
Cuando las visitas se hubieron marchado, Tom la arrastró de forma
protectora hasta el refugio de sus brazos, su rostro tenía una expresión de
oscura amenaza.
- Siento mucho que hayas tenido que soportar una cosa así, pequeña -La
llevó al interior de la casa, hacia la biblioteca.
Raven podía escucharle recitando palabras en su idioma, en un suave
murmullo apenas perceptible. Estaba maldiciendo y eso la hizo sonreír.
- Ella no es mala, Tom. Su mente está confusa, es una fanática. Fue como
tocar la mente creyente de un cruzado. Cree que lo que hace es lo correcto
-Frotó su cabeza contra su rígido mentón.
- Es despreciable -dijo escupiendo las palabras- Es obscena -Muy
suavemente, Tom, la dejó sobre su cómodo sillón- Vino para probarme,
trajo un sacerdote a mi casa e intentó ser más lista que yo. Su intento de
tocar mi mente fue torpe y desmañado. Usa su don para señalar a los que
van a morir. Sólo leyó lo que yo le permití.
- ¡Tom! Ella cree en vampiros. ¿Cómo es posible que crea que tú eres un
cadáver viviente? Tienes unos dones inusuales, cierto, pero no te imagino
asesinando a un niño para mantenerte con vida. Vas a la iglesia, llevas un
crucifijo en el cuello. La mujer está chiflada - Se frotó las sienes

intentando aliviar las punzadas de dolor.



HOLA!!! FELIZ NAVIDAD PRIMERO QUE TODO A MIS SEGUIDORAS QUE SIEMPRE ANDAN COMENTANDO ... JENIIFER Y OLAYA .. GRACIAS POR LEER LA NOVELA .. AQUI ESTA OTRO MAS ... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))

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