miércoles, 11 de noviembre de 2015

# 2

CAPITULO # 2.-
La pesada puerta se cerró tras Raven con un ruido sordo. Empezó a tiritar y
a frotarse los brazos, estaba muy nerviosa. Tom le echó una capa sobre
los hombros. Raven se vio envuelta por su cálido aroma masculino. Atravesó
el recibidor a grandes pasos y abrió las puertas de la biblioteca. Encendió el
fuego en un momento. Le señaló un sillón, al lado de la chimenea. De respaldo
alto y mullida tapicería, una pieza de anticuario, aunque no parecía nada
deteriorado ni desgastado.
Raven estudió la habitación con aprensión. Era una estancia grande, con un
hermoso entarimado de madera en forma de mosaico. En tres de las paredes
se veían estanterías cubiertas de libros, la mayoría encuadernados en piel,
muchos de ellos muy antiguos. Los sillones eran cómodos, la mesita, muy
antigua, también estaba en estupendas condiciones. El tablero de ajedrez
era de mármol y las piezas estaban esculpidas a mano.
- Bebe esto.
Estuvo a punto de saltar de la impresión cuando lo vio junto a ella
ofreciéndole un vaso de cristal.
- No tomo bebidas alcohólicas.
El sonrió de aquella forma que hacía que su corazón latiera desbocado. Su
agudo sentido del olfato ya había percibido esa información con
anterioridad.
- No es alcohol; es una mezcla de hierbas para tu dolor de cabeza.
Una sensación de alarma se extendió en su interior. Había sido una locura ir
allí. La situación era la misma que la de intentar relajarse sabiendo que hay
un tigre salvaje en la habitación. Él podía hacerle cualquier cosa y nadie
acudiría a ayudarla. Si la drogaba…Movió la cabeza con decisión.
- No, gracias.
- Raven - Dijo en voz baja, acariciante, hipnótica - Obedéceme.
Sus dedos se curvaron alrededor del vaso, luchó para impedirlo, pero la
cabeza le estalló con un súbito y lacerante dolor. Gritó.
Tom estaba a su lado, de pie, cubrió con su mano los dedos que aferraban
el frágil cristal.
- ¿Por qué me desafías en algo tan insignificante?
Las lágrimas le quemaban la garganta, pero no iba a llorar.
- ¿Por qué me obligarías a tomarla?
Llevó la mano a su garganta, la rodeó y le alzó la barbilla.
- Porque te duele y quiero que el dolor desaparezca.
¿Podía ser tan simple? Sus ojos se agrandaron con la estupefacción. ¿Le
dolía la cabeza y quería que el dolor desapareciera? ¿Era realmente tan
protector o simplemente le divertía que se acatara su voluntad?
- Yo soy la que decide. En eso consiste la libertad.
- Veo el dolor en tus ojos, lo siento en tu cuerpo. Sabiendo que puedo
ayudarte, ¿es lógico que permita que te sigas haciendo daño simplemente
porque quieres demostrar algo? - Su voz denotaba confusión - Raven, si
tuviera intención de hacerte daño, no necesitaría drogarte. Déjame
ayudarte - Movía el pulgar sobre su piel con una caricia ligera, sensual,
siguiendo la línea del cuello, dibujando su mandíbula hasta llegar a la
plenitud del labio inferior.
Raven cerró los ojos y dejó que él le acercara el vaso a los labios, haciendo
que el líquido agridulce bajara por su garganta. Sintió que estaba poniendo
su vida en manos de aquel hombre. Sus caricias eran posesivas.
- Relájate, pequeña - dijo suavemente - Háblame de ti. ¿Cómo es que puedes
oír mis pensamientos? - Sus fuertes dedos iniciaron un relajante masaje
sobre las sienes de Raven.
- Siempre he sido capaz de hacer esas cosas. Cuando era pequeña, pensaba
que todo el mundo podía leer los pensamientos de los demás. Pero era
terrible oír lo más profundo de cada persona, sus secretos. Oía y sentía
cosas a cada minuto - Ella nunca hablaba de su vida, de su niñez, a nadie y
menos a un completo extraño. Pero Tom no era un extraño. Parecía
formar parte de su vida. Una parte de su alma. Era importante que se lo
contara - Mi padre pensaba que yo era una especie de monstruo, un demonio,
incluso mi madre se asustaba de mí. Aprendí a no tocar a nadie, a no
meterme en una multitud. Era mejor estar sola, en lugares solitarios. Era la
única forma de no perder la razón.
Durante un segundo los dientes de Tom aparecieron, amenazantes, quería
estar a solas con su padre. Solo unos minutos, para enseñarle lo que era
realmente un demonio. Las palabras de Raven habían despertado la ira en su
interior, era una situación alarmante e interesante. Saber que ella había
estado tan sola hacía tantos años, que había soportado el dolor y la soledad
estando él en el mundo lo enfurecía. ¿Por qué no había ido a buscarla? ¿Por
qué su padre no la había amado y protegido como debía?
Sus manos estaban obrando milagros, deslizándose hasta la nuca, sus dedos
eran fuertes, su masaje hipnótico.
- Hace pocos años un hombre estaba asesinando a familias enteras, a niños
pequeños. Yo vivía con una amiga del instituto y cuando volví del trabajo, los
encontré a todos muertos. Cuando entré en la casa pude sentir su maldad,
sus pensamientos. Las cosas que pasaban por mi cabeza me daban nauseas,
pero fui capaz de localizarlo y finalmente guiar a la policía hasta dar con él.
Acarició la gruesa trenza con sus manos, hasta encontrar el broche que la
sujetaba, la soltó y deshizo los largos y sedosos mechones, aún húmedos
por la ducha que había tomado horas antes.
