CAPITULO # 5.-
Raven despertó poco a
poco del profundo sueño, trabajosamente, con la
misma sensación de estar
hundiéndose en arenas movedizas.
- ¡Volviste a hacerlo! -Fue
la rabia, simple y llanamente, la que consiguió
despertarla e hizo que
se sentara inmediatamente. Estaba sola en la
habitación. La
habitación de Tom.
Su sonrisa burlona y masculina
resonaba en la cabeza de Raven. Arrojó la
almohada contra la pared
deseando poder tirársela a la cabeza. Había
desaprovechado otro día.
¿En qué se estaba convirtiendo? ¿En su esclava
sexual?
- Esa idea tiene muchas
posibilidades-se burlo él.
- ¡Sal de mi mente! , -le
gritó indignada para después desperezarse
lánguidamente con un
movimiento felino y perezoso. Su cuerpo estaba
deliciosamente dolorido
por todos sitios, un íntimo recuerdo de que él la
poseyó. Era incapaz de
enfadarse con él, la hacía reír con su
comportamiento agresivo.
¿Cómo le iba a importar cuando su cuerpo
reaccionaba de aquella
manera?
Cuando se incorporó para
darse una ducha, vio ropa para ella al pie de la
cama. Tom ya había
salido de compras. Se encontró sonriendo,
tontamente complacida de
que él lo hubiera recordado. Cogió la falda y tocó
la tela con los dedos,
suave y de color azul profundo como la camisa que
hacía juego.
- No me compraste unos vaqueros -No
pudo resistir el impulso de tomarle el
pelo.
- Las mujeres no deben vestirse
con ropa de hombre, -contestó sin
inmutarse.
Raven se metió en la
ducha, y deshizo la gruesa trenza para enjabonarse el
cabello.
- ¿No te gusta cómo me quedan
los vaqueros?
Le contestó la profunda
risa de Tom, se estaba divirtiendo.
- Esa pregunta tiene truco.
- ¿Dónde estás? -Raven
le mandaba una provocativa invitación
inconscientemente. Se
tocó la marca del pecho con un roce de sus dedos. El
contacto le hizo hervir
la sangre y la marca empezó a latir.
- Tu cuerpo necesita descanso,
pequeña. No he sido exactamente el más
delicado de los amantes
¿verdad? -Su voz reflejaba una burla hacia sí
mismo, pero en su mente
se sentía culpable.
Raven rió suavemente.
- No es que yo tenga mucha
experiencia para poder asegurarlo ¿no crees?
En mi vida no ha habido un
desfile de hombres -Tom sintió que su risa lo
envolvía en un tierno
abrazo- Si quieres, siempre puedo encontrar a alguien
para hacer la comparación
-Sugirió dulcemente.
Sintió el roce de unos
fuertes dedos alrededor de la garganta, rodeando su
frágil cuello. ¿Cómo
podía hacerlo?
- Estoy tan asustada, machote.
Alguien tiene que empujarte a este siglo a
base de patadas y chillidos.
Los dedos acariciaron su
rostro, su labio inferior.
- Me amas tal y como soy.
Amor. La sonrisa se
desvaneció del rostro de Raven al escuchar la palabra.
No quería amarlo. Ya
tenía demasiado poder sobre ella.
- No puedes encerrarme aquí, Tom. -Amor
no, obsesión era la palabra
adecuada.
- Dulzura, no hay candados en
las puertas y el teléfono funciona
correctamente. Y sí me amas, no
puedes evitarlo. Soy perfecto para ti. Date
prisa. Necesitas alimentarte.
- Eres un absoluto coñazo.
Mientras se cepillaba el
pelo cayó en la cuenta de lo sencilla que resultaba
su conexión telepática.
¿Por la práctica? No le dolían las sienes por el
esfuerzo. Ladeó la
cabeza un instante, para escuchar los ruidos procedentes
de la casa. Tom estaba
llenando un vaso con algún tipo de bebida, podía
escucharlo con total
nitidez.
Se vistió despacio,
pensativamente. Sus habilidades telepáticas estaban
aumentando. Sus sentidos
eran más perceptivos. ¿Se debía simplemente a la
compañía de Tom o quizás
había algo en el brebaje que él la forzaba a
beber? Había tantas
cosas que quería aprender de él. Tenía enormes
cualidades psíquicas.
La falda flotó alrededor
de sus tobillos sensualmente, la camisa se adhirió a
sus curvas. Debía
admitir que el atuendo la hacía sentirse femenina, igual
que las finas medias de
encaje y el sujetador.
- ¿Vas a quedarte ahí sentada
pensando en mí toda la noche?
- ¡Toda la noche! Que no sea de
nuevo de noche, Tom. Me estoy
convirtiendo en una especie de
topo. Y no te pongas muy ancho, no estaba
pensando en ti -Le
costó un enorme esfuerzo mentir tan descaradamente.
Estaba orgullosa de sí
misma.
- ¿Y crees que me voy a tragar
esa mentira? -De nuevo se reía a carcajadas
y Raven no tuvo más
remedio que unirse al ambiente relajado.
Dio una vuelta por la
casa, observando maravillada las esculturas y los
grabados del lugar. El
sol desaparecía tras las montañas. Raven suspiró con
resignación. Tom había
dispuesto en el porche trasero de la cocina una
antigua mesa
hermosamente tallada. Giró la cabeza cuando la oyó
aproximarse, su mirada
se volvió cálida y una sonrisa bañó su rostro,
disipando las sombras.
Raven se humedeció nada más verlo.
Tom inclinó la cabeza
para besarla tiernamente en los labios. “Buenas
noches”. Le tocó el pelo
y pasó la mano rozando su rostro en una delicada
caricia. Raven permitió
que la ayudara a sentarse a la mesa, asombrándose
de su anticuada
galantería. Dejó un vaso de zumo delante de ella. “Antes de
que me vaya a trabajar,
creo que podemos ir a recoger tus cosas a la
pensión”. Sus largos
dedos eligieron cuidadosamente un pastelito de
arándanos para
depositarlo en un antiguo plato. Era exquisito, pero Raven
estaba demasiado
asombrada por sus palabras y no pudo más que mirarlo
fijamente durante un
segundo con los ojos azules totalmente abiertos.
