CAPITULO # 2.-
La pesada puerta se cerró
tras Raven con un ruido sordo. Empezó a tiritar y
a frotarse los brazos,
estaba muy nerviosa. Tom le echó una capa sobre
los hombros. Raven se vio
envuelta por su cálido aroma masculino. Atravesó
el recibidor a grandes
pasos y abrió las puertas de la biblioteca. Encendió el
fuego en un momento. Le
señaló un sillón, al lado de la chimenea. De respaldo
alto y mullida tapicería,
una pieza de anticuario, aunque no parecía nada
deteriorado ni desgastado.
Raven estudió la
habitación con aprensión. Era una estancia grande, con un
hermoso entarimado de
madera en forma de mosaico. En tres de las paredes
se veían estanterías
cubiertas de libros, la mayoría encuadernados en piel,
muchos de ellos muy
antiguos. Los sillones eran cómodos, la mesita, muy
antigua, también estaba en
estupendas condiciones. El tablero de ajedrez
era de mármol y las piezas
estaban esculpidas a mano.
- Bebe esto.
Estuvo a punto de saltar
de la impresión cuando lo vio junto a ella
ofreciéndole un vaso de
cristal.
- No tomo bebidas
alcohólicas.
El sonrió de aquella forma
que hacía que su corazón latiera desbocado. Su
agudo sentido del olfato
ya había percibido esa información con
anterioridad.
- No es alcohol; es una
mezcla de hierbas para tu dolor de cabeza.
Una sensación de alarma se
extendió en su interior. Había sido una locura ir
allí. La situación era la
misma que la de intentar relajarse sabiendo que hay
un tigre salvaje en la
habitación. Él podía hacerle cualquier cosa y nadie
acudiría a ayudarla. Si la
drogaba…Movió la cabeza con decisión.
- No, gracias.
- Raven - Dijo en voz
baja, acariciante, hipnótica - Obedéceme.
Sus dedos se curvaron
alrededor del vaso, luchó para impedirlo, pero la
cabeza le estalló con un
súbito y lacerante dolor. Gritó.
Tom estaba a su lado, de
pie, cubrió con su mano los dedos que aferraban
el frágil cristal.
- ¿Por qué me desafías en
algo tan insignificante?
Las lágrimas le quemaban
la garganta, pero no iba a llorar.
- ¿Por qué me obligarías a
tomarla?
Llevó la mano a su
garganta, la rodeó y le alzó la barbilla.
- Porque te duele y quiero
que el dolor desaparezca.
¿Podía ser tan simple? Sus
ojos se agrandaron con la estupefacción. ¿Le
dolía la cabeza y quería
que el dolor desapareciera? ¿Era realmente tan
protector o simplemente le
divertía que se acatara su voluntad?
- Yo soy la que decide. En
eso consiste la libertad.
- Veo el dolor en tus
ojos, lo siento en tu cuerpo. Sabiendo que puedo
ayudarte, ¿es lógico que
permita que te sigas haciendo daño simplemente
porque quieres demostrar
algo? - Su voz denotaba confusión - Raven, si
tuviera intención de
hacerte daño, no necesitaría drogarte. Déjame
ayudarte - Movía el pulgar
sobre su piel con una caricia ligera, sensual,
siguiendo la línea del
cuello, dibujando su mandíbula hasta llegar a la
plenitud del labio
inferior.
Raven cerró los ojos y
dejó que él le acercara el vaso a los labios, haciendo
que el líquido agridulce
bajara por su garganta. Sintió que estaba poniendo
su vida en manos de aquel
hombre. Sus caricias eran posesivas.
- Relájate, pequeña - dijo
suavemente - Háblame de ti. ¿Cómo es que puedes
oír mis pensamientos? -
Sus fuertes dedos iniciaron un relajante masaje
sobre las sienes de Raven.
- Siempre he sido capaz de
hacer esas cosas. Cuando era pequeña, pensaba
que todo el mundo podía
leer los pensamientos de los demás. Pero era
terrible oír lo más
profundo de cada persona, sus secretos. Oía y sentía
cosas a cada minuto - Ella
nunca hablaba de su vida, de su niñez, a nadie y
menos a un completo
extraño. Pero Tom no era un extraño. Parecía
formar parte de su vida.
Una parte de su alma. Era importante que se lo
contara - Mi padre pensaba
que yo era una especie de monstruo, un demonio,
incluso mi madre se
asustaba de mí. Aprendí a no tocar a nadie, a no
meterme en una multitud.
Era mejor estar sola, en lugares solitarios. Era la
única forma de no perder
la razón.
Durante un segundo los
dientes de Tom aparecieron, amenazantes, quería
estar a solas con su
padre. Solo unos minutos, para enseñarle lo que era
realmente un demonio. Las
palabras de Raven habían despertado la ira en su
interior, era una
situación alarmante e interesante. Saber que ella había
estado tan sola hacía
tantos años, que había soportado el dolor y la soledad
estando él en el mundo lo
enfurecía. ¿Por qué no había ido a buscarla? ¿Por
qué su padre no la había
amado y protegido como debía?
Sus manos estaban obrando
milagros, deslizándose hasta la nuca, sus dedos
eran fuertes, su masaje
hipnótico.
- Hace pocos años un
hombre estaba asesinando a familias enteras, a niños
pequeños. Yo vivía con una
amiga del instituto y cuando volví del trabajo, los
encontré a todos muertos.
Cuando entré en la casa pude sentir su maldad,
sus pensamientos. Las
cosas que pasaban por mi cabeza me daban nauseas,
pero fui capaz de
localizarlo y finalmente guiar a la policía hasta dar con él.
Acarició la gruesa trenza
con sus manos, hasta encontrar el broche que la
sujetaba, la soltó y
deshizo los largos y sedosos mechones, aún húmedos
por la ducha que había
tomado horas antes.