- ¿Cuántas veces hiciste lo mismo? - Ella dejaba que la información fluyera,
el horror, el dolor, las caras de las personas a las que ayudaba mientras ella
realizaba su trabajo, atónitos, fascinados y asqueados por la habilidad que
poseía. El vio todos esos detalles compartiendo su mente, leyendo sus
recuerdos para conocerla realmente.
- Cuatro. Perseguí a cuatro asesinos. La última vez me derrumbé. Estaba tan
enfermo, era tan malvado. Me sentí sucia, incapaz de sacármelo de la
cabeza. Vine esperando encontrar paz. Decidí que jamás volvería a hacerlo.
Detrás de ella, Tom cerró los ojos un momento para calmarse. ¡Ella se
sentía sucia! Podía ver su interior, su alma y su corazón, cada secreto. Ella
era luz y compasión, fuerza y amabilidad. Jamás debería haber visto las
cosas que había presenciado. Esperó hasta que su voz estuvo calmada y
serena.
- ¿Te duele la cabeza al usar tus habilidades telepáticas? - cuando asintió
con un movimiento de cabeza, continuó - y aún así, cuando me oíste, dolorido
y desprevenido, llegaste hasta mí sabiendo el precio que ibas a pagar.
¿Cómo podía explicárselo? Lo sintió como un animal herido, irradiando tanto
dolor que ella misma se echó a llorar. Compartían la misma soledad. Y ella
había percibido su intención de acabar con el dolor, con su vida. No podía
dejar que lo hiciera, sin importarle lo que a ella le ocurriera.
Tom dejó escapar el aire de sus pulmones lentamente. La bondad de su
carácter, su entrega lo dejó atónito e impresionado. Estaba dudando, no
sabía si podría expresar con palabras por qué se había puesto en contacto
con él, pero Tom supo que era algo natural en ella entregarse de forma
desinteresada. También descubrió que ella oyó su llamada tan intensamente
porque, ese algo profundo en él que alcanzó su mente, había descubierto en
Raven todo lo que necesitaba. Aspiró su perfume, abrazándolo, disfrutando
de la maravillosa visión de tenerla en su hogar, de respirar su olor, de sentir
su cabello sedoso entre sus manos, su piel suave bajo sus dedos. La luz del
fuego arrancaba reflejos azulados a su pelo. La necesidad lo golpeó con
fuerza, con dolorosa urgencia y se deleitó en este dolor porque ahora era
capaz de sentir. Se sentó al otro lado de la mesa, enfrente de ella, arrastró
su mirada perezosamente por sus tentadoras curvas.
- ¿Por qué te vistes con ropa de hombre? - le preguntó.
Ella soltó una risa suave y melodiosa, los ojos se le iluminaron con esta
pequeña travesura.
- Porque sabía que te molestaría.
Tom echó la cabeza hacia atrás y rió. Esta vez la risa era genuina, pura,
real. La felicidad lo inundaba y el cariño empezaba a agitarse en su interior.
No era capaz de recordar como eran esos sentimientos, pero las emociones
que lo atravesaban eran agudas, claras y dejaban a su cuerpo dulcemente
dolorido.
- ¿Es necesario molestarme?
Ella alzó una ceja y lo miró, se dio cuenta que el dolor de cabeza había
desaparecido por completo.
- Es tan fácil… - bromeó Raven.
Él se inclinó sobre la mesa, acortando la distancia entre ambos.
- Eres una mujer irrespetuosa. Querrás decir que es muy peligroso.
- Hum, quizás un poco también - Se apartó el pelo de la cara con un
movimiento de la mano. El gesto era un hábito inocente pero a la vez
increíblemente sensual. Dejó a la vista la perfección de su rostro, la
plenitud de sus pechos, la suave curva de su garganta.
- ¿Entonces, es cierto que eres tan buen jugador de ajedrez? - lo desafió
con imprudencia.

Una hora más tarde Tom se acomodó en su silla, observando su rostro
mientras estudiaba el tablero. Tenía el entrecejo fruncido por la
concentración, intentado descubrir la estrategia que él seguía. Ella podía
percibir que le estaba tendiendo una trampa, pero no era capaz de ver en
qué consistía. Raven apoyó la barbilla sobre la mano, relajada, sin prisa. Era
paciente y meticulosa, en dos ocasiones había conseguido ponerlo contra las
cuerdas porque él estaba demasiado seguro de sí mismo.
De repente, abrió los ojos de par en par por la sorpresa, mientras que una
lenta sonrisa asomaba a sus carnosos labios.
- Eres un astuto diablo, ¿no es así, Tom? Pero tu astucia te puede meter
en un pequeño problema.
La miró con los ojos entrecerrados. Sus dientes se veían muy blancos a la
luz del fuego.
- ¿Se me olvidó mencionar que la última persona lo suficientemente
impertinente como para ganarme una partida de ajedrez, fue arrojada a la
mazmorra y torturada durante treinta años?
- Supongo que entonces tendrías unos… dos años - bromeó con la mirada fija
en el tablero.
Bruscamente, se le cortó la respiración. Se había sentido tan a gusto junto a
ella, sentía que lo aceptaba totalmente. Obviamente ella lo creía mortal, con
poderes telepáticos muy superiores a los suyos. Tom extendió
perezosamente un brazo sobre el tablero para hacer su movimiento, viendo
como ella comprendía lo que iba a hacer.
- Creo que esto es un jaque mate - dijo con voz aterciopelada.
- Debería haber sabido que un hombre que camina por el bosque rodeado de
lobos sería muy taimado - Le dedicó una sonrisa - Una estupenda partida,
Tom. He disfrutado mucho.
Raven se apoyó cómodamente en los cojines.
- ¿Puedes hablar con los animales? - preguntó con curiosidad.