- ¿Qué quieres decir con
recoger mis cosas? -Ni siquiera se le había
ocurrido que él pudiese
esperar que fueran a vivir juntos en la misma casa.
En su casa.
Tom sonrió de forma
malvada, lenta y provocativamente.
- Puedo conseguirte
cosas nuevas.
La mano de Raven tembló.
La bajó a su regazo, fuera de la vista.
- No voy a mudarme aquí
contigo, Tom -La idea era terrorífica. Ella
necesitaba su
privacidad, necesitaba largos periodos de soledad. Y él era el
ser más sobrecogedor y
embriagador que ella jamás había encontrado.
¿Cómo iba a ser capaz de
resolver las cosas con él todo el rato a su lado?
Tom alzó las cejas.
- ¿No? Aceptaste
nuestras costumbres, realizamos el ritual. Para mí, para
los ojos de mi gente,
eres mi compañera, mi mujer. Mi esposa. ¿Es
costumbre de las
americanas vivir separadas de sus maridos?
Su voz dejaba ver
aquella pizca de humor masculino que siempre la hacía
desear arrojarle algo a
la cabeza. Raven pensaba que se burlaba de ella,
divertido por su
cautela.
- No estamos casados
-dijo ella resueltamente. Le resultó muy difícil
ignorar el vuelco de su
corazón al oír sus palabras.
El bosque aparecía
cubierto de jirones de niebla que flotaban alrededor de
los troncos de los
árboles, extendiéndose hasta casi rozar el suelo. El
efecto era espectral
pero muy hermoso.
- Lo estamos a los ojos
de los míos, a los ojos de Dios -Había una resolución
implacable en su voz,
una especie de ‘mi palabra es la ley’ que hizo que se
mordiera el labio.
- ¿Y a mis ojos qué, Tom?
¿Y mis creencias? ¿Acaso no importan? -
preguntó beligerante.
- Veo la respuesta en
tus ojos y la siento en tu cuerpo. Estás luchando
inútilmente, Raven.
Sabes que eres mía…
Se puso de pie de un
brinco, empujando la silla al hacerlo.
- ¡Yo no pertenezco a
nadie, y menos a ti, Tom! No puedes esperar
decidir qué va a ser de
mi vida y esperar que caiga rendida en tus brazos.
Raven bajó corriendo los
tres escalones que llevaban hasta el camino del
bosque.
- Necesito un poco de aire. Me
sacas de quicio.
Tom se rió suavemente.
- ¿Tienes miedo de ti misma?
- ¡Vete al diablo, Tom! -Raven
puso el pie en el camino y empezó a caminar
rápidamente antes de él
pudiera hechizarla. Y podía hacerlo, ella lo sabía.
Eran sus ojos, su boca y
la pequeña sonrisa que le salía cuando la provocaba
deliberadamente.
La niebla era muy densa
y el aire estaba cargado de humedad. Con su agudo
sentido del oído, podía
escuchar el susurro de los arbustos, las ramas de los
árboles mecidas por el
viento y el batir de unas alas en el cielo.
Tom apareció detrás de
ella.
- Quizás yo soy el
diablo, pequeña. Estoy seguro de esa idea ha pasado por
tu cabeza.
Lo miró ferozmente por
encima del hombro.
- ¡Deja de seguirme!
- ¿Acaso no soy un
caballero obligado a acompañar a su dama hasta la casa?
- ¡Deja de burlarte! Si
te ríes de mí tan sólo una vez más, juro que no seré
responsable de mis actos
-Raven tomó conciencia de las sombras que se
movían furtivamente, de
los ojos brillantes que la perseguían. Casi se le paró
el corazón para después
martillear con fuerza en el pecho de nuevo.
- ¡Estupendo! -Se giró
abruptamente y lo miró con enfado- ¡Esto es genial!
Simplemente genial, Tom.
Llama a los lobos para que me devoren viva.
Encuentro esa idea muy
típica de ti. Tan tuya.
Dejó que sus dientes
blancos fueran visibles, como los de un depredador
hambriento y se rió
burlonamente de ella mientras le tomaba el pelo.
- No son los lobos los
que te encontrarían deliciosa.
Raven cogió una rama del
suelo y se la arrojó.
- ¡Deja de reírte de mí,
hiena! Esto no es para nada divertido. Tu arrogancia
me da ganas de vomitar
-Le costó horrores no reírse. Él era un animal,
demasiado encantador
para ser bueno.
-Tu jerga americana es
muy descriptiva, pequeña.
Le arrojó otra rama
seguida de una pequeña piedra.
-Alguien tiene que
enseñarte una buena lección.
Parecía un hermoso
diablillo travieso, todo fuego y chispas. Tom inspiró
muy despacio. Era suya,
toda fuego y furia, toda independencia y valor, llena
de una pasión
abrasadora. Con su suave risa, Raven fundió su corazón junto
al de Tom penetrando en
su mente y en su alma. Él lo sintió en la mente
de Raven, aunque estaba
siendo extremadamente cuidadosa para que él no lo
notara.
- ¿Y crees que eres la
indicada para hacerlo?- se burló.
Otra piedra vino volando
hacia su pecho. La cogió con facilidad.
- ¿Crees que me asustan
tus lobos? –Preguntó- El único lobo enorme y malo
que hay por aquí eres
tú. Llama a todos tus lobos ¡Vamos! -Fingía estar
mirando hacia el oscuro
y secreto corazón del bosque -Ven a cogerme. ¿Qué
les has dicho?