- ¿Cuántas veces hiciste
lo mismo? - Ella dejaba que la información fluyera,
el horror, el dolor, las
caras de las personas a las que ayudaba mientras ella
realizaba su trabajo,
atónitos, fascinados y asqueados por la habilidad que
poseía. El vio todos esos
detalles compartiendo su mente, leyendo sus
recuerdos para conocerla
realmente.
- Cuatro. Perseguí a
cuatro asesinos. La última vez me derrumbé. Estaba tan
enfermo, era tan malvado.
Me sentí sucia, incapaz de sacármelo de la
cabeza. Vine esperando
encontrar paz. Decidí que jamás volvería a hacerlo.
Detrás de ella, Tom cerró
los ojos un momento para calmarse. ¡Ella se
sentía sucia! Podía ver su
interior, su alma y su corazón, cada secreto. Ella
era luz y compasión,
fuerza y amabilidad. Jamás debería haber visto las
cosas que había
presenciado. Esperó hasta que su voz estuvo calmada y
serena.
- ¿Te duele la cabeza al
usar tus habilidades telepáticas? - cuando asintió
con un movimiento de
cabeza, continuó - y aún así, cuando me oíste, dolorido
y desprevenido, llegaste
hasta mí sabiendo el precio que ibas a pagar.
¿Cómo podía explicárselo?
Lo sintió como un animal herido, irradiando tanto
dolor que ella misma se
echó a llorar. Compartían la misma soledad. Y ella
había percibido su
intención de acabar con el dolor, con su vida. No podía
dejar que lo hiciera, sin
importarle lo que a ella le ocurriera.
Tom dejó escapar el aire
de sus pulmones lentamente. La bondad de su
carácter, su entrega lo
dejó atónito e impresionado. Estaba dudando, no
sabía si podría expresar
con palabras por qué se había puesto en contacto
con él, pero Tom supo que
era algo natural en ella entregarse de forma
desinteresada. También
descubrió que ella oyó su llamada tan intensamente
porque, ese algo profundo
en él que alcanzó su mente, había descubierto en
Raven todo lo que
necesitaba. Aspiró su perfume, abrazándolo, disfrutando
de la maravillosa visión
de tenerla en su hogar, de respirar su olor, de sentir
su cabello sedoso entre
sus manos, su piel suave bajo sus dedos. La luz del
fuego arrancaba reflejos
azulados a su pelo. La necesidad lo golpeó con
fuerza, con dolorosa
urgencia y se deleitó en este dolor porque ahora era
capaz de sentir. Se sentó
al otro lado de la mesa, enfrente de ella, arrastró
su mirada perezosamente
por sus tentadoras curvas.
- ¿Por qué te vistes con
ropa de hombre? - le preguntó.
Ella soltó una risa suave
y melodiosa, los ojos se le iluminaron con esta
pequeña travesura.
- Porque sabía que te
molestaría.
Tom echó la cabeza hacia
atrás y rió. Esta vez la risa era genuina, pura,
real. La felicidad lo
inundaba y el cariño empezaba a agitarse en su interior.
No era capaz de recordar
como eran esos sentimientos, pero las emociones
que lo atravesaban eran
agudas, claras y dejaban a su cuerpo dulcemente
dolorido.
- ¿Es necesario
molestarme?
Ella alzó una ceja y lo
miró, se dio cuenta que el dolor de cabeza había
desaparecido por completo.
- Es tan fácil… - bromeó
Raven.
Él se inclinó sobre la
mesa, acortando la distancia entre ambos.
- Eres una mujer
irrespetuosa. Querrás decir que es muy peligroso.
- Hum, quizás un poco
también - Se apartó el pelo de la cara con un
movimiento de la mano. El
gesto era un hábito inocente pero a la vez
increíblemente sensual.
Dejó a la vista la perfección de su rostro, la
plenitud de sus pechos, la
suave curva de su garganta.
- ¿Entonces, es cierto que
eres tan buen jugador de ajedrez? - lo desafió
con imprudencia.
Una hora más tarde Tom se
acomodó en su silla, observando su rostro
mientras estudiaba el
tablero. Tenía el entrecejo fruncido por la
concentración, intentado
descubrir la estrategia que él seguía. Ella podía
percibir que le estaba
tendiendo una trampa, pero no era capaz de ver en
qué consistía. Raven apoyó
la barbilla sobre la mano, relajada, sin prisa. Era
paciente y meticulosa, en
dos ocasiones había conseguido ponerlo contra las
cuerdas porque él estaba
demasiado seguro de sí mismo.
De repente, abrió los ojos
de par en par por la sorpresa, mientras que una
lenta sonrisa asomaba a
sus carnosos labios.
- Eres un astuto diablo,
¿no es así, Tom? Pero tu astucia te puede meter
en un pequeño problema.
La miró con los ojos
entrecerrados. Sus dientes se veían muy blancos a la
luz del fuego.
- ¿Se me olvidó mencionar
que la última persona lo suficientemente
impertinente como para
ganarme una partida de ajedrez, fue arrojada a la
mazmorra y torturada
durante treinta años?
- Supongo que entonces
tendrías unos… dos años - bromeó con la mirada fija
en el tablero.
Bruscamente, se le cortó
la respiración. Se había sentido tan a gusto junto a
ella, sentía que lo
aceptaba totalmente. Obviamente ella lo creía mortal, con
poderes telepáticos muy
superiores a los suyos. Tom extendió
perezosamente un brazo
sobre el tablero para hacer su movimiento, viendo
como ella comprendía lo
que iba a hacer.
- Creo que esto es un
jaque mate - dijo con voz aterciopelada.
- Debería haber sabido que
un hombre que camina por el bosque rodeado de
lobos sería muy taimado -
Le dedicó una sonrisa - Una estupenda partida,
Tom. He disfrutado mucho.
Raven se apoyó cómodamente
en los cojines.
- ¿Puedes hablar con los
animales? - preguntó con curiosidad.
Le gustaba su presencia en
su hogar, la forma en la que el fuego tintaba de
azul su cabello y las
sombras oscurecían adorablemente su rostro. Había
memorizado hasta el más
pequeño detalle. Sabía que si cerraba los ojos la
vería allí, los delicados
pómulos, la pequeña nariz y la exuberante boca.