Le gustaba su presencia en su hogar, la forma en la que el fuego tintaba de
azul su cabello y las sombras oscurecían adorablemente su rostro. Había
memorizado hasta el más pequeño detalle. Sabía que si cerraba los ojos la
vería allí, los delicados pómulos, la pequeña nariz y la exuberante boca.
- Sí - Contestó con honestidad, no quería mentiras entre ellos.
- ¿Habrías matado a Jacob?
Sus hermosas pestañas llamaron su atención.
- Ten cuidado con tus preguntas, pequeña - le advirtió.
Acurrucó las piernas en el sillón, sentándose encima, mientras lo miraba
fijamente.
- ¿Sabes, Tom? Estás tan acostumbrado a usar tu poder que no te paras
a pensar si lo que haces está bien o mal.
- Él no tenía derecho a tocarte. Te estaba haciendo daño.
- Pero él no lo sabía. Y tú no tienes derecho a tocarme, pero lo haces de
todas formas – señaló, intentando razonar.
Sus ojos brillaron fríos.
- Tengo todo el derecho. Me perteneces - Lo dijo tranquilamente, pero el
tono de voz suave dejaba ver una pequeña advertencia - Y lo que es aún más
importante, Raven, yo no te hago daño.
Raven se quedó sin respiración. Se humedeció los labios con la lengua sin
darse cuenta.
- Tom – elegía las palabras con sumo cuidado, dudando – Yo me
pertenezco a mí misma. Soy una persona, no algo que se pueda tener en
propiedad. De todas formas, vivo en los Estados Unidos. Regresaré pronto a
mi casa y tengo intención de coger el próximo tren a Budapest.
Sus labios dibujaron la sonrisa de un cazador, de un depredador. La luz del
fuego se reflejó por un instante en sus ojos que brillaron como los de un
lobo en la oscuridad. No dijo nada. La contemplaba fijamente, sin parpadear.
Raven se llevó la mano a la garganta de forma protectora.
- Es tarde; debería marcharme - podía oír el latido de su corazón. ¿Qué
quería de él? No lo sabía, sólo podía pensar que estaba disfrutando de la
noche más perfecta y aterradora de toda su vida y que quería verlo de
nuevo. Tom estaba totalmente inmóvil, amenazante. Raven esperó sin
aliento. El miedo la asfixiaba, la hacía temblar. Miedo a que él la dejara
marchar; miedo a que la obligara a quedarse. Inspiró profundamente -
Tom, no sé qué es lo que quieres de mí - Tampoco ella sabía lo que quería.
Entonces se puso de pie, emanaba poder y elegancia. Su sombra la alcanzó
antes que él. Tenía una enorme fuerza, pero sus manos fueron gentiles
cuando tiraron de ella para ponerla en pie. Se deslizaron por sus brazos
hasta dejarlas descansar sobre sus hombros mientras le acariciaba el cuello
con los pulgares. Una extraña sensación de calidez subió por su estómago.
Era tan pequeña a su lado, tan frágil y vulnerable.
- No intentes dejarme, pequeña. Nos necesitamos el uno al otro - Inclinó la
cabeza para acariciar sus párpados con los labios, enviando pequeñas
llamaradas que hacían arder su piel - Me haces recordar lo que es la vida -
susurró con aquella voz hipnótica. La besó en la comisura de los labios y
Raven sintió que una descarga eléctrica atravesaba su cuerpo.
Se alzó para acariciar la oscura línea de su mandíbula, a la vez que intentaba
separarse de él poniendo la otra mano sobre los fuertes músculos del pecho.
- Escúchame, Tom - dijo con voz ronca - Ambos sabemos lo que es la
soledad, la completa soledad. Aún no me puedo creer que pueda estar tan
cerca de ti y tocarte sin que me agobien involuntariamente tus
pensamientos. Pero no podemos seguir con esto.
El fuego que ardía en sus ojos dejó entrever una pizca de ternura y
diversión. Entrelazó los dedos en su nuca.
- Oh, ya lo creo que podemos - El terciopelo negro de su voz era pura
seducción, su sonrisa abiertamente sensual.
Raven percibió su poder con todo su cuerpo. Era incapaz de sostenerse en
pie. Estaba tan cerca de él que se sentía parte de su cuerpo, rodeada por él,
envuelta en su abrazo.
- No tengo intención de dormir con un desconocido por el simple hecho de
estar sola.
Su risa fue casi una caricia.
- ¿Eso es lo que piensas? ¿Que dormirías conmigo sólo porque estás sola? -
de nuevo acarició suavemente su garganta haciendo que su sangre ardiera -
Por esto harás el amor conmigo. ¡Por esto! - dijo atrapando su boca en un
beso agresivo.
Se sintieron arrollados por un fuego abrasador, por la fuerza del relámpago,
la tierra tembló y se elevó bajo sus pies.
Tom acercó su cuerpo esbelto hasta hacerla sentir su masculinidad, la
agresividad de sus músculos. La dominaba con su boca, ahogándola en un
mundo de puro placer.
Raven no pudo hacer nada más que aferrarse a él, su cuerpo era su ancla en
una tormenta de turbulenta pasión. De lo profundo de su garganta se elevó
un gruñido fiero, animal, como el de un lobo al despertar. Su boca se
trasladó hacia la suave y frágil curva de su garganta, donde el pulso latía
desenfrenadamente contra su sedosa piel.
Los brazos de Tom se cerraron aún más en torno a ella, sujetándola
contra su cuerpo de forma posesiva, consciente de que Raven no podría
liberarse de su abrazo. Raven se sentía arder de necesidad, se derretía
encerrada en su abrazo, su piel quemaba. Se movía inquieta rozándose
contra su cuerpo, los pezones se erguían dibujándose claramente bajo el
fino hilo de su jersey.