Tom le aflojó los dedos
que sostenían la rama dejando que ésta cayera al
suelo. Pasó un brazo por
su estrecha cintura atrayendo su suave cuerpo
hasta la solidez del
suyo.
- Les dije que sabías a
miel templada -Susurró con esa voz aterciopelada de
hechicero oscuro.
Girándola entre sus brazos para tenerla de frente, tomó
su hermoso rostro entre
las manos -¿Dónde está todo ese maravilloso
respeto que se merece un
hombre tan poderoso como yo?
Su pulgar se movió sobre
el labio inferior de Raven en una sensual caricia.
Raven cerró los ojos
ante lo inevitable. Tenía ganas de llorar. Sus
sentimientos hacia él
eran tan fuertes que tenía un nudo ardiente en la
garganta. Tom rozó sus
ojos con los labios, saboreó una lágrima y buscó
refugio en la dulzura de
su boca.
- ¿Por qué llorarías por
mí, Raven? -murmuró sobre su garganta -¿Es que
todavía quieres huir de
mí? ¿Tan terrible soy? Jamás permitiría, si
estuviera en mi mano,
que ninguna criatura, hombre o animal, te hiciera
daño. Pensaba que
nuestros corazones y nuestras almas estaban conectados.
¿No estoy en lo cierto?
¿Es que ya no me quieres?
Sus palabras le
desgarraban el corazón.
- No es eso, Tom, por
supuesto que no -se apresuró a negar temerosa de
haberlo herido –Echas
abajo todos mis planes -Le acarició el rostro con los
dedos, adorándolo -Eres
el hombre más fascinante que he conocido. Tengo
la sensación de que este
es mi lugar, contigo, como si te conociera de toda la
vida y te perteneciera.
Es imposible en el poco tiempo que hace que nos
conocemos. Sé que si
pudiera alejarme un poco de ti, poner un poco de
distancia entre
nosotros, sería capaz de pensar con más claridad. Todo ha
sucedido tan rápido. Es
como si estuviese obsesionada contigo. No quiero
cometer un error que nos
cause daño a cualquiera de los dos.
Sus manos abarcaron sus
pómulos.
- Me causaría un enorme
dolor si me abandonaras, dejándome solo de nuevo
ahora que te he
encontrado.
- Tan sólo necesito un
poco de tiempo, Tom, para pensar las cosas con
cuidado. Me aterroriza
lo que siento por ti. Pienso en ti constantemente,
quiero tocarte, saber
simplemente que si alargo la mano puedo hacerlo,
sentir tu piel bajo mis
dedos. Es como si te hubieras metido, arrastrándote,
en mi cabeza y en mi
corazón, incluso en mi cuerpo, y no soy capaz de
sacarte -Lo dijo
avergonzada, con la cabeza gacha, confesándose ante él.
Tom le tomó la mano y
tiro de ella para que comenzara a caminar a su
lado.
- Son los sentimientos
de mi gente hacia su compañero, así es como nosotros
sentimos. No es
sencillo, ¿verdad? Somos apasionados por naturaleza,
enormemente sexuales y
muy posesivos. Lo que tú sientes, es lo mismo que
siento yo.
Raven estrechó los dedos
alrededor de los de Tom y le dirigió una
pequeña e insegura
sonrisa.
- ¿Me equivoco al pensar
que me estás manteniendo aquí deliberadamente?
Tom encogió los anchos
hombros.
- Sí y no. No quiero
obligarte en contra de tu voluntad, pero es mi necesidad
la que hace que te
obligue, creo que somos compañeros y estamos
irrevocablemente unidos
mucho más que con una simple ceremonia de
matrimonio. Yo me
sentiría profundamente trastornado, de cuerpo y de
mente, sin ti a mi lado.
No sé cómo reaccionaría si otro hombre te tocara, y
si te soy sincero, tengo
miedo de mí mismo ante esa situación.
- Realmente pertenecemos
a mundos distintos, ¿no es así? -preguntó con
tristeza Raven.
Tom se llevó la mano de
Raven a los labios.
- Existe una cosa
llamada compromiso, pequeña. Podemos movernos entre
ambos mundos o crear uno
para nosotros.
Los ojos azules lo
miraron sin detenerse mientras una débil sonrisa curvaba
sus labios.
- Eso suena muy bien,
Tom, muy del siglo veinte, pero creo que, de alguna
manera, me tocaría a mi
comprometerme a adaptarme.
Tom apartó una rama para
que ella pasara, con esa cortesía tan pasada de
moda. El camino giraba
hasta llegar a su casa.
- Quizás tengas razón
–de nuevo se percibía el humor masculino en su voz –
pero entonces, como mi
naturaleza me obliga, yo te cuidaría y te protegería.
No tengo la menor duda
de que tú eres mucho más que una pareja para mí-
Entonces, ¿por qué vamos
de regreso a tu casa en lugar de dirigirnos a la
pensión? -preguntó con
una mano sobre la cadera y una sonrisa bailando en
sus ojos.
- ¿Y qué ibas a hacer
allí con lo tarde que es? -de nuevo esa voz
aterciopelada, mucho más
seductora que nunca -Quédate conmigo esta
noche. Puedes leer
mientras trabajo, y te enseñaré como protegerte mejor
de las emociones
indeseadas de los que te rodean.
- ¿Y qué ocurre con mi
sentido del oído? Tus pequeños brebajes han
aumentado mi oído hasta
el absurdo -dijo arqueando una ceja -¿Tienes
alguna idea de lo que me
ocurrirá a continuación?
Tom rozó la nuca de
Raven con los dientes mientras acariciaba sus
pechos desde atrás de
forma posesiva.
- Tengo todo tipo de
ideas, pequeña.
- Apuesto a que sí. Creo
que eres un adicto al sexo, Tom -Dijo escapando
a su abrazo- Creo que
pusiste algo en ese brebaje para que yo también me
convirtiera en una
adicta -Se sentó a la mesa, y cogió tranquilamente un
vaso de zumo, mientras
lo miraba intencionadamente- ¿Lo hiciste?