- Sí - Contestó con
honestidad, no quería mentiras entre ellos.
- ¿Habrías matado a Jacob?
Sus hermosas pestañas
llamaron su atención.
- Ten cuidado con tus
preguntas, pequeña - le advirtió.
Acurrucó las piernas en el
sillón, sentándose encima, mientras lo miraba
fijamente.
- ¿Sabes, Tom? Estás tan
acostumbrado a usar tu poder que no te paras
a pensar si lo que haces
está bien o mal.
- Él no tenía derecho a
tocarte. Te estaba haciendo daño.
- Pero él no lo sabía. Y
tú no tienes derecho a tocarme, pero lo haces de
todas formas – señaló,
intentando razonar.
Sus ojos brillaron fríos.
- Tengo todo el derecho.
Me perteneces - Lo dijo tranquilamente, pero el
tono de voz suave dejaba
ver una pequeña advertencia - Y lo que es aún más
importante, Raven, yo no
te hago daño.
Raven se quedó sin
respiración. Se humedeció los labios con la lengua sin
darse cuenta.
- Tom – elegía las
palabras con sumo cuidado, dudando – Yo me
pertenezco a mí misma. Soy
una persona, no algo que se pueda tener en
propiedad. De todas
formas, vivo en los Estados Unidos. Regresaré pronto a
mi casa y tengo intención
de coger el próximo tren a Budapest.
Sus labios dibujaron la
sonrisa de un cazador, de un depredador. La luz del
fuego se reflejó por un
instante en sus ojos que brillaron como los de un
lobo en la oscuridad. No
dijo nada. La contemplaba fijamente, sin parpadear.
Raven se llevó la mano a
la garganta de forma protectora.
- Es tarde; debería
marcharme - podía oír el latido de su corazón. ¿Qué
quería de él? No lo sabía,
sólo podía pensar que estaba disfrutando de la
noche más perfecta y
aterradora de toda su vida y que quería verlo de
nuevo. Tom estaba
totalmente inmóvil, amenazante. Raven esperó sin
aliento. El miedo la
asfixiaba, la hacía temblar. Miedo a que él la dejara
marchar; miedo a que la
obligara a quedarse. Inspiró profundamente -
Tom, no sé qué es lo que
quieres de mí - Tampoco ella sabía lo que quería.
Entonces se puso de pie,
emanaba poder y elegancia. Su sombra la alcanzó
antes que él. Tenía una
enorme fuerza, pero sus manos fueron gentiles
cuando tiraron de ella
para ponerla en pie. Se deslizaron por sus brazos
hasta dejarlas descansar
sobre sus hombros mientras le acariciaba el cuello
con los pulgares. Una
extraña sensación de calidez subió por su estómago.
Era tan pequeña a su lado,
tan frágil y vulnerable.
- No intentes dejarme,
pequeña. Nos necesitamos el uno al otro - Inclinó la
cabeza para acariciar sus
párpados con los labios, enviando pequeñas
llamaradas que hacían
arder su piel - Me haces recordar lo que es la vida -
susurró con aquella voz
hipnótica. La besó en la comisura de los labios y
Raven sintió que una
descarga eléctrica atravesaba su cuerpo.
Se alzó para acariciar la
oscura línea de su mandíbula, a la vez que intentaba
separarse de él poniendo
la otra mano sobre los fuertes músculos del pecho.
- Escúchame, Tom - dijo
con voz ronca - Ambos sabemos lo que es la
soledad, la completa
soledad. Aún no me puedo creer que pueda estar tan
cerca de ti y tocarte sin
que me agobien involuntariamente tus
pensamientos. Pero no
podemos seguir con esto.
El fuego que ardía en sus
ojos dejó entrever una pizca de ternura y
diversión. Entrelazó los
dedos en su nuca.
- Oh, ya lo creo que
podemos - El terciopelo negro de su voz era pura
seducción, su sonrisa
abiertamente sensual.
Raven percibió su poder
con todo su cuerpo. Era incapaz de sostenerse en
pie. Estaba tan cerca de
él que se sentía parte de su cuerpo, rodeada por él,
envuelta en su abrazo.
- No tengo intención de
dormir con un desconocido por el simple hecho de
estar sola.
Su risa fue casi una
caricia.
- ¿Eso es lo que piensas?
¿Que dormirías conmigo sólo porque estás sola? -
de nuevo acarició
suavemente su garganta haciendo que su sangre ardiera -
Por esto harás el amor
conmigo. ¡Por esto! - dijo atrapando su boca en un
beso agresivo.
Se sintieron arrollados
por un fuego abrasador, por la fuerza del relámpago,
la tierra tembló y se
elevó bajo sus pies.
Tom acercó su cuerpo
esbelto hasta hacerla sentir su masculinidad, la
agresividad de sus
músculos. La dominaba con su boca, ahogándola en un
mundo de puro placer.
Raven no pudo hacer nada
más que aferrarse a él, su cuerpo era su ancla en
una tormenta de turbulenta
pasión. De lo profundo de su garganta se elevó
un gruñido fiero, animal,
como el de un lobo al despertar. Su boca se
trasladó hacia la suave y
frágil curva de su garganta, donde el pulso latía
desenfrenadamente contra
su sedosa piel.
Los brazos de Tom se
cerraron aún más en torno a ella, sujetándola
contra su cuerpo de forma
posesiva, consciente de que Raven no podría
liberarse de su abrazo.
Raven se sentía arder de necesidad, se derretía
encerrada en su abrazo, su
piel quemaba. Se movía inquieta rozándose
contra su cuerpo, los
pezones se erguían dibujándose claramente bajo el
fino hilo de su jersey.
Le acarició el pezón
suavemente por encima del encaje, olas de sofocante
calor subían en espiral por
el cuerpo de Raven haciendo que sus rodillas
flaquearan y que sólo la
fuerza de sus brazos la mantuviera en pie. Tom
movió de nuevo su boca y
su lengua trazó una senda ardiente allí donde se
agitaba el pulso en su
garganta.