Le acarició el pezón suavemente por encima del encaje, olas de sofocante
calor subían en espiral por el cuerpo de Raven haciendo que sus rodillas
flaquearan y que sólo la fuerza de sus brazos la mantuviera en pie. Tom
movió de nuevo su boca y su lengua trazó una senda ardiente allí donde se
agitaba el pulso en su garganta.
Y entonces su sangre se convirtió en fuego líquido, sintió un dolor
abrasador, su cuerpo se retorcía enfebrecido por la desesperación. La
asaltaban olas de exquisito deseo. La mezcla de dolor y placer que su lengua
estaba provocándole en el cuello era tan intensa que ya no sabía donde
empezaba su cuerpo y dónde empezaba el de Tom. Con el pulgar le echó la
cabeza hacia atrás dejando su garganta expuesta, unió la boca a su piel,
devorándola, bebiendo de ella. Raven sentía que su boca le quemaba pero de
esta forma satisfacía su propia sed.
Tom murmuró algo en su lengua natal y rompió la unión apartando
ligeramente la cabeza. Raven sintió que algo cálido caía por la garganta,
resbalando hacia el pecho. La lengua de Tom siguió el rastro, lamiendo la
cremosa curva de sus pechos. La agarró de la cintura, de repente fue
consciente del estado de su propio cuerpo, rugía por liberarse. Tenía que
reclamarla como su compañera. Su cuerpo se lo exigía, ardía por ella.
Raven se agarró a su camisa para no perder el equilibrio. Tom lanzó una
maldición muy elocuente, mezclando las dos lenguas, furioso consigo mismo,
mientras la acunaba de forma protectora entre sus brazos.
- Lo siento, Tom - Estaba asustada, aterrada por la debilidad que invadía
su cuerpo. La habitación parecía girar a su alrededor y una bruma parecía
envolverlo todo. Sentía un dolor ardiente en el cuello.
Inclinó la cabeza para besarla con delicadeza.
- No, pequeña, estoy yendo demasiado rápido - Todo lo que él era, la mezcla
de la bestia y del hombre con cientos de años a sus espaldas, bramaba en su
interior para que la tomara, para que la conservara a su lado, pero él quería
que viniera por su propia voluntad, deseosa de hacerlo.
- Me siento rara, mareada.
Había perdido el control un solo instante, la bestia había surgido hambrienta
por la dulzura de su sabor y deseosa de poner su marca sobre ella. Su
cuerpo necesitaba con urgencia liberarse del ardor que lo dominaba,
poseerla. Pero la disciplina y el control vencieron a sus instintos
depredadores. Inspiró profundamente y la dejó en la silla, junto al fuego.
Ella se merecía que la cortejara, se merecía conocerlo de verdad, llegar a
sentir aunque sólo fuera una pizca de cariño por él antes de unir sus vidas
para siempre. Una humana. Un ser mortal. Era un error. Era peligroso.
Mientras la acomodaba gentilmente sobre los cojines percibió que algo
andaba mal.
Su rostro tenía una expresión oscura y amenazadora al girarse. Su cuerpo
no expresaba protección, ahora mostraba poder y amenaza.
- No te muevas - le ordenó suavemente. Se movió tan rápido que pareció
desaparecer de repente, cerrando las puertas de la biblioteca mientras se
dirigía a la puerta principal. Tom envió una llamada silenciosa a sus
centinelas.
Un lobo solitario aulló en el exterior, otro contestó, después se unió un
tercero hasta formar un coro de aullidos. Cuando el sonido cesó Tom se
quedó esperando junto a la puerta, su rostro era una implacable máscara de
granito. La niebla flotaba en el bosque, los densos jirones se arremolinaban
junto a la casa, formando una masa espesa.
Alargó el brazo y la puerta principal se abrió. La densa niebla penetró en el
recibidor, se amontonó hasta que lo cubrió todo. Poco a poco la bruma
empezó a condensarse, formando figuras que tomaban consistencia hasta
aparecer de forma totalmente corpórea.
- ¿Por qué me molestáis esta noche? - era un desafío, sus ojos brillaban de
forma peligrosa.
Un hombre se adelantó al resto, llevando a su esposa del brazo. Estaba
pálida y tenía enormes ojeras, su estado de gestación era muy avanzado.
- Necesitamos tu consejo, Tom, y te traemos noticias.
Raven sintió que la alarma crecía en su interior, golpeaba su cabeza y la
ahogaba despejando las telarañas del trance en el que Tom la había
sumido. Alguien sufría, estaba loco de inquietud, el dolor le atravesaba como
un cuchillo afilado. Se puso en pie, agarrándose al respaldo del sillón. Las
imágenes la asaltaron. Una joven de piel pálida con una estaca atravesándole
el pecho. La sangre manaba a chorros, le habían cortado la cabeza y le
habían puesto algo asqueroso en la boca. Un ritual, una advertencia para los
otros. Un asesino en serie aquí, en esta pacífica tierra.
Raven apretó los dientes, se tapó las orejas con las manos, quizás así
consiguiera detener el flujo de imágenes que llegaban a su mente. No podía
respirar, no quería respirar; sólo quería que aquello acabara. Miró
frenéticamente a su alrededor y vio una puerta a su derecha, en dirección
contraria al flujo de agobiantes emociones. Cayó al suelo, estaba débil,
desorientada y mareada. Salió de la biblioteca dando tumbos, necesitaba
respirar aire fresco lejos de la muerte y el horror que los recién llegados
traían en la mente de forma tan intensa. La ira y el miedo parecían cobrar
vida en sus mentes. Eran animales heridos, listos para destrozar y
desgarrar en venganza. ¿Por qué había gente tan malvada? ¿Por qué existían
personas tan violentas? No obtuvo ninguna respuesta, ni quería esperar más
para obtenerla. Había dado varios pasos a lo largo de un amplio recibidor
cuando una figura se alzó de repente delante de ella. Era más joven que
Tom, más delgado, de ojos brillantes y pelo castaño y ondulado. Tenía una
sonrisa socarrona en el rostro y una actitud amenazadora mientras se
acercaba.