- Bébete eso despacio
-ordenó distraídamente- ¿De dónde sacas esas ideas?
Te he cuidado lo mejor
que he podido. ¿Has sentido que te ordenara algo
mentalmente?
Se dio cuenta de que no
podía beber.
- Siempre estás
obligándome a dormir -Raven olió el zumo con cuidado.
Manzana, nada más. No
había comido ni bebido nada desde hacía
veinticuatro horas, ¿por
qué no podía tomarse el zumo entonces?
- Necesitas dormir -dijo
sin ningún tipo de remordimiento. Tom la miraba
fijamente con ojos tristes-
¿Le pasa algo al zumo?
- No, no, nada en
absoluto -Raven se llevó el vaso a los labios y sintió que el
estómago se le contraía
protestando. Volvió a dejarlo en la mesa sin haber
probado ni un sorbo.
Tom suspiró suavemente.
- Sabes que debes
alimentarte -Se acercó inclinándose- Lo más fácil que
sería que me permitieras
ayudarte, pero dijiste que no debo hacerlo. ¿Tiene
esto sentido?
Raven apartó la mirada,
sus dedos jugando nerviosamente con el vaso.
- Quizás he contraído la
gripe. Me he estado sintiendo mareada desde hace
unos días, mareada y
débil -Apartó el vaso.
Tom lo acercó de nuevo.
- Lo necesitas, pequeña
-Tocó su delgado brazo- Ya eres demasiado frágil.
No creo que perder peso
sea una buena idea. Toma un sorbo.
Raven se pasó una mano
por el pelo, sabía que tenía razón y quería hacerle
caso. Pero su estómago
insistía en rebelarse.
- No creo que sea capaz,
Tom -Lo miró preocupada- No estoy intentando
ser difícil, es que creo
que estoy enferma.
El rostro de Tom, oscuro
y sensual, mostraba una determinación
implacable. Se plantó a
su lado, cogiendo el vaso.
- Beberás -Su voz era
profunda e intensa, no admitía protestas, era
imposible desobedecerle-
El zumo se quedará en tu estómago, tu cuerpo lo
aceptará -Habló
suavemente en voz alta, rodeando sus hombros de forma
protectora.
Raven parpadeó y lo
miró, después miró el vaso vacío. Movió despacio la
cabeza.
- No puedo creer que
seas capaz de hacer eso. No recuerdo haberlo bebido
y no tengo náuseas
-Apartó la mirada de él para contemplar el oscuro
misterio del bosque. La
niebla brillaba, emitiendo destellos al reflejar la luz
de la luna.
- Raven -Dijo Tom
acariciándole la nuca.
Se apoyó contra él.
- Ni siquiera sabes lo
verdaderamente especial que eres, ¿verdad? Las cosas
que eres capaz de hacer
van más allá de lo imaginable. Me asustas de
verdad.
Tom se apoyó contra uno
de los postes del porche, su rostro mostraba
una expresión de
absoluta perplejidad.
- Es mi deber y mi
derecho cuidarte. Si necesitas el reposo del sueño,
entonces, debo ver que
lo tengas. Si tu cuerpo necesita beber, entonces,
¿por qué no puedo
ayudarte? ¿Por qué debería asustarte esto?
- Realmente no lo
entiendes ¿verdad? -Raven se quedó mirando a un jirón de
niebla en particular que
se movía de forma extraña- Eres el líder aquí.
Obviamente, tus
habilidades son infinitamente superiores a las mías. No
creo que encajara en tu
vida. Soy un ser solitario, no sirvo para ser la
primera dama.
- Sí, tengo grandes
responsabilidades. Los míos cuentan conmigo para dirigir
los negocios y que todo
vaya bien, para atrapar a los asesinos que acaban con
los nuestros. Incluso
están convencidos de que debería averiguar, yo mismo,
la causa de la muerte de
nuestros bebés durante el primer año de vida. No
hay nada de especial en
mí, Raven, excepto que tengo una voluntad de acero
y que estoy dispuesto a
cargar sobre mis hombros con estas responsabilidades.
Pero no tengo nada,
nunca tuve nada mío. Tú me diste una razón para continuar.
Eres mi corazón, mi
alma, el aire que respiro. Sin ti, no tengo más que oscuridad
y soledad. El simple
hecho de ser fuerte, de tener poder, no significa que no
me sienta completamente
solo. Vivir en total soledad es una existencia fría y desagradable.
Raven se llevó una mano
hacia el estómago, presionando su abdomen. Tom
parecía tan lejano, tan
solo. Odiaba la manera en la que permanecía de pie en
silencio, orgulloso y
derecho, esperando que ella le arrancara el corazón.
Tenía que consolarlo y
él lo sabía. Él leía en su mente, sabía que no era capaz
de soportar la soledad
en su mirada. Raven cruzó la distancia que los
separaba sin decir nada.
¿Qué podía decir? Se limitó a apoyar la cabeza
sobre su corazón
mientras le rodeaba la cintura con los brazos.
Tom la abrazó. Él le
había arrebatado la vida sin que ella lo supiera. Y
ahora lo consolaba, le
decía que era un hombre especial, fascinante a sus
ojos, y aún no tenía ni
idea del crimen que había cometido. Estaba unida a él,
no podría estar lejos de
él durante mucho tiempo. No encontraba las
palabras para
explicárselo sin dejar ver más cosas de su especie que no
sería seguro que ella
conociera. Ella creía que no podía ser la compañera de
un hombre de tamaño
dignidad. Lo hacía sentir miserable y avergonzado de
sí mismo.
Le rodeó el rostro con
las manos, acariciando el delicado mentón.
- Escúchame, Raven -La
besó en la cabeza- Sé que no te merezco. Crees que
eres inferior a mí, de
alguna forma, pero honestamente, estás muy por
encima de mí, ni
siquiera debería tocarte.