Y entonces su sangre se convirtió
en fuego líquido, sintió un dolor
abrasador, su cuerpo se
retorcía enfebrecido por la desesperación. La
asaltaban olas de
exquisito deseo. La mezcla de dolor y placer que su lengua
estaba provocándole en el
cuello era tan intensa que ya no sabía donde
empezaba su cuerpo y dónde
empezaba el de Tom. Con el pulgar le echó la
cabeza hacia atrás dejando
su garganta expuesta, unió la boca a su piel,
devorándola, bebiendo de
ella. Raven sentía que su boca le quemaba pero de
esta forma satisfacía su
propia sed.
Tom murmuró algo en su
lengua natal y rompió la unión apartando
ligeramente la cabeza.
Raven sintió que algo cálido caía por la garganta,
resbalando hacia el pecho.
La lengua de Tom siguió el rastro, lamiendo la
cremosa curva de sus pechos.
La agarró de la cintura, de repente fue
consciente del estado de
su propio cuerpo, rugía por liberarse. Tenía que
reclamarla como su
compañera. Su cuerpo se lo exigía, ardía por ella.
Raven se agarró a su
camisa para no perder el equilibrio. Tom lanzó una
maldición muy elocuente,
mezclando las dos lenguas, furioso consigo mismo,
mientras la acunaba de
forma protectora entre sus brazos.
- Lo siento, Tom - Estaba
asustada, aterrada por la debilidad que invadía
su cuerpo. La habitación
parecía girar a su alrededor y una bruma parecía
envolverlo todo. Sentía un
dolor ardiente en el cuello.
Inclinó la cabeza para
besarla con delicadeza.
- No, pequeña, estoy yendo
demasiado rápido - Todo lo que él era, la mezcla
de la bestia y del hombre
con cientos de años a sus espaldas, bramaba en su
interior para que la
tomara, para que la conservara a su lado, pero él quería
que viniera por su propia
voluntad, deseosa de hacerlo.
- Me siento rara, mareada.
Había perdido el control
un solo instante, la bestia había surgido hambrienta
por la dulzura de su sabor
y deseosa de poner su marca sobre ella. Su
cuerpo necesitaba con
urgencia liberarse del ardor que lo dominaba,
poseerla. Pero la
disciplina y el control vencieron a sus instintos
depredadores. Inspiró
profundamente y la dejó en la silla, junto al fuego.
Ella se merecía que la
cortejara, se merecía conocerlo de verdad, llegar a
sentir aunque sólo fuera
una pizca de cariño por él antes de unir sus vidas
para siempre. Una humana.
Un ser mortal. Era un error. Era peligroso.
Mientras la acomodaba
gentilmente sobre los cojines percibió que algo
andaba mal.
Su rostro tenía una
expresión oscura y amenazadora al girarse. Su cuerpo
no expresaba protección,
ahora mostraba poder y amenaza.
- No te muevas - le ordenó
suavemente. Se movió tan rápido que pareció
desaparecer de repente,
cerrando las puertas de la biblioteca mientras se
dirigía a la puerta principal.
Tom envió una llamada silenciosa a sus
centinelas.
Un lobo solitario aulló en
el exterior, otro contestó, después se unió un
tercero hasta formar un
coro de aullidos. Cuando el sonido cesó Tom se
quedó esperando junto a la
puerta, su rostro era una implacable máscara de
granito. La niebla flotaba
en el bosque, los densos jirones se arremolinaban
junto a la casa, formando
una masa espesa.
Alargó el brazo y la
puerta principal se abrió. La densa niebla penetró en el
recibidor, se amontonó
hasta que lo cubrió todo. Poco a poco la bruma
empezó a condensarse,
formando figuras que tomaban consistencia hasta
aparecer de forma
totalmente corpórea.
- ¿Por qué me molestáis
esta noche? - era un desafío, sus ojos brillaban de
forma peligrosa.
Un hombre se adelantó al
resto, llevando a su esposa del brazo. Estaba
pálida y tenía enormes
ojeras, su estado de gestación era muy avanzado.
- Necesitamos tu consejo,
Tom, y te traemos noticias.
Raven sintió que la alarma
crecía en su interior, golpeaba su cabeza y la
ahogaba despejando las
telarañas del trance en el que Tom la había
sumido. Alguien sufría,
estaba loco de inquietud, el dolor le atravesaba como
un cuchillo afilado. Se
puso en pie, agarrándose al respaldo del sillón. Las
imágenes la asaltaron. Una
joven de piel pálida con una estaca atravesándole
el pecho. La sangre manaba
a chorros, le habían cortado la cabeza y le
habían puesto algo
asqueroso en la boca. Un ritual, una advertencia para los
otros. Un asesino en serie
aquí, en esta pacífica tierra.
Raven apretó los dientes,
se tapó las orejas con las manos, quizás así
consiguiera detener el
flujo de imágenes que llegaban a su mente. No podía
respirar, no quería
respirar; sólo quería que aquello acabara. Miró
frenéticamente a su
alrededor y vio una puerta a su derecha, en dirección
contraria al flujo de
agobiantes emociones. Cayó al suelo, estaba débil,
desorientada y mareada.
Salió de la biblioteca dando tumbos, necesitaba
respirar aire fresco lejos
de la muerte y el horror que los recién llegados
traían en la mente de
forma tan intensa. La ira y el miedo parecían cobrar
vida en sus mentes. Eran
animales heridos, listos para destrozar y
desgarrar en venganza.
¿Por qué había gente tan malvada? ¿Por qué existían
personas tan violentas? No
obtuvo ninguna respuesta, ni quería esperar más
para obtenerla. Había dado
varios pasos a lo largo de un amplio recibidor
cuando una figura se alzó
de repente delante de ella. Era más joven que
Tom, más delgado, de ojos
brillantes y pelo castaño y ondulado. Tenía una
sonrisa socarrona en el
rostro y una actitud amenazadora mientras se
acercaba.