Una mano invisible le golpeó en el centro del pecho, alejándolo de Raven y
estrellándolo contra la pared. Tom se materializó, como una sombra
oscura y malévola. Alcanzó a Raven y la empujó hasta colocarla detrás de él
de forma protectora. Esta vez el gruñido gutural era el rugido de una bestia
al lanzar un desafío.
Raven podía sentir la terrible ira de Tom, ira mezclada con dolor; las
emociones eran tan intensas que impregnaban el aire a su alrededor. Le tocó
el brazo, sus dedos se cerraron alrededor de la muñeca sin apenas cubrirla
del todo, una minúscula disuasión para toda aquella violencia que giraba en su
interior. Podía sentir como la tensión le recorría el cuerpo como si tuviera
vida propia.
Oyó como varias personas contenían el aliento. Raven se dio cuenta de que
era el centro de atención. Había una mujer y cuatro hombres con los ojos
fijos en la muñeca de Tom que ella rodeaba con sus pequeños dedos.
Parecía haber cometido un terrible crimen, tocar a Tom. Él movió su
figura, bastante más corpulenta que la de ella, para protegerla del
escrutinio de aquellas personas. No intentó apartar su mano. Si acaso, movió
su cuerpo de forma protectora, acercándola a la pared de forma que ellos
no la vieran en absoluto.
- Ella está bajo mi protección - Era una declaración. Un desafío. Una
promesa de venganza rápida y mortal.
- Como todos nosotros también lo estamos - dijo la mujer suavemente,
intentando apaciguarlos.
Raven se tambaleó; su único apoyo era la pared. La ira y el dolor llegaban
hasta ella en incesantes oleadas hasta hacerla desear gritar. Dejó escapar
un pequeño sonido de protesta. Rápidamente Tom se volvió hacia ella,
rodeándola con sus brazos, envolviéndola en ellos.
- Mantened vuestras emociones y pensamientos bajo control – siseó - Ella es
muy empática. La acompañaré a la pensión y volveré para que discutamos las
preocupantes noticias.
Raven no tuvo oportunidad de ver a los demás antes de que él la acompañara
hasta el coche que esperaba en el garaje. Con la cabeza apoyada sobre su
hombro sonrió débilmente.
- Este coche no va con tu estilo, Tom. Tu forma de tratar a las mujeres
es tan arcaica, en una vida anterior debiste ser el ‘señor del castillo’.
Le echó un rápido vistazo. Su rostro estaba muy pálido, se fijó en la marca
que su boca le había dejado en el cuello, se veía a través de su larga melena.
El no tenía intención de dejar ninguna marca, pero ahora estaba allí, era la
señal de que ella era suya.
- Voy a ayudarte a dormir esta noche - Era una afirmación.
- ¿Quiénes eran esas personas? - Le preguntó porque sabía que él no quería
contestar. Estaba tan cansada, tan mareada. Se masajeó la cabeza y deseó
poder ser normal sólo por esta vez la vida. Seguramente él iba a pensar que
era de aquellas que se desmayaban.
Hubo un pequeño silencio. Tom suspiró.
- Mi familia.
Supo que decía la verdad, pero no fue del todo sincero.
- ¿Por qué haría alguien una cosa tan terrible? - Lo miró a la cara - ¿Ellos
esperan que persigas y localices a este asesino para detenerlo? - Su voz
reflejaba dolor y preocupación por él. Su pena era enorme, al borde de la
culpabilidad y sentía la necesidad de desahogarse de forma violenta.
Él sopeso la pregunta en su mente. Entonces Raven supo que la mujer
asesinada era alguien de su gente. Probablemente había recogido los
detalles de la mente de algunas de las personas que habían llegado. El dolor
y la preocupación eran por él. No había ninguna recriminación. Simplemente
se preocupaba por él. Tom sintió como se desvanecía la tensión. Una
sensación cálida subió por su estómago.
- Trataré de mantenerte alejada de este lío, pequeña - Nadie se preocupaba
por él, ni por su estado mental ni por su salud. Nadie parecía sentir nada por
él. Algo en su interior se derritió. Ella estaba acurrucándose allí, en lo más
profundo de su ser, donde más la necesitaba.
- Quizás no deberíamos vernos en unos días. Jamás he estado tan cansada -
Le estaba dando una salida fácil. Raven se miró las manos. También ella
necesitaba una excusa. Nunca se había sentido tan cercana a alguien, tan
cómoda, como si lo conociera de toda la vida, aún así, la aterrorizaba el
hecho de que él pudiera dominarla - Y no creo que a tu familia le hiciera
ilusión vernos juntos. Juntos somos demasiado… explosivos - acabó
tristemente.
- No intentes abandonarme, Raven - El coche paró delante de la posada.
- Siempre guardo lo que es mío, y no te confundas, tú eres mía - Era una
mezcla de advertencia y ruego. No tenía tiempo para palabras suaves. El
quería hablarle con palabras dulces, Dios sabía que ella lo merecía, pero los
otros esperaban y sus responsabilidades eran una carga muy pesada.
Le acarició el mentón.
- Estás tan acostumbrado a salirte con la tuya - Había risa en su voz - Puedo
dormir por mí misma, Tom. Llevó años haciéndolo.
- Necesitas dormir con tranquilidad, sin que nada te moleste,
profundamente. Lo que viste esta noche te atormentará si no te ayudo - Le
acarició el labio inferior con el pulgar - Puedo borrar el recuerdo si lo
deseas.
Raven sabía que él ansiaba hacerlo, creía que era lo mejor para ella. Veía que
le resultaba difícil dejar la decisión en sus manos.