Cuando ella se movió
para protestar, Tom la detuvo haciendo más fuerte
su abrazo.
- No, pequeña, sé que es
verdad. Sé como eres realmente, veo tu interior
mientras que tú no
tienes acceso a mis pensamientos ni a mis recuerdos. No
puedo dejarte ir. Ojalá
fuera más fuerte, ojalá fuera un buen hombre y
dejara que te marcharas,
pero no puedo hacerlo. Sólo puedo prometerte que
haré todo lo que esté en
mi poder para hacerte feliz, para que jamás te
falte nada. Te pido
tiempo para adaptarme a ti, a tus costumbres, y para
que comprendas mis
errores. Si necesitas escuchar palabras de amor – dijo
rozando con su boca la
comisura de los labios de Raven – entonces te las
diré con total
honestidad. Jamás he querido a una mujer. Nunca he deseado
que alguien tuviera este
poder sobre mí. No he compartido jamás con una
mujer lo que he
compartido contigo -La besó tiernamente, con infinito amor
y dulzura- Estarás para
siempre en mi corazón, Raven. Entiendo las
diferencias que hay
entre nosotros mucho mejor que tú. Sólo te pido una
oportunidad.
Raven se dio la vuelta
entre sus brazos para mirar al bosque, apoyándose
adorablemente contra su
cuerpo.
- ¿De verdad piensas que
podremos encontrar un término medio? ¿Crees que
seremos capaces?
No tenía ni la más remota
idea del riesgo que Tom iba a asumir. Una vez
vivieran juntos, él
jamás podría enterrarse profundamente en la tierra. No
podría dejarla sin
protección ni un solo día. A partir del momento en el que
ella compartiera su
vida, el peligro alrededor del Tom sería diez veces
mayor, y de ella
también. Los asesinos no verían la diferencia entre ellos.
Raven estaría condenada.
Y por encima del resto de sus faltas, arrastrarla a
ese mundo tan peligroso,
era su mayor delito.
Subió la mano hasta la
nuca de Raven. Era tan pequeña y tan delicada.
- No lo sabremos si no
lo intentamos- La abrazó acercándola más a su
cuerpo, en un vano
intento de no separarse de ella jamás.
Raven sintió la
repentina tensión en el cuerpo de Tom. Había subido la
cabeza en alerta, como
si olfateara el viento y escuchara los sonidos de la
noche. Se encontró
haciendo exactamente lo mismo, inspirando
profundamente con los
oídos en alerta penetrando el bosque. A lo lejos, los
aullidos de la manada de
lobos se oyeron débiles y distantes, flotando en la
brisa, llamando a Tom.
Raven lo miró perpleja,
girando la cabeza.
- ¡Te están hablando!
¿Cómo lo sé, Tom? ¿Cómo he podido saber tal cosa?
Tom le revolvió el pelo
cariñosamente.
- Te mezclaste con la
pandilla equivocada.
Raven lo recompensó con
una burbujeante carcajada que llegó hasta su
corazón, dejándolo
vulnerable y desarmado.
- ¿Qué es esto? ¿El
señor del castillo hablando como la juventud de los
noventa?
Le sonrió como un
chiquillo tras una travesura.
- Quizás sea yo el que
no está con la pandilla adecuada.
- Y quizás aún hay
esperanza para ti- Dijo besándole en la garganta, en la
barbilla y el la línea sombreada
de azul de su mentón.
- ¿No te he mencionado
lo hermosa que estás con esa ropa? -preguntó
mientras le pasaba el
brazo sobre los hombros para acompañarla hasta la
mesa- En un momento
tendremos visita -Con movimientos lentos y pausados,
llenó su copa de zumo
hasta la mitad y la puso en su lado de la mesa, después
deshizo un trozo de
pastel entre sus dedos y dejó las migas en ambos
platos.
- ¿Tom? -preguntó con
cautela- Ten mucho cuidado si usas un contacto
psíquico. Creo que hay
alguien más, aparte de mí, que tiene habilidades
telepáticas.
- Todos los míos las
tienen -contestó con cuidado.
- No de los tuyos, Tom
-Raven fruncía el ceño, arrugando la frente- De
los míos.
- ¿Por qué no me lo
dijiste antes? -pregunto suavemente pero exigiendo una
respuesta- Sabes que
acechan a mi gente y asesinan a nuestras mujeres.
Seguí el rastro de tres
de los asesinos hasta la misma pensión donde te
alojas.
- Porque no lo sé con
certeza, Tom. Intento no tocar a nadie. A lo largo
de los años me he obligado
a no tener contacto con nadie, a no permitir que
nadie me toque -Se pasó
la mano por el pelo, aún ceñuda- Lo siento. Debí
hablarte de mis
sospechas, pero no estaba segura de ellas.
Tom suavizó las arrugas
de su frente con una caricia, le tocó los labios
con ternura.
- No pretendí
atemorizarte ni presionarte, pequeña. Necesitamos discutir
esto a la primera
oportunidad. ¿Puedes oírlo?
Se tensó escuchando la
noche.
- Es un coche.
- Está a un kilómetro
más o menos -Tom aspiró el aire de la noche,
introduciéndolo en sus
pulmones- El padre Hummer y dos extraños. Mujeres.
Llevan perfume. Una de
ellas es una anciana.
- Sólo hay ocho
huéspedes aparte de mí en la pensión -A Raven le resultaba
difícil respirar-
Vinieron todos juntos, en un viaje de agencia. Una pareja mayor de los Estados
Unidos, Harry y Margaret Summers. Dos hermanos
belgas, Jacob y Shelly
Evans. Y cuatro hombres de distintos lugares del
continente. No he
hablado mucho con ellos a decir verdad.
- Cualquiera de ellos
podrían ser los asesinos -dijo con severidad. Estaba
secretamente encantado
de que Raven no hubiera prestado mucha atención
a los hombres. No quería
que se fijara en ninguno, nunca más.