Una mano invisible le
golpeó en el centro del pecho, alejándolo de Raven y
estrellándolo contra la
pared. Tom se materializó, como una sombra
oscura y malévola. Alcanzó
a Raven y la empujó hasta colocarla detrás de él
de forma protectora. Esta
vez el gruñido gutural era el rugido de una bestia
al lanzar un desafío.
Raven podía sentir la
terrible ira de Tom, ira mezclada con dolor; las
emociones eran tan
intensas que impregnaban el aire a su alrededor. Le tocó
el brazo, sus dedos se
cerraron alrededor de la muñeca sin apenas cubrirla
del todo, una minúscula
disuasión para toda aquella violencia que giraba en su
interior. Podía sentir
como la tensión le recorría el cuerpo como si tuviera
vida propia.
Oyó como varias personas
contenían el aliento. Raven se dio cuenta de que
era el centro de atención.
Había una mujer y cuatro hombres con los ojos
fijos en la muñeca de Tom
que ella rodeaba con sus pequeños dedos.
Parecía haber cometido un terrible
crimen, tocar a Tom. Él movió su
figura, bastante más
corpulenta que la de ella, para protegerla del
escrutinio de aquellas
personas. No intentó apartar su mano. Si acaso, movió
su cuerpo de forma
protectora, acercándola a la pared de forma que ellos
no la vieran en absoluto.
- Ella está bajo mi
protección - Era una declaración. Un desafío. Una
promesa de venganza rápida
y mortal.
- Como todos nosotros
también lo estamos - dijo la mujer suavemente,
intentando apaciguarlos.
Raven se tambaleó; su
único apoyo era la pared. La ira y el dolor llegaban
hasta ella en incesantes
oleadas hasta hacerla desear gritar. Dejó escapar
un pequeño sonido de protesta.
Rápidamente Tom se volvió hacia ella,
rodeándola con sus brazos,
envolviéndola en ellos.
- Mantened vuestras
emociones y pensamientos bajo control – siseó - Ella es
muy empática. La acompañaré
a la pensión y volveré para que discutamos las
preocupantes noticias.
Raven no tuvo oportunidad
de ver a los demás antes de que él la acompañara
hasta el coche que
esperaba en el garaje. Con la cabeza apoyada sobre su
hombro sonrió débilmente.
- Este coche no va con tu
estilo, Tom. Tu forma de tratar a las mujeres
es tan arcaica, en una
vida anterior debiste ser el ‘señor del castillo’.
Le echó un rápido vistazo.
Su rostro estaba muy pálido, se fijó en la marca
que su boca le había
dejado en el cuello, se veía a través de su larga melena.
El no tenía intención de
dejar ninguna marca, pero ahora estaba allí, era la
señal de que ella era
suya.
- Voy a ayudarte a dormir
esta noche - Era una afirmación.
- ¿Quiénes eran esas
personas? - Le preguntó porque sabía que él no quería
contestar. Estaba tan
cansada, tan mareada. Se masajeó la cabeza y deseó
poder ser normal sólo por
esta vez la vida. Seguramente él iba a pensar que
era de aquellas que se
desmayaban.
Hubo un pequeño silencio.
Tom suspiró.
- Mi familia.
Supo que decía la verdad,
pero no fue del todo sincero.
- ¿Por qué haría alguien
una cosa tan terrible? - Lo miró a la cara - ¿Ellos
esperan que persigas y
localices a este asesino para detenerlo? - Su voz
reflejaba dolor y
preocupación por él. Su pena era enorme, al borde de la
culpabilidad y sentía la
necesidad de desahogarse de forma violenta.
Él sopeso la pregunta en
su mente. Entonces Raven supo que la mujer
asesinada era alguien de
su gente. Probablemente había recogido los
detalles de la mente de
algunas de las personas que habían llegado. El dolor
y la preocupación eran por
él. No había ninguna recriminación. Simplemente
se preocupaba por él. Tom
sintió como se desvanecía la tensión. Una
sensación cálida subió por
su estómago.
- Trataré de mantenerte
alejada de este lío, pequeña - Nadie se preocupaba
por él, ni por su estado
mental ni por su salud. Nadie parecía sentir nada por
él. Algo en su interior se
derritió. Ella estaba acurrucándose allí, en lo más
profundo de su ser, donde
más la necesitaba.
- Quizás no deberíamos
vernos en unos días. Jamás he estado tan cansada -
Le estaba dando una salida
fácil. Raven se miró las manos. También ella
necesitaba una excusa.
Nunca se había sentido tan cercana a alguien, tan
cómoda, como si lo conociera
de toda la vida, aún así, la aterrorizaba el
hecho de que él pudiera
dominarla - Y no creo que a tu familia le hiciera
ilusión vernos juntos.
Juntos somos demasiado… explosivos - acabó
tristemente.
- No intentes abandonarme,
Raven - El coche paró delante de la posada.
- Siempre guardo lo que es
mío, y no te confundas, tú eres mía - Era una
mezcla de advertencia y
ruego. No tenía tiempo para palabras suaves. El
quería hablarle con
palabras dulces, Dios sabía que ella lo merecía, pero los
otros esperaban y sus
responsabilidades eran una carga muy pesada.
Le acarició el mentón.
- Estás tan acostumbrado a
salirte con la tuya - Había risa en su voz - Puedo
dormir por mí misma, Tom.
Llevó años haciéndolo.
- Necesitas dormir con
tranquilidad, sin que nada te moleste,
profundamente. Lo que
viste esta noche te atormentará si no te ayudo - Le
acarició el labio inferior
con el pulgar - Puedo borrar el recuerdo si lo
deseas.
Raven sabía que él ansiaba
hacerlo, creía que era lo mejor para ella. Veía que
le resultaba difícil dejar
la decisión en sus manos.