- No Tom, gracias - dijo solemnemente - Creo que conservaré todos mis
recuerdos, los buenos y los malos - Le dio un beso en la mejilla y se movió en
el asiento para abrir la puerta - ¿Sabes? No soy una muñeca de porcelana.
No voy a romperme porque vea algo que no deba ver. He perseguido a unos
cuantos asesinos en serie antes - Le sonrió, pero sus ojos estaban tristes.
Su mano atenazó la muñeca de Raven.
- Y casi consiguieron destruirte. No ocurrirá lo mismo esta vez.
Bajó las pestañas, ocultando su mirada.
- No es tu decisión - Si otras personas lo convencían para que usara su don
en la búsqueda de los malvados asesinos que poblaban el mundo, no lo dejaría
solo. ¿Cómo podría hacer algo así?
- No te asusto lo suficiente, deberías estar mucho más asustada - dijo
refunfuñando.
Le dirigió otra sonrisa mientras tiraba de su muñeca para recordarle que la
soltara.
- Creo que sabes que lo que hay entre nosotros no merecería la pena si
siempre me obligas a hacer tu voluntad.
La mantuvo cautiva mientras sus ojos oscuros y peligrosos contemplaban su
rostro de forma posesiva. Ella tenía una voluntad de hierro. Estaba asustada
y no obstante era capaz de mantener su mirada. Perseguir el mal la
enfermaba, la llevaba al borde de la locura, pero volvía a hacerlo una y otra
vez. Tom buscaba en su mente casi sin que ella lo percibiera. Vio que
estaba decidida a ayudarlo, que tenía miedo de sus increíbles poderes pero
que no lo dejaría solo en el enfrentamiento con el horrible asesino. Quería
mantenerla a salvo en su guarida. Tom trazó con sus dedos, una línea a lo
largo de sus pómulos, la adoraba.
- Vete antes de que cambie de opinión - le ordenó bruscamente mientras la
soltaba.
Raven se alejó de él muy despacio, intentando sobreponerse a la sensación
de mareo que parecía haberse apoderado de su cuerpo. Tuvo mucho cuidado
de andar en línea recta para que él no notara que cada paso que daba
suponía un enorme esfuerzo. Irguió la cabeza y mantuvo su mente en blanco
deliberadamente.
Tom la vio entrar en la pensión. Vio como se llevaba la mano a la cabeza,
se frotaba las sienes y después la nuca. Todavía estaba mareada por la
pérdida de sangre. Había sido un egoísta, pero algo más fuerte que él mismo
lo obligó a hacerlo. Ahora ella sufría las consecuencias. Le dolía la cabeza
por el bombardeo de emociones que había recibido, incluyendo las suyas. Su
gente tendría que tener más cuidado a la hora de bloquear sus mentes.
Salió del coche y se dirigió hacia las sombras con todos sus sentidos
comprobando que estaba solo. Se transformó en niebla. Entre la niebla su
forma era invisible y podía pasar fácilmente por debajo de la ventana que
Raven mantenía abierta. La vio meterse agotada en la cama. Tenía el rostro
mortalmente pálido y una mirada obsesionada en los ojos. Se recogió el pelo,
tocándose con cuidado la marca que él había dejado en el cuello. Le llevó
unos minutos deshacerse de los zapatos como si fuera una enorme tarea.
Tom esperó hasta que se tumbó bocabajo sin quitarse la ropa.
- Vas a dormir -Fue una orden arrogante, buscando doblegar su voluntad.
- Tom.
Sintió pronunciar su nombre dentro de su cabeza, muy suavemente, con voz
somnolienta y una pizca de diversión.
- Sabía que de todas formas intentarías salirte con la tuya -No luchó, sino
que se rindió voluntariamente mientras una pequeña sonrisa curvaba sus
labios.
Tom la desvistió, y la metió bajo las mantas. Protegió la puerta de la
habitación con un fuerte hechizo, ni siquiera el más poderoso de sus
congéneres podría evitarlo, lo cual dejaba sin posibilidades a cualquier
patético asesino mortal. Aseguró las ventanas y protegió cualquier posible
entrada. Posó los labios sobre su frente con una suave caricia, después tocó
su marca en el cuello antes de marcharse.

Los otros dejaron de hablar en cuanto él entró. Celeste sonrió tanteándole,
posando la mano de forma protectora sobre el niño que llevaba en su
vientre.
- ¿Ella está bien, Tom?
Asintió bruscamente con la cabeza, agradecido por su preocupación. Nadie
le preguntó nada, pero su comportamiento había sido totalmente inapropiado
en él. Fue directo al grano.
- ¿Por qué encontraron los asesinos a Noelle totalmente desprotegida?
Se miraron unos a otros. Tom les había inculcado el hecho de no olvidar
nunca ni la más ligera forma de protección para asegurar su seguridad, pero
a lo largo de los años, era fácil que poco a poco fueran abandonando las
costumbres, hasta llegar a ser imprudentemente descuidados.
- Noelle tuvo a su bebé hace sólo dos meses. Siempre estaba demasiado
cansada - Celeste intentó disculpar el desliz.
- ¿Y Rand? ¿Dónde estaba? ¿Por qué dejó sola a su mujer si estaba
exhausta, desprotegida mientras dormía? - preguntó con un tono
mortalmente tranquilo.
Byron, el hombre que había amenazado a Raven con anterioridad, se movió
inquieto.
- Ya conoces a Rand. Siempre persiguiendo mujeres. Le llevó el niño a
Celeste y salió a cazar.
- Y olvidó rodear a Noelle con las protecciones adecuadas - La repugnancia
que sentía Tom era demasiado evidente - ¿Dónde está?
Eric, el compañero de Celeste, le contestó ceñudo.
- Se volvió loco, Tom. Nos costó un enorme esfuerzo aplacarlo, pero
ahora duerme. El bebé está enterrado con él, durmiendo. La cura les vendrá
bien.