- Creo que yo lo habría sabido,
¿no? -preguntó a Tom- Trato con asesinos
más de lo que me gustaría.
Sólo una de estas personas tiene habilidades
telepáticas aunque,
realmente, no son tan fuertes como las mías.
Ahora escuchaba el coche
con total claridad, pero la niebla les impedía
verlo. Tom le elevó la
barbilla con dos dedos.
- Ya nos hemos unido
según nuestra costumbre. ¿Pronunciarás los votos,
según tu tradición?
Los ojos azules, en los
que un hombre podría ahogarse, se abrieron con total
asombro. Podía pasarse
una eternidad mirando esos ojos. Una pequeña
sonrisa arrogante
curvaba sus labios. Había logrado dejarla perpleja.
- Tom, ¿me estás
pidiendo que me case contigo?
- Sinceramente, no estoy
seguro de saber hacerlo. ¿Debería ponerme de
rodillas? -le sonreía
abiertamente.
- ¿Me propones
matrimonio con un coche lleno de asesinos acercándose?
- Probables asesinos
-Sonrió de tal forma que a Raven se le encogió el
corazón.- Di que sí.
Sabes que no serás capaz de resistirte a mí. Di que sí.
- ¿Después de obligarme
a beber ese asqueroso zumo de manzana? Me
echaste encima a todos
tus lobos, Tom. Y todavía hay una larga lista de
pecados que podía
recitarte ahora mismo -Le brillaban los ojos
traviesamente.
Tiró de ella hasta
hacerla chocar con los poderosos músculos de su pecho, y
contra sus caderas.
- Ya veo que necesitaré
aplicar una buena dosis de persuasión -Sus labios
dejaron un rastro de
fuego en su rostro hasta cubrir su boca y hacerle
sentir la tierra temblar
bajo sus pies.
- Nadie debería ser
capaz de besar así -Susurró Raven.
La besó de nuevo,
seduciéndola con dulzura lamiendo sus labios
sensualmente,
prometiendo mucho más, hechizándola.
- Di que sí, Raven.
Siente cuánto te necesito.
Tom la acercó aún más
hasta que Raven sintió sobre su vientre la dura
evidencia de su deseo.
Tomándola de la mano, la guió hasta el palpitante
bulto, haciendo que lo
frotara con palma de la mano lentamente, arriba y
abajo, atormentándolos a
ambos. Abrió su mente para que ella pudiera
entrar y sentir la
voracidad de su deseo, de su hambre por ella, su pasión y
la corriente de calidez
y amor que los rodeaba.
- Di que si, Raven
-susurró en su cabeza, necesitándola para que lo llevara de
vuelta, para que lo
aceptara con lo bueno y con lo malo que había en su
interior.
- Llevas ventaja, eso no es
justo -Su respuesta fue como la miel tibia,
derramándose por su
cabeza con amor y una pizca de diversión.
El coche salió de la
niebla, hasta detenerse junto a un grupo de árboles.
Tom se volvió para
saludar a los visitantes, colocando de forma instintiva
su cuerpo para proteger
a Raven de sus miradas.
- Padre Hummer, qué
sorpresa tan agradable -Tom extendió la mano en
señal de bienvenida,
pero su voz sonó brusca.
- ¡Raven! -Shelly Evans
pasó junto al sacerdote empujándole de forma
grosera y corrió hacia
Raven, devorando a Tom con los ojos.
Tom vio el temblor y la
consternación en los ojos de Raven, antes de que
Shelly la alcanzara
extendiendo los brazos y estrechándola fuertemente.
Shelly no tenía ni idea
de que Raven percibía la envidia que sentía en esos
momentos y el deseo
sexual que le despertaba Tom. Por su parte, Tom
podía sentir la
repulsión que Raven sentía ante el abrazo y ante la
preocupación de la
chica, y sobre todo por sus fantasías con él, pero logró
sobreponerse, sonreír y
devolver el abrazo.
- ¿Qué es todo esto?
¿Algo va mal? -Preguntó Raven dulcemente,
apartándose educadamente
de la mujer más alta.
- Bueno, querida -dijo
Margaret Summers severamente, mirando a Tom y
llegando hasta Raven-
Insistimos hasta que el Padre Hummer nos trajo para
comprobar que estás
bien.
En el instante en el que
la arrugada mano tocó su brazo, Raven notó el
empujón en su mente. Al
mismo tiempo su estómago se reveló, sintió unas
profundas náuseas y un
dolor agudo le atravesó la cabeza, destrozando su
mente. Era incapaz de
respirar. Había tocado a la muerte. Se echó hacia
atrás instintivamente,
secándose la palma de la mano sobre el muslo.
- ¡Tom!
–Canalizó sus pensamientos enviándoselos por completo a él- Voy a
Vomitar.
- ¿No les aseguró la
Sra. Galvenstein que Raven estaría bien conmigo?
Ton se colocó
resueltamente, pero de forma educada entre Raven y la
anciana. Había sentido
el torpe intento de la mujer de penetrar en su mente
cuando lo rozó al pasar.
Sus dientes blancos refulgieron en una forzada
sonrisa- Por favor,
entren en mi casa y pónganse cómodos. Está haciendo
frío aquí fuera.
Margaret Summers lo
inspeccionaba todo, observaba los dos platos y los
vasos de la mesa, las
migas del pastel en ambos servicios. Sus ojos
atravesaban a Raven
intentando ir más allá de la tela de su blusa y mirarle el
cuello.
Tom rodeó los hombros de
Raven con un brazo para protegerla en el
refugio de su cuerpo.
Ocultó una sonrisa al ver que la Sra. Summers
agarraba a Shelly para
dejar que el padre Hummer entrara en primer lugar.
Eran tan predecibles. Bajó
la cabeza.
- ¿Te sientes bien?
- Voy a vomitar. El zumo de
manzana -Lo miró con reproche.