- No Tom, gracias - dijo
solemnemente - Creo que conservaré todos mis
recuerdos, los buenos y
los malos - Le dio un beso en la mejilla y se movió en
el asiento para abrir la
puerta - ¿Sabes? No soy una muñeca de porcelana.
No voy a romperme porque
vea algo que no deba ver. He perseguido a unos
cuantos asesinos en serie
antes - Le sonrió, pero sus ojos estaban tristes.
Su mano atenazó la muñeca
de Raven.
- Y casi consiguieron
destruirte. No ocurrirá lo mismo esta vez.
Bajó las pestañas,
ocultando su mirada.
- No es tu decisión - Si
otras personas lo convencían para que usara su don
en la búsqueda de los
malvados asesinos que poblaban el mundo, no lo dejaría
solo. ¿Cómo podría hacer
algo así?
- No te asusto lo
suficiente, deberías estar mucho más asustada - dijo
refunfuñando.
Le dirigió otra sonrisa
mientras tiraba de su muñeca para recordarle que la
soltara.
- Creo que sabes que lo
que hay entre nosotros no merecería la pena si
siempre me obligas a hacer
tu voluntad.
La mantuvo cautiva
mientras sus ojos oscuros y peligrosos contemplaban su
rostro de forma posesiva.
Ella tenía una voluntad de hierro. Estaba asustada
y no obstante era capaz de
mantener su mirada. Perseguir el mal la
enfermaba, la llevaba al
borde de la locura, pero volvía a hacerlo una y otra
vez. Tom buscaba en su
mente casi sin que ella lo percibiera. Vio que
estaba decidida a
ayudarlo, que tenía miedo de sus increíbles poderes pero
que no lo dejaría solo en
el enfrentamiento con el horrible asesino. Quería
mantenerla a salvo en su
guarida. Tom trazó con sus dedos, una línea a lo
largo de sus pómulos, la
adoraba.
- Vete antes de que cambie
de opinión - le ordenó bruscamente mientras la
soltaba.
Raven se alejó de él muy
despacio, intentando sobreponerse a la sensación
de mareo que parecía
haberse apoderado de su cuerpo. Tuvo mucho cuidado
de andar en línea recta
para que él no notara que cada paso que daba
suponía un enorme
esfuerzo. Irguió la cabeza y mantuvo su mente en blanco
deliberadamente.
Tom la vio entrar en la
pensión. Vio como se llevaba la mano a la cabeza,
se frotaba las sienes y
después la nuca. Todavía estaba mareada por la
pérdida de sangre. Había
sido un egoísta, pero algo más fuerte que él mismo
lo obligó a hacerlo. Ahora
ella sufría las consecuencias. Le dolía la cabeza
por el bombardeo de
emociones que había recibido, incluyendo las suyas. Su
gente tendría que tener
más cuidado a la hora de bloquear sus mentes.
Salió del coche y se
dirigió hacia las sombras con todos sus sentidos
comprobando que estaba
solo. Se transformó en niebla. Entre la niebla su
forma era invisible y
podía pasar fácilmente por debajo de la ventana que
Raven mantenía abierta. La
vio meterse agotada en la cama. Tenía el rostro
mortalmente pálido y una
mirada obsesionada en los ojos. Se recogió el pelo,
tocándose con cuidado la
marca que él había dejado en el cuello. Le llevó
unos minutos deshacerse de
los zapatos como si fuera una enorme tarea.
Tom esperó hasta que se
tumbó bocabajo sin quitarse la ropa.
- Vas a dormir -Fue una
orden arrogante, buscando doblegar su voluntad.
- Tom.
Sintió pronunciar su
nombre dentro de su cabeza, muy suavemente, con voz
somnolienta y una pizca de
diversión.
- Sabía que de todas formas
intentarías salirte con la tuya -No luchó, sino
que se rindió
voluntariamente mientras una pequeña sonrisa curvaba sus
labios.
Tom la desvistió, y la
metió bajo las mantas. Protegió la puerta de la
habitación con un fuerte
hechizo, ni siquiera el más poderoso de sus
congéneres podría
evitarlo, lo cual dejaba sin posibilidades a cualquier
patético asesino mortal.
Aseguró las ventanas y protegió cualquier posible
entrada. Posó los labios
sobre su frente con una suave caricia, después tocó
su marca en el cuello
antes de marcharse.
Los otros dejaron de
hablar en cuanto él entró. Celeste sonrió tanteándole,
posando la mano de forma
protectora sobre el niño que llevaba en su
vientre.
- ¿Ella está bien, Tom?
Asintió bruscamente con la
cabeza, agradecido por su preocupación. Nadie
le preguntó nada, pero su
comportamiento había sido totalmente inapropiado
en él. Fue directo al
grano.
- ¿Por qué encontraron los
asesinos a Noelle totalmente desprotegida?
Se miraron unos a otros.
Tom les había inculcado el hecho de no olvidar
nunca ni la más ligera
forma de protección para asegurar su seguridad, pero
a lo largo de los años,
era fácil que poco a poco fueran abandonando las
costumbres, hasta llegar a
ser imprudentemente descuidados.
- Noelle tuvo a su bebé
hace sólo dos meses. Siempre estaba demasiado
cansada - Celeste intentó
disculpar el desliz.
- ¿Y Rand? ¿Dónde estaba?
¿Por qué dejó sola a su mujer si estaba
exhausta, desprotegida
mientras dormía? - preguntó con un tono
mortalmente tranquilo.
Byron, el hombre que había
amenazado a Raven con anterioridad, se movió
inquieto.
- Ya conoces a Rand.
Siempre persiguiendo mujeres. Le llevó el niño a
Celeste y salió a cazar.
- Y olvidó rodear a Noelle
con las protecciones adecuadas - La repugnancia
que sentía Tom era
demasiado evidente - ¿Dónde está?
Eric, el compañero de
Celeste, le contestó ceñudo.
- Se volvió loco, Tom. Nos
costó un enorme esfuerzo aplacarlo, pero
ahora duerme. El bebé está
enterrado con él, durmiendo. La cura les vendrá
bien.