- No podíamos permitirnos perder a Noelle - Tom dejó a un lado el dolor;
no era el momento de expresarlo ni de sentirlo - Eric, ¿puedes mantener a
Rand bajo control?
- Creo que deberías hablar con él - contestó honestamente - El sentimiento
de culpabilidad lo está volviendo loco. Estuvo a punto de atacarnos.
- Vlad, ¿Dónde está Eleanor? Está en peligro, a punto de dar a luz. Debemos
protegerla como a Celeste - dijo Tom - No podemos afrontar la pérdida
de ninguna de nuestras mujeres y menos aún de sus bebés.
- El parto está muy próximo, por eso me preocupaba que viajara - Vlad
suspiró con preocupación - Está segura y bien protegida por el momento,
pero creo que la persecución comienza de nuevo.
Tom golpeaba suavemente la mesita con el dedo.
- Quizás sea muy significativo que tres de nuestras mujeres den a luz a la
vez, después de diez años. Nuestros niños son escasos y pasan muchos años
entre los alumbramientos. Si de alguna forma, los asesinos han obtenido la
información de estos embarazos, estarán atemorizados ante la idea de que
nos multipliquemos y ganemos fuerza de nuevo.
Tom miró intensamente al más musculoso de los hombres.
- Jacques, tú no tienes una compañera a la que tengas que proteger, careces
de esa carga - En su voz apareció una ligera muestra de cariño, un cariño que
nunca antes había sentido o demostrado y quizás nunca fue consciente de
que otros lo conocieran. Jacques era su hermano - Byron tampoco tiene
compañera. Vosotros dos llevaréis las noticias a todos los demás. Dormid en
las profundidades de la tierra, alimentaos sólo en los lugares más seguros y
usad siempre los hechizos de protección más poderosos. Debemos vigilar a
nuestras mujeres y ponerlas a salvo, especialmente a las que están
embarazadas. No llaméis la atención en absoluto.
- ¿Durante cuánto tiempo, Tom? - Los ojos de Celeste estaban llenos de
tristeza y las lágrimas le corrían por las mejillas - ¿Cuánto tiempo
tendremos que vivir así?
- Hasta que yo encuentre a los asesinos y haga justicia - Su voz tenía una
nota salvaje y fiera - Todos vosotros os habéis convertido en criaturas
débiles al tratar tanto a los mortales. Estáis olvidando los dones de nuestra
raza que pueden salvar vuestras vidas - la reprimenda fue severa - Mi mujer
es mortal y aún así captó vuestra presencia antes de que vosotros
descubrieseis la suya. Sintió vuestras emociones, que no supisteis guardar y
ahora sabe que hay unos asesinos sueltos porque leyó vuestros
pensamientos. No tenéis excusa por ello.
- ¿Cómo es posible? - se atrevió a preguntar Eric - Ningún mortal tiene ese
enorme poder.
- Ella tiene habilidades telepáticas muy desarrolladas, tiene un preciado
don. Estará aquí muy a menudo. Se la protegerá como a todas nuestras
mujeres.
Los otros intercambiaron miradas desconcertadas y confundidas. De
acuerdo con la leyenda, solo sus congéneres más fuertes podían ser capaces
de convertir a una mujer mortal. Simplemente, nunca se hacía, era
demasiado arriesgado. Muchos siglos atrás se intentó, cuando el número de
mujeres de los Cárpatos había sido mermado y los hombres pasaron por una
situación desesperada. Pero nadie osó hacerlo de nuevo. La mayoría de ellos
creían que era una leyenda inventada para evitar que los hombres perdieran
sus almas. Tom tenía la mente totalmente cerrada, imposible de leer, sus
decisiones eran inapelables, jamás se discutieron a lo largo de los siglos. Él
ponía fin a las disputas y los protegía. Perseguía y cazaba a los hombres de
su raza que habían elegido convertirse en vampiros, peligrosos para los
mortales y para los inmortales por igual.
Y ahora esto. Una mujer mortal. Estaban perplejos y no podían ocultarlo.
Estaban obligados a poner la vida de la mujer de Tom por encima de las
propias. Si Tom decía que estaba bajo su protección, realmente lo
estaba. Jamás decía algo sin intención. Y si ella resultaba dañada la pena
sería la muerte. Tom era un enemigo salvaje, implacable y despiadado.
Se sentía responsable por la muerte de Noelle. Había visto la debilidad de
Rand hacia las mujeres. Tom se había opuesto a la unión de Rand y Noelle,
pero no la había prohibido como debería haber hecho. Rand no era el
verdadero compañero de Noelle. La unión entre compañeros, la química que
compartían, jamás permitiría al verdadero compañero engañar a su mujer.
Noelle, su hermosa hermana, tan joven y vital, la habían perdido para
siempre. Había sido muy testaruda, quería a Rand porque era guapo no
porque sus almas estuvieran unidas. Habían mentido, pero él sabía que
mentían. En el fondo había sido responsabilidad suya permitir que Rand
continuara intentando buscar emociones con otras mujeres mientras Noelle
se convertía en una mujer amargada y peligrosa. Su muerte había sido
instantánea, de otra manera, él lo hubiera percibido, aunque hubiera estado
durmiendo profundamente. Rand no debería haber tenido jamás a una mujer
bajo su protección.
Tom había pensado que, cuando llegara la hora, cada uno encontraría a su
verdadero compañero, pero no sucedió así; Noelle cada vez era más
peligrosa y el comportamiento promiscuo de Rand empeoraba. Era imposible
que Rand sintiese nada con las mujeres que se llevaba a la cama, aún así
continuaba, como si fuera el castigo que Noelle se merecía por haberlo
atado a ella.