- Deja que te ayude. No lo
notarán -Se dio la vuelta y la ocultó con su
inmenso cuerpo.
Pronunció una orden suave y la besó dulcemente- ¿Mejor
ahora?
Raven le acarició el
mentón, contestando con sus dedos.
- Gracias -Se volvieron juntos para mirar a los invitados.
Margaret y Shelly
contemplaban maravilladas la casa de Tom. Tenía
mucho dinero y el
interior de su casa lo reflejaba; mármol y maderas
preciosas; colores
cálidos y acogedores; antigüedades y grabados. Era obvio
que Margaret se sentía
impresionada y sorprendida.
El padre Hummer se sentó
cómodamente en su sillón favorito.
- Creo que hemos
interrumpido algo importante -Parecía encantado consigo
mismo e interiormente
divertido. Los ojos apagados brillaban cada vez que
se cruzaban con la mirada
oscura e insondable de Tom.
- Raven ha consentido en
convertirse en mi esposa -Tom se llevó la mano
de Raven a los labios-
No tuve tiempo de darle el anillo. Ustedes llegaron
antes de que pudiera
ponérselo en el dedo.
Margaret tocó la Biblia
hermosamente encuadernada que descansaba sobre
la mesa.
- ¡Qué romántico, Raven!
¿Os casaréis por la Iglesia?
- Por supuesto que los
jóvenes deben casarse en la Iglesia. Tom es
creyente y no haría nada
inapropiado -contestó el Padre Hummer como
ligera reprimenda.
Raven dejó su mano
entrelazada entre la de Tom, mientras se sentaban
en el sofá. Los
descoloridos ojos de Margaret eran afilados como garras.
- ¿Por qué ha estado
escondiéndose, querida? -Su mirada lo analizaba todo,
intentando descubrir
todos los secretos.
Tom se movió,
inclinándose sobre el respaldo perezosamente.
- Ni siquiera nos hemos
escondido. Telefoneamos a la Sra. Galvenstein, la
dueña de la pensión,
para comunicarle que Raven se quedaría aquí.
Seguramente se lo dijo a
ustedes.
- Lo último que oí de
Raven es que había ido al bosque para merendar con
usted -aseguró Margaret-
Sabía que estaba enferma y me preocupé, por eso
averigüé su nombre y le pedí
al párroco que nos acompañara hasta aquí -Su
aguda mirada se detuvo
en un antiguo espejo de plata.
- Siento haberla
preocupado, Sra. Summers -dijo Raven con voz dulce- He
tenido una gripe
horrible. Si hubiese sabido que se preocupaban por mí,
habría llamado yo misma
-Señaló.
- Quería verla con mis
propios ojos -Margaret apretó los labios en señal de
tozudez- Las dos somos
Americanas, y me siento responsable de usted.
- Le agradezco su
preocupación. Raven es la luz de mi vida -Tom se
incorporó un poco con su
sonrisa de depredador- Soy Tom Dubrinsky. No
creo que hayamos sido
presentados formalmente.
Margaret dudó, y
elevando la barbilla, tendió la mano a Tom murmurando
su nombre. Tom dejó que
percibiera su buena voluntad y el amor,
condimentado
traviesamente con una saludable lujuria, que sentía por Raven.
Shelly se presentó
ávidamente.
- ¿Sr. Dubrinsky?
- Por favor, llámenme
Tom -Su encanto era tan intenso que Shelly casi se
cayó de la silla. Se
contoneaba y cruzaba las piernas para que Tom
tuviera una mejor vista-
Tom entonces -Shelly dibujó una coqueta
sonrisa- El padre Hummer
nos contó que usted es una especie de historiador
y que conoce todas las
tradiciones de la región. Estoy haciendo una
investigación sobre
folklore. Más concretamente, me interesa si existe
algún tipo de verdad
sobre las leyendas locales. ¿Sabe usted algo sobre
vampiros?
Raven parpadeó,
intentando no soltar una carcajada. Shelly hablaba
totalmente en serio y
había caído bajo el hechizo de Tom. Sería muy
embarazoso si ella se
riera. Se concentró en el pulgar de Tom que estaba
acariciando la parte
interna de su muñeca ayudándola a sentirse más fuerte.
- Vampiros -Tom repitió
el término de forma trivial- La zona más popular
para los vampiros es sin
duda Transilvania, pero aquí también tenemos
nuestras propias
historias. Hay muchos cuentos sobre vampiros a lo largo y
ancho de los Cárpatos.
Incluso existe una ruta turística desde aquí hasta
Transilvania, la ruta de
Jonathan Harper. Estoy seguro de que lo
encontraría la mar de
divertido.
Margaret se inclinó
hacia delante.
- ¿Cree usted en estas
historias?
- ¡Sra. Summers!
-exclamó Raven mostrando su asombro- No creerá usted
en eso ¿verdad?
El rostro de Margaret
borró cualquier asomo de expresión, apretando los
labios de forma
beligerante.
- Siempre he creído que
existe una pizca de verdad en cualquier historia
que se ha mantenido a
través de los años. Quizás sea eso lo que cree la Sra.
Summers -Dijo Tom
amablemente.
Margaret asintió con la
cabeza, visiblemente relajada, y dirigió una sonrisa
benevolente a Tom.
- Me alegra que estemos
de acuerdo en esto, Sr. Dubrinsky. Un hombre de
su posición debe tener,
ciertamente, una mente abierta. ¿Cómo es posible
que, a lo largo de los
siglos, tanta gente cuente una y otra vez las mismas
historias sin que haya
ni un ápice de verdad en estas leyendas?
- ¿Verdad en un cadáver
viviente? -Raven arqueó las cejas- No sé nada
sobre lo que ocurrió en
la Edad Media, pero supongo que me daría cuenta si
empezara a ver a mi
alrededor muertos que raptan niños.
- Además está esa
cuestión -añadió Tom- No hemos tenido una larga lista
de muertes
inexplicables, por lo menos que yo sepa, en los últimos años.