- No podíamos permitirnos
perder a Noelle - Tom dejó a un lado el dolor;
no era el momento de
expresarlo ni de sentirlo - Eric, ¿puedes mantener a
Rand bajo control?
- Creo que deberías hablar
con él - contestó honestamente - El sentimiento
de culpabilidad lo está
volviendo loco. Estuvo a punto de atacarnos.
- Vlad, ¿Dónde está
Eleanor? Está en peligro, a punto de dar a luz. Debemos
protegerla como a Celeste
- dijo Tom - No podemos afrontar la pérdida
de ninguna de nuestras
mujeres y menos aún de sus bebés.
- El parto está muy próximo,
por eso me preocupaba que viajara - Vlad
suspiró con preocupación -
Está segura y bien protegida por el momento,
pero creo que la
persecución comienza de nuevo.
Tom golpeaba suavemente la
mesita con el dedo.
- Quizás sea muy
significativo que tres de nuestras mujeres den a luz a la
vez, después de diez años.
Nuestros niños son escasos y pasan muchos años
entre los alumbramientos.
Si de alguna forma, los asesinos han obtenido la
información de estos
embarazos, estarán atemorizados ante la idea de que
nos multipliquemos y
ganemos fuerza de nuevo.
Tom miró intensamente al
más musculoso de los hombres.
- Jacques, tú no tienes
una compañera a la que tengas que proteger, careces
de esa carga - En su voz
apareció una ligera muestra de cariño, un cariño que
nunca antes había sentido
o demostrado y quizás nunca fue consciente de
que otros lo conocieran.
Jacques era su hermano - Byron tampoco tiene
compañera. Vosotros dos
llevaréis las noticias a todos los demás. Dormid en
las profundidades de la
tierra, alimentaos sólo en los lugares más seguros y
usad siempre los hechizos
de protección más poderosos. Debemos vigilar a
nuestras mujeres y
ponerlas a salvo, especialmente a las que están
embarazadas. No llaméis la
atención en absoluto.
- ¿Durante cuánto tiempo,
Tom? - Los ojos de Celeste estaban llenos de
tristeza y las lágrimas le
corrían por las mejillas - ¿Cuánto tiempo
tendremos que vivir así?
- Hasta que yo encuentre a
los asesinos y haga justicia - Su voz tenía una
nota salvaje y fiera -
Todos vosotros os habéis convertido en criaturas
débiles al tratar tanto a
los mortales. Estáis olvidando los dones de nuestra
raza que pueden salvar
vuestras vidas - la reprimenda fue severa - Mi mujer
es mortal y aún así captó
vuestra presencia antes de que vosotros
descubrieseis la suya.
Sintió vuestras emociones, que no supisteis guardar y
ahora sabe que hay unos
asesinos sueltos porque leyó vuestros
pensamientos. No tenéis
excusa por ello.
- ¿Cómo es posible? - se
atrevió a preguntar Eric - Ningún mortal tiene ese
enorme poder.
- Ella tiene habilidades
telepáticas muy desarrolladas, tiene un preciado
don. Estará aquí muy a
menudo. Se la protegerá como a todas nuestras
mujeres.
Los otros intercambiaron
miradas desconcertadas y confundidas. De
acuerdo con la leyenda,
solo sus congéneres más fuertes podían ser capaces
de convertir a una mujer
mortal. Simplemente, nunca se hacía, era
demasiado arriesgado.
Muchos siglos atrás se intentó, cuando el número de
mujeres de los Cárpatos
había sido mermado y los hombres pasaron por una
situación desesperada.
Pero nadie osó hacerlo de nuevo. La mayoría de ellos
creían que era una leyenda
inventada para evitar que los hombres perdieran
sus almas. Tom tenía la
mente totalmente cerrada, imposible de leer, sus
decisiones eran inapelables,
jamás se discutieron a lo largo de los siglos. Él
ponía fin a las disputas y
los protegía. Perseguía y cazaba a los hombres de
su raza que habían elegido
convertirse en vampiros, peligrosos para los
mortales y para los
inmortales por igual.
Y ahora esto. Una mujer
mortal. Estaban perplejos y no podían ocultarlo.
Estaban obligados a poner
la vida de la mujer de Tom por encima de las
propias. Si Tom decía que
estaba bajo su protección, realmente lo
estaba. Jamás decía algo
sin intención. Y si ella resultaba dañada la pena
sería la muerte. Tom era
un enemigo salvaje, implacable y despiadado.
Se sentía responsable por
la muerte de Noelle. Había visto la debilidad de
Rand hacia las mujeres.
Tom se había opuesto a la unión de Rand y Noelle,
pero no la había prohibido
como debería haber hecho. Rand no era el
verdadero compañero de
Noelle. La unión entre compañeros, la química que
compartían, jamás
permitiría al verdadero compañero engañar a su mujer.
Noelle, su hermosa
hermana, tan joven y vital, la habían perdido para
siempre. Había sido muy
testaruda, quería a Rand porque era guapo no
porque sus almas
estuvieran unidas. Habían mentido, pero él sabía que
mentían. En el fondo había
sido responsabilidad suya permitir que Rand
continuara intentando
buscar emociones con otras mujeres mientras Noelle
se convertía en una mujer
amargada y peligrosa. Su muerte había sido
instantánea, de otra
manera, él lo hubiera percibido, aunque hubiera estado
durmiendo profundamente.
Rand no debería haber tenido jamás a una mujer
bajo su protección.
Tom había pensado que,
cuando llegara la hora, cada uno encontraría a su
verdadero compañero, pero
no sucedió así; Noelle cada vez era más
peligrosa y el
comportamiento promiscuo de Rand empeoraba. Era imposible
que Rand sintiese nada con
las mujeres que se llevaba a la cama, aún así
continuaba, como si fuera
el castigo que Noelle se merecía por haberlo
atado a ella.