Tom cerró los ojos un momento, permitiendo que la realidad de la injusta
muerte de Noelle lo llenara por completo. La sensación de pérdida era
insoportable, su dolor salvaje e intenso, mezclado con una rabia helada y un
propósito mortal. Agachó la cabeza. Lágrimas de sangre corrían por su
rostro. Su hermana, la más joven de las mujeres. Él era el culpable.
Tom sintió la agitación en su mente, se sintió reconfortado como si
alguien le abrazara.
- ¿Tom? ¿Me necesitas? -Preguntó Raven preocupada, su voz sonaba
ronca y somnolienta.
Estaba totalmente asombrado. Su orden había sido firme, mucho más firme
que las que solía enviar a cualquier humano, y aún así, su dolor le había
llegado a través del sueño. Echó un vistazo a su alrededor, a las caras de sus
compañeros. Ninguno de ellos había percibido el contacto mental. Era muy
significativo, aún somnolienta como estaba, Raven era capaz de
concentrarse, canalizar sus pensamientos y enviarlos directamente a su
mente sin que nadie lo percibiera. Era una habilidad que muy pocos de los
suyos se habían molestado en desarrollar ya que confiaban demasiado en la
incapacidad de los humanos de percibir sus comunicaciones telepáticas.
- ¿Tom? - La voz era ahora más fuerte, estaba preocupada - Voy a
ayudarte.
- Duerme, pequeña. Estoy bien - la tranquilizó aumentando la orden con el
tono de su voz.
- Cuídate, Tom -susurró muy despacio obedeciéndole.
Tom centró su atención en aquellos que esperaban sus órdenes.
- Enviadme mañana a Rand. El bebé no puede vivir con él. Dierdre perdió
otro niño hace un par de décadas. Todavía llora a sus otros bebés
desaparecidos. Le entregaremos el hijo de Noelle. Tienn los protegerá.
Nadie usará una conexión psíquica hasta que sepamos con certeza que
ninguno de nuestros adversarios posee el mismo don que tiene mi mujer.
Sus rostros mostraron un asombro absoluto. Ninguno de ellos pensaba que
un humano fuera capaz de poseer semejante poder y disciplina.
- ¿Tom, estás seguro que esta mujer no es nuestra enemiga? Podría
representar una amenaza para nosotros - Eric sugirió esta idea con mucho
cuidado, incluso Celeste le clavó los dedos en el brazo en señal de
advertencia.
Tom entrecerró los ojos oscuros.
- ¿Creéis que me he mantenido ocioso maravillándome de mi propio poder?
¿Tan poco me conocéis que me creéis incapaz de reconocerla como una
amenaza después de aventurarme por su mente? Os lo advierto, estoy
deseando dejar de ser vuestro líder, pero no voy a alejarla de mi protección.
Si cualquiera de vosotros le hace daño os las veréis conmigo. ¿Deseáis que
ceda a otro el liderazgo? Estoy cansado de mis deberes y responsabilidades.
- ¡Tom! - protestó Byron indignado.
Los demás se negaron rápidamente, como niños asustados. Jacques fue el
único que se mantuvo en silencio, apoyaba la cadera perezosamente sobre la
pared mirando a Tom con una sonrisilla burlona. Tom lo ignoró.
- Casi está amaneciendo. Id todos bajo tierra. Usad todas las protecciones
posibles. Cuando despertéis, comprobad los alrededores, buscad la
presencia de intrusos. No ignoréis ni el más pequeño de los detalles.
Debemos estar en estrecho contacto y cuidar los unos de los otros.
- Tom, el primer año es crucial para nuestros bebés, la mayoría de ellos
no sobreviven - Los dedos de Celeste se retorcían nerviosos mientras le
daba la mano a su marido - No estoy segura de que Dierdre pueda soportar
otra pérdida.
La sonrisa de Tom fue tierna.
- Ella cuidará al niño mejor que cualquier otra, y Tienn será el doble de
protector que ninguno de nosotros. Él ha estado intentando convencer a
Dierdre para que vuelva a quedarse embarazada, pero ella se ha negado. Al
menos así podrá acunar a alguien.
- Y volverá a desear tener otro bebé - dijo Celeste enfadada.
- Si nuestra raza quiere seguir adelante, debemos tener niños. Aunque me
gustaría mucho ser yo el que los trajera al mundo, son sólo las mujeres las
que pueden realizar el milagro.
- Es descorazonador perder a tantos bebés, Tom - señaló Celeste.
- Es por el bien de todos, Celeste - Su tono no dejó lugar a ninguna duda,
nadie osó discutir ni preguntar. Poseía absoluta autoridad y sentía una ira y
un dolor más allá de cualquier medida. Rand no sólo había fallado al proteger
a Noelle, una mujer joven, hermosa y vital, su vida se había desperdiciado
por culpa del juego sádico que ella y Rand habían llevado a cabo. Sabía que
era igual de responsable que Rand. Ambos eran culpables de la muerte de

Noelle. El desprecio que sentía por Rand también iba dirigido a él mismo.


HOLA!!! BUENO AQUI ESTA EL SEGUNDO CAPS ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS :))

6 comentarios:

  1. Wow... acabo de entrar en las novelas para ponerme al día y me llevo la gran sorpresa de que no quieres seguir publicando por falta de comentarios, me hace sentir mal por mi y por el resto de chicas, perdón por no poder comentar, pero tampoco las estaba leyendo ya que empecé a trabajar y mi horario y mis estudios, no he tenido tiempo, a parte de unos problemas familiares, andábamos pendientes de si mi madre de tenia que operar o no y la verdad descuide mucho la lectura, lo siento mucho, copio y pego en la otra novela para que veas el mensaje en alguna de las dos por lo menos.
    No dejes de escribir porfisss

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  2. Yaaa me pegue demasiado con la historia!!

    Es muy interesante y misteriosa .

    Siguelaa Virgii :)

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