- Pero algunos de los
vecinos cuentan historias muy extrañas- Shelly estaba
poco dispuesta a
abandonar sus ideas.
- Por supuesto -Tom
sonrió contagiosamente- Es mucho mejor para
atraer a los turistas.
Hace unos años… ¿cuándo sucedió Padre? Recuerde
cuando Swaney quería
aumentar las ventas a los turistas y se pinchó él
mismo en el cuello con
las agujas de hacer punto. Hasta el periódico local le
hizo fotos. Se colgó una
ristra de ajos alrededor del cuello y se dedicó a
caminar por el pueblo
afirmando que el ajo le ponía enfermo.
- ¿Cómo sabe usted que
no fue real? -Preguntó Margaret.
- Las heridas se le
infectaron. Resultó que era alérgico al ajo y no le quedo
más remedio que
confesarlo todo -Tom sonrió traviesamente a las dos
mujeres- El Padre Hummer
le puso la penitencia. Swaney rezó el rosario
treinta y siete veces
seguidas.
El Padre Hummer echó la
cabeza hacia atrás y rió de buena gana.
- En realidad, consiguió
atraer la atención de todo el mundo durante un
tiempo. Los periodistas
vinieron de todas partes. Fue un espectáculo
bastante entretenido.
Tom hizo una mueca.
- Si mal no recuerdo,
tuve que pasar mucho tiempo alejado de mi oficina, me
vi obligado a trabajar
noche y día durante una semana en consecuencia.
- Incluso tú te tomaste
la pequeña aventura con buen sentido del humor,
Tom -Dijo el Padre Hummer-
He estado por los alrededores muchos años,
señoras, y jamás he
visto un cadáver andante.
Raven se pasó una mano
por el pelo, masajeándose la cabeza para aliviar el
dolor punzante que a
estas alturas era insoportable. Siempre asociaba ese
dolor al hecho de estar
expuesta a una mente enferma demasiado rato.
Tom alzó la mano para
masajearle delicadamente la sien, pasando los
dedos por su sedosa
piel.
- Se hace tarde y Raven
aún sufre los efectos de la gripe. ¿Podríamos,
quizás, continuar la
conversación otra noche?
El Padre Hummer se
levantó al instante.
- Por supuesto, Tom. Te
pido disculpas por interrumpir en un momento
tan inoportuno. Las
señoras estaban nerviosas y venir hasta aquí me pareció
la mejor manera de
tranquilizarlas.
- Raven puede volver con
nosotros -ofreció Margaret muy solícita.
Raven sabía que no
sobreviviría a un viaje en coche con la mujer. Shelly
asentía con la cabeza
ansiosa, dedicando a Tom su mejor sonrisa.
- Muchas gracias Tom. Me
encantaría discutir este tema con más
profundidad y quizás ¿le
importaría si tomara algunas notas?
- Por supuesto que no,
Señorita Evans -Tom le alargó su tarjeta de visita-
El trabajo me tiene
absorto en estos momentos, y Raven y yo queremos
casarnos lo más
rápidamente posible, pero intentaré buscar un hueco -
Estaba guiando a sus
invitados hacia la puerta usando su enorme y musculoso
cuerpo, a la vez que,
con su sonrisa más cautivadora, les prevenía de tocar a
Raven- Gracias Sra.
Summers, por ofrecerse a cuidar a Raven en mi lugar,
pero como nos
interrumpieron, me gustaría asegurarme que ella no se
marcha sin el anillo.
Cuando Raven intentó dar
un paso para ponerse delante de él, Tom se lo
impidió, con un
movimiento tan natural y grácil que nadie lo notó. Deslizó la
mano por el brazo hasta
aferrar su frágil muñeca.
- Gracias por venir
-dijo ella en un murmullo, temerosa de hablar demasiado
alto y hacer que su
cabeza estallara en mil pedazos.
Cuando las visitas se
hubieron marchado, Tom la arrastró de forma
protectora hasta el
refugio de sus brazos, su rostro tenía una expresión de
oscura amenaza.
- Siento mucho que hayas
tenido que soportar una cosa así, pequeña -La
llevó al interior de la
casa, hacia la biblioteca.
Raven podía escucharle
recitando palabras en su idioma, en un suave
murmullo apenas
perceptible. Estaba maldiciendo y eso la hizo sonreír.
- Ella no es mala, Tom.
Su mente está confusa, es una fanática. Fue como
tocar la mente creyente
de un cruzado. Cree que lo que hace es lo correcto
-Frotó su cabeza contra
su rígido mentón.
- Es despreciable -dijo
escupiendo las palabras- Es obscena -Muy
suavemente, Tom, la dejó
sobre su cómodo sillón- Vino para probarme,
trajo un sacerdote a mi
casa e intentó ser más lista que yo. Su intento de
tocar mi mente fue torpe
y desmañado. Usa su don para señalar a los que
van a morir. Sólo leyó
lo que yo le permití.
- ¡Tom! Ella cree en
vampiros. ¿Cómo es posible que crea que tú eres un
cadáver viviente? Tienes
unos dones inusuales, cierto, pero no te imagino
asesinando a un niño
para mantenerte con vida. Vas a la iglesia, llevas un
crucifijo en el cuello.
La mujer está chiflada - Se frotó las sienes
intentando aliviar las
punzadas de dolor.
HOLA!!! FELIZ NAVIDAD PRIMERO QUE TODO A MIS SEGUIDORAS QUE SIEMPRE ANDAN COMENTANDO ... JENIIFER Y OLAYA .. GRACIAS POR LEER LA NOVELA .. AQUI ESTA OTRO MAS ... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEER :))
FELIZ Navidad a todas
ResponderEliminarMuchas gracias a ti por escribir ya lo sabesss
Sigue por favorrrrr
Amo tus fics"!
ResponderEliminarSubee yaa!! Feliz Navidad. Besos y abrazos :)
Sigueeeeee
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