Tom cerró los ojos un
momento, permitiendo que la realidad de la injusta
muerte de Noelle lo
llenara por completo. La sensación de pérdida era
insoportable, su dolor
salvaje e intenso, mezclado con una rabia helada y un
propósito mortal. Agachó
la cabeza. Lágrimas de sangre corrían por su
rostro. Su hermana, la más
joven de las mujeres. Él era el culpable.
Tom sintió la agitación en
su mente, se sintió reconfortado como si
alguien le abrazara.
- ¿Tom? ¿Me necesitas?
-Preguntó Raven preocupada, su voz sonaba
ronca y somnolienta.
Estaba totalmente
asombrado. Su orden había sido firme, mucho más firme
que las que solía enviar a
cualquier humano, y aún así, su dolor le había
llegado a través del
sueño. Echó un vistazo a su alrededor, a las caras de sus
compañeros. Ninguno de
ellos había percibido el contacto mental. Era muy
significativo, aún
somnolienta como estaba, Raven era capaz de
concentrarse, canalizar
sus pensamientos y enviarlos directamente a su
mente sin que nadie lo
percibiera. Era una habilidad que muy pocos de los
suyos se habían molestado
en desarrollar ya que confiaban demasiado en la
incapacidad de los humanos
de percibir sus comunicaciones telepáticas.
- ¿Tom? - La voz era ahora
más fuerte, estaba preocupada - Voy a
ayudarte.
- Duerme, pequeña. Estoy bien
- la tranquilizó aumentando la orden con el
tono de su voz.
- Cuídate, Tom -susurró muy
despacio obedeciéndole.
Tom centró su atención en
aquellos que esperaban sus órdenes.
- Enviadme mañana a Rand.
El bebé no puede vivir con él. Dierdre perdió
otro niño hace un par de
décadas. Todavía llora a sus otros bebés
desaparecidos. Le
entregaremos el hijo de Noelle. Tienn los protegerá.
Nadie usará una conexión
psíquica hasta que sepamos con certeza que
ninguno de nuestros
adversarios posee el mismo don que tiene mi mujer.
Sus rostros mostraron un
asombro absoluto. Ninguno de ellos pensaba que
un humano fuera capaz de
poseer semejante poder y disciplina.
- ¿Tom, estás seguro que
esta mujer no es nuestra enemiga? Podría
representar una amenaza
para nosotros - Eric sugirió esta idea con mucho
cuidado, incluso Celeste le
clavó los dedos en el brazo en señal de
advertencia.
Tom entrecerró los ojos
oscuros.
- ¿Creéis que me he
mantenido ocioso maravillándome de mi propio poder?
¿Tan poco me conocéis que
me creéis incapaz de reconocerla como una
amenaza después de aventurarme
por su mente? Os lo advierto, estoy
deseando dejar de ser
vuestro líder, pero no voy a alejarla de mi protección.
Si cualquiera de vosotros
le hace daño os las veréis conmigo. ¿Deseáis que
ceda a otro el liderazgo?
Estoy cansado de mis deberes y responsabilidades.
- ¡Tom! - protestó Byron
indignado.
Los demás se negaron
rápidamente, como niños asustados. Jacques fue el
único que se mantuvo en
silencio, apoyaba la cadera perezosamente sobre la
pared mirando a Tom con
una sonrisilla burlona. Tom lo ignoró.
- Casi está amaneciendo.
Id todos bajo tierra. Usad todas las protecciones
posibles. Cuando
despertéis, comprobad los alrededores, buscad la
presencia de intrusos. No
ignoréis ni el más pequeño de los detalles.
Debemos estar en estrecho
contacto y cuidar los unos de los otros.
- Tom, el primer año es
crucial para nuestros bebés, la mayoría de ellos
no sobreviven - Los dedos
de Celeste se retorcían nerviosos mientras le
daba la mano a su marido -
No estoy segura de que Dierdre pueda soportar
otra pérdida.
La sonrisa de Tom fue
tierna.
- Ella cuidará al niño
mejor que cualquier otra, y Tienn será el doble de
protector que ninguno de
nosotros. Él ha estado intentando convencer a
Dierdre para que vuelva a
quedarse embarazada, pero ella se ha negado. Al
menos así podrá acunar a
alguien.
- Y volverá a desear tener
otro bebé - dijo Celeste enfadada.
- Si nuestra raza quiere
seguir adelante, debemos tener niños. Aunque me
gustaría mucho ser yo el
que los trajera al mundo, son sólo las mujeres las
que pueden realizar el
milagro.
- Es descorazonador perder
a tantos bebés, Tom - señaló Celeste.
- Es por el bien de todos,
Celeste - Su tono no dejó lugar a ninguna duda,
nadie osó discutir ni
preguntar. Poseía absoluta autoridad y sentía una ira y
un dolor más allá de
cualquier medida. Rand no sólo había fallado al proteger
a Noelle, una mujer joven,
hermosa y vital, su vida se había desperdiciado
por culpa del juego sádico
que ella y Rand habían llevado a cabo. Sabía que
era igual de responsable
que Rand. Ambos eran culpables de la muerte de
Noelle. El desprecio que
sentía por Rand también iba dirigido a él mismo.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL SEGUNDO CAPS ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS :))
Me gustaaaaaa! Siguela please
ResponderEliminarSigueeeeeee
ResponderEliminarWow... acabo de entrar en las novelas para ponerme al día y me llevo la gran sorpresa de que no quieres seguir publicando por falta de comentarios, me hace sentir mal por mi y por el resto de chicas, perdón por no poder comentar, pero tampoco las estaba leyendo ya que empecé a trabajar y mi horario y mis estudios, no he tenido tiempo, a parte de unos problemas familiares, andábamos pendientes de si mi madre de tenia que operar o no y la verdad descuide mucho la lectura, lo siento mucho, copio y pego en la otra novela para que veas el mensaje en alguna de las dos por lo menos.
ResponderEliminarNo dejes de escribir porfisss
Sigueee
ResponderEliminarYaaa me pegue demasiado con la historia!!
ResponderEliminarEs muy interesante y misteriosa .
Siguelaa Virgii :)
Sigueeee